martes, 8 de enero de 2019

Isabel I Tudor (II): las razones de la virginidad








Marcus Gheeraerts el Joven

Retrato de Isabel I
“The Ditchley Portrait”
(circa 1592)

Óleo sobre lienzo. 24,13 x 15,24 cm
National Portrait Gallery. Londres.



En este retrato de Isabel I, Marcus Gheeraerts la representa con un vestido blanco, radiante de luz y en todo su esplendor  de pie sobre un mapa de Inglaterra. En el lado derecho, una inscripción con un soneto al sol, el símbolo de la soberana, que se refiere a la reina como la "princesa de la luz". Aparte el carácter claramente apologético y propagandístico de esta obra, el pintor deja claro como quería la reina que la percibieran sus súbditos: como la reina virgen, inmaculada, blanca, y llena de luz, como una aparición, como un ser celestial.

En una entrada anterior comentábamos algunos aspectos biográficos de Isabel I Tudor, llamada la reina virgen. Efectivamente este fue uno de los aspectos más llamativos de su persona: su tozuda voluntad en ser soltera y (teóricamente) virgen, idea que fue cultivada concienzudamente por la propia Isabel que se rodeó de una leyenda que la convertía casi en un ser sobrenatural. 

A pesar de los repetidos intentos y presiones del Parlamento para que contrajera matrimonio Isabel nunca cedió y rechazó los posibles candidatos al tálamo que le proponían. En 1559 rechazó al rey hispánico Felipe II, y posteriormente fue desestimando otros candidatos: Eric XIV de Suecia, Enrique de Valois, Francisco de Anjou... Una vez que el Parlamento le instaba a casarse con especial insistencia, ella se negó obstinadamente y zanjó la cuestión bruscamente diciendo "No se hable más", y disolvió a continuación la Cámara durante cuatro años. 


El "retrato de la Armada" de Isabel I. Royal Museum. Greenwich.


Pero ¿que razones tendría Isabel para este rechazo tan radical al matrimonio? Ciertamente, la soltería o la virginidad es una opción personal muy respetable en cualquier mujer, pero llama especialmente la atención que una reina opte por serlo, a causa que una de las principales ventajas -tal vez la única- que aporta el sistema monárquico es justamente garantizar una descendencia y una continuidad dinástica. De ahí que la asociación de "reina" y "virgen" sea un oxímoron, algo imposible de combinar. 

Se han planteado diversas hipótesis para intentar responder a esta cuestión, que sigue siendo uno de los misterios no explicados de la Historia. Entre estas razones se ha especulado con la presencia de alguna malformación genital, tal vez una agenesia o una atresia vaginal (falta congénita de vagina o que estuviera cerrada por una membrana consistente). Tal vez esto fue un argumento más a tener en cuenta cuando Enrique VIII la declaró bastarda, apartándola de la línea de sucesión tras la ejecución de su madre. Algunos historiadores, como Macías Torres plantean la hipótesis de que Isabel nunca tuvo la regla (tal vez por una atresia, por ejemplo). 


Tiziano: Retrato de Felipe II
Cuando ya había subido al trono, Felipe II consideró la posibilidad de ofrecerle matrimonio, que era aconsejable por razones de estado, ya que era notorio que ambos monarcas se detestaban mutuamente. Felipe II había estado casado con María I Tudor y ostentó el nombramiento honorífico de "Rey de Inglaterra" mientras durase el matrimonio. Pero a la muerte de María, Felipe quiso intentar conservar el título (y tal vez hacerlo más efectivo). Una solución era casarse con Isabel, y por eso se propuso como pretendiente. Pero mientras esperaba la respuesta (Isabel sabía como demorar la respuesta), se decidió a solicitar informes sobre Isabel. Francisco Suárez de Figueroa, duque de Feria, que había sido embajador durante el reinado de María Tudor, informó al rey Felipe II que Isabel "tenía algo que la incapacitaba para el matrimonio", aunque no dio más detalles. 

