jueves, 21 de enero de 2016

La alergia, ¿una herencia del hombre de Neandertal?






Esqueleto de Homo neandertalensis


Museum of Natural History. New York




Las alergias que sufren los hombres modernos podrían provenir de los Neandertales y de los Denisovanos, especies de homínidos que se cruzaron con los antecesores de los hombres actuales hace unos 40.000 años. Por lo menos esto es lo que creen los autores de dos estudios publicados recientemente (enero de 2016) en la revista American Journal of Human Genetics (Janet Kelso del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck de Leipzig y Lluís Quintana-Murci, del Institut Pasteur de París)

Algunos de los genes de los hombres actuales parecen provenir de estos cruces con neandertales. Según estudios previos, se calcula que entre un 1 - 6 % del genoma euroasiático moderno puede identificarse con genes idénticos a los de los neandertales. 

Janet Kelso ha escaneado los genomas de los humanos contemporáneos para detectar genes de neandertales o del hombre de Denisova. Dos de estos tres genes implicados en el sistema inmunitario correspondían al ADN del hombre de Neandertal y el tercero al de Denisova. El más común de estos tres genes se encontró en casi toda la población, el segundo, sobre todo en Asia y el tercero, el que se parecía al hombre de Denisova, en un pequeño grupo de asiáticos. 

La importancia funcional de esta herencia está en los genes del receptor tipo Toll (TLR), TLR1, TLR6 y TLR10. Estos tres genes TLR se expresan en la superficie celular, donde se detectan y responden a los componentes de bacterias, hongos y parásitos. Estos receptores inmunes son esenciales para la obtención de respuestas inflamatorias y antimicrobianas y para la activación de una respuesta inmune adaptativa. Estas variaciones genéticas por lo tanto reforzaron el sistema inmune innato, que sirve como primera línea de defensa frente a la infección. En este sentido, los genes adquiridos por las relaciones con especies arcaicas podrían interpretarse como una clara ventaja evolutiva, ya que proporcionarían una mayor resistencia del individuo frente las infecciones. 

Kelso  resume así los resultados de su estudio: 
“Hemos encontrado que el entrecruzamiento con los humanos arcaicos - neandertales y denisovanos - ha influido en la diversidad genética de los genomas de hoy en día en los tres genes de inmunidad innata que pertenecen a la familia del receptor humano de tipo Toll”

Lluís Quintana-Murci, del Institut Pasteur de Paris y principal autor del segundo trabajo, ha estudiado 1.500 genes activos en el sistema inmunitario. Según él, la mayoría de las adaptaciones se produjeron hace 6.000 - 13.000 años, cuando los hombres pasaron del modelo cazador-recolector a la instauración de la agricultura. 


Sin embargo, la potenciación del sistema inmune por estos mismos genes TLR aumenta la tendencia a padecer procesos alérgicos. Los portadores tienen más tendencia a sufrir asma, fiebre del heno y otras enfermedades de este tipo. Tal vez esta herencia de hibridación interespecies pueda estar en el origen de la producción de alergias.

Bibliografía: 


  1. Matthieu Deschamps, Guillaume Laval, Maud Fagny, Yuval Itan, Laurent Abel, Jean-Laurent Casanova, Etienne Patin, Lluis Quintana-Murci. Genomic Signatures of Selective Pressures and Introgression from Archaic Hominins at Human Innate Immunity GenesThe American Journal of Human Genetics, 2016; 98 (1): 5 DOI: 10.1016/j.ajhg.2015.11.014
  2. Michael Dannemann, Aida M. Andrés, Janet Kelso. Introgression of Neandertal- and Denisovan-like Haplotypes Contributes to Adaptive Variation in Human Toll-like ReceptorsThe American Journal of Human Genetics, 2016; 98 (1): 22 DOI: 10.1016/j.ajhg.2015.11.015
  3. Cell Press. "Neanderthal genes gave modern humans an immunity boost, allergies." ScienceDaily. ScienceDaily, 7 January 2016. .




miércoles, 20 de enero de 2016

Infecciones y parásitos intestinales en la epoca romana


   





Natatio (piscina) romana

Termas de Bath (Inglaterra)




Un reciente trabajo publicado en la revista Parasitology, pone en duda que las novedades higiénicas introducidas en la arquitectura y el urbanismo en el Imperio Romano hubieran tenido una especial consecuencia en la higiene pública, como en general solía aceptarse. 

