viernes, 19 de marzo de 2021

Hipocampo: (II) Zoología

 





Colección Berkheij

Caballito de mar (Hippocampus hippocampus) 
(1885)

Aguafuerte iluminado a la acuarela
Museo Natural de Ciencias Naturales 
Madrid




En una entrada anterior comenté el mito de los hipocampos y revisamos algunas de las representaciones de estos caballos marinos en los mosaicos romanos clásicos y su influencia en otros estilos artísticos posteriores. 

Además de las numerosas obras de arte que se han inspirado en el mito del hipocampo, la influencia de esta criatura fabulosa ha pasado también al campo de la ciencia. En primer lugar a la zoología. El nombre de hipocampo se ha usado para designar, en zoología, a un grupo de peces, los signátidos. Y más adelante, como veremos, a la anatomía del cerebro. 

El nombre Sygnatus hippocampus es el nombre que dio Linneo a los caballitos de mar comunes en el Mediterráneo (1758). La palabra signatus de donde deriva el nombre de la familia Sygnathidae significa "mandíbulas unidas", ya que en estos peces sus mandíbulas se han unido en una especie de embudo con el que aspiran sus presas, que son, básicamente pequeños crustáceos. Esta peculiar familia agrupa a los caballitos de mar, los peces pipa y los dragones de mar. Los caballitos de mar o hipocampos son un género con docenas de especies conocidas (actualmente todavía se describen nuevas especies), distribuidas por los mares templados y tropicales. En las costas de Europa pueden verse dos especies, que en la nomenclatura actual se denominan Hippocampus guttulatus e H. hippocampus.

Por algunos fósiles sabemos que estos peces ya vivían en nuestro planeta en épocas remotas. Pero se han encontrado escasos fósiles de este tipo, por lo que no podemos sacar grandes deducciones de su evolución. 


Fósil de hipocampo, datado en 25 millones de años. 


A pesar de que pocos los han visto en su hábitat, su silueta es inconfundible y muy diferente al resto de los peces. No tienen aletas caudal y ventral, y por esta razón son malos nadadores. Sus movimientos están condicionados por la aleta dorsal, que les impulsa hacia delante y las dos aletas pectorales que tiene debajo de la cabeza, que le permiten ascender y descender en la columna de agua, así como girar a izquierda y derecha. En general permanecen bastante estáticos, en posición erguida y sujetándose a ramas o algas por la cola. 

Los caballitos de mar no poseen escamas, como otros peces sino que poseen un esqueleto, formado por placas óseas a modo de armadura, recubierto de una sustancia mucoide resbaladiza. 

Como no nadan rápido y no pueden escapar de sus predadores suelen vivir camuflados en las algas. Su pequeño tamaño y esta tendencia a la mimetización, hace que no se vean con facilidad.  



Caballito de mar (Hippocampus guttulatus) Foto: Robert Patzner


Los hipocampos son monógamos y las parejas tienen una estabilidad por lo menos de larga duración. No presentan dimorfismo sexual, por lo que es difícil distinguir un macho de una hembra. Durante el cortejo ambos sexos flotan enlazados por el extremo de la cola, entonces la hembra deposita sus huevos en el saco que tiene el macho, lo que requiere una perfecta coordinación, y el macho los fertiliza vertiendo su esperma sobre ellos. Esta es una característica única en el reino animal: son los machos los encargados de albergar en su cuerpo a los alevines, y cuando están maduros (2-4 semanas) los expelen al exterior con bruscas contracciones, de una forma un tanto explosiva. De esta manera pueden nacer más de un millar de nuevos ejemplares, que son réplicas diminutas de sus padres. 

Lamentablemente esta abundante prole no basta para asegurar la supervivencia de las especies de hipocampos, seriamente amenazadas en la actualidad. Los depredadores y la pesca intensiva suponen un serio peligro para los caballitos de mar. Se calcula que cada año se pescan entre 25-30 millones de caballitos de mar con distintas finalidades. Durante años han sido muy buscados como remedio usado por la medicina tradicional china, y son codiciados objetos de decoración. Desde el año 2004 todo el género Hippocampus figura en el apéndice II de CITES, que es el convenio internacional que controla el comercio de las especies amenazadas de fauna y flora silvestres en favor de su conservación.