Otros indicios apoyarían la hipótesis de un posible problema genital. Al principio de su reinado, Ben Johnson afirmaba que la reina tenía en sus genitales una membrana que le impedía conocer varón, y Brantome (embajador en Escocia) decía que Isabel no podía tomar marido pues en sus genitales 
"sólo hay un pequeño orificio por el que orina, y nada más hasta el ano".
Un argumento a favor de esta teoría sería una frase pronunciada por uno de sus amantes, Robert Devereux, segundo conde de Essex, durante su proceso: 
"Her mind as crooked as her body" 
("su mente está tan deformada como su cuerpo") 
Habida cuenta de que Isabel no tenía ninguna deformidad visible en su cuerpo ni aún en su vejez, algunos creen que este comentario podría referirse a los órganos genitales de la reina. 

Otro de sus amantes, Walter Raleigh, dejó entrever que a la reina le gustaban cosas poco habituales en la cama, lo que podría ser una referencia al coito anal, a la felación o a otras formas de relación sexual extravaginal. 

Pero hay quien se inclina por otras explicaciones. Lytton Strachey opina que la reina padecía vaginismo, un trastorno funcional sin imperfección anatómica consistente en un espasmo de los músculos de la entrada vaginal, y aún de todo el cuerpo, que se contrae y se contorsiona ante la amenaza de que va a tener lugar la cópula. Aunque esto suele ser un trastorno pasajero, que depende más de factores psicológicos. 

Algunos  sostienen incluso un cierto grado de hermafroditismo, y Bram Stoker, en 1910 llegó a afirmar que Isabel I era en realidad un hombre travestido. Sin llegar a estas hipótesis que nos parecen francamente novelescas, lo cierto es que debía haber una razón médica que justificara la obsesión de Isabel por alejarse del matrimonio. 

O tal vez fuera solamente un trauma infantil. Lo cierto es que siendo niña vio ejecutar a su madre, y luego vio el destino de otras esposas de su padre, Enrique VIII, lo que no es precisamente un gran estímulo para casarse. Cuentan que Isabel no ahorraba comentarios mordaces sobre la "santidad" del matrimonio. Y no era para menos, después de lo que le había tocado vivir. 

Además, teniendo en cuenta la situación de la mujer en el s. XVI, el matrimonio de una reina conllevaba dejar casi todo el poder en manos del cónyuge, cosa que probablemente no deseaba Isabel que tenía las ideas muy claras acerca de cómo gobernar. Lo cierto es que una mujer soltera rigió los destinos de Inglaterra durante uno de los reinados más largos de su historia. 


Isabel I de Inglaterra:

I. La reina virgen 

II. Las razones de la virginidad

III. Virgen, pero con amantes

IV. Un maquillaje peligroso 





Bibliografía 

Macías Torres, Ernesto, "Aportaciones ginecológicas a la biografía de Isabel I de Inglaterra", Revista Archivum, Universidad de Oviedo, volumen 15, 1965. 


lunes, 7 de enero de 2019

Isabel I de Inglaterra (I): La reina virgen





Autor desconocido 

Isabel I
(circa 1600)

Óleo sobre lienzo. 127 x 100 cm
National Portrait Gallery, Londres 





Hace pocos días recibí un tweet del Dr.  Frederic Llordach (@fllordachs) en el que me adjuntaba un interesante artículo sobre el maquillaje de la reina de Inglaterra Isabel I Tudor y me sugería que tratara este tema en "Un dermatólogo en el museo". Agradezco mucho la sugerencia y el documento y voy a intentar, lo mejor que pueda, satisfacer a este lector habitual de nuestro blog. 

Comenzaré, como hago habitualmente, situando el personaje a tratar y su época para así poder contextualizar mejor su caso. En posteriores entradas comentaré aspectos más concretos. 


Isabel I (1533–1603) es probablemente una de las figuras más emblemáticas de la historia de Inglaterra. Fue la quinta y última reina de la dinastía Tudor. Era hija de Enrique VIII y de Ana Bolena. Aunque había nacido como princesa real fue declarada hija ilegítima y apartada de la línea sucesoria cuando su madre fue ejecutada por orden del rey, cuando Isabel solamente contaba con tres años de edad. Sin embargo, al morir sus hermanos Eduardo VI y María I prematuramente, recayó en ella la sucesión a la corona. 

