jueves, 19 de noviembre de 2020

Los cuatro doctores

 





John Singer Sergent

Los cuatro doctores

(1907)


Óleo sobre lienzo. 122 x 104 cm
Welch Library. Hospital Johns Hopkins. 
Baltimore (Maryland) 
Estados Unidos de América.     



Este cuadro se puede admirar en la Welch Library del Hospital Johns Hopkins de Baltimore. Es un óleo de John Singer Sergent que representa a cuatro grandes médicos de finales del s.XIX: 
- William Henry Welch (1850-1934), patólogo, que fue el primer decano de la escuela y mentor de generaciones de científicos investigadores.

- William Stewart Halsted (1852-1922), quien revolucionó la cirugía al insistir en la habilidad y la técnica sutiles, así como en el estricto cumplimiento de los procedimientos sanitarios: entre otras cosas, fue el introductor de los guantes de goma en cirugía. 

- William Osler (1849-1919), internista, considerado el padre de la medicina moderna , y tal vez el médico más influyente de finales del siglo XIX y principios del XX como autor de The Principles and Practice of Medicine (1892) 

-  Howard Atwood Kelly (1858-1943), un magnífico cirujano ginecológico al que se le atribuye el establecimiento de la ginecología como especialidad y ser uno de los primeros en utilizar el radio para tratar el cáncer. 

El hospital Johns Hopkins de Maryland fue fundado en 1889, gracias a un legado de más de 7 millones de dólares (lo que representaría un capital de unos 140 millones de dólares actuales) que había dejado para este fin Johns Hopkins (1795-1873), un rico comerciante de la ciudad, banquero / financiero, líder cívico y filántropo. Hopkins murió en 1873 a los 78 años de edad. En su testamento, pidió que su fortuna se invirtiera en fundar dos instituciones que llevarían su nombre: "Universidad Johns Hopkins" y "Hospital Johns Hopkins". En el momento en que se hizo, la donación de Hopkins era el mayor legado filantrópico de toda la historia de los Estados Unidos. 

Antes de morir, Hopkins seleccionó a 12 prohombres de Baltimore para que fueran los fideicomisarios del proyecto y, un año antes de su muerte, les envió una carta dándoles instrucciones para la realización del hospital, 
"que, en construcción y disposición, se compare favorablemente con cualquier otra institución de carácter similar en este país o en Europa" 
También ordenaba que en el Hospital, debían trabajar médicos y cirujanos del más alto nivel y mayor habilidad, y que debía estar vinculado con la Facultad de Medicina, para la que también dejó el correspondiente legado. Así se llevó a cabo el hospital, edificado en estilo Reina Ana, y que disponía de todos los progresos más innovadores del momento. 

Los fideicomisarios obtuvieron los servicios de cuatro médicos destacados, conocidos como los "Cuatro Grandes", que fueron los fundadores médicos del hospital cuando abrió el 7 de mayo de 1889. Eran el patólogo William Henry Welch , el cirujano William Stewart Halsted, el internista William Osler y el ginecólogo Howard Atwood Kelly, que son los que aparecen en el cuadro con el que iniciamos este artículo. 

En 1893, la Universidad Johns Hopkins fue una de las primeras escuelas de medicina que admitió mujeres. Cuatro de las hijas de los fideicomisarios originales se ofrecieron a recaudar el dinero necesario para abrir la escuela, pero solo si la escuela aceptaba admitir mujeres calificadas en la universidad. Después de varias discusiones, los fideicomisarios acordaron sus términos y aceptaron la ayuda financiera de estas cuatro mujeres y sus condiciones. 


El hospital Johns Hopkins de Maryland abrió sus puertas por primera vez a las residencias médicas, idea de Osler (junto con los pases de visita, entregas de guardia y sesiones de casos clínicos) bajo la aprobación de Welch que era el administrador. 

Johns Hopkins ha sido el modelo de la medicina estadounidense y un centro en el que se han descrito docenas de enfermedades y de nuevos síndromes. También ha sido el lugar en el que se han escrito obras de obligada referencia en la medicina moderna (Osler, Harrison, Lehninger...). En ella se han formado numerosos científicos vinculados a diversas aportaciones al progreso médico y 18 investigadores que han merecido el reconocimiento del Premio Nobel.  

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Que viene el coco!

