martes, 11 de diciembre de 2018

La historia de la jeringa (II): Antecedentes
































Dibujo de la jeringa de Anel

Grabado




En una entrada anterior nos ocupamos de la etimología de la palabra jeringa y el bello mito de Pan y Syrinx. Vamos a ver hoy algunos datos sobre la historia de un humilde invento que sin embargo posibilitó grandes progresos médicos y terapéuticos: la jeringa. 

Aunque desde la antigüedad se reflexionaba en la forma de introducir sustancias en el interior del organismo a través de la piel, directamente en los músculos o la sangre. Así, podemos recordar algunos antecedentes de cánulas, como los intentos de los de los griegos, que con una vejiga unida a una caña realizaban enemas, o cuando el cirujano egipcio Ammar Ali al-Mawsili (s. XI) ideó un artilugio con un tubo de vidrio hueco con el que mediante succión intentaba remover las cataratas de los ojos de un paciente, práctica que continuó en uso hasta el año 1230.
Uno de los primeros antecedentes teóricos se debe al famoso arquitecto y científico inglés Sir Christopher Wren, conocido por el diseño de la Catedral de San Pablo en Londres. En un momento de su vida sufrió un proceso patológico que le impedía ingerir alimentos. A través de los trabajos de famoso anatomista Andrés Vesalius (considerado del padre de la anatomía moderna ) llegó a la conclusión de que los alimentos absorbidos en el tracto digestivo son llevados por la vía sanguínea a todos los órganos del sistema. Por lo tanto, si se ponía la sustancia directa en un vaso sanguíneo, rápidamente se tendría el efecto esperado, de esta reflexión y de su ingenio surge la primera jeringa hipodérmica.
El libro de Dominique Anel en el que da cuenta de
su invento de la jeringa para succionar las heridas. 
Una vez tuvo claro este concepto, ideó una pluma de ave biselada en un extremo. En el extremo opuesto le adaptó una vejiga de un pequeño mamífero. La experimentó primero con un perro y luego la usó personalmente para administrarse opio. Aunque la idea era buena, el riesgo de infecciones y complicaciones era altísimo. 

En 1713 el cirujano francés Dominique Anel ideó una jeringa fina con bomba para el tratamiento de los conductos lacrimales y proceder a la limpieza de las heridas por succión.  
En 1776 el famoso cirujano londinense John Hunter usó algo parecido a una jeringa para extraer el semen de un sujeto con hipospadias (malformación congénita de la uretra masculina que desemboca a mitad del pene en vez de llegar hasta la punta). Logró así una satisfactoria inseminación artificial.

El descubrimiento de la morfina, un derivado del opio, a principios del s. XIX estuvo muy relacionado con el desarrollo de las jeringuillas. En 1809 el médico francés François Magendie había demostrado que era posible introducir medicamentos a través de la piel. Basándose en esta posibilidad, el médico francés Lafargue consiguió introducir morfina bajo la piel, mediante el empleo de una lanceta que forzó en posición casi horizontal (1836). 


Jeringa de Anel, de plata maciza (primera mitad del s, XVIII)


Siguiendo esta línea de desarrollo en el año 1839, los doctores Taylor y Washington, de Nueva York, presentaron por primera vez la forma de introducir una solución de morfina en los tejidos mediante la jeringa de Anel, la cual fue predecesora del actual instrumento hipodérmico.


En 1844, el médico irlandés Francis Rynd (1801-1861) introdujo el uso de una aguja metálica hueca lo que mejoraba las posibilidades de plantear una inyección. Lo comprobó instilando morfina en una paciente con neuralgia del trigémino. 

En la próxima entrada veremos como después de estos intentos preliminares, se llegó a un instrumento realmente eficaz para inyectar sustancias: la jeringa de Pravaz. 


Bibliografía

Historia de la jeringuilla 
https://ceheginpaco.wordpress.com/2015/03/15/historia-de-la-jeringuilla/


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