Físicamente Isabel era de tez pálida (fototipo I) y pelirroja como su padre. En cambio de su madre, que tenía la tez olivácea, ojos oscuros y un fototipo más alto, heredó la gracilidad ósea y los rasgos faciales. También algunos aspectos de su carácter: carismática, algo neurótica, y muy enamoradiza. 

Thomas Seymour
Tras la muerte de Enrique VIII (1547) subió al trono el joven Eduardo VI. La última mujer de Enrique VIII, Catalina Parr contrajo un nuevo matrimonio con Thomas Seymour (un aristócrata y tío del nuevo rey). Catalina se llevó consigo a Isabel y se cuidó de que tuviera una primorosa educación. Bajo la protección de Catalina, Isabel se formó como protestante y dominaba gran número de idiomas (francés, español, holandés e italiano, además de griego y latín), y tenía amplios conocimientos de filosofía, historia y otras materias. 

Cuando Isabel tenía 14 años, Seymour intentó seducirla o tal vez acosarla sexualmente. Entraba en su habitación, le hacía cosquillas y caricias y la perseguía quitándole la ropa y dándole palmaditas en las nalgas. Correspondido o no, el caso es que Catalina, la esposa de Seymour y madrastra de Isabel los sorprendió. Aunque Isabel supo defenderse, quedó recluida durante un tiempo en su residencia. 


Anthonys Mor: Maria Tudor, Bloody Mary (1554)
Eduardo VI murió prematuramente, y subió al trono María, la media hermana de Isabel (hija de Eduardo VIII y Catalina de Aragón), que intentó imponer un regreso al catolicismo, recurriendo a una feroz represión, que le valió el sobrenombre de Bloody Mary. También intentó convertir al catolicismo a Isabel, que para evitar problemas, simuló aceptarlo. Tras esta conversión fingida, la reina, que no tenía descendencia, la reconoció como heredera al trono.  

María falleció en 1558 e Isabel fue proclamada reina. Al subir al trono, Inglaterra se hallaba profundamente dividida por cuestiones religiosas. Una de las primeras medidas que tomó como reina fue establecer una Iglesia protestante independiente de Roma, de la que ella sería la cabeza visible y que luego evolucionaría a la Iglesia de Inglaterra. Su política exterior vino marcada por sus tensas relaciones con el rey hispánico Felipe II, con quien mantendría más tarde una guerra que arruinó a ambos países. 


María Estuardo
Uno de los grandes problemas de Isabel fue su prima católica, María Estuardo, la destronada reina de Escocia que se refugió en Inglaterra y a la que hizo encarcelar, debido a la amenaza que suponía para su reinado: los católicos la consideraban la verdadera reina de Inglaterra cuyo trono habría usurpado Isabel. Pero la escocesa no cesaba de conspirar desde su cárcel. Tras dieciocho años de reclusión en diversos castillos y prisiones, se descubrió un complot para asesinar a Isabel y suplantarla por María Estuardo. La reina fue presionada por sus consejeros para autorizar la pena de muerte de la infortunada María, que fue decapitada en la Torre de Londres. A pesar de ser reticente a ejecutar a su prima, al final Isabel no tuvo más remedio que acceder.

La ejecución de María Estuardo supuso un hito histórico en el enfrentamiento entre católicos y protestantes y causó un gran revuelo en todo el mundo. Su muerte y la decidida postura anticatólica de Isabel tensaron las relaciones con Felipe II, defensor acérrimo del papado, que decidió armar una flota de barcos a la que con gran petulancia llamó "La Armada Invencible". Pero el temporal, la pericia de los marinos ingleses -curtidos en tantos lances de piratería- y la absoluta incapacidad de mando de Felipe II en el mar proporcionaron una gran victoria a la flota de la reina Isabel. Una victoria que consolidó definitivamente a Inglaterra como una gran potencia naval y colonial. 



