lunes, 4 de septiembre de 2017

Historia del condón (V): La revolución sexual







Make Love, not War 
(Haz el amor y no la guerra)

(1967)

Cartel antibelicista. Papel impreso. 
USA




En 1955 Gregory Goodwin Pincus (1903-1967) introdujo la primera píldora anticonceptiva. El método era cómodo y eficaz y pronto tuvo una gran aceptación. No es arriesgado decir que este progreso médico revolucionó el curso de la historia y que tuvo una manifiesta influencia en la evolución de la demografía y un importante viraje en las mentalidades. 

Este progreso coincidió en el tiempo con la llamada revolución sexual, y en cierto modo fue uno de los factores que la posibilitó. Ya no había posibilidad de embarazo tras una relación sexual, con un método fácil, cómodo y de total fiabilidad. 

En diversos países occidentales, la generación  que había nacido tras la postguerra se enfrentó con una sociedad burguesa, de moral rígida e intransigente, llena de contradicciones internas, y que continuaba con esquemas puritanos de época victoriana totalmente periclitados. Hasta entonces el sexo sólo se entendía dentro del matrimonio y la mujer era relegada a unas actitudes mojigatas y reprimidas. Se ejercía una doble moral hipócrita, que mientras sostenía estos valores, buscaba clandestinamente los placeres vedados en la prostitución. 
Wilhelm Reich: La revolución sexual. 

La juventud de los últimos 50 y primeros 60 estaba mucho más formada intelectualmente que las que le precedieron. Los trabajos de Sigmund Freud, primero (Tres ensayos de teoría sexual, Totem y tabú) y Erich Fromm más tarde (El arte de amar) y sobre todo de Wilhelm Reich (La revolución sexual) hicieron tomar conciencia de que el sexo podía ser más libre, más sincero y desprovisto de tabús. El Informe Kinsey aportó datos de vital importancia para el replanteamiento de las actitudes sexuales. 

Las nuevas formas de música contribuyeron a la toma de conciencia generacional. Elvis Presley y The Beatles primero demostraron que el aspecto personal y la nueva manera de entender la música podían ser diferentes. Años más tarde, la diferencia generacional se profundizó todavía más. La canción protesta (Pete Seeger, Bob Dylan, Joan Báez...) y muchos otros cantantes locales denunciaron las vetustas concepciones socio-políticas imperantes. Los jóvenes se dejaron crecer el pelo y la barba y las chicas llevaban largas melenas que las diferenciaban de sus comedidas madres. 

Joan Báez
En lo político, heredaron algunos valores del anarquismo, y practicaron la protesta y la reivindicación social.  En un mundo partido en una guerra fría entre capitalismo y socialismo el movimiento hippie y la contracultura optó por el pacifismo, denunciando la guerra de Vietnam y la invasión soviética de Praga. El Che Guevara, guerrillero anticapitalista se convirtió en uno de los iconos más preciados. Otra consecuencia del cambio copernicano de la mentalidad fue la revolución de mayo del 68 en París, que aunque no tuvo un resultado demasiado evidente, removió considerablemente las conciencias y dio un vuelco en la manera de pensar. 

"Prohibido prohibir!", una de las frases
más famosas de mayo del 68, en una de 

las paredes de la Sorbonne de París
"Mi cuerpo es mío". La toma
de conciencia de la libertad
sexual de las mujeres en
la revuelta de mayo del 68
Uno de los valores más firmes del nuevo pensamiento fue el feminismo y la plena equiparación de sexos. La mujer accedió masivamente a los estudios universitarios en régimen de igualdad. Y también tomó un papel activo tanto en la sociedad como en la práctica sexual. 

Sugestiva fotografía de una pareja haciendo el amor
en una posición que dibujan el símbolo de la paz. 

Una imagen que fue muy popular en la década 
de los años 60 del s. XX
Otro signo de identidad fue el consumo de drogas. La marihuana se generalizó y el LSD y sus efectos psicodélicos favorecían la desinhibición sexual. Las acid sex partys eran frecuentes. 

Efectivamente, como decía la letra de una de las canciones de Bob Dylan, los tiempos estaban cambiando ("The times they're changin"). Una de las cuestiones que más cambiaron en aquellos años fue precisamente la forma de vivir el sexo. El slogan "Make love not War" (Haz el amor y no la guerra) fue una clara declaración de principios. Se cuestionaba el matrimonio monógamo, permanente obsesión de la sociedad burguesa patriarcal. Los hippies despojaron al erotismo y a la pasión de su afán posesivo y exclusivista, de su indisolubilidad, y sobre todo la desvincularon de su dimensión económica y social. 