 





Francisco Oller

Naturaleza muerta con cocos
(1893)


Óleo sobre lienzo 70,5 x112,4 cm
Colección particular. New




Francisco Oller (1833-1917) fue un pintor puertorriqueño que revolucionó el arte caribeño. Formado en su juventud en Madrid y París, se inspiró en el arte de Gustave Courbet y entró en contacto con figuras como Paul Cézanne, Camille Pissarro y Claude Monet. Al regresar al Caribe, desarrolló un estilo ecléctico personal, que tomó influencias tanto del Romanticismo, como del Realismo, pero muy especialmente del Impresionismo. Por eso se considera a Oller como el introductor del impresionismo en las Antillas. Sus temas preferidos son paisajes caribeños, indígenas con frutas del país y también retratos de personajes ilustres e intelectuales. En el bodegón que hoy presentamos, representó unos cocos, una fruta local por antonomasia, que contrasta con las frutas tan distintas que acostumbran a representar las naturalezas muertas  europeas. 
Los tres agujeros del coco le dan un aspecto fantasmagórico de calavera o de las calabazas perforadas que suelen usarse para asustar en Todos los Santos, y esa es la razón que se le impusiera este nombre al fruto de las palmeras. 


El filólogo y etimólogo Joan Corominas recuerda en su obra “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” que el nombre de coco fue impuesto a este fruto de la palmera cocotera o palma indiana (Cocos nucifera) por los marinos de Vasco de Gama, cuando la expedición portuguesa llegó a la India en 1498. La forma redondeada del fruto y sus tres agujeros recordó a los navegantes una cabeza con ojos y boca, como los orificios que se hacían en las calabazas en los días cercanos a Todos los Santos para remedar una calavera. Una asimilación fácil, ya que en portugués el término côco se usaba para designar a un mítico fantasma al que se aludía para asustar a los niños pequeños. Era habitual amenazarlos con que el temido personaje aparecería si no se portaban bien (“Que viene el coco, que viene el coco...“





La costumbre de vaciar calabazas para asustar, remedando una calavera, inspiró
a los marinos de Vasco de Gama el nombre de coco. 


El vocablo pasó al castellano hacia 1554. Las alusiones al coco-fantasma las encontramos en diversas canciones infantiles, que atestiguan la presencia de este temido personaje en el imaginario popular: 

Duérmete niño, 
       duérmete ya, 
 que viene el coco 
 y te comerá.”




Ostia antica. Horrea Hepagathiana.
Un granero, donde seguramente se almacenaron muchos coccus de cereal. 

En la Antigua Roma la palabra coccus tenía una significación diferente, como recuerda Pep Campillo, profesor de lenguas clásicas en Mallorca y habitual seguidor de nuestro blog. Los romanos usaban el vocablo coccus para designar los granos de cereal, y por extensión, lo aplicaban a cualquier objeto más o menos esférico o con forma de bola de pequeño tamaño. 



Los diplococos productores de la gonorrea (Neisseria gonorrheae) se disponen en parejas con un aspecto similar a los granos de café. Por ser los causantes de la gonorrea también se les conoce como gonococos. 

Por eso, cuando se descubrieron las bacterias y se vio que algunas de ellas presentaban formas redondeadas, se les impuso el nombre genérico de coccus  o cocos. Así hablamos de estafilococos (cocos en racimo), estreptococos (cocos en cadena), diplococos (cocos en parejas) etc.. 

Otras veces reciben también el nombre de la enfermedad que producen: gonococo (productor de gonorrea); neumococo (productor de neumonía); meningococo (productor de meningitis)... 



Con el nombre de estreptococos se conocen los cocos dispuestos en cadenas. Este nombre fue propuesto por Albert Theodor Billroth y deriva del griego στρεπτος streptos, que significa que se dobla o retuerce con facilidad, como una cadena.



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Agradezco a Pep Campillo que me haya facilitado algunos detalles para la elaboración de esta entrada del blog



martes, 17 de noviembre de 2020

Copito de Nieve






Floquet de neu / Copito de nieve 
(1964?-2003)

Gorila albino. 
Zoo de Barcelona
Fotografía de Ettore Ballochi
 



Los museos no solamente son lugares donde contemplar obras de arte. También en cierto modo hay museos vivos, como jardines botánicos o zoológicos. En el zoo de Barcelona se conserva el recuerdo de un gorila blanco, una curiosidad muy poco frecuente. 

Fue un símbolo de Barcelona. Tal vez el habitante más famoso de la ciudad. Copito de Nieve (Floquet de neu en catalán) era un gorila blanco. Procedía de las selvas de Guinea Ecuatorial, donde lo habían capturado unos cazadores de etnia fang cuando tenía pocos meses de edad. Lo llamaron Nfumu ngui (gorila blanco). Allí lo adquirió el primatólogo Prof. Jordi Sabater Pi, entonces conservador del Centro de Experimentación Zoológica de Ikunde (Bata), una dependencia del Zoo de Barcelona en el trópico. El profesor lo trasladó desde su Río Muni natal hasta Barcelona en 1966. 