Isabel I Tudor, retratada con la flota que se enfrentó a la Armada Invencible al fondo 

Como veremos en próximas entradas del blog, Isabel nunca accedió a contraer matrimonio, a pesar de las repetidas y constantes presiones políticas que le aconsejaban hacerlo. Es más cultivó su imagen como "la reina virgen", casi sobrenatural, adecuando su aspecto a este propósito. Así  consiguió regir los destinos de Inglaterra durante uno de los reinados más largos de su historia, como mujer soltera.   

Bajo su reinado, Inglaterra pactó la paz con Francia, se inició el desarrollo industrial y económico del país, se impulsó el comercio, Y se afianzó la moneda, con lo que significó una época de gran prosperidad para la nobleza y la alta burguesía. La reina apoyó a los piratas y ennobleció a algunos de ellos como Francis Drake o Walter Raleigh, con quien mantuvo algunos escarceos amorosos. Tras su triunfo frente a la Armada Invencible, Inglaterra se erigió en una gran potencia naval y colonial. El reinado de Isabel, fue una época de gran florecimiento cultural, en la que podemos destacar  personalidades como William Shakespeare y Christopher Marlowe.


Isabel I Tudor 







Isabel I de Inglaterra:

I. La reina virgen 

II. Las razones de la virginidad

III. Virgen, pero con amantes

IV. Un maquillaje peligroso 




viernes, 4 de enero de 2019

Herpes zóster (II): la enfermedad





Elfinger

Herpes zoster Faciei et Capillitii

Ilustración del libro de Ferdinand von Hebra
Atlas der Hautkrankheiten. Text von Prof. Dr. Ferdinand Hebra, Bilder von Dr. Anton Elfinger und Dr. Carl Heitzmann. Kaiserische Akademie der Wissen schaften

Viena, 1856-1876.






Serpiente de Asclepios de bronce.
Período helenístico. Museo de Éfeso
En una entrada anterior comentábamos la etimología del Herpes zóster, denominación que deriva de serpiente, ya que herpes en griego (ἕρπης) quiere decir serpiente, y zóster (ζωστήρ), cinturónLas lesiones del herpes zóster se extienden por el territorio de una metámera, es decir el territorio de un determinado nervio sensitivo. Por esta razón su distribución es linear, afectando solamente el territorio inervado por el nervio afectado. Esta distribución linear que recuerda una serpiente reptando es la que originó el nombre. Si además añadimos que es una enfermedad dolorosa, que también recuerda la mordedura de una serpiente venenosa, el nombre queda plenamente justificado. 

El herpes zóster es una enfermedad cutánea con afectación del nervio periférico de la zona, y por eso una de sus principales características es el dolor que produce. Está causado por el mismo virus que la varicela (Virus Varicela-Zóster, VVZ).

Tras sufrir la varicela, el virus varicela zóster (VVZ) se aloja en los ganglios nerviosos, donde permanece latente, pero, en circunstancias en las que disminuye la inmunidad puede reactivarse y aparecer un herpes zóster. 


Herpes zóster ocular (Mraceck, 1906)
Muchas veces la zona afectada es una metámera de la zona torácica o en extremidades. Particularmente doloroso y complicado  es cuando afecta a la parte superior de la cara y cabeza (territorio de la 1ª rama del nervio trigémino). En estos casos puede afectar al ojo. 

El herpes zóster no es una enfermedad infrecuente. Se calcula que alrededor de un 15% de la población puede sufrirlo durante su vida.