Agradezco la supervisión de este artículo 
a Rubén Castrillo y a la Dra. Rosa Taberner


Video de un caballito de mar en el fondo marino

(Gentileza de Rubén Castrillo & Dra. Rosa Taberner)  





Bibliografía


Planas Oliver, M. 2014. El caballito de mar. CSIC; Los libros de la Catarata, Madrid.

Martínez C. La sorprendente biología de un pez mitológico. Museo Nacional de Ciencias Naturales. 
https://www.mncn.csic.es/es/comunicacion/blog/la-sorprendente-biologia-de-un-pez-mitologico







miércoles, 17 de marzo de 2021

Hipocampo: (I) de la mitología al arte







Hipocampo


Mosaico. Termas de los cistarios.
 
Ostia Antica 




Según la mitología griega, el hipocampo (en griego  Ίππόκαμπος Hippókampos ippokampos, literalmente "caballo monstruoso"; de ἵππος, "caballo" i κάμπος, "monstruo") era un ser mítico, con la cabeza y parte superior del cuerpo de caballo y la parte inferior en forma de pez, con una cola cubierta de escamas. 

Además de la cola, los hipocampos pueden presentan aletas, tal vez para insistir en la idea de que eran seres híbridos, parecidos a los peces, auténticos caballos acuáticos, que tanto podían ser propios de ambientes marinos como de las aguas dulces. Unas aletas que a veces se transforman en auténticas alas, similares a las que a veces aparecen en las representaciones de otros animales míticos, los dragones. 


Mosaico con una nereida montada en un hipocampo. Museo del Bardo. Túnez.


Aunque muchos hipocampos conservan sus patas delanteras con características equinas, terminadas en los habituales cascos, en algunas interpretaciones pueden presentar las patas delanteras con dedos palmeados, como los ánades, en lugar de los cascos propios de los equinos. 

Los hipocampos son descritos por Pausanias en su Descripción de Grecia (II, I: 7-8), por Virgilio, en las Geórgicas y por Apolonio de Rodas, en la Argonáutica. También aparecen en la Ilíada (XIII. 24, 29) como atributos propios de Poseidón, que precisamente era el dios del mar y de los caballos y en otros muchos textos clásicos. 

El carro de Poseidón (Neptuno para los romanos), que recorría los mares tirado por estos caballos marinos, es citado repetidamente en textos literarios y representado profusamente en numerosas esculturas y mosaicos. 


Mosaico representando el carro de Neptuno (s. II d.C.) Museo del Bardo. Túnez. 


Los hipocampos también pueden aparecer vinculados a otras divinidades marinas, como Anfitrite, la ninfa de la espuma, la ninfa que míticamente fue fecundada por el esperma de los testículos de Urano (cercenados por Cronos), y originó a Afrodita. En el mosaico de Neptuno, en el frigidarium de las termas de Buticosus, de Ostia, podemos ver a Anfitrite cabalgando un hipocampo. 

En los lugares en donde la referencia a los seres acuáticos era obligada, como en las termas, solían decorarse con mosaicos pródigos en representaciones de símbolos marinos (delfines, nereidas, peces...). Es fácil encontrar también hipocampos compartiendo con ellos la decoración de los baños de muchos lugares del Imperio, tanto en la península Itálica como en el norte de África o incluso en lugares más alejados como en las termas de Aquae Sulis o Bath (Britania). 


Hipocampos en el Mosaico de Neptuno 
en el frigidarium de las Termas de Buticosus. Ostia Antica. 



Termas de Neptuno. Ostia Antica. 


Pero los hipocampos no son exclusivos de la mitología griega y romana, sino que es un mito compartido por otras culturas mediterráneas. Tal vez la primera vez que encontramos hipocampos es en algunas pinturas de tumbas etruscas. En esta cultura también encontramos leones (leokampoi ) y toros (taurokampoi), leopardos (pardalokampoi) y cabras (aigikampoi), con cola de pez. Por cierto que una de estas últimas, una cabra con cola de pez es la que se representa en la constelación de Capricornio, dándole el nombre. 

Encontramos hipocampos también entre los fenicios. En antiguas monedas acuñadas en Tiro aparecen estos caballos marinos, un símbolo muy adecuado para esta civilización de navegantes que comerciaba por todo el Mediterráneo.  

