lunes, 9 de diciembre de 2019

La consanguinidad de los Habsburgo y el prognatismo








Juan Carreño de Miranda 
Carlos II
(circa 1680) 

Óleo sobre lienzo 75 x 60 cm. 
Museo del Prado. Madrid. 



En la monarquía hispánica ocupó un papel destacado la dinastía de los Habsburgo, también llamada "Casa de Austria", que destacaba por una especial característica en su fisionomía: un acusado prognatismo de todos sus miembros. El prognatismo (del griego πρo, hacia adelante y γναθος, quijada) consiste en una deformación de la mandíbula, que aparece muy prominente y está adelantada respecto a su posición normal. Tanto, que en ocasiones se impide el correcto encaje de la boca al cerrarla y causa una cierta dificultad para hablar, morder y masticar. Los miembros de esta familia se caracterizaban por otros signos de deformidad facial, incluido un labio inferior evertido, también conocido como "labio de Habsburgo", y narices con una joroba dorsal y una punta nasal sobresaliente, también conocida como "nariz de Habsburgo", rasgos que a menudo son indicativos de deficiencia maxilar. 

En algunos casos algunas descripciones en textos escritos de testigos de la época, como la que realizó Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo de Carlos V, corroboran el aspecto que reflejan las pinturas :

 “Su mayor fealdad era la boca, porque tenía la dentadura tan desproporcionada con la de arriba que los dientes no se encontraban nunca; de lo cual se seguían dos daños: el uno el tener el habla en gran manera dura, sus palabras eran como belfo, y lo otro, tener en el comer mucho trabajo; por no encontrarse los dientes no podía mascar bien”.

Resultado de imagen de retrato de carlos v"
Christoph  Amberger. Carlos V, ya emperador. (1532)
Obsérvese el prognatismo que le hace mantener la boca abierta, a pesar que
la censura de la época obligó a suavizar la expresión facial. Gemäldegalerie, Berlín. 


De este rey se cuenta una anécdota muy descriptiva. Tenía un prognatismo muy marcado, que a veces le impedía  cerrar la boca. Cuando, todavía joven, heredó de su abuelo Fernando el Católico los reinos de la Corona de Aragón (que eran independientes de Castilla en aquel momento), fue a jurar los fueros de cada uno de estos reinos. En el reino de Aragón, ante las Cortes aragonesas reunidas, el Justicia le leyó la fórmula ritual, por la que se reconocía al rey como "primum inter pares": 
“Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos somos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”.  
Carlos V no debía estar acostumbrado a este tipo de declaraciones. Además casi no entendía el idioma local, ya que se había criado en Flandes, entre flamencos y alemanes. El Justicia, que esperaba su respuesta, al advertir que se quedaba callado y con la boca abierta (por su prognatismo), añadió, burlón: 
"Cierre la boca Vuesa Merced, no le vayan a entrar moscas" 
Una observación que tal vez sería oportuno recordar ante ciertas tentaciones de absolutismo monárquico actual. 

Hace pocos días, una buena amiga y lectora habitual del blog, Cèlia Ros, me hizo llegar una reseña sobre un interesante y reciente artículo que se ha publicado en Annals of Human Biology, lo que le agradezco desde aquí. Al leer el trabajo original, conocí las conclusiones del estudio. Los investigadores, encabezados por Román Vilas y Francisco Ceballos, de la Universidad de Santiago de Compostela, llegaron a la conclusión que el prognatismo de los Habsburgos tiene una relación directa con la endogamia familiar que practicaron de forma sistemática durante dos siglos, y que puede resumirse en el lema Bella gerant alii, tu felix Austria nube (“Que otros hagan guerras. Tú, feliz Austria, cásate”). Era una declaración clara sobre su estrategia para dominar una buena parte de Europa, consistente en realizar constantes matrimonios entre miembros emparentados de distintas familias reinantes, lo que comportaba relaciones sexuales entre primos o incluso entre tíos y sobrinas, lo que acabó motivando su desaparición.  