El amor libre se impuso. Las parejas practicaban sexo sin necesidad de esperar a casarse (y mucho menos a la autorización paterna). Se cambiaba frecuentemente de pareja, con gran promiscuidad. La homosexualidad o la bisexualidad, antes ferozmente reprimida, era ahora tolerada. Incluso se realizaron intentos de replantear la familia basada en la pareja. Se experimentaron comunas, en las que se tenían relaciones cruzadas, se practicaba sexo en grupo y los hijos se criaban entre todos.



Festival de Woodstock

Naturalmente esta situación no era solamente causada por el pensamiento filosófico, sino que en cierto modo fue facilitada por dos grandes progresos médicos. Por una parte, la introducción de la penicilina en los años 40 había permitido tratar de forma eficaz, rápida y barata los casos de sífilis y gonorrea, cuya incidencia había descendido en picado. Contraer la sífilis ya no era una tragedia: con unas pocas inyecciones se solventaba el problema. El otro gran cambio eran los anovulatorios, que solucionaban el otro gran temor: la posibilidad de un embarazo. Sin miedo ya a embarazos no deseados ni a ITS, el camino hacia el sexo libre estaba expedito. 

Festival de Woodstock
El sexo libre - y fácil - hizo disminuir la demanda de la prostitución, anclada en un modelo sórdido y marginal y que en realidad era una válvula de escape de la sociedad patriarcal. Las chicas de las familias burguesas tomaban anticonceptivos y practicaban el amor libre, y ya no era necesario recurrir al sexo mercenario de las prostitutas callejeras. La creencia largo tiempo defendida de que las ITS solamente eran transmitidas por meretrices influyó notablemente en la caída del uso de condones, que llegó a mínimos en la década de los 70. 

Los condones tenían mala fama. No se habían desprendido totalmente de su vieja vinculación con la prostitución, podían limitar o reducir el placer sexual y presentaban accidentes como roturas o pinchazos que hacían que tuvieran menos fiabilidad como anticonceptivo que la "píldora". El informe Kinsey les atribuía un índice de fracasos cercano al 7% (probablemente una buena parte era por colocación inadecuada). Lo que realmente estaba de moda ("in" en la terminología del momento) era tomar anticonceptivos orales o el DIU. 

Pero ni el DIU ni los anovulatorios no protegían de las enfermedades de transmisión sexual, que además también podían ser transmitidas fuera de los burdeles. Así que pronto se vivió un repunte claro de sífilis y gonorrea. Y también de otras enfermedades de posible transmisión sexual: herpes genital, condilomas, tricomonas, ladillas... e incluso sarna. Pero se había perdido el miedo y el sexo se practicaba de forma indiscriminada y feliz. 


Bibliografía

Janer, A. El valuós llegat utòpic dels hippies. 
http://www.antonijaner.com/europa-ferida/item/1059-el-valuos-llegat-utopic-dels-hippies 



Bob Dylan: The times they're changin (1964)




Hippie life



Scott McKenzie: San Francisco



George Moustaki: Ma liberté



Bob Dylan: Blowin in the wind: 







Capítulos anteriores:



Capítulo siguiente:

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (y VI): el condón en tiempos del sida 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Historia del condón (IV): Progresos técnicos








Caja de condones Fromm
(1920 circa)

Foto de archivo




Tras los primeros pasos de los condones en los s. XVI al XVIII; el auge de los condones de caucho, unidos sobre todo a los burdeles; y las vicisitudes en la dos guerras mundiales, trataremos de los avances técnicos que se introdujeron en el s. XX en la fabricación de condones.  

En 1912 el químico Julius Fromm, un judío polaco, creó un nuevo método que permitía modelar mejor su forma, confiriéndoles una textura más idónea.  Su método, patentado en 1916, se basaba en la inmersión de moldes de vidrio en una solución de caucho crudo (Cemento de inmersión). Este procedimiento requería la adición de gasolina o benceno a la goma, para garantizar que el caucho se mantuviera líquido, lo que comportaba un gran riesgo de incendios en las fábricas. La nueva técnica de inmersión fue usada pronto por Schmid en Estados Unidos. 