La tradición de estos seres míticos persistió en la Edad Media y el Renacimiento, siendo incluso usados en heráldica. Aún hoy, en el escudo de la ciudad de Belfast campean estos seres marinos, tomados del escudo de armas de Sir Arthur Chichester, el fundador de la ciudad, que recibió la carta de ciudadanía de manos del rey Jaime I de Inglaterra en 1630.  Tanto los hipocampos como el barco que figura en el escudo atestiguan la importancia del puerto de Belfast y su vocación marinera.  


Escudo de la ciudad de Belfast, en la que pueden verse 
hipocampos como motivo heráldico. 


Los hipocampos vuelven a aparecer con fuerza en el arte barroco, especialmente en las esculturas de las fuentes, de las que encontramos múltiples ejemplos, desde el Biancone de Piazza Signoria de Florencia al Neptuno de Madrid. Pero tal vez la más paradigmática es la Fontana di Trevi de Roma, donde todo tipo de personajes mitológicos acuáticos aparecen en la teatral decoración. 


La fuente de Neptuno, en Florencia, obra de Ammanato y conocida popularmente como Il Biancone, por la blancura y pesadez del mármol 



La fuente de Neptuno, en el Paseo del Prado madrileño,
también muestra el mítico carro del dios del mar tirado por hipocampos. 




Hipocampo en la Fontana di Trevi, Roma. 



En tiempos más cercanos también seguimos encontrando hipocampos en las representaciones artísticas. En la obra de algunos pintores academicistas, como Bouguereau, por ejemplo. William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) fue un pintor academicista francés que frecuentemente se inspiraba en temas clásicos. Pintó unos paneles para una casa parisina decorada con un estilo inspirado en las pinturas encontradas en Pompeya. En esta escena aparece el poeta griego Arión, que logró escapar de los piratas huyendo a lomos de una criatura marina que había acudido atraída por su canto. 


William-Adolphe Bouguereau. Arión montado en un hipocampo (1885)
Pintura sobre panel. 71,3 x 111,8 cm. Museo de Cleveland. 


Como vemos, los caballos marinos míticos han persistido a través de los tiempos, hasta llegar a nosotros.  Y como veremos en otras entradas del blog, dieron su nombre a ciertos animales marinos y hasta a una parte vital de nuestro encéfalo. 




Hipocampos en las calles de Dublín



martes, 16 de marzo de 2021

Dickens, la difteria y la ocultación de las epidemias


Archivo:Charles Dickens by Frith 1859.jpg




William Powell Frith 

Charles Dickens en su estudio 

(1859)

Óleo sobre lienzo 
Victoria and Albert Museum. Londres. 





En agosto de 1856 una epidemia sembraba el terror por Europa. Circulaban los rumores infundados, se paralizaban los viajes y las autoridades intentaban evitar que no cundiera el pánico entre la población. Suena a conocido, ¿verdad?

Una carta de Charles Dickens descubierta recientemente da testimonio de esta situación. Se trata de una carta del escritor a Sir Joseph Olliffe, un médico de la embajada británica en París. 

En esta carta, Dickens agradece al doctor que le alertara sobre el brote de difteria que se había producido en Boulogne-sur-mer, en la costa norte de Francia, localidad en la que el escritor pasaba sus vacaciones. A Dickens le gustaba mucho pasar temporadas allí, y describía el lugar como bello,  pintoresco, y evocador. Además allí podía gozar de un cierto anonimato y encontraba la tranquilidad para escribir. Allí escribió obras como Casa lúgubreTiempos difíciles o La pequeña Dorrit. El viaje tampoco era muy pesado: tardaba unas cinco horas desde Londres, primero en tren y luego en un ferry desde Folkestone. En realidad, tres de sus hijos estaban escolarizados en la región y estaban a punto de comenzar el nuevo curso. 

En su carta, Dickens le comenta al médico:
"No me cabe duda de que no podríamos estar en una situación más saludable, en una casa más limpia. Pero, aún así, si nos ordenara que nos marchásemos, nosotros obedeceríamos".

La carta que Dickens le escribió a James Olliffe, fechada el 24 de agosto de 1856. James McGrath Morris, CC BY

La carta que Dickens le escribió a James Olliffe, fechada el 24 de agosto de 1856. (James McGrath Morris)

 

En aquel momento poco se sabía sobre la enfermedad, a la que se le daban diversos nombres populares: "dolor de garganta maligno", "dolor de garganta de Boulogne" o "fiebre de Boulogne". En España se le conocía como garrotillo, por el aspecto que tomaba la cara de los afectados cuando tenían dificultades para respirar, parecida a la de los condenados a pena de muerte que eran ejecutados con el garrote vil. 