Como he comentado, el herpes zóster se produce cuando hay un estado inmunitario deficiente. Por eso, tienen más probabilidades de desarrollar herpes zóster:
  • - Las personas mayores: con el paso de los años, el sistema inmunológico se debilita y aumenta la dificultad del organismo para hacer frente a las infecciones. A partir de los 60 años, la incidencia del herpes zóster alcanza su punto máximo, para descender algo entre los octogenarios.
  • - Tener el sistema inmunológico deprimido: puede ser el caso de personas infectadas por VIH, afectadas por tumores que produzcan alteraciones del sistema inmune, así como las que se sometan a quimioterapia o radioterapia para combatir un cáncer o personas trasplantadas que sigan un tratamiento farmacológico para evitar el rechazo. También es frecuente apreciar casos entre personas con la inmunidad en buen estado pero en situaciones de debilidad o de cansancio.
- Padecer un cáncer. A veces el herpes zóster puede tener el papel de dermatosis paraneoplásica, es decir, que se produce por la disminución inmunitaria causada por un tumor maligno en otro órgano. Nos debe alertar particularmente en los casos en los que las lesiones del herpes zóster sean especialmente importantes o su distribución bilateral (a los dos lados) que se da en escasas ocasiones. En este sentido existe la creencia popular que "si la culebrilla se muerde la cola, es presagio de muerte inminente". Interpretando esta creencia (que no es cierta en todos los casos) encontramos la explicación: una persona con un cáncer avanzado, tiene una fuerte inmunodepresión que puede expresarse con la aparición de un herpes zóster paraneoplásico bilateral, apareciendo entonces un verdadero cinturón que da la sensación de una serpiente que se muerde la cola. 

Una de las características de esta enfermedad es como hemos dicho el dolor, que suele aumentar de intensidad en proporción de la edad del pacientes. En los casos -menos frecuentes- que afecte a niños o adolescentes el dolor está ausente o es muy ligero. En cambio en las personas de edad el dolor es insoportable. Si no se trata a tiempo la enfermedad puede dejar como secuela una neuralgia residual, muy dolorosa y difícil de tratar. La intensidad del dolor es tal que según cuentan, cuando no se conocían los analgésicos se dieron casos de suicidios para no aguantar los intensos dolores. 

Herpes zóster, según una lámina del libro de
Willan y Bateman On cutaneous diseases (1808)

En la fase de actividad la sintomatología característica es la aparición de enrojecimiento de la zona con aparición de vesículas o pequeñas ampollas. Cuando se rompen pueden dejar salir un líquido seroso que puede infectarse dando lugar a costras amarillentas o pardo-rojizas. Aunque no se traten, las lesiones cutáneas desaparecen al cabo de unos 15 días, aunque la piel puede tardar en normalizarse totalmente entre 4 y 6 semanas. 

El herpes zóster no se contagia de una persona a otra, aunque puede producir la varicela en personas que no hayan pasado esta enfermedad antes, por lo que deben tomarse las precauciones oportunas si es es caso. 

Actualmente los modernos antivirales han cambiado totalmente el pronóstico de la enfermedad ya que son muy efectivos si se administran precozmente y a las dosis  adecuadas.    

Adjuntamos hoy aquí algunas láminas sobre el tema que constituyen auténticas obras de arte. 


Herpes zóster abdominal, según una lámina del libro de
Willan y Bateman On cutaneous diseases (1808)



jueves, 3 de enero de 2019

Herpes zóster (I): la serpiente que te ciñe







Atribuído a Agesandro, 
Apolodoro y Polydoro 

Laocoonte y sus hijos
(40-30 a.C)

Escultura de mármol
Museos Vaticanos. Roma 



La visita a los Museos Vaticanos permite contemplar una gran cantidad de obras de arte de primera magnitud, aunque a veces es recomendable realizar una cierta selección, ya que es imposible verlo todo. Hay piezas muy destacadas que son un referente artístico e histórico obligado. Si yo tuviera que hacer una selección personal, incluiría sin ninguna duda esta magnífica escultura helenística.  

El hallazgo de esta maravillosa escultura constituyó probablemente uno de los descubrimientos arqueológicos que más han marcado la Historia del Arte. El grupo escultórico se halló en 1506 en el Esquilino, una de las siete colinas de Roma, en las ruinas de lo que había sido la Domus Aurea, residencia de Nerón. Pronto se identificó con la escultura citada por Plinio el Viejo en su Historia Natural, como obra de los escultores de Rodas Agesandro, Apolodoro y Polydoro. 