Diego Velázquez: Retrato de Felipe IV (detalle) 
Óleo sobre lienzo 
198 cm × 101,5 cm (1623) Museo del Prado. Madrid

La protuberancia de la mandíbula es una deformidad que puede deberse a un sobrecrecimiento mandibular verdadero y/o a un desarrollo deficiente del maxilar con retracción de la cara mediaUn análisis reciente de las características dismórficas presentes en los retratos de los miembros de la dinastía hispánica de los Habsburgo sugiere que en gran medida es debida a una deficiencia maxilar. 

Los autores del trabajo (un equipo de cirujanos maxilofaciales y genetistas) analizaron datos de un árbol genealógico de 6.000 miembros de 20 generaciones de los Habsburgo. También estudiaron 66 retratos de miembros de la familia Habsburgo, desde Felipe I (1478-1506) hasta Carlos II (1661-1700), que se conservan principalmente en el Museo del Prado y en el Museo de Historia del Arte de Viena. Tomaron como referencia ciertas características dismórficas que pueden observarse en la hipoplasia maxilar: 
  • espectáculo escleral (exposición de la esclera, conjuntiva y eventualmente el 1/3 inferior de la córnea, como consecuencia del descenso del párpado inferior)
  • exoftalmos (protrusión excesiva de los globos oculares) 
  • pliegues nasolabiales prominentes
  • base nasal estrecha 
  • cresta nasal convexa 
  • voladizo punta nasal 
  • ángulo nasolabial obtuso 
  • bermellón delgado del labio superior 
  • mandíbula cerrada 
  • labio inferior evertido o prominente 

También observaron rasgos de hiperplasia mandibular
  • aumento de la distancia tiromentoniana (Es la distancia que hay entre la prominencia del cartílago tiroides y el borde inferior de la sínfisis mandibular, con la boca cerrada y la cabeza en hiperextensión) 
  • tejido blando submentoniano tenso 
  • ángulo gonial obtuso 
  • pliegue labiomentoniano superficial 
  • ángulo agudo de la barbilla 
  • mayor profundidad de tercio facial inferior 

Teniendo en cuenta estos parámetros, los investigadores calcularon el nivel de prognatismo mandibular y de deficiencia maxilar, confirmando por primera vez lo que ya hacía tiempo que se sospechaba: “una clara asociación entre la deformidad facial y la endogamia”.

Hasta ahora se sospechaba que el prognatismo de los Habsburgo estaba regido por un gen dominante. Sin embargo, este estudio demuestra que probablemente es la expresión de un gen autosómico recesivo. Cada individuo recibe dos versiones de cada gen, una de su madre y otra de su padre. Si estas dos copias son diferentes, se manifiesta la variante dominante, quedando enmascarada la información del otro gen, denominado recesivo. En el caso de los Austria, los autores del artículo llegan a la conclusión que el prognatismo mandibular era un rasgo recesivo que afloró en los monarcas por los continuos matrimonios endogámicos, que aumentaron las probabilidades de heredar las dos copias igualmente defectuosas.

Según uno de los autores del estudio, el genetista Francisco Ceballos, los reyes son un laboratorio perfecto para estudiar los efectos de la consanguinidad humana. En la actualidad, el equipo continúa estudiando la dinastía de los Borbones para ampliar la investigación. Porque los Borbones, descendientes indirectos de los Habsburgo, también muestran una clara tendencia al prognatismo.  


Bibliografía 


Román Vilas, Francisco C. Ceballos, Laila Al-Soufi, Raúl González-García, Carlos Moreno, Manuel Moreno, Laura Villanueva, Luis Ruiz, Jesús Mateos, David González, Jennifer Ruiz, Aitor Cinza, Florencio Monje & Gonzalo Álvarez (2019) Is the “Habsburg jaw” related to inbreeding?, Annals of Human Biology, DOI: 10.1080/03014460.2019.1687752
https://tandfonline.com/doi/10.1080/03014460.2019.1687752










viernes, 6 de diciembre de 2019

El tacto: (V) Corpúsculos de Krause









Esquema de un corpúsculo de Krause

Grabado. Papel impreso. 