Placas de difteria


Pero unos años antes en 1826, el médico Pierre Phidèle Bretonneau (1771-1862) le había dado el nombre de difteritis, aplicando el método de observación anatomo-clínica. Bretonneau había observado la formación de una especie de membranas de aspecto correoso en las mucosas y le dió esta denominación, que deriva del griego διφθέρα "de aspecto de cuero curtido". Más tarde, en 1855, él mismo cambió el nombre a difteria. La enfermedad era grave, a menudo mortal,  y de fácil contagio, por contacto directo o por vía aérea, mediante gotas de Flügge. 

En la carta Dickens destacaba lo que le había ocurrido al doctor Philip Crampton:
"No puedo imaginarme una experiencia más terrible que la que ha vivido el pobre doctor Crampton."
El médico al que hace referencia el escritor se encontraba de vacaciones en Boulogne aproximadamente durante los mismos días que Dickens, cuando dos de sus hijos, de dos y seis años, y su mujer, de 39, murieron con una semana de diferencia a consecuencia de la difteria.

En esa época, Boulogne era un lugar muy frecuentado por ingleses, que a mediados del s. XIX formaban allí una colonia de 10.000 personas que suponía un 25% de los habitantes de la población. 

La gran cantidad de contagios a ambos lados del canal de la Mancha, en Francia e Inglaterra, hizo que las investigaciones científicas se aceleraran y que en 1860 (cuatro años después del primer caso detectado en Inglaterra) el conocimiento sobre el origen, los síntomas y el modo de transmisión de la enfermedad fuera ya mucho más completo.



Robert Buss: El sueño de Dickens. (1875)
El escritor aparece rodeado de todos los personajes imaginarios de sus obras. 



A Dickens le preocuparon mucholas noticias sobre el "dolor de garganta de Boulogne" de las que se hacía eco la prensa y que cada vez eran más alarmantes. Decidió mandar a sus hijos a Inglaterra para que estuvieran seguros. 

Las autoridades médicas francesas restaron importancia a  la expansión de la enfermedad, intentando preservar el prestigio turístico de la zona. En una carta escrita al periódico The Times y fechada el 5 de septiembre de 1856, un grupo de  médicos de Boulogne declararon que 
"con muy pocas excepciones, esta enfermedad solo afecta a los barrios más pobres de la ciudad y a la población sin apenas recursos"
Pocos días más tarde destacaban que el "pánico" se limitaba "casi por completo a los visitantes temporales". Sin embargo, las autoridades admitían que "lo cierto es que no aconsejaríamos a nadie que trajera a un niño" a "una casa donde el dolor maligno de garganta hubiera estado recientemente". Había una gran desinformación: las casas de huéspedes y las empresas de viajes siguieron promocionando intensamente Boulogne como destino de vacaciones.

Dickens, que también era periodista, era muy sensible a la deformación interesada de la información. En su carta a Olliffe observaba:
"Tenemos la idea general de que esta enfermedad existe en el extranjero y que afecta a los niños; de hecho, dos niños pequeños ea los que conocen nuestros hijos han muerto a consecuencia de ella. Pero es increíblemente difícil […] descubrir la verdad en este sitio. Y a la gente del pueblo le preocupa particularmente que yo lo sepa, dada la gran cantidad de medios que tendría para difundirlo."

En 1856, los que sobrevivieron a la epidemia restablecieron a la normalidad. Dickens escolarizó a sus hijos otra vez en Boulogne, y él mismo volvió muchas veces a la localidad.

Hasta 1920 no se desarrolló una vacuna contra la difteria, aunque no fue hasta los años 40 del s. XX cuando los distintos países empezaron a suministrarla masivamente a los niños. 

La historia de la carta de Dickens nos suscita la reflexión sobre ciertos hechos comunes en las epidemias, entre ellos el pánico de la población y los intentos de las autoridades locales de preservar los ingresos del turismo, minimizando la importancia de la enfermedad y recurriendo incluso a la deformación de la realidad. Algo que se repite de forma muy similar en nuestros días. 

viernes, 12 de marzo de 2021

Morir por morderse la lengua

 





Retrato de Allan Pinkerton
(1884)


Grabado impreso sobre papel 
Harper's Weekly. New York. 



