lunes, 5 de noviembre de 2018

Mitología y anatomía (VIII): Aracne








René-Antoine Houasse

Minerva y Aracne
(1706) 

Óleo sobre lienzo. 105 x155 cm
Musée National des Palais
de Versailles et du Trianon
Versalles



Aunque ya nos hemos referido al mito de Aracne en otra entrada del blog, volveremos a comentarlo aquí, ya que una de las meninges, la llamada aracnoides, recibe su nombre de esta famosa tejedora mítica por su delicada estructura reticular. 

Aracné (Aράχνη) era una joven lidia, hija del tintorero Idmon, que tenía mucha fama de ser una hábil tejedora. Su prestigiosas labores con el telar alcanzaron una gran fama y eran motivo de admiración. 

Un día Aracne realizó un tapiz extraordinario, de tal calidad que hubo quien opinó que nadie podría superarla. Este atrevido comentario llegó a los oídos de Atenea, la diosa de la sabiduría y de las artes, que celosa de que el arte de una mortal fuera antepuesta a sus divinas dotes, decidió bajar del Olimpo a juzgar con sus propios ojos si la obra de Aracne era tan perfecta como decían. 


Paolo Veronese: Aracne o la Dialéctica. (1575-1577)
Óleo sobre lienzo. 150 x 220 cm. Palacio Ducal. Venecia. 




















Así que Atenea tomó el aspecto de una viejecita, que al ver el prodigioso tapiz, recomendó a Aracne que no fuera tan orgullosa, ya que en Grecia el pecado de soberbia (hybris) se consideraba muy grave. Pero Aracne, vanidosa y confiada en su habilidad, desoyó sus consejos y con una gran carcajada proclamó que no creía que nadie la podría superar al telar.


Lekitos (cerámica ática de figuras negras) del 540 aC.
Representa un telar griego, como el mencionado
por Ovidio en la historia de Aracne.  
Entonces Atenea recuperó su forma real divina y le dijo que ninguna mortal debía osar tejer mejor que ella. Al oir eso, Aracne la desafió a que hicieran un concurso a ver cuál de las dos era la mejor tejedora. Atenea aceptó el reto y confeccionó un magnífico tapiz en el que se representaba a los dioses del Olimpo en toda su majestad. Como advertencia velada a su imprudente competidora, en las esquinas puso cuatro episodios en los que se explicitaban los castigos que esperan a los blasfemos que se atreven a compararse con los dioses.

Pero Aracne no se dejó impresionar. Aún al contrario, aprovechó para burlarse nuevamente de las altaneras divinidades olímpicas. En su tapiz representó los amores de los dioses. Pero justamente los amores menos gloriosos: Zeus raptando a Europa, Zeus transformado en lluvia de oro para poseer a Dánae, el adulterio de Afrodita y Ares, etc. El tapiz de Aracne era de una perfección nunca vista, pero también era una denuncia explícita de la escasa moral de los moradores del Olímpo. Al ver esta nueva afrenta, Atenea, se encolerizó, destruyó el tapiz y persiguió a la desdichada Aracne y cuando la alcanzó la golpeó, furiosa, con la lanzadera.


Aracne, loca de dolor por la destrucción de su obra y por la injusta reacción de la diosa, intentó suicidarse colgándose de un árbol. 

Herman Posthumus: Arachne (1542)

Pero Atenea -que al fin y al cabo era la diosa de la sabiduría- comprendió que se había dejado llevar por la ira y por la envidia y que se había excedido en el castigo. Se dio cuenta de que había obrado injustamente  y se compadeció de su competidora, por lo que decidió perdonarle la vida. 

Sin embargo, la actitud blasfema y desafiante de Aracne merecía un castigo, aunque no mortal. Por eso se dirigió su mirada a Aracne, que aún viva, colgaba del árbol en el que había intentado ahorcarse, y la convirtió en una araña. Ella y sus descendientes podrían tejer y tejer continuamente. Y tejerían por la boca, como castigo de las atrevidas bravatas que lanzaba la deslenguada Aracne. Los tejidos de Aracne y su saga de arañas alcanzarían una gran perfección, pero ya no serían admirados por nadie nunca más.   

En Anatomía se denomina aracnoides a la meninge intermedia, protectora del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal). Está formada por una lámina externa homogénea, la aracnoides propiamente dicha, que se encuentra por debajo de la duramadre, a la que se adhiere. La capa interna areolar, de grandes mallas, constituye el espacio subaracnoideo, por donde circula el líquido cefalorraquídeo (LCR). Las trabéculas de la aracnoide se unen por la parte interna con la piamadre. Se trata de un tejido fino y delicado (el más delicado de las tres meninges) que se dispone en retículo, como la tela de una araña, por lo que se le dio un nombre derivado de Aracne, la extrordinaria tejedora. 

El delicado tejido de las telarañas, recuerda las trabéculas de la aracnoides





El mito de Aracne



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