Copito de Nieve fue muy bien acogido por los barceloneses, sobre todo por los niños, que veían en su rostro sonrosado una réplica más parecida a los humanos caucásicos que los habituales gorilas negros. 

En 1977 protagonizó una portada de National Geographic, lo que le dio fama mundial, convirtiéndose en el emblema por antonomasia del Zoo de Barcelona e incluso de la propia ciudad.  

El peculiar color de Copito de Nieve estaba debido a que era albino. El albinismo es una alteración genética por la que no se sintetiza melanina, la sustancia que da color a la piel al cabello y a los ojos. Al ser albino, Copito de Nieve tenía el pelo blanco, la piel sonrosada (casi blanca, como la piel de los albinos humanos) y el iris de los ojos de un tenue color gris azulado. Los genetistas Tomás Marqués y Javier Prado del Institut de Biologia Evolutiva  de la Universidad Pompeu Fabra han secuenciado el genoma de Copito y han observado que su albinismo estaba producido por el gen SLC45A2, que por cierto, no es el más común de los cuatro genes que se conoce que son responsables del albinismo.

La función de la melanina es la de proteger las células cutáneas de los rayos ultravioleta del sol. Los albinos, al carecer de pigmento, presentan mayor patología solar que las personas de fototipos elevados. Y eso es lo que le sucedió también al gorila albino.   

Copito de Nieve comenzó a presentar la piel enrojecida, eritematosa, y se rascaba continuamente. Cada vez se manifestaban estos síntomas con mayor intensidad, hasta que en 1996 Jesús Fernández Morán veterinario del zoológico de Barcelona y el Prof. Luis Ferré Caubet profesor de Patología y dermatología veterinaria decidieron solicitar el asesoramiento especializado de médicos dermatólogos. Concretamente al  Prof. Antoni Castells y a su equipo de Dermatología del Hospital Vall d'Hebrón.  

El Prof. Antoni Castells con sus colaboradores Vicente  Garcia-Patos, y Cristina Pascual Valdés fueron al zoo y observaron que el famoso gorila tenía una eritrodermia en todo el cuerpo con vivo prurito que le obligaba a rascarse continuamente. Le realizaron una biopsia que reveló que presentaba una fotodermatosis. La piel blanca del gorila no tenía suficiente protección frente al sol, y se había alterado. 

Los dermatólogos sugirieron realizar un tratamiento similar al que se propone en estos casos en humanos, pero los veterinarios desestimaron la idea ya que creyeron que no podría ser metabolizado. En cambio, instalaron paneles en el techo con el fin de tamizar los rayos solares.  

Algunos años más tarde el gorila albino presentó un carcinoma escamoso en tórax con metástasis ganglionares. Era la consecuencia de la continua exposición de su piel desprovista de pigmento a los rayos ultravioleta solares. El tumor fue extirpado por un equipo quirúrgico de veterinarios. A pesar de eso, el carcinoma recidivó al poco tiempo, y en noviembre de 2003 tuvieron que practicarle la eutanasia para evitarle sufrimientos innecesarios. 

Copito de Nieve fue la gran atracción del Zoo de Barcelona durante casi cuatro décadas. Se intentó infructuosamente que tuviera algún hijo albino, cruzándolo repetidamente. Tuvo 22 hijos, de los que sobreviven tres (un macho y dos hembras), once nietos (cuatro machos y siete hembras) y 3 bisnietos (un macho y dos hembras). Pero ninguno fue albino. Y finalmente su albinismo, que era su signo distintivo, fue también el causante de su cáncer de piel.  


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Agradezco los comentarios personales que muy amablemente me ha confiado el Prof. Antoni Castells Rodellas a propósito de este episodio. 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Exlibris de dermatólogos alemanes (IV): Lugares y edificios










Julius Engel-Reimers 

Exlibris 


Biblioteca de la Allgemeine Krankenhaus. 
Hamburg




En esta serie de artículos sobre exlibris de dermatólogos alemanes vamos a aportar un tipo de estas etiquetas en las que figuran ciudades o edificios de Universidades o Hospitales en los que ejercían los propietarios del exlibris. 

Es el caso de Julius Engel-Reimers (1837-1906) , con el que iniciamos estas líneas. El dermatólogo precisa que fue Oberartz (Jefe Clínico) de la St. Georg Allgemeine Krankenhaus de Hamburg, donde se dedicó sobre todo a atender enfermedades de transmisión sexual durante 30 años. En la parte baja del exlibris aparece en un estilizado dibujo la fachada de esta institución. 

Otro de los exlibris en los que aparecen fachadas de hospitales o centros médicos es el del Prof. Eugen Galewsky (1864-1935) discípulo de Albert Neisser en Breslau e introductor de la cignolina en terapéutica tópica.  







También Moriz Kaposi incorpora la fachada del centro donde trabajó en su exlibris. Es éste un ejemplar digno de mención, rematado en la parte baja con una estantería con viejos volúmenes. En la parte izquierda aparece el emblema de la Medicina, el caduceo de Esculapio y la serpiente. La leyenda, latiniza el nombre de su propietario (Professoris Mauritii Kaposi). Como es sabido, su auténtico nombre era Moriz Kohn, pero el ilustre dermatólogo quiso ocultar su origen judío para así poder acceder a cargos importantes en Viena. Tomó el nombre de su pueblo natal húngaro, Káposvar, y lo transformó en Kaposi, apellido con el que se le conoce universalmente. Posteriormente se convirtió al catolicismo y se casó con la hija del ilustre Prof. Ferdinand von Hebra, lo que le permitió codearse con la alta sociedad del Imperio Austrohúngaro sin problemas. 


      


Otro ejemplo de exlibris con un paisaje urbano es el del Prof. Dr. Ludwig Waelsch (1867-1924), discípulo de Josef Pick,  en el que se puede ver una vista de Praga, con la característica iglesia de St-Niklas Kirche. Entre las aportaciones de Waelsch a la Dermatología y Venereología hay que destacar la descripción de la prostatitis gonorreica en 1910. 









miércoles, 11 de noviembre de 2020

Exlibris de dermatólogos alemanes (III): Alegorías científicas








Joseph Pick e hijos

Exlibris 


Diversas bibliotecas




Hemos comentado en otras entradas diversos tipos de exlibris pertenecientes a dermatólogos alemanes o a instituciones de este país. Aportaremos hoy algunos con motivos basados en alegorías de la Ciencia, de la Medicina o de la Farmacia. 

El que encabeza estas líneas, por ejemplo es el exlibris de Joseph Pick (1834-1910) y de sus hijos, demostrando el intento de preservar la unidad de la biblioteca familiar. Es un exlibris magnífico, a color, presidido por la imagen de una mujer sentada en un trono sobre las nubes y sosteniendo un libro en la mano. Probablemente debe ser interpretada como la alegoría de la Ciencia. A sus lados dos putti sostienen dos carteles. El de la izquierda lleva la leyenda "Causarum" y el de la derecha "Cogitio". El mensaje pues es que la Ciencia permite comprender la causa de las cosas, o como dice la famosa frase de Virgilio  Felix qui potuit rerum cognoscere causas ” (Georgicas, 2: 490). 

Joseph Pick fue uno de los más destacados discípulos de Hebra, y fue profesor de Dermatología en la Universidad de Praga. Describió la eritromelia o enfermedad de Pick. Demostró que la tinea cruris era una infección causada por hongos y la contagiosidad del molluscum contagiosum mediante inoculaciones (1892). También describió la Introdujo ciertos avances en terapéutica como el uso de iodoformo, y de apósitos de ácido salicílico.  




Así lo encontramos en el exlibris de C. H. Fuchs, por ejemplo, de 1856, en la Universidad de Göttingen. En él se ve la serpiente de Higia y la copa, en un escudo ovalado. La serpiente y la copa es un emblema que como vimos en otra entrada del blog se ha adoptado como símbolo de la Farmacia. 


Exlibris de Blaschko

En el exlibris de Blaschko aparece también la serpiente, con la cabeza metida en una copa sostenida por una joven, que creemos poder identificar con Higia. La muchacha luce una abundante cabellera que le cae sobre la espalda. En el cuerpo presenta las divisiones de los dermatomos, y las consiguientes líneas. No olvidemos que fue Alfred Blaschko (1858-1922) el que propuso la existencia de estas líneas cutáneas , lo que constituyó su principal aportación a la Dermatología. 


Exlibris de Erasmus Wilson

Otro exlibris en el que aparece la serpiente es el de Wilson. En este caso un águila está luchando contra la serpiente, en una escena que recuerda el emblema de México. En este caso lo podemos interpretar como la lucha contra la enfermedad. La inscripción latina Difficilia augent vires completa la escena. 

Frecuentemente, a través de los exlibris, de sus símbolos y alegorías, y sobre todo de sus frases sapienciales, proverbios o inscripciones - cuando las hay - encontramos las claves para conocer la personalidad, las aficiones, los gustos artísticos o las inclinaciones de sus antiguos propietarios. En general una declaración de intenciones de su propietario. 

En definitiva, un exlibris puede ser considerado perfectamente como un retrato psicológico y sociológico de su dueño. La firma, la sombra de su espíritu que en cierto modo ha querido legarnos entre uno de sus bienes más apreciados: los libros, la fuente de su conocimiento. 

Reunimos hoy aquí algunos ejemplos de exlibris de dermatólogos alemanes insignes. Algunos de ellos fueron usados en las bibliotecas de los Servicios regentado por ellos en el Hospital o en la Universidad y otros en la biblioteca privada de su casa, durante el período cercano a 1900. 




lunes, 9 de noviembre de 2020

Exlibris de dermatólogos alemanes (II): Ilustraciones modernistas.



   






Neisser 

Exlibris 
(Alrededor de 1900)

Diversas bibliotecas




En una entrada anterior comentamos el concepto de exlibris que estuvo muy extendido tanto en las bibliotecas privadas de médicos como en las blibliotecas de instituciones, hospitales y universidades. En aquel artículo nos limitamos a reproducir algunos ejemplos de exlibris simples, sin ilustración, en los que se limitaba a dar una cierta información sobre su pertenencia a tal o cual institución o a un determinado propietario privado. 

Pero muchos exlibris se enriquecieron con dibujos e ilustraciones. Con cierta frecuencia los exlibris se encargaban a artistas de prestigio. La época dorada de estas manifestaciones fue durante los años del Modernismo (estilo que se conoce con diversos nombres: Jugendstil en Alemania, Sezessionstil en Austria, Art Nouveau en Francia, Tiffany en Estados Unidos o Liberty en Italia). El esteticismo del movimiento, su especial encuadramiento en movimientos culturales y literarios y el especial impulso que dieron a las artes gráficas favorecieron la eclosión de estas pequeñas manifestaciones de arte. 

Este fue el caso del exlibris de Neisser. En su exlibris aparece una sugerente cara de muchacha coronada por una guirnalda de flores, que se gira para mirar al espectador. Bajo ella una inscripción Ex Libris, y más abajo, formando parte del marco, el nombre de su propietario, Neisser.  La muchacha puede interpretarse como una velada sugerencia erótica, que nos remite a las enfermedades de transmisión sexual, que ocuparon buena parte de la vida de este ilustre médico.


Exlibris de Louis Chargin MD. 



En algunos exlibris aparecen escenas mitológicas. Es el caso de Louis Chargin, en el que aparece Mercurio dando el tratamiento a Venus. Aquí encontramos una alusión más explícita. Venus es la diosa que da el nombre a las enfermedades venéreas, contraídas por contacto sexual. La principal y más destacada de estas enfermedades era en aquel tiempo, la sífilis, que solía tratarse con largos tratamientos de derivados del Mercurio (que a veces duraban años, con una eficacia dudosa). Esto incluso dio lugar al aforismo "Una hora con Venus y toda la vida con Mercurio". De ahí que en el exlibris aparezca Mercurio dando el tratamiento a una Venus enferma. Sin embarcgo, en el horizonte aparece un sol naciente de esperanza, que lleva inscrito el níumero 606: una alusión al reciente tratamiento con arsfenamina (comercializado como Salvarsan 606), un fármaco mucho más efectivo que acababa de introducir Paul Ehrlich y que suponía -a pesar de sus efectos secundarios) un notable progreso terapéutico.  

Exlibris de Oscar Gans (1908) 

La ilustración de los exlibris solía aprovecharse para representar motivos sanitarios o relacionados con la salud o la vida. No faltan algunos en los que aparecen las "vanitas" (calaveras) que tanto se popularizaron en el arte barroco. Una reflexión metafísica sobre el indefectible final de la vida. Este es el caso del exlibris de Oscar Gans (1888-1983) discípulo de Unna. En este exlibris dos serpientes entrelazadas forman un  marco mientras una flor radiante parece surgir de una calavera, como una esperanza de vida que surge de nuestro inevitable destino. 




Bibliografía

Scholz A. Der Gottlose borgt und gibt nicht wieder - Dermatologen-Exlibris um 1900. In: Herzberg JJ, Korting GW. Zur Geschichte der Deutschen Dermatologie. Herausgeber ed. Berlin, 1987.

Scholz A. Eugen Galewsky (1864 bis 1935) Dermatol Mon schr 158: 53-68, 1972

Scholz A. Das Exlibris des Dermatologen, Medicamentum 18: 374-379, 1977.