Exvoto romano representando un intestino, probablemente
ofrecido tras la curación de alguna enfermedad del sistema digestivo.
British Museum, Londres. 
Los colaboradores del Dr. Piers Mitchell, del Departamento de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, autores de este  estudio, han encontrado y estudiado los restos de diversos parásitos intestinales encontrados en las letrinas y cloacas de la época. Así ha podido demostrar una importante presencia de Entamoeba histolytica , triquina, tenia y lombrices intestinales. 


Así pues, las novedades introducidas por la arquitectura romana, como acueductos, cloacas y letrinas, si bien seguramente mejoraron la calidad de vida, fueron menos eficaces que lo que creíamos hasta ahora. Los autores del estudio llegan a la conclusión que la prevalencia de parásitos intestinales incluso tendía a aumentar con el transcurso del tiempo, sin que queden totalmente esclarecidas las causas. 


Bañera circular. Termas de Bath (Inglaterra). 
El agua caliente se recambiaba con escasa frecuencia. 























Una de las hipótesis planteadas por Mitchell y colaboradores es que estos parásitos fuesen transmitidos por las cálidas aguas de las Termas. El agua de las natatio (piscinas) se cambiaba con poca frecuencia y los restos de suciedad y cosméticos quedaban en suspensión en el agua, facilitando la suspensión de ciertos parásitos. 



Otra posibilidad es el que los cultivos agrícolas fuesen regados con aguas fecales procedentes de cloacas. Aunque el abonado sistemático de los campos con estiércol para aumentar su rendimiento no se generalizó hasta el s. XI, igual que la práctica del barbecho o de los cultivos rotatorios, no es descartable que los romanos regaran con aguas de deshecho, lo que daría lugar a un aumento de huevos de parásito en los productos agrícolas. Es posible que las propias leyes de saneamiento que imponían la eliminación de las heces en las calles, canalizándolas en cloacas y alcantarillas, consiguieran en realidad una reinfección de la población debido a la facilidad que la conducción de las aguas negras ofrecían para regar los campos de las afueras de las ciudades. 




       
Conducciones de agua de las termas de Bath (Inglaterra). 
A la izquierda, tubería de agua limpia.  A la derecha, conducción de desecho y vaciado. 




El estudio halló que los huevos de tenia estaban mucho más generalizados en el Imperio Romano que en las poblaciones de la Edad del Bronce y la Edad del Hierro en Europa. En opinión del Dr. Mitchell tal vez fuera por el consumo generalizado de garum, una salsa muy popular entre los romanos. Esta salsa estaba confeccionada con restos de pescado podrido, hierbas, sal y especias. Esta salsa se fermentaba durante días al sol. Después se añadía cruda (no cocinada) a multitud de platos de cocina romana, e incluso se usaba como medicina. La demanda de garum en todo el Imperio era muy elevada y se comercializaba en frascos sellados que llegaban en precarias condiciones a todos los rincones del Imperio. El garum pudo haber actuado como vector de la tenia de los peces, que era endémica en el Norte de Europa y se propagó fácilmente al resto del Imperio, en aquella globalización "avant la lettre".  

El estudio de Mitchell y cols. concluye que la gran afición de los romanos por los baños no consiguió proporcionarles una vida más sana, aunque probablemente olían mejor. 


Bibliografía: 

Mitchell, PD. Human parasites in the Roman World: health consequences of conquering an empire. Parasitology; 8 Jan 2016.   artículo completo aquí

http://www.cam.ac.uk/research/news/roman-toilets-gave-no-clear-health-benefit-and-romanisation-actually-spread-parasites#sthash.OLokGXgM.dpuf


















domingo, 17 de enero de 2016

¿Tenía una úlcera de estómago Ötzi, el hombre del glaciar?





