lunes, 17 de diciembre de 2018

Historia de la jeringa (y VI): la era de las jeringas desechables







David Swann 

Jeringa ABC
(2014)

Plástico y materiales sintéticos
Finalista del Premio World Design Impact 2014, 
organizado por el Consejo Internacional del Diseño Industrial (ICSID)




Como hemos visto en una entrada anterior las jeringas ya eran esterilizables desde que Jeanne Luer consiguió hacerlas con un vidrio que soportaba la ebullición y por tanto usarlas en condiciones estériles. Las jeringas Luer posibilitaron una gran expansión del instrumento, posibilitando la extracción de sangre y otros fluidos corporales y el desarrollo de analíticas de todo tipo, así como la administración de fármacos por vía parenteral. Y también fueron usadas para la administración de drogas, incrementando las adicciones. 

Manuel Jalón, el inventor de la jeringa de
plástico, con otro de sus inventos, la fregona
Sin embargo, aunque eran esterilizables por ebullición, constituía un procedimiento algo complejo y farragoso.  

Así que el gran reto era conseguir jeringuillas de un solo uso, desechables. Como recuerda mi admirado amigo Fernando Navarro, fiel seguidor de este bloc, el australiano Charkles Rothauser patentó un modelo de jeringuilla en 1949, aunque resultaban muy caras. Dos años después se realizaron en polipropileno, lo que permitió una distribución más amplia. En Nueva Zelanda, el farmacéutico Colin Murdoch patentó un nuevo modelo, seguido al cabo de poco tiempo por Becton Dickinson, que lanzó su jeringuilla desechable Plastipack en 1961, que comercializó la empresa Becton, Dickinson and Company. Otra patente fue registrada por Phil Brooks en los Estados Unidos en 1974. Desde aquí agradezco al Dr. Navarro su amable colaboración al facilitarme estos datos. 

Otro hito importante fue el realizado por un español, el logroñés Manuel Jalón Corominas (1925-2011) que introdujo en 1973 un exitoso modelo de jeringas desechables de plástico. Las jeringas, envueltas individualmente estaban diseñadas para un solo uso. Conservaban el sistema de acople cónico Luer y las agujas, en lugar de tener una base metálica, la tenían de un plástico cónico que adaptaba perfectamente a la jeringa. La comodidad y la higiene quedaba así garantizada siempre que se usaran de acuerdo a las normas. 

Jalón, que era ingeniero aeronáutico y había ya realizado otros inventos, entre los que destacaba el palo de fregar o fregona, convenció al consejo de administración de la empresa de manufacturas Rodex, con la que había comercializado la fregona, para invertir medio millón de pesetas en un estudio sobre las posibilidades de este nuevo producto. Era evidente que para fabricarlas se necesitaba una gran precisión, sobre todo si se querían introducir mejoras en relación a las jeringuillas de vidrio que se usaban en aquel momento. La jeringa de Jalón necesitaba disponer de un émbolo que no se atascara (cosa que sucedía a menudo con los clásicos émbolos de vidrio esmerilado). También se necesitaba que fuera resistente y no se rompiera, y que fuese fácil de destruir.   

La jeringa de plástico desechable se ha
impuesto desde el último cuarto de siglo XX
Con estos objetivos y 200 millones de pesetas nació la fábrica Fabersanitas que se construyó en Fraga (Huesca) y que revolucionó el mercado. A los 3 años exportaban a 80 países y tuvieron que construir otras fábricas en China, Rusia, India o Turquía. 

Pronto la multinacional Becton Dickinson & Co. compró la empresa y sigue fabricando jeringuillas. En total cada día se fabrican en el mundo más de 20.000 millones de jeringas diarios. 

Pero a pesar de todo, cada año se producen alrededor de un millón de muertes en el mundo por las jeringas que se reutilizan. Miles de personas han sufrido de una o más infecciones a causa de jeringas que no están estériles en el momento de usarlas por mala práctica. 

La jeringa ABC, diseñada por el Dr. David Swann, y que encabeza este artículo busca evitar las consecuencias de una jeringa el mal estado. Este diseño usa materiales que cambian de color a rojo a partir de 60 segundos una vez abierto el paquete. Fue un diseño finalista del Premio World Design Impact 2014, organizado por el Consejo Internacional del Diseño Industrial (ICSID), que busca mejorar la calidad de vida social, económica y medioambiental.





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