miércoles, 4 de septiembre de 2019

¿Desde cuándo decimos "Dermatología"?









Anne Charles Lorry

Tractatus de morbis cutaneis
(1777)

Libro impreso en papel. 
Editado por G. Cavelier. parís 1777
Bibliothèque Henri Feulard. 
Hospital de Saint-Louis, París. 




Actualmente todo el mundo sabe que la palabra "Dermatología" designa al estudio científico de las enfermedades de la piel. El vocablo se compone del prefijo «δερματος» (dermatos) piel y del sufijo «logía» del griego «λογία» que indica estudio, tratado o ciencia. Sigue así la pauta aceptada con la que se conocen otras especialidades de la Medicina, como cardiología (de «καρδια» (kardia) corazón y «λογία»), oftalmología (de «οφθαλμος» (ophthalmos) ojo «λογια»)  o hepatología (de «ηπατος» (hēpatos) hígado y «λογια»); o de las ciencias en general, como geología ( de «γη» (gē) tierra y «λογια») o zoología (de ζω̃ον (zoon),​​​​ que significa 'animal', «λογια»)

Anne-Charles Lorry (1762-1783)
fue el primero en usar
el término "Dermatología" 

La primera vez que aparece la palabra dermatología es en 1777, en el 
Tractatus de morbis cutaneis, de Anne-Charles Lorry (1762-1783), un médico muy cultivado, que tenía un gran predicamento entre las clases aristocráticas de París. Su libro fue uno de los últimos tratados de medicina que se escribió en latín, ya que a partir de finales del s. XVIII es más común escribir en las lenguas romances de cada país. El tratado de Lorry está plagado de referencias cultas y eruditas, y no es raro que acuñara este neologismo de resonancias clásicas. 

J. Jakob Plenck
Poco antes de que apareciera el libro de Lorry, tenemos constancia de otro vocablo para designar el estudio de las enfermedades cutáneas. Se trata de dermología, formado de forma similar: de «δερμα» (derma) y «λογία» (logía) que ya fue usado en 1764. 

Si bien el termino "dermatología" se acabó imponiendo a "dermología", es interesante señalar que en este tiempo (último tercio del s. XVIII) no solamente nació una palabra, sino que tuvo lugar el auténtico nacimiento de la dermatología  como ciencia. En 1776, J.J. Plenck publicó en Viena su libro Doctrina de morbis cutaneis, en donde por primera vez se intenta una clasificación de las enfermedades cutáneas. Esta obra fue seguida al cabo de poco tiempo (y de forma independiente) por Willan en Londres y Alibert en París, que también propusieron sus clasificaciones. Y es que para aplicar el método científico a cualquier rama de la ciencia, lo primero que hay que hacer es clasificar, ordenar. y luego describir, estudiar e investigar. 


Robert Willan
Jean-Louis Alibert




















Hasta entonces, los escasos libros dedicados a las enfermedades de la piel (Mercuriali, 1572; Daniel Turner, 1714; Tomàs Carrera, 1760) se limitaban a describir cada enfermedad, pero sin clasificarlas. Es una época en la que hay un remarcable interés por las enfermedades cutáneas, pero que hemos de encuadrar como Protodermatología. La Dermatología científica nace realmente con Plenck, Willan y Alibert entre finales del s. XVIII y los inicios del s. XIX gracias a la clasificación de las enfermedades (tomada en cierto modo de las clasificaciones botánicas de Linneo y Buffon). El gran dermatólogo francés Jean Darier lo resumía en una genial frase: 
-->
“Para conocer y describir las enfermedades de la piel hacía falta de entrada mirarlas con atención, lo que no se hizo hasta finales del s. XVIII"  


Bibliografía


  • Alibert J L. Précis théorique et pratique sur les maladies de la peau observées à l’Hôpital Saint-Louis. Barrois Paris 1806. 
  • Chevalier J. Thomas Carrère. Sa vie, son oeuvre. A: Des maladies de la peau (Trad francesa del Tractatus de morbis cutaneis de Thomas Carrère) Lyon. Ed Louis Pariente, 2003. 
  • Holubar K, Schmidt C, Wolff K. Challenge Dermatology. Vienna 1841-1992.  Verlag der Österreichischen Wissenschaften. Viena, 1993.
  • Chevalier J Lázaro P. El nacimiento de la Dermatología : Clasificaciones “more botánico”. Tesis doctoral 30/86. Ed. Universidad Complutense, Madrid 1986. 
  • Lorry AC. Tractatus de morbis cutaneis. Guillaume Cavelier. Paris 1777.
  • Mercuriali H. De morbis cutaneis, et omnibus corporis humani excrementis tractatus. Venetiis, apud A Meietos, 1572.
  • Plenck, J.J. Doctrina de morbis cutaneis. Viennae, apud Rodolphum Graeffer 1776.  
  • Ripoll J. Grec mèdic. Guia per identificar termes. Pam, Barcelona, 2018.
  • Schmidt C, Holubar K. Dermatology. The name of the game. J Invest Dermatol 1992; 98: 403-404.
  • Sierra X. Historia de la Dermatología. Mra Creación y Realización editorial, Barcelona, 1994.
  • Sierra X. Cien años de Dermatología. Aula Médica. Madrid, 2001
  • Sierra X. Historia de las micosis. Mra Creación y Realización editorial, Barcelona, 2004. 
  • Tillès G. La naissance de la Dermatologie. Éd. Roger Dacosta. París, 1989. Pàg 123.
  • Willan R. Description and treatment of cutaneous diseases (order I). J Johnson Londres 1798.


martes, 3 de septiembre de 2019

El cretinismo del Niño de Vallecas






Diego Velázquez

Francisco Lezcano 
"El niño de Vallecas"
(1635-1645)

Óleo sobre lienzo. 107 x 83 cm
Museo del Prado. Madrid. 