Julius Fromm
A partir de los años 20 los preservativos ya se fabricaban en látex, una suspensión de caucho en agua, que permitía que fueran mucho más finos y seguros. Con algunas mejoras realizadas en la última década del s. XX este material sigue siendo utilizado hasta el día de hoy.  

La fabricación de los condones de látex presentaba algunas ventajas. Se requería menor número de trabajadores en las fábricas, que ahora podían emprender una fabricación masiva.  En 1935, la producción americana de profilácticos alcanzaba ya un millón y medio de unidades diarias. Al ser más finos y baratos, la demanda aumentó considerablemente. 

Caja de preservativos (1931)
Sin embargo, la disminución de grosor también favorecía las roturas y la posibilidad de filtraciones, por lo que se introdujeron sistemas de control de calidad homologados. En 1935, un bioquímico probó 2000 condones llenando cada uno de aire y luego agua: encontró que el 60% de ellos permitían filtrados. La industria del preservativo estimó que sólo el 25% de los condones se probaron para la calidad antes del envasado. 


Caja con preservativos
Los medios de comunicación alertaron sobre estos defectos, lo que condujo a la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de los EUA) a considerar los condones como una droga en 1937 y ordenar que todos los condones se probaran antes de ser empaquetados. El primer mes en que la Ley entró en vigor en 1940, la FDA se incautó de 864.000 preservativos.

Más tarde se introdujeron algunas variantes, como los condones de colores (1949) o los preservativos con lubricación (1957) 

El uso de preservativos fue un gran aliado para frenar el avance de las ITS (que en aquel momento se realizaba especialmente a través de la prostitución). La introducción de los antibióticos supuso también un retroceso de estas enfermedades, hasta el punto que casi llegaron a desaparecer a mediados de los años 50 del pasado siglo. 



Prospecto de garantía de calidad de una conocida marca de profilácticos

Con la disminución de las ITS, los condones en los años 50 se usaron sobre todo para evitar embarazos no deseados, aunque pronto, la aparición de la píldora anticonceptiva iba también a plantear una alternativa que reduciría el uso de las gomas profilácticas.   

Diversas marcas de condones. Mediados del s. XX.
Mientras tanto, también la regulación de la prostitución sufría importantes cambios. En Francia se prohibieron los burdeles en 1946 (ley Marthe Richard). En España la prostitución fue oficialmente prohibida por ley del 4 de diciembre de 1956, y algo parecido sucedió en otros países del sur de Europa, especialmente de tradición católica. No entraremos en la conveniencia o no de este tipo de leyes, pero debemos señalar que la prostitución fue en la práctica tolerada en un sistema de semi-clandestinidad y frecuentemente en unas condiciones de higiene mucho más sórdidas y deficitarias. Las clínicas de "gomas y lavajes" subsistieron y siguieron vendiendo condones, al igual que en las farmacias (a pesar de que algunas de ellas se negaban a hacerlo, y en otras se tenía que pedir "sotto voce") e incluso en los mercados marginales de contrabando. 

La clandestinidad supuso un nuevo repunte de las ITS, frente a las que el uso del condón fue uno de los pocos bastiones para hacerles frente en unas condiciones bastante precarias. 






Bibliografía

Carretero C. España ante la prostitución en el s. XXI: de la tolerancia a la abolición. http://www2.uned.es/ca-tortosa/Biblioteca_Digital/Biblio/Carmen_Carretero/Espana.pdf

Guereña JL. Elementos para la historia del preservativo en la España contemporánea. Hispania LXIV/3, num 2118 (2004)

Martos Rubio, A. Breve historia del condón y de los métodos anticonceptivos. 2010. ISBN13:9788497637848 

McLaren A. Historia de los anticonceptivos: de la antigüedad a nuestros días. Minerva Ediciones, 1991. 

Rubio B. Historia del condón o preservativo, también llamado profiláctico. Anales Médicos. Hosp. ABC. 39, 166-167, 1994

La historia del condón http://www.soc.ucsb.edu/sexinfo/article/history-condom

Historia de los condones 
https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_condoms#World_War_II_to_1980



Capítulos anteriores:


Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (I): Los orígenes del preservativo. 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (II): Las gomas, prevención y clandestinidad. 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (III): las Guerras Mundiales 



Capítulos siguientes: 


Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (V): La revolución sexual 





See how Lifestyles Condoms are made and tested. 






viernes, 1 de septiembre de 2017

Historia del condón (III): las Guerras Mundiales









Cartel de propaganda para estimular el uso de condones

(1942-1945)

Cartel de propaganda del ejército aliado




En anteriores artículos hemos considerado el origen de los preservativos y como en el s. XIX y principios del XX fueron usados sobre todo como preventivo de ITS, y vinculados sobre todo a los burdeles y la prostitución. Veamos ahora otros aspectos de su evolución en el s. XX.