Allan Pinkerton (1819-1884) fue un espía y detective escocés que creó la primera agencia de detectives del mundo. 

A los 23 años emigró a los EEUU. En 1849 fue designado como el primer detective de Chicago. Poco después se asoció con Edward Rucker, un abogado de Chicago para fundar la North-Western Police Agency, que más tarde se llamó Agencia Nacional de Detectives Pinkerton. El lema de la agencia We Never Sleep (Nunca dormimos) ilustrado gráficamente con un ojo abierto


El lema de la Agencia de detectives Pinkerton:
"Nunca dormimos"


A medida que los Estados Unidos iban expandiendo su territorio hacia el oeste, se incrementaron los transportes ferroviarios. Los bandoleros asaltaban con cierta frecuencia los trenes que atravesaban territorios solitarios. La Agencia Pinkerton tuvo la oportunidad de resolver algunos de estos atracos. Esto dio la oportunidad a Allan Pinkerton de ponerse en contacto con el general George McClellan y con Abraham Lincoln. 



Allan Pinkerton a caballo, en el campo de batalla de Antietam (1862) 


Allan Pinkerton había desarrollado técnicas de investigación como el rastreo o seguimiento de sospechosos o la suplantación de personajes para misiones de espionaje. En 1861-1862, durante la Guerra de Secesión americana, sirvió como jefe del Servicio de Inteligencia de la Unión (Union Intelligence Service). Los agentes de Pinkerton se infiltraban entre el enemigo, haciéndose pasar por soldados o simpatizantes confederados, y así conseguían información militar secreta. Pinkerton sirvió personalmente en varias misiones de espionaje bajo el apodo de Comandante E.J. Allen. También frustró una tentativa de asesinato del presidente Abraham Lincoln, en Baltimore (Maryland)

Cuando terminó la guerra, la agencia de Pinkerton siguió luchando contra los asaltantes de trenes. Sus hombres también se infiltraron entre las organizaciones obreras secretas que eran vistas como peligrosos activistas por parte del Gobierno. En cierto modo, la agencia Pinkerton se convirtió en el brazo armado de los grandes empresarios y en el enemigo de los movimientos obreristas. Pinkerton también inició una gran base de datos para centralizar todos los informes de identificación de criminales registrados. Actualmente el tipo de base de datos que él inició es administrada por el FBI. 



A la izquierda, Allan Pinkerton. En el centro, Abraham Lincoln. 

Pinkerton escribió varias docenas de libros de detectives, en las que daba su punto de vista sobre este oficio, probablemente como un reclamo publicitario para su agencia. Probablemente muchos de estos libros fueron redactados por escritores contratados por él, aunque en ellos aparece como único autor.

Un día de 1884 Pinkerton resbaló en una acera y sufrió una aparatosa caída en una calle de Chicago. Como consecuencia de esta caída se mordió la lengua produciéndose una importante herida, que se infectó. El 1 de julio, murió a consecuencia de la gangrena secundaria a esta herida. Una herida en una zona tan sensible, con una boca probablemente séptica y en una época en la que no se disponía de antibióticos ni de otros medicamentos efectivos, fueron las circunstancias que produjeron el fatal desenlace.  

Por muy increíble que parezca, el espía Pinkerton murió, en cierto modo, ¡por haberse mordido la lengua!

miércoles, 10 de marzo de 2021

La falsa enfermedad que salvó judíos





La sala de enfermos 
con síndrome K 

(1943)

Fotografia en B&N 
Hospital Fatebenefratelli. Roma
Archivo



En otra entrada del blog nos referimos a la creación de una falsa epidemia en la Polonia ocupada, que consiguió salvar muchas vidas, al evitar deportaciones a los campos de concentración nazis. Pero esta no fue la única. También hubo otra estratagema similar por lo menos, esta vez en Roma. 

La noche del 16 de octubre de 1943, en plena ocupación nazi de Roma, las tropas alemanas irrumpieron en el barrio judío de la ciudad, arrestando a más de mil judíos romanos, que fueron deportados al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. De todos ellos, al final de la guerra solo 16 de ellos volvieron con vida. 