Ötzi, el hombre de Smilaun 

Reconstrucción hipotética 

Südtiroler Archäeologiemuseum, Bolzano 1





De Ötzi, el hombre congelado hallado en 1991 en el glaciar de Smilaun, conocemos cada vez más detalles: hemos descifrado su ADN; sabemos que tal vez sufrió una enfermedad de Lyme; los alimentos que había ingerido antes de morir; cuáles fueron las circunstancias de su muerte; los tatuajes que llevaba en la piel... Sabemos también que estaba predispuesto a sufrir enfermedades cardíacas, que presentaba una artritis y problemas dentarios. 

Ahora, según revela la revista Science, se ha encontrado en su estómago una bacteria, Helicobacter pylori, que se asocia frecuentemente con úlceras gástricas y duodenales, y según algunos puede agravar o desencadenar transtornos cutáneos como la rosácea. 

La bacteria Helicobacter se encuentra en la mucosa gástrica, aunque en el caso de Ötzi, estas estructuras no se han conservado bien. Por eso se ha recurrido a un nuevo método de análisis, extrayendo la totalidad del ADN del contenido gástrico. A continuación se ha procedido a separar las secuencias de ADN y han acabado por reconstruir el genoma de un Helycobacter pylori de hace 53.000 años. Los investigadores han descubierto también las proteínas marcadoras  que se encuentran en los pacientes infectados actualmente por la bacteria, lo que demuestra que el sistema inmunitario de Ötzi respondió a la infección. 

Alrededor de un 10% de las personas infectadas por Helicobacter sufren manifestaciones clínicas como gastritis o úlceras gastroduodenales. 

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Ötzi, tal como fue hallado en 1991 en el glaciar de Smilaun
Sin embargo, el diagnóstico de certeza de esas  patologías debe establecerse tras el examen de la mucosa por endoscopia y biopsia,  no se puede asegurar con seguridad que el hombre de los hielos tuviese problemas de estómago. Si no se puede obtener una muestra de tejido no se puede asegurar que el hombre de los hielos tuviese problemas gástricos. 

Tras haber reconstituído el genoma de la bacteria, un grupo de genetistas ha estudiado con mayor detalle su posible origen. Esperaban encontrar en Ötzi una cepa similar a la que puede encontrarse en los europeos actuales. Pero en cambio, descubrieron que era una cepa que se observa en la actualidad principalmente en Asia Central y Meridional. Una cepa especialmente virulenta, que colonizó el estómago de este hombre de la Edad del Cobre. 

La hipótesis más aceptada es que en un principio habrían existido dos cepas de Helicobacter: una africana y una asiática,  que se habrían recombinado para formar la versión moderna europea. Probablemente, la recombinación deestos dos tipos de bacterias habría tenido lugar después de la era de Ötzi, lo que podría aportar datos preciosos para comprender la historia de las migraciones en Europa, un tema mucho más complejo que lo que hasta ahora se creía. 


Bibliografía: 

  1. Frank Maixner, Ben Krause-Kyora, Dmitrij Turaev, Alexander Herbig, Michael R. Hoopmann, Janice L. Hallows, Ulrike Kusebauch, Eduard Egarter Vigl, Peter Malfertheiner, Francis Megraud, Niall O’Sullivan, Giovanna Cipollini, Valentina Coia, Marco Samadelli, Lars Engstrand, Bodo Linz, Robert L. Moritz, Rudolf Grimm, Johannes Krause, Almut Nebel, Yoshan Moodley, Thomas Rattei, and Albert Zink. The 5300-year-old Helicobacter pylori genome of the IcemanScience, 2016; 351 (6269): 162-165 DOI: 10.1126/science.aad2545

viernes, 15 de enero de 2016

Carteles sanitarios de la Guerra Civil Española (1936-1939)







Francisco Rivero Gil

¡Atención! Las enfermedades venéreas amenazan tu salud: ¡Prevente contra ellas!
(1936-1939) 

Papel impreso.  70 x 47,5 cm

Jefatura de Sanidad del Ejército
Lit. J. Aviñó, intervenido UGT-CNT.



Este cartel de propaganda sanitaria de la guerra civil española, obra de Francisco Rivero Gil (1899-1972) muestra a un combatiente republicano (en un simbólico color rojo) que contrasta con la blanca mujer que lo abraza. El aparentemente amoroso abrazo de la mujer se torna un descarnado esqueleto en alusión a la fatídica muerte que el contagio de la sífilis puede producir. Transmite una idea falsa, aunque muy común en aquel tiempo: sólo las prostitutas podían transmitir la lúes. 