La escultura relata un episodio mitológico. Laocoonte, un sacerdote troyano del dios Apolo, se había opuesto a la entrada del caballo de madera en la ciudad. Mientras estaba ofreciendo un sacrificio acompañado de sus hijos, Atenea y Poseidón, favorables a los griegos hicieron salir del mar a dos gigantescas serpientes que rodearon al sacerdote y a sus hijos. Tomando el mito bajo una perspectiva romana, el suceso está relacionado con la fuga de Eneas de Troya y la posterior fundación de Roma. 

El papa Julio II (reinante 1503-1513) tan amante de las artes, no podía dejar escapar un hallazgo de esta importancia, por lo que adquirió la estatua y habilitó el Patio  de las Estatuas, convirtiéndola en el centro de su programa decorativo.  


La cara de Laocoonte era para Laín Entralgo 
la mejor expresión del pathos, del sufrimiento, 
concepto del que deriva la palabra Patología

La escultura es de una gran belleza y teatralidad. La cara de Laocoonte se contrae en una trágica expresión de dolor, que para Laín Entralgo era la mayor expresión del pathos, del sufrimiento humano. Las serpientes, ondulantes, rodean los miembros de las víctimas dando una gran sensación de movimiento, de fuerza, que resalta todavía más los músculos tensos de los troyanos, que intentan en vano liberarse de sus atacantes. 

La escultura, como digo, tuvo una gran repercusión en los artistas del momento, y muchos consideran que fue una de las que más influyó en la eclosión definitiva del Renacimiento, una corriente que ya se estaba preparando desde hacía algún tiempo y que era un regreso a la tradición artística grecorromana, especialmente a la representación del cuerpo humano desnudo según los cánones clásicos. 

Pero para un médico, la escultura tiene también otra dimensión. La visión de las serpientes reptando por los miembros humanos, atenazándolos y sometiéndolos a su poder y causándoles dolor con sus mordeduras, evoca en cierto modo lo que sucede en un cuadro patológico: el herpes zóster. 


La serpiente reptando por los miembros y mordiéndolos evoca la distribución de las lesiones del herpes zóster y el dolor que frecuentemente lo acompaña. 

Seguramente muchos os sorprenderéis de esta curiosa y para muchos inesperada asociación de ideas. Y sin embargo no está tan alejada de la realidad. Las lesiones del herpes zóster se extienden por el territorio de una metámera, es decir el territorio de un determinado nervio sensitivo. Por esta razón su distribución es linear, afectando solamente el territorio inervado por el nervio afectado. Esto justifica su nombre: herpes en griego (ἕρπης) quiere decir serpiente, y zóster (ζωστήρ), faja, cinta o cinturón. Es decir, algo así como "la serpiente que te ciñe", expresando lo que podemos ver en el Laocoonte. Del vocablo herpes (ἕρπης) también deriva la herpetología, la rama de la zoología que estudia a las serpientes. 

Esta etimología también explica la denominación popular de "culebrilla", "culebrina" o "culebrón" que se le da en ciertas regiones, y que es a veces despreciada como un vulgarismo, cuando en realidad tiene el mismo origen etimológico. En francés se le da un nombre igualmente expresivo "zona", que hace también referencia a la distribución regional del herpes zoster.


Serpiente de Asclepios. Escultura de bronce. Museo de Éfeso 


Las referencias a esta enfermedad las encontramos ya en 
en el tratado De medicina obra de Aulus Cornelius Celso (s. I d.C.) para describir algunas enfermedades que evolucionan como si reptaran sobre la piel y siguió siendo usada en la Edad Media y épocas posteriores, aunque existía una cierta confusión con el ergotismo o la erisipela, lo que justificó que en ocasiones se le llamara "ignis sacer" (fuego sagrado, por el intenso dolor que le acompaña). No fue hasta el s. XVIII cuando William Heberden (1710-1801) estableció una forma de diferenciar entre el herpes zóster y la viruela, y a finales del siglo XIX se distinguió definitivamente de la erisipela. En 1831 Richard Bright (1789-1858) planteó la hipótesis que la enfermedad surgía de un ganglio de un nervio sensitivo dorsal, lo que fue confirmado por Félix von Bärensprung  (1779-1841) en 1861. 

En una próxima entrada hablaré de las características de esta enfermedad, con más detalle.