A poca distancia de los arrestos masivos, tres médicos del hospital Fatebenefratelli, situado en la isla Tiberina, delante del gueto asistieron impotentes y con el corazón encogido a la tragedia. Eran el director del hospital, el cirujano Giovanni Borromeo; el psiquiatra Adriano Ossicini, miembro de la Resistencia y el Dr. Vittorio Emmanuele Sacerdoti, un médico judío que había perdido la licencia para ejercer por las leyes fascistas y que se escondía bajo una falsa identidad. Entre los tres urdieron un plan para proteger a un centenar de judíos que habían podido zafarse de los soldados. Los ingresaron en el hospital con un extraño diagnóstico: Síndrome K. Y añadieron la advertencia de que era una enfermedad extremadamente contagiosa y mortal. Esto aseguraba que los nazis no intentarían transportar a los moribundos.



El director del hospital, el cirujano Dr. Giovanni Borromeo



Los conjurados eligieron la letra "K" en referencia a dos militares alemanes cuyo apellido comenzaba por K en ambos casos. El general Albert Kesselring, (alias "Albert el sonriente") que era el alto mando de las fuerzas de ocupación, encargado de mantener bajo control la Italia fascista y de defenderla de los Aliados que avanzaban por el sur. Y el teniente coronel de la Gestapo en Roma Herbert Kappler, que dirigió la detención masiva del gueto. En 1944 Kappler ordenó la masacre de las fosas Ardeatinas, un asesinato en masa de judíos italianos y prisioneros políticos. Ambos militares acabaron siendo juzgados y condenados por sus crímenes de guerra. 



El general de las SS Albert Kesserling, apodado "Albert el sonriente".
La K inicial de su apellido inspiró el nombre de "síndrome K" 



El teniente coronel de la Gestapo Herbert Adolf Kappler
(el tercero por la izquierda) con otros oficiales alemanes. 


Pronto la nueva enfermedad se convirtió en una auténtica epidemia, entre los judíos perseguidos. Los médicos advirtieron a las autoridades alemanas que era una enfermedad peligrosa que necesitaba un aislamiento estricto. Habilitaron una toda planta del hospital para poder ingresar adecuadamente a los judíos "contagiados", incluyendo niños. A todos ellos se les advertía que tosieran si veían a algún soldado alemán cerca. Allí los judíos perseguidos se sentían seguros. 

La falsa epidemia era un secreto incluso para la mayoría de los médicos del Cuando las SS entraron en el hospital, los médicos y religiosos explicaron a los alemanes que detrás de las puertas de dos salas especiales se encontraban enfermos que padecían esa terrible enfermedad, el síndrome K, y que algunos estaban en estado terminal. Los oficiales creyeron que la misteriosa K se refería al bacilo de Koch, el agente causal de la tuberculosis, y no se atrevieron a abrir las puertas de la sala. Además -probablemente pensaron- no valía la pena exponerse al contagio para detener y enviar a los campos de la muerte a unos judíos que iban a morir de todos modos. 



Hospital Fatebenefratelli, en la isla Tiberina, en Roma. 


Al cabo de cierto tiempo de estancia en el hospital, los médicos les extendían un certificado de defunción. En aquel momento, recibían un pasaporte con una identidad falsa, que imprimía una tipografía clandestina del barrio de Trastevere y los sacaban del hospital por la noche para llevarlos a destinos seguros. 

Solo una vez los nazis intentaron aclarar el origen del misterioso síndrome K. Enviaron un médico militar para inspeccionar el hospìtal. Borromeo, que hablaba alemán, lo recibió con una mascarillay le explicó que se trataba de una enfermedad neurodegenerativa letal, que causaba fuertes dolores de cabeza y vómitos. El médico alemán hizo una visita rápida a distancia de los falsos enfermos y abandonó el centro rápidamente.



Hace poco, se ha celebrado el Día Internacional de las víctimas del Holocausto, en recuerdo de la liberación del campo de Auschwitz-Birkenau, el 27 de enero de 1945. Más de 9.000 judíos italianos fueron deportados a los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. 

El nombre de Giovanni Borromeo figura en la lista de justos de Yad Vashem. La Fundación Internacional Raoul Wallenberg ha atribuido el 21 de junio el prestigioso reconocimiento de “Casa de vida” al hospital Fatebenefratelli. También se rodó una película ("My Italian secret") sobre esta emotiva historia. 