Los corpúsculos de Krause toman este nombre del médico y anatómico Wilhelm Krause (1833-1910). Era hijo del también anatomista  Karl Theodor Friedrich Krause (1797-1868). Wilhelm era natural de Hannover, y tras estudiar en Göttingen, Berlín, Viena y Zurich, se doctoró en 1854. En 1860 fue profesor extraordinario en la Universidad de Göttingen. Entre sus alumnos más destacados estaba Robert Koch (1843-1910) que llegaría a ser un destacado bacteriólogo e investigador. En 1892 Krause fue nombrado Jefe del Laboratorio del Instituto Anatómico de Berlín.  

Realizó estudios histológicos que le permitieron describir los corpúsculos táctiles que llevan su nombre. (Die terminalen Körperchen der einfach sensiblen Nerven. Hannover, 1860). 

Estos corpúsculos están formados por bulbos encapsulados, situados en la hipodermis de la piel. Son parecidos pues, a los corpúsculos de Pacini, aunque de tamaño mucho menor, y su función principal es registrar la sensación de frío, fenómeno que se produce cuando entramos en contacto con un cuerpo o un espacio que está a menor temperatura que nuestro cuerpo. La sensibilidad es variable según la región de la piel que se considere. De todos modos, su función en la actualidad no está definido con claridad. 

jueves, 5 de diciembre de 2019

El tacto: (IV) Corpúsculos de Ruffini.







Angelo Ruffini

Imagen de un corpúsculo del tacto
(1898)

Fotografía al microscopio coloreada. 
Enviada por el propio Ruffini a Sir Charles Sherrington




Tras considerar en otras entradas los corpúsculos táctiles de Meissner y de Pacini, que permiten la percepción del tacto superficial y profundo, trataremos hoy de otro tipo de receptor, los de temperatura, representados básicamente por los corpúsculos de Ruffini (calor) y los de Krause (frío).


Los corpúsculos de Ruffini: la percepción del calor.

Su nombre se debe a Angelo Ruffini (1864-1929), un médico y biólogo italiano. Ruffini se había licenciado en Medicina en la Universidad de Bolonia, donde se formó con el gran clínico Augusto Murri ( 1841-1932). tras su licenciatura, entró a trabajar en el Laboratorio de Histología de la misma universidad, y cuatro años más tarde fue nombrado profesor de Histología. 


Angelo Ruffini
Tras dirigir el hospital de Lucignano (Arezzo) donde creó un laboratorio en el que proseguía sus investigaciones, en 1901 se traslada a Siena, como profesor de Embriología en el Instituto Anatómico. En 1912 regresa a Bolonia para ocupar la cátedra de Histología y fisiología general de la Real Universidad de esta ciudad. 

Las investigaciones de Ruffini fueron galardonadas con diversos premios. Cabe destacar especialmente sus estudios sobre el sistema nervioso periférico y el descubrimiento de nuevas expansiones; entre estas, los corpúsculos táctiles que son conocidos con su nombre. Mantuvo a este respecto una activa correspondencia con Sir Charles Sherrington (1896-1903), y posteriormente publicó los resultados en Journal of Physiology.

Los corpúsculos de Ruffini están situados en la dermis profunda, y presentan una forma de huso, con una porción central dilatada, dotada de terminaciones nerviosas capaces de percibir los cambios de temperatura (calor) y también la deformación o estiramiento de la piel.  Identifican la deformación continua de la piel y tejidos profundos (se encuentran en la dermis profunda). Están situados en la superficie de la piel de todo el cuerpo, y se calcula que hay cerca de 35.000, siendo especialmente abundantes en la cara dorsal de las manos. 





Esquema de un corpúsculo de Krause. Grabado. 



