lunes, 14 de octubre de 2019

¡Ay de los jueces inicuos y prevaricadores!








Gérard David

El desollamiento de Sisamnes
(1498) 



Díptico de Cambises. Óleo sobre tabla.  
Groningemuseum. Brujas. 




Gérard David (1460-1523) fue un pintor de origen holandés que se estableció en Brujas en 1483, ciudad en la que pasó el resto de su vida. Su pintura se encuadra en la más pura tradición flamenca, y en ella se observa una clara influencia de maestros como Hans Memling y Van Eyck. Sin embargo, David desarrolla un estilo personal, con cierto gusto renacentista. David fue uno de los primeros en introducir el paisaje en sus obras, anticipándose incluso a Patinir. 



Gérard David


















La mayoría de su pintura es de tema religioso, y entre sus principales obras recordamos La Virgen entre las vírgenes, el Tríptico de la Natividad, Descanso en la huída a Egipto y Cristo clavado en la cruz.
Sin embargo la obra que comentamos hoy se aparte un poco de esta temática y se encuadra en la pintura cívica. Forma parte de un conjunto de dos tablas conocido como Díptico de Cambises, compuesto por El juicio de Cambises y El desollamiento de Sisamnes. Fueron encargadas por el municipio de Brujas para enaltecer la imparcialidad de la justicia flamenca y recordar sus responsabilidades a los  jueces y gobernantes de la ciudad. 

           
Gérard David: El juicio de Cambises
                la otra pieza del Díptico de Cambises.           


























El díptico narra la historia de Sisamnes, tal como nos la hizo llegar Heródoto. Sisamnes era un juez venal y prevaricador, que vivió en el reinado de Cambises II de Persia (530-523 aC). El indigno juez había aceptado un soborno, y prevaricó en un juicio, dictando una sentencia injusta. El monarca descubrió su delito y se encolerizó sobremanera. Mandó detenerlo y encarcelarlo, e ideó un castigo ejemplar para garantizar que ningún otro juez volviese a actuar de manera corrupta: sería desollado vivo, en público. Tras la cruel muerte de Sisamnes, Cambises ordenó que se curtiera su piel y que con ella tapizaran el asiento en el que se sentaban los jueces para presidir los juicios. Un asiento en el que debía sentarse el hijo de Sisamnes, Ótanes, al que Sisamnes había elegido para sucederle. Así tapizada con la piel del juez corrupto, la silla le recordaría continuamente la necesidad de emitir juicios justos, y como advertencia constante en sus audiencias, deliberaciones y sentencias. 





Detalles del desollamiento del juez indigno. 

En la pintura aparece el juez indigno atado de pies y manos en una mesa que hace las veces de potro de tortura, mientras está siendo despellejado por cinco hombres, que realizan en su trabajo metódicamente. Uno de ellos sujeta un cuchillo con la boca. Los rostros de todos ellos revelan una gran concentración. 
El indigno juez aparece despierto, abriendo los ojos desmesuradamente y apretando los dientes en un rictus de terror. Los verdugos le han practicado incisiones en brazos y tórax, y la pierna izquierda aparece ya con la piel ya totalmente desprendida, dejando al aire la musculatura del miembro. 
   
Uno de los verdugos, concentrado en su trabajo,
sostiene el cuchillo con los dientes






















David traslada la escena a la Brujas de su tiempo, perfectamente reconocible en la arquitectura del fondo y en los personajes, que aparecen vestidos con ropas del s. XV. La pintura constituye así un claro aviso a los jueces y letrados de su tiempo, advirtiéndoles de que deben desempeñar su labor de acuerdo a la estricta justicia y con total integridad. Un mensaje que deberían recordar también los jueces actuales, cuyas decisiones son tantas veces sospechosas de partidismo y arbitrariedad. 
Por su parte tanto el rey como los testigos de la escena aparecen contemplando el suplicio con rostro impasible, sin atisbo de compasión, indicando así que se trata de un castigo justo y merecido. 
Por tratarse de un tema original y por el enorme realismo con el que lo trata el autor, constituye una obra impresionante, que no deja indiferente al espectador. 
Una obra que no ha perdido actualidad en cinco siglos. Hay muchos jueces inicuos y prevaricadores actualmente, que por desgracia actúan con total impunidad.  

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