My Italian secret. Gli eroi dimenticati. Morbo di K 




L'Ospedale Fatebenefratelli all'Isola Tiberina a Roma riceve dalla Fondazione Raoul Wallenberg




lunes, 8 de marzo de 2021

COVID19: la paradoja africana





Miquel Barceló

Escena africana (En el río) 


Acuarela sobre papel 

Colección particular 



El genial pintor mallorquín Miquel Barceló durante una estancia en Mali supo captar el alma del continente africano en unas maravillosas acuarelas, recogidas en la serie Cuadernos de África. Algunas de ellas nos van a dan pie a comentar un tema de gran actualidad: la diversidad de la evolución de la pandemia en África y en los países de Occidente.  

Mientras la mayoría de países occidentales ven propagarse de forma amenazadora y angustiante los contagios por la pandemia de COVID19, la situación en África no parece ser la misma. El virus parece respetar -o por lo menos incide menos- en una parte de África. Mientras que la COVID19 ocupa el lugar 12 entre las causas de muerte en todo el mundo, en África se sitúa en un nivel menor, ocupando el número 45. Y no encontramos ninguna causa clara que justifique esta diferencia y que nos permita explicar que el SARS-CoV2 no se transmite igual en ciudades como Nairobi o Lagos que en Londres o Nueva York. y no será por la distancia social. Estas ciudades africanas están superpobladas sino que sus pobladores están en general mucho más hacinados que en las ciudades occidentales. 

Esta "paradoja africana" ha hecho que se planteen numerosas hipótesis: 

- La exposición previa de la población a otros coronavirus ha podido crear una inmunidad cruzada. 

- La media de edad de la población africana es mucho más joven y su gravedad en caso de contagio es menor.

- La sanidad africvana, aunque precaria, tiene experiencia en afrontar grandes epidemias como en el caso del Ebola.

- Las vacunas de otras enfermedades (sarampión, BCG, polio) pueden estimular la inmunidad general. 

- Los datos recogidos no son totalmente fiables por falta de recursos y dan una falsa impresión de una menor incidencia del contagio. 

 


Miquel Barceló. Escena de recolección en Mali.
Acuarela sobre papel. 


En Lusaka (Zambia) antes de la llegada de la pandemia se había puesto en marcha un programa de investigación post-mortem de los patógenos respiratorios en pediatría, y fue readaptado para el control de casos de COVID19. 

Los resultados, publicados en la revista British Medical Journal, e incluyeron 364 test PCR realizados en las 48 horas qie seguían a la muerte (la mayoría de ellos fallecidos en su domicilio, y sin tests previos) y arrojaron una alta tasa de positivos (15,9%) lo que demostraba que el impacto de la COVID19 en Lusaka estaba claramente subestimado. 



Miquel Barceló: Barca en Mali. Acuarela sobre papel. 


El estudio demostró también que loas muertes relacionadas con la COVID19 afectaban a todas las edades, pero que contrariamente a los datos recogidos en Europa o en la China, el 76% de los casos tenían menos de 60 años y un 10% correspondían a niños. Tal vez esto se podría explicar por una mayor incidencia de síntomas gastrointestinales en este rango de edad.  

El análisis de factores de riesgo muestra también algunas peculiaridades en África: las enfermedades concomitantes más frecuentes son:

- Tuberculosis (31%)

- Hipertensión (27%)

- Infección por VIH (23%) 

- Abuso del alcohol (17%) 

- Diabetes (13%)



Miquel Barceló. Escena africana. Acuarela sobre papel. 


En octubre de 2020 el Centro africano de control de enfermedades comunicó que se habían realizado 21 millones de tests para el SARS-CoV2 en el continente, de los que 60% fueron realizados solamente en 5 países: Sudáfrica, Marruecos, Egipto, Kenya y Etiopía. A título comparativo, en EEUU (país con una población que es un tercio de la africana) se han realizado actualmente más de 192 millones de tests. 

A la vista de estos datos tal vez podamos pensar que la llamada paradoja africana, aunque existe, está amplificada sobre todo por las diferencias de recursos sanitarios entre los países desarrollados y el llamado Tercer Mundo. 


Bibliografía 

Mwananyanda L et coll. : Covid-19 deaths in Africa: prospective systematic postmortem surveillance study. BMJ 2021; 372: n334