Tradicionalmente se conoce este cuadro como Francisco Lezcano, "el niño de Vallecas". Sin embargo no está clara la identidad del personaje, que suele asimilarse a los bufones de la Corte, tal vez uno de los bufones del príncipe Baltasar Carlos. 

El personaje, sea quien fuere, aparece sentado sobre una roca, con la pierna derecha extendida en escorzo hacia el espectador, jugueteando con un objeto indefinido entre sus manos (tal vez unos naipes, símbolo de la ociosidad). Está vestido con un tabardo verde de caza de cierta calidad, aunque de forma desaliñada: la camisa arrugada asoma solo por un lado, en la parte del escote.  La mirada perdida del enano se dirige vagamente al espectador, con la cabeza inclinada e inestable. 


Detalle del cuadro, en donde se aprecia la inestabilidad 
de la cabeza, la mirada vacía y la boca entreabierta

La enfermedad que probablemente tenga este personaje, es un cretinismo o hipotiroidismo congénito. Se trata de una enfermedad genética en la que se produce una alteración del funcionalismo de la glándula tiroides. Las hormonas tiroideas son imprescindibles para el correcto funcionamiento del cerebro y del crecimiento muscular, por lo que su disfunción causa un retraso en el desarrollo mental y físico.

El cretinismo puede ser congénito, por agenesia del tiroides o bien desarrollarse por la falta de yodo, elemento imprescindible para la síntesis de hormonas tiroideas. Por esta razón, el cretinismo ha sido históricamente más común en las zonas donde el suelo posee poco yodo.

Los principales síntomas del cretinismo incluyen: 

- Macroglosia (lengua de tamaño superior al habitual) 

- Engrosamiento de la piel

- Pelo escaso y quebradizo.

- Expresión facial triste, con los párpados caídos.

- Voz ronca y profunda

- Hormigueos e insensibilidad en pies y manos. 

- Hinchazón de piernas. 

- Cabeza mayor de lo habitual con gran desarrollo mandibular, que produce una silueta que recuerda un 8.

- Alteraciones del pulso (Latidos cardíacos lentos, rápidos o irregulares)

- Alteraciones psíquicas: Depresión, psicosis, amnesia... 

En la actualidad se realiza una prueba al nacer (prueba del talón) para -en caso de detección precoz- paliar la sintomatología de esta enfermedad mediante administración de hormonas tiroideas y de yodo.  

Asimismo, la observación atenta de esta figura nos revela la posibilidad de otras patologías. La mirada perdida y lejana del bufón puede sugerir un bajo nivel de inteligencia, lo que frecuentemente se asocia al cretinismo (y que por eso ha originado el uso de la expresión "cretino" para referirse a personas poco dotadas intelectualmente). Y su boca entreabierta evidencia que respira por la boca, tal vez a consecuencia de obstrucción parcial de la nariz por vegetaciones adenoides. 

lunes, 2 de septiembre de 2019

El beso del ángel



William-Adolphe Bouguerau 

El primer beso
(Amour et Psyché, enfants)
(1890) 

Óleo sobre lienzo 119 x 71 cm
Colección privada



William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) fue un pintor academicista francés, cuya trayectoria artística estuvo vinculada a la Escuela de Bellas Artes de París. Su pintura se caracteriza por un perfecto dominio de la forma y de la técnica, con grandes efectos de realismo. Su estilo, ecléctico, mezcla elementos propios del neoclasicismo y del romanticismo, con una visión idealizada. Sus temas preferidos fueron los mitológicos, alegóricos, históricos  y religiosos. 

En esta obra, Bouguerau nos presenta una escena imaginaria de la infancia de Amor y Psyche. Amor da a Psyche su primer beso, inocente y puro. La niña lo acepta con un recatado mohín. Es un beso de una candidez sin límites, de un cariño enternecedor. El beso de un ángel.


Antonio Canova. Psyche revivida por el beso de Eros. Museo del Louvre. París. 

El nombre de "beso del ángel" también es un nombre popular para designar un fenómeno médico, que suele verse en la frente de los recién nacidos. Se trata de una manchita rosada o asalmonada, plana, de bordes difusos, que suele verse en la frente de algunos niños. La llaman así porque si un ángel entrara en la habitación de un bebé a darle un beso, probablemente se lo daría en la frente. Y por eso designan así a estas marcas de los lactantes. A veces estas manchas también pueden verse en los párpados, otro buen lugar para un poético beso. 

En realidad estas manchitas son angiomas frontales o palpebrales, formados por vasos sanguíneos superficiales. Son muy frecuentes y pueden verse en un 30-50 % de los bebés, afectando más a las niñas que a los varones. Si el niño llora o se agita, el acúmulo de sangre es mayor y su color se vuelve más marcado, apareciendo entonces de golpe como una llama. Por eso se les conoce como nevus flammeus. 

Como los angiomas occipitales (el llamado picotazo de la cigüeña), el beso del ángel es una lesión benigna que no requiere tratamiento. En la mayoría de los casos, tienen tendencia a reabsorberse espontáneamente y a desaparecer del todo al cabo de pocos meses. No suelen verse después de los 18 meses de vida.  

La alta frecuencia y benignidad de estas lesiones ha favorecido la imaginación popular, vinculándola a mitos más o menos poéticos.