El tratamiento de la sífilis con penicilina se introdujo en 1945, por lo que en los años de la guerra civil española (1936-1939) todavía no se disponía de esta efectiva terapia. Es cierto que por aquellos años esta enfermedad se trataba ya con arsenicales (Salvarsan), pero este tratamiento - aparte de tener importantes efectos secundarios - era largo y prolijo. La sífilis pues, era una enfermedad que producía estragos en la población. 

En estas circunstancias no es de extrañar que se efectuaran  campañas preventivas para evitar que esta enfermedad se extendiera entre las tropas. Por este motivo entre los múltiples carteles políticos de arenga que intentaban  enardecer a las tropas aparecieron también algunos que alertaban de los peligros de la prostitución, principal fuente de contagio de los soldados. 







Naturalmente, los carteles no sólo advertían del peligro de la sífilis. También prevenían frente a otras enfermedades venéreas. Uno de ellos, obra del cartelista Horacio Germán (1902-1975) impreso en Asturias, describía el "peligro venéreo" perfectamente: "Las tres temibles balas: Blenorragia, Chancro Blando, Sífilis". Las tres enfermedades venéreas más extendidas en aquel tiempo. 

Cartel que intentaba inculcar hábitos de higiene a las tropas
Pero no solamente las enfermedades de transmisión sexual eran motivo de las campañas sanitarias. El ejército también recomendaba extremar las medidas de higiene, en un intento de evitar enfermedades transmisibles. Las tiñas, impétigos, sarna y sobre todo, los piojos, menudeaban entre las tropas del frente, que solían estar en unas condiciones de hacinamiento bastante precarias. Se imprimieron carteles instando a una cuidadosa higiene personal, para intentar controlar estas afecciones, y probablemente otras, más peligrosas todavía como la tuberculosis, que constituía una verdadera epidemia.




Tras la contienda, los restos del ejército republicano derrotado se refugiaron en Francia, donde se habilitaron campos de concentración masivos, como el de la playa de Argelès, en los que las condiciones higiénicas casi nulas propiciaron epidemias de sarna y de piojos (Pediculus  corporis)  y múltiples casos de tifus transmitidos por este parásito. 



Bibliografía: 

Roustan  Gullón G, Suárez Martín E. La Dermatología Española en la Guerra Civil y el exilio. En: Sierra Valentí X, Díaz Díaz R. Historia de la Academia Española de Dermatología y Venereología. Ed. Loki & Dimas. Madrid, 2009 (pág. 73-93) 


jueves, 14 de enero de 2016

Peines y piojos en el Mundo Antiguo






Peine franco 
(s. VI) 

British Museum. Londres.




En una de mis visitas al British Museum de Londres me llamó la atención este peine de madera del s. VI, de origen franco. Por uno de sus lados presenta las púas muy prietas, y me recordó una liendrera actual, de las que se usan para desprender las liendres de los piojos adheridas al pelo. Esto me hizo reflexionar sobre la alta prevalencia que debían tener en la Edad Antigua y medieval las parasitosis en general. 

En efecto, los piojos, pulgas y probablemente la sarna debían ser enfermedades bastante extendidas. Un trabajo publicado en la revista Parasitology, pone en duda que las novedades higiénicas introducidas en el Imperio Romano hubieran tenido una especial consecuencia en la higiene pública, como en general suele aceptarse. 


Fragmentos de peines romanos. En uno de los lados, dientes son tan prietos como en una liendrera. 
Termas de Bath (Inglaterra)


El equipo del Dr. Piers Mitchell, del Departamento de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, ha publicado un reciente artículo en la revista Parasitology, en la que entre otras cosas ha estudiado los restos de parásitos encontrados en los peines de la época. De los datos recogidos por ellos se desprende que la frecuencia  de piojos era muy elevada. 

Como podemos ver tanto entre los romanos como en los pueblos que ellos llamaban bárbaros el uso de peines muy prietos, es también un buen testimonio de que dedicaban buena parte de su tiempo a desparasitarse. La frecuencia de piojos y pulgas era muy elevada en el Imperio Romano y muy parecida a la que puede encontrarse entre los vikingos y poblaciones medievales. 