Sobre conteniendo preservativo distribuído a
los oficiales alemanes de la Wehrmacht: 

"Solamente para el uso del ejército alemán.
Destruir inmediatamente tras su uso" (1944)
A principios de s. XX loa gran mayoría de condones estaban fabricados en Alemania y fueron distribuídos en el ejército germano durante la guerra de 1914. También otros soldados de países enemigos recurrieron a este método preventivo durante la I Guerra Mundial.

Pero no fue así en las tropas norteamericanas, que fueron las únicas que tenían prohibido por ley usar condones. El congresista Anthony Comstock (1844-1915) había conseguido que el Congreso aprobara una ley considerando ilegal la venta, publicidad y uso de condones, considerando que era un accesorio anticristiano e inmoral. El Acta Comstock prohibía incluso la mención de tal objeto por su nombre por escrito. Con ello se prescribió el uso del correo para enviar tales materiales y se autorizó a las oficinas de Correos a confiscar los envíos prohibidos. La consecuencia fue que se confiscaron 65.000 preservativos y algunos médicos fueron encausados, enfrentándose a condenas de hasta 10 años de prisión. 

El Acta Comstock impidió también que los soldados estadounidenses que combatieron en la I Guerra Mundial pudieran beneficiarse de la protección de los profilácticos. Esta disposición tuvo terribles consecuencias en la salud de los soldados americanos. El costo de las ITS en la I Guerra Mundial supuso gastar una importante  suma de dinero y perder casi 10.000 hombres por las bajas provocadas por sífilis y gonorrea. Al final de la guerra, el ejército estadounidense había diagnosticado casi 400.000 casos de sífilis y gonorrea (70% del total de los combatientes).
  
Cartel de propaganda sanitaria de
ITS durante la II Guerra Mundial
A este respecto, hay una curiosa anécdota. El Secretario de Estado de la Marina era un firme partidario del Acta Comstock, y consideraba que el preservativo era algo inmoral y sucio. La única protección que recomendaba a sus soldados era la continencia y la oración. Afortunadamente, a su alrededor, no todos pensaban lo mismo. Uno de sus jóvenes asistentes, un tal Franklin Roosevelt aprovechaba los momentos en los que su jefe se ausentaba de la oficina para distribuir preservativos entre los marinos. Los repartía en forma de paquetes profilácticos que contenían pomadas, antisépticos, gasas y condones. Más tarde, este osado joven llegaría a ser el Presidente de los EUA. Aquellos a los que ayudó con sus paquetes, debieron formar parte del 30% de soldados que pudieron volver a casa sanos.

Con la mala experiencia de la I Guerra Mundial y su triste legado de ITS, la política del ejército americano cambió completamente a partir de 1927. Los altos oficiales médicos en el ejército estadounidense comenzaron a promover la distribución de condones y programas educativos para miembros del ejército y la marina. Hacia 1931, los condones eran estándar para todos los miembros del ejército de los Estados Unidos. En la  II Guerra Mundial y tuvieron lugar numerosas campañas propagandísticas, incluyendo películas, carteles y conferencias. Una serie de consignas fueron acuñadas por los militares, como la de "Don't forget — put it on before you put it in". Hay incluso una leyenda por la cual, durante el desembarco en Normandía, los soldados americanos protegían el cañón de sus fusiles del agua con sus condones, a guisa de fundas.  

El uso del preservativo fue a partir de entonces generalizado. Además se permitía su venta en farmacias, atendiendo a su función protectora frente a ITS, lo que contribuyó mucho a aumentar su consumo. 

A pesar de todo, había muchos oponentes prominentes de los condones. Hasta las primeras décadas del s. XX incluso los médicos desconfiaban de su eficacia. Entre ellos, el fundador del psicoanálisis Sigmund Freud, que se oponía a todos los métodos de control de la natalidad basándose en que sus tasas de fracaso eran demasiado altas. Además, basaba su oposición porque según él reducía el placer sexual. También algunas feministas siguieron oponiéndose a los anticonceptivos como los condones por considerarlos controlados por hombres. Preferían otros sistemas como diafragmas o irrigaciones vaginales. 