Los corpúsculos de Krause: la percepción del frío.

Los corpúsculos de Krause toman este nombre del médico y anatómico Wilhelm Krause (1833-1910). Era hijo del también anatomista  Karl Theodor Friedrich Krause (1797-1868). Wilhelm era natural de Hannover, y tras estudiar en Göttingen, Berlín, Viena y Zurich, se doctoró en 1854. En 1860 fue profesor extraordinario en la Universidad de Göttingen. Entre sus alumnos más destacados estaba Robert Koch (1843-1910) que llegaría a ser un destacado bacteriólogo e investigador. En 1892 Krause fue nombrado Jefe del Laboratorio del Instituto Anatómico de Berlín.  

Realizó estudios histológicos que le permitieron describir los corpúsculos táctiles que llevan su nombre. (Die terminalen Körperchen der einfach sensiblen Nerven. Hannover, 1860). 

Estos corpúsculos están formados por bulbos encapsulados, situados en la hipodermis de la piel. Son parecidos pues, a los corpúsculos de Pacini, aunque de tamaño mucho menor, y su función principal es registrar la sensación de frío, fenómeno que se produce cuando entramos en contacto con un cuerpo o un espacio que está a menor temperatura que nuestro cuerpo. La sensibilidad es variable según la región de la piel que se considere. De todos modos, su función en la actualidad no está definido con claridad. 

miércoles, 4 de diciembre de 2019

El tacto: (III) corpúsculos de Merkel







Friedrich Sigmund Merkel 
 (1845-1919)

Fotografía en B&N






Los corpúsculos de Merkel o discos de Merkel son células de estructura semirrígida, capaces de captar las vibraciones de baja frecuencia (5 -15 Hz)  con una gran sensibilidad, aunque de adaptación lenta. Cada terminación consta de una célula de Merkel en oposición cercana a una terminación nerviosa. Una fibra única de un nervio aferente se ramifica para inervar hasta 90 terminaciones similares. 

Se trata de mecanorreceptores que proporcionan información sobre presión y textura al cerebro. Fueron descubiertos por el eminente histopatólogo y anatomista alemán Friedrich Sigmund Merkel (1845-1919) 

Merkel era natural de Nuremberg. En 1869 se doctoró en la universidad de Erlangen, y se dedicó a la anatomía y a la histopatología. Fue profesor de las universidades de Rostock (1872-1883),  Koningsberg (1883-1885) y Gotinga (desde 1885).

En 1875 describió por primera vez los corpúsculos, a los que llamó  Tastzellen (células del tacto),  señalando que se encontraban en la piel de todos los vertebrados. Poco después, Robert Bonnet los denominó con el epónimo de corpúsculos de Merkel (1878) en honor a su descubridor, nombre con el que son conocidos en la actualidad.  



En los humanos, las células de Merkel (como los corpúsculos de Meissner) surgen en las capas de piel superficiales, y se encuentran agrupadas debajo de la cresta de la punta de los dedos que constituyen las huellas dactilares. En la piel con pelo, las terminaciones nerviosas de Merkel se agrupan en estructuras epiteliales especializadas denominadas "discos del pelo".


Atendiendo a su respuesta sostenida a la presión, las terminaciones nerviosas de Merkel se clasifican como de lenta adaptación, en contraste con los corpúsculos de Pacini (receptores de rápida adaptación que responden únicamente al inicio y final de la desviación mecánica, y a las vibraciones de alta frecuencia).

En los mamíferos, los registros eléctricos de una única fibra nerviosa aferente demuestran que las respuestas de las terminaciones nerviosas de Merkel se caracterizan por una potente respuesta al inicio de un estímulo mecánico desnivelado (dinámico), aunque continúan disparando durante la fase de meseta (estática). Los disparos durante la fase estática pueden continuar durante más de 30 minutos. Los intervalos entre picos durante los disparos sostenidos son irregulares, en contraste con el patrón altamente regular de los intervalos entre picos obtenidos de los mecanorreceptores de lenta adaptación de tipo II. 


Bibliografía 

Merkel FS. (1875). Tastzellen und Tastkörperchen bei den Hausthieren und beim Menschen. Archiv für mikroskopische Anatomie, 11: 636-652.

martes, 3 de diciembre de 2019

El tacto: (II) corpúsculos de Pacini







Hautmann e Ca.

Retrato de Filippo Pacini

Fotografía B&N. 
Colección Wellcome. Londres.




En una entrada anterior comentamos algunos aspectos de  los corpúsculos de Meissner, unos mecanorreceptores que detectan contactos o roces superficiales. Hoy vamos a tratar otro tipo de corpúsculos táctiles, los corpúsculos de Pacini. 

Reciben el nombre de Filippo Pacini (1812-1883), un investigador italiano, natural de Pistoia. Aunque era un gran amante de las ciencias naturales, sus padres le dirigieron a la carrera eclesiástica, con la esperanza de que llegara a obispo. Pero no era esta la vocación de Filippo, que pronto abandonó la escuela episcopal de Pistoia y se dedicó a la Medicina, y especialmente a la Anatomía.


Teatrino anatómico de Pistoia.


En 1835, durante su clase de disección en la Escuela Médica de Pistoia (Scuola Medica di Pistoia) fundada en 1666 en su ciudad natal, Pacini descubrió pequeños órganos sensoriales en el sistema nervioso que pueden detectar presión y vibraciones, pero no publicó su investigación hasta 1840 en "Nuovi organi descoperti nel corpo umano" en la Società médico-física de Florencia. Después de pocos años, el trabajo era ampliamente conocido en Europa y los cuerpos habían llegado a conocerse como corpúsculos de Pacini. 


Preparación del Instituto Anatómico de Florencia (29 agosto de 1854)
en donde puede verse ya identificado el vibrión colérico, a pesar de que
se considera que fue descubierto por Robert Koch en 1883.   

Pacini realizó también otros descubrimientos. Por ejemplo, aisló el Vibrio cholerae (agente productor del cólera) en 1854, 30 años antes que los descubrimientos hechos por Robert Koch. Pacini permaneció soltero toda su vida y contribuyó con su dinero a mantener a sus dos hermanas enfermas. Murió pobre en Florencia el 9 de julio de 1883 y fue enterrado en el cementerio de la Misericordia.

Esquema de un corpúsculo de Pacini. 
a. Vaso sanguíneo, terminado en una red capilar que penetra en la cápsula central

b. Tejido fibroso del tallo.

n. Terminación nerviosa que a medida que penetra en la cápsula pierde su mielina. Al llegar al fiinal forma una dilatación.


















Los corpúsculos de Pacini son receptores que responden a las vibraciones rápidas y la presión mecánica profunda. Se puede distinguir también las diferentes texturas de los materiales: fino o rugoso, y la función de agarrar y soltar. Tienen una forma elipsoidal, que puede ser de más de 1 mm de longitud y están situados a mayor profundidad que los corpúsculos de Meissner
Están dotados de una cápsula, compuesta por numerosas capas (unas 60) de láminas concéntricas formadas por fibroblastos y tejido conectivo fibroso (lamelas). Entre cada lamela hay una capa de colágeno tipo IV y tipo II, de consistencia gelatinosa y más de un 90% de agua. células de tejido conectivo aplanadas. La cápsula rodea un espacio central, en el que hay una fibra nerviosa gruesa mielinizada, pero que pierde el recubrimiento de mielina y la vaina de Schwann al penetrar en el interior del corpúsculo. El axón desnudo recorre el espacio central sin ramificarse, formando un engrosamiento terminal. Por la parte inferior también penetran vasos sanguíneos que se ramifican hacia varias capas y lamelas del corpúsculo.


Son receptores de rápida adaptación que responden únicamente al inicio y final de la desviación mecánica, y a las vibraciones de alta frecuencia, que permiten darnos cuenta, por ejemplo, de un apretón de manos, o del movimiento de las articulaciones. Los corpúsculos de Pacini se encuentran en el tejido conectivo subcutáneo y en la dermis reticular y son especialmente numerosos en la mano y el pie. Además se encuentran en el periostio, las membranas interóseas, el mesenterio, el páncreas y los órganos sexuales. 

lunes, 2 de diciembre de 2019

El tacto: (I) corpúsculos de Meissner






Retrato de Georg Meissner

Fotografía B&N. 
Universidad de Gotinga 



El sentido del tacto es muy complejo. Nos permite distinguir varias sensaciones del exterior: presión, temperatura, grado de aspereza o dureza de una superficie. Podemos percibir todas estas características gracias a un variado sistema de receptores nerviosos, que captan estas variadas cualidades y las transmiten al cerebro (lóbulo parietal), donde son procesadas e interpretadas. La mayoría de estos receptores están en la piel, si bien en diferente proporción según la zona anatómica: la punta de los dedos, la nariz y la lengua son más ricos en receptores y por eso son zonas más sensibles. También hay otros receptores en otros órganos que nos alertan de cambios en nuestro organismo como dolor interno o nuestros propios cambios de temperatura (estados febriles, p. ej.). 

El tacto es, de todos los sentidos, el que tiene una localización más extensa. No hay parte de nuestro organismo que no participe en las informaciones tàctiles. Un ser humano puede sobrevivir a pesar de ser ciego, sordo o carecer de los sentidos del gusto y el olfato, pero le es imposible sobrevivir sin las funciones que desempeña la piel y la percepción tàctil, que emite señales hasta el sistema nervioso informando sobre cualquier agresión mecánica, térmica o química. Sin este sistema de alarma, los organismos correrían el peligro de no darse cuenta de los diversos peligros que pueden agredirlos. 

La mayoría de sensaciones táctiles se perciben gracias a diferentes tipos de corpúsculos. Cada tipo de corpúsculos proporciona una determinada información sobre una sensación táctil. 



Corte microscópico de la piel mostrando la situación de los
corpúsculos de Meissner (en la papila dérmica). Tinción de hematoxilina-eosina



Los corpúsculos de Meissner

Este tipo de corpúsculos son terminaciones nerviosas en la piel que son responsables de la sensibilidad para el tacto ligero. Se trata corpúsculos de 40 a 61 μm de diámetro, con una única terminación nerviosa no mielinizadas que serpentea entre láminas horizontales de células aplanadas de sostén rodeadas por una cápsula de tejido conectivo. Su mayor sensibilidad (el umbral de respuesta más bajo) es cuando reciben vibraciones de menos de 50 Hertz. 

Son receptores rápidamente activos, pero los potenciales de acción generados decrecen rápidamente y acaban cesando (ésta es la razón por la que se deja de sentir la ropa que uno lleva puesta). Si el estímulo se elimina, el corpúsculo recupera su forma y mientras eso ocurre (es decir se está deformando físicamente) causa que se genere otra descarga de potenciales de acción. 

Debido a su localización superficial en la dermis, estos corpúsculos son particularmente sensibles al tacto y a las vibraciones, pero por la misma razón, están limitados en la detección y solo pueden señalar que algo está tocando la piel.

Los corpúsculos de Meissner fueron descritos en 1852 por Georg Meissner (1829-1905), un anatomista y fisiólogo alemán natural de Hannover. Había estudiado Medicina en Göttingen, donde fue discípulo y colaborador de Rudolf Wagner, con quien describió los corpúsculos táctiles en un primer momento. Más tarde Meissner publicó el resultado de sus investigaciones en su tesis doctoral (Beiträge zur Anatomie und Physiologic der Haut, Leipzig, 1853) como si hubiera hecho la investigación en solitario, lo que ocasionó un sonado enfrentamiento con Wagner, polémica que duró bastantes años.