Bibliografía: 



Mitchell, PD. Human parasites in the Roman World: health consequences of conquering an empire. Parasitology; 8 Jan 2016.   artículo completo aquí

miércoles, 13 de enero de 2016

La tabes sifilítica de Alphonse Daudet









Retrato de Alphonse Daudet 

Fotografía  
Musée d'Alphonse Daudet
Saint-Alban-Auriolles





Alphonse Daudet (1840-1897) fue un escritor francés, célebre por obras como "Lettres de mon moulin"(1866), "Tartarin de Tarascon"(1872), o "Contes du lundi (1873)". Además de estos y otros escritos, dejó una obra póstuma, publicada en 1936, unas notas en la que relata el martirio de sus últimos años, marcados por una tabes sifilítica. Este texto lleva el significativo título de "Le Doulou" (el Dolor, en occitano).

Daudet confesó a Edmond de Goncourt que había contraído la sífilis con "una dama de alto rango", aunque podría ser que en realidad fuese consecuencia de su prolongada relación con una cortesana llamada Marie Rieu, más conocida como Chien Vert (Perro Verde) y que continuó después del matrimonio de Daudet con Julie Allard. Su amante Marie Rieu fue inmortalizada en su novela "Sapho"(1884), una novela escrita tras la aparición de la tabes y que relata la irresistible atracción de un joven provenzal por una cortesana de más edad que él, de la que acaba separándose. La obra defiende el ideal de vida burguesa frente a los atractivos de la bohemia, en la que se adivina - sin citarla - la terrible amenaza de la sífilis. El mensaje moral se vislumbra en la dedicatoria: 
"A mis hijos, cuando tengan veinte años"

 Daudet sintió los primeros síntomas de la sífilis en 1878, mientras escribía "Los reyes en el exilio" (Les rois en exil). Se presentó como un dolor en el hombro derecho (que interpretó como "reuma"), asociado a temblores. En 1882-1883, se generalizó el dolor, afectando especialmente los miembros inferiores, instaurándose una ataxia locomotora y dificultad al orinar. 

Salón del Mas Daudet, casa natal de Daudet. 
Musée d'Alphonse Daudet, Saint-Alban-Auriolles

Ante estos inquietantes transtornos, Daudet decidió consultar con Jean Charcot, el brillante neuropsiquiatra, que trabajaba en el hospital de la Salpetriêre. Charcot diagnosticó una tabes, y le informó de su naturaleza irreversible. Poco después el diagnóstico fue confirmado por el sifiliógrafo Alfred Fournier, que le reveló su etiología sifilítica en 1884. Fournier había descrito el origen sifilítico de la tabes pocos años antes, en 1875. 

Eugène Carrière. Alphonse Daudet y su hija (1891) 

Daudet comenzó a escribir Le Doulou, las notas sobre su enfermedad  en 1884, cuando empezaron sus curas anuales en el balneario de Lamallou-les-bains, especializado en enfermedades nerviosas. En ellas describió sus intensos dolores, que calmaban algo los tratamientos con bromuro o con morfina. Sus recursos literarios nos hacen muy vívidas sus sensaciones, que compara a llamas que atraviesan el cuerpo, quemazón, hormigueos en los pies, en un concierto tal que llega a compararse con un hombre-orquesta o como un salón vacío donde resuena el dolor: 
"Soy el hombre-orquesta del dolor"
"Lo que he sufrido ayer por la noche - el talón y las costillas! La tortura... no tengo palabras para describirlo, me haría falta gritar. Pero ¿de qué sirven las palabras para todo el dolor que he sentido realmente? Llegan cuando ya se ha terminado, calmado. Hablan de un recuerdo, impotente o mentiroso" 

"No hay ideas generales sobre el dolor. Cada paciente tiene la suya, y el mal varía, como la voz de un cantante, según la acústica de la sala"

La ataxia locomotora le hace la marcha cada vez más difícil: para llegar a su butaca, dice invertir 
"tantos esfuerzos e ingenio como Stanley en una selva africana"


  Retrato de Alphonse Daudet en 1885