La principal oposición vino de parte de los eclesiásticos. En 1920, la Conferencia de Lamberth de la Iglesia de Inglaterra condenó todos los "medios antinaturales de evitar la concepción". El obispo de Londres, Arthur Winnington-Ingram se quejó del enorme número de preservativos desechados en callejones y parques, especialmente después de los fines de semana y días festivos. Es conocida la postura contraria al uso del preservativo por parte de la Iglesia Católica, que lo ha condenado en diversas encíclicas de los papas León XIII (Divinae Sapientiae), Pío XI (Castii connubii) y Pablo VI (Humanae vitae), especialmente por su función anticonceptiva. Sobre este punto, que merece un comentario más detenido volveremos próximamente. 



Bibliografía

Guereña JL. Elementos para la historia del preservativo en la España contemporánea. Hispania LXIV/3, num 2118 (2004)

Angus McLaren Historia de los anticonceptivos: de la antigüedad a nuestros días. Minerva Ediciones, 1991. 

Rubio B. Historia del condón o preservativo, también llamado profiláctico. Anales Médicos. Hosp. ABC. 39, 166-167, 1994

Martos Rubio, A. Breve historia del condón y de los métodos anticonceptivos. 2010. ISBN13:9788497637848 

La historia del condón http://www.soc.ucsb.edu/sexinfo/article/history-condom



Capítulos anteriores: 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (I): Los orígenes del preservativo. 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (II): Las gomas, prevención y clandestinidad. 



Capítulos siguientes: 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (IV): Progresos técnicos 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (V): La revolución sexual



IIWW Venereal Disease Film Fight Syphilis






jueves, 31 de agosto de 2017

Historia del condón (II): Las gomas, prevención y clandestinidad





Condón reutilizable
(1948)

Látex
Science Museum. Londres





En una entrada anterior considerábamos la evolución histórica de los preservativos hasta el s. XVIII.  Pero no fue hasta mediados del s XIX que se populizaría su uso, gracias al invento de la vulcanización del caucho, descubierto en 1939 por Charles Goodyear y patentado en 1844 (Goodyear y Hancock). Se llama vulcanización al método de tratar el caucho crudo con ácido sulfúrico y someterlo a calor intenso (se le dió este nombre por Vulcano, el dios del fuego). El añadido de sales de plomo aumentaba su elasticidad. Este proceso convertía al caucho en un material elástico, pero fuerte y resistente.  El primer preservativo de caucho se fabricó en 1855 y a finales de la década se fabricaron preservativos de goma masivamente y a un precio mucho más asequible. Atendiendo a su interés profiláctico, los condones (que a partir de entonces también se llamaron «gomas») empezaron a venderse en las farmacias. 


  

La distribución de condones en los Estados Unidos fue limitada por el paso de las leyes de Comstock, "Supresión del Comercio y la Circulación de la Literatura Obscena y Artículos de Uso Inmoral" (1873). La consecuencia fue la prohibición de  la fabricación y venta de condones en treinta estados. Tampoco estaban bien vistos por las feministas, que no se fiaban de su eficacia para evitar embarazos. Y es que en las prácticas sexuales del siglo XIX, el uso de los condones  quedaba prácticamente limitado a los burdeles (que por cierto, eran muy frecuentados en aquel tiempo). Así, los encontramos mencionados repetidamente en una parodia pornográfica del Don Juan Tenorio de 1874, o en otra parodia hacia 1880, la del Diablo mundo de Espronceda. En cambio, no parecen sino haber tenido un uso muy restringido en las relaciones sexuales conyugales.

Tampoco la comunidad médica estimulaba su uso. La opinión más generalizada era considerar que las ETS eran un castigo por mala conducta sexual. El estigma en las víctimas de estas enfermedades era tan grande que algunos hospitales llegaron a negarse a tratar a las personas que tenían sífilis.

Desde principios del siglo XX, es relativamente fácil encontrar anuncios de preservativos,  tanto en la prensa festiva, como también en diarios de información general, o incluso en revistas de gran prestigio intelectual. 

