viernes, 22 de febrero de 2019

Mujeres miniaturistas en la Edad Media.








Ende (monja) 

Comentarios al Beatus
(s. X)


Códice miniado sobre pergamino. 
Museo de la catedral de Girona 





Uno de los habituales lectores del blog, Alfredo García,  me propuso hace ya algunas semanas que tratara el tema de las mujeres artistas en la Edad Media. Agradezco su sugerencia, que intentaré satisfacer hoy lo mejor que sepa. 

Generalmente se tiende a pensar que el papel intelectual de la mujer en la Edad Media era nulo o muy reducido. Sin embargo no siempre fue así.


Ilustración del Beatus. Museo de la Catedral de Girona. 



En el Museo de la catedral de Girona se conserva un códice  de los comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana. Un libro del que hay otros ejemplares manuscritos en otros lugares, ya que fue un texto muy apreciado en su tiempo. 


Sin embargo el ejemplar de Girona destaca por llevar la fecha en la que se terminó (6 de julio del año 975) y por estar firmado (cosa poco habitual en la época). La principal autora resulta ser una monja, Ende ("pintora Ende y sierva de Dios") ayudada por el miniaturista Emeterio y el copista Senior, dos presbíteros. La obra se realizó por orden del abad Dominicus. Consta de 284 folios de pergamino escritos en letra visigótica y primorosamente ilustrados. 


Ilustración del Beatus. Museo de la Catedral de Girona. 
Las miniaturas son de estilo mozárabe, aunque la ilustradora principal, Ende, introduce algunas innovaciones que ya anticipan la llegada del arte románico: mayor esbeltez, un cierto naturalismo y una rudimentaria perspectiva. Estas "novedades" se anticipan casi un siglo a la tendencia general. Además Ende identifica perfectamente a los personajes representados, haciendo constar su nombre y el lugar en el que se hallan.  

Figura del Beatus de la catedral de Girona (975).
Las figuras, aunque de estilo mozárabe, anticipan
 ya un cierto naturalismo, que ya anticipa el arte
románico que todavía tardará en llegar casi un siglo. 
Si el caso de Ende es poco frecuente, no debía ser la única mujer artista en su época. Recientemente se ha descubierto en Alemania un cráneo femenino con trazas de un raro pigmento azul entre los dientes, según publica un estudio  publicado en Science Advance.

Los restos óseos estudiados procedían de un cementerio medieval que estaba conectado con un monasterio de monjas del s. X. Los huesos pertenecían a una mujer que debía tener entre 45 y 60 años cuando murió, entre los años 997 y 1162. 

El esqueleto en sí no tenía nada especial, sin signos visibles de trauma o infección. Sin embargo algo llamó la atención de los investigadores del Centro Max Plank y de la Universidad de York, que estudiaron los restos. Observaron que tenía algunos fragmentos de material azul entre los dientes. Y al disolver el cálculo dental (o sarro), se liberaron cientos de minúsculas partículas azules. 

Esto les llevó a realizar análisis espectrográficos de este material. Pudieron comprobar así que el pigmento era azul ultramar, un colorante obtenido al triturar piedras de lapislázuli. El lapislázuli es una piedra preciosa muy rara, ya que en aquel momento la única mina conocida de lapislázuli era Afganistán y era uno de los productos de importación de lujo en ese momento. Llegaba a Europa a través del mercado de Egipto que vehiculaba una gran cantidad de productos exóticos y suntuarios. Era un producto muy cotizado y su precio era similar al del oro.

El lapislázuli triturado siguió siendo un producto muy cotizado
en los siglos posteriores. En los códices góticos seguía siendo
el producto más caro, compartiendo el máximo nivel con el oro.
Letra capital "D" miniada. Biblia de Carlos V Valois (s. XIV)
Museo de la catedral de Girona 
El lapislázuli triturado era usado para realizar los manuscritos ilustrados y libros de alto nivel en los scriptorium de los monasterios, principalmente destinados a uso eclesiástico. A veces, estos libros también se realizaban por encargo de algunos nobles. Los códices miniados tenían un precio altísimo. Estaban realizados en pergamino (piel de ternera o cordero curtido adecuadamente) y escritos a mano por copistas. Muchos de ellos llevaban ilustraciones miniadas. Además de la ilustración propiamente dicha muchas veces la letra mayúscula con la que se comenzaba  un párrafo o un capítulo también estaba trabajada de igual modo. Un miniaturista experto solía tardar 1-3 días en realizar una sola letra mayúscula. Y de todos los colores usados el de mayor precio era el lapislázuli y más adelante el oro, que también se usó mucho en la época gótica. 

Como hemos dicho, los escritores y los ilustradores a no solían firmar su trabajo (el caso del Beatus de Girona es excepcional) por lo que si entre ellos había alguna mujer, el anonimato de su obra hizo que se olvidara.  Esto permite suponer que el caso de estas dos monjas no fuera un caso único, sino que seguramente hubo más casos de mujeres artistas desempeñando trabajos similares. Unos datos que nos permiten revisar el papel intelectual de algunas mujeres, sobre todo monjas, en los siglos X-XI. 


Página miniada del Martirilogi d'Usuard (s. XV) . En esta página se pueden 
ver las representaciones al margen y las importancia del color azul ultramar, 
obtenido de lapislázuli triturado. Museu d'Art de Girona. 



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