miércoles, 18 de abril de 2018

El mendigo leproso






Bernard van Orley

El Juicio Final y las siete obras de Misericordia (detalle)
(1520)

Óleo sobre tabla 
Koninklijk Museum voor Schone Kunsten
Amberes 



Alberto Durero: Retrato de Bernard van Orley
Bernard van Orley  (1487-1541) fue un pintor renacentista flamenco, que mantuvo un prestigioso taller en la ciudad de Amberes, donde atendía importantes encargos de la burguesía y aristocracia local e incluso de la Casa Real hispánica (es famoso su retrato del emperador Carlos V). En una primera época siguió el estilo flamenco de Jan van Eyck y Rogier van der Weyden, aunque progresivamente introdujo elementos italianizantes. En su pintura también se aprecian influencias de Alberto Durero. Junto con Jan Grossaert y Quentin MassysBernard van Orley está considerado como uno de los destacados innovadores de la pintura flamenca del s. XVI, en la que se unen los recursos estilísticos flamencos e italianos. La pintura de van Orley es rica en detalles y usa una paleta de colores vivos y brillantes. 

En una de sus obras, El Juicio Final y las siete obras de Misericordia, aparece un mendigo sentado en el suelo y pidiendo limosna. Tiene la cara deformada, con alteración de la estructura ósea de la nariz y diversos nódulos faciales y en el cuello. Su muslo aparece vendado y sus piernas contrahechas. También sus brazos aparecen alterados, con un notable engrosamiento del nervio cubital, que incluso puede apreciarse a simple vista, con aparición de bultos de notable tamaño en los codos. Como consecuencia de la neuritis cubital, sus manos están agarrotadas en forma de garra. Casi no puede sostener una campanilla que lleva en la mano para llamar la atención de los viandantes. A su lado se ve la muleta con la que sin duda se sirve para la deambulación, y a la cintura lleva colgada su cantimplora de calabaza y su escudilla. 


Bernard van Orley: El Juicio Final y las siete obras de Misericordia (visión completa
de la obra).
El leproso aparece en la parte inferior del panel de la derecha

Esta descripción coincide muy exactamente con el cuadro clínico de una lepra: la deformación facial (facies leonina), con hundimiento nasal y presentación de nódulos en cara y cuello (lepromas), afectación de nervios de las cuatro extremidades, especialmente el cubital, que aparece claramente engrosado y que produce las manos en garra (garra cubital). Por si todo esto no bastara para identificarlo como un enfermo de lepra, hay otro detalle definitivo: la campanilla. Es bien conocido que los leprosos se servían de una campanilla o de una carraca para anunciar su presencia y que las gentes evitaran su proximidad. También lleva su propia escudilla para comer, cosa que también era característico de los leprosos (para no mezclar sus útiles con los de los sanos). De igual modo hemos de interpretar la cantimplora. El diagnóstico de la dolencia del mendigo queda así bien establecido. 

Cabría añadir que es ésta una representación realista de la enfermedad de Hansen. Durante la Edad Media, cuando se representaban los leprosos era de forma simbólica: apenas unos puntos en la piel simbolizaban de forma esquemática la afectación cutánea. Así lo encontramos en los estilos románico, bizantino, gótico y hasta en algunas pinturas renacentistas. La razón era que el miedo a la lepra era tanto, que su mera representación asustaba. Fue a finales del s. XV o principios del XVI cuando comienzan a surgir imágenes más acordes con la realidad.   







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