En el semanario La Hoja de Parra, se podían encontrar, por ejemplo, publicidad de este tipo en los años 1913-1914: 

«SEGURIDAD ABSOLUTA La tendréis si usáis las gomas higiénicas que vende LA MASCOTA.  
GATO, 4. Catálogo gratis enviando sello»

«EL FENÓMENO sigue bien desde que compra gomas irrompibles de las mejores marcas que vende LA INGLESA.  
San Vicente, 164, Valencia. Catálogo gratis enviando sello» 

«LA INGLESA. Primera casa en gomas higiénicas. 
MONTERA, 35, (Pasaje) y VICTORIA, 3, Ortopedia. Catálogo gratis enviando sello» 


Uno de los establecimientos típicos de Gomas y lavajes,
en el "Barrio Chino"de Barcelona


Como podemos ver, LA INGLESA era una marca de prestigio, que no dudaba en ofrecer total garantía en sus productos: 
«Estos preservativos tienen la duración mínima de un año, teniendo cuidado de desinfectarlos después de cada uso con agua tibia sublimada, e inmediatamente después secarlos bien y llenarlos de polvos de talco o fécula de patata por dentro y fuera, dejándolos así hasta que se vuelvan a usar, que se desocuparán los polvos y se arrollarán para su mejor colocación».



También facilitaba consejos acerca de la utilización y de la conservación del preservativo: 
«Después de cada uso, debe lavarse el preservativo con agua y jabón, o simplemente con agua hervida, e inmediatamente después secarlo bien, procurando tenerlo en sitio fresco hasta que haya de usarse nuevamente. Para su colocación basta enrollarlos, dejando entre la extremidad del pene y el fondo del preservativo un espacio libre de dos o tres centímetros, destinado a recibir la esperma eyaculada». 

Diversos anuncios de "gomas" aparecidos
en la prensa en el primer tercio del s. XX

   



En la España de la época franquista, estos tipos de publicidad desaparecieron pero no la venta de condones, si bien pasó a ser semi clandestina. La ley del 24 de enero de 1941 prohibía en su artículo 14 cualquier forma de propaganda anticonceptiva: 
«La divulgación pública, en cualquier forma que se realizare, de medios o procedimientos para evitar la procreación, así como todo género de propaganda anticoncepcionista, será castigada con la pena de arresto mayor en su grado mínimo (de un mes y un día a dos meses) y multa de 500 a 5000 pesetas. Será castigada con igual pena la exposición pública y ofrecimiento en venta de objetos destinados a evitar la procreación»



El Código Penal de 1944 condenaba igualmente en su artículo 416, dentro del apartado dedicado al aborto, la utilización, la divulgación y la venta de medios destinados a prohibir la procreación: 
«Serán castigados con arresto mayor y multa de 1.000 a 25.000 pesetas los que, con relación o medicamentos, sustancias, objetos, instrumentos, aparatos, medios o procedimientos capaces de provocar o facilitar el aborto o de evitar la procreación realicen cualquiera de los actos siguientes: [...} 4º La divulgación en cualquier forma que se realizare de los destinados a evitar la procreación, así como su exposición pública y ofrecimiento en venta»
Pese a ello, la venta de preservativos siguió en rastros o puestos de tabaco y chicle, y a partir de los años cincuenta, se podían encontrar en algunas farmacias. Aunque en muchas de ellas se rehusaba venderlos, alegando motivos de moralidad, ya que se consideraba como un aditamento que facilitaba la prostitución. Los condones, en esta época se usaron más como profiláctico de enfermedades de transmisión sexual que como método anticonceptivo y quedaron vinculados a burdeles y las llamadas clínicas de gomas y lavajes en los que se ofrecían servicios higiénicos preventivos y eventual asistencia médica. 


  

Los establecimientos de gomas y lavajes, eran frecuentes en el Barrio Chino de Barcelona


Bibliografía

Rubio B. Historia del condón o preservativo, también llamado profiláctico. Anales Médicos. Hosp. ABC. 39, 166-167, 1994

Martos Rubio, A. Breve historia del condón y de los métodos anticonceptivos. 2010. ISBN13:9788497637848 

Guereña JL. Elementos para la historia del preservativo en la España contemporánea. Hispania LXIV/3, num 2118 (2004)




Capítulo anterior: 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (I): Los orígenes del preservativo. 



Capítulos siguientes: 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (III): las Guerras Mundiales 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (IV): Progresos técnicos 

Un dermatólogo en el museo: Historia del condón (V): La revolución sexual 





Barrio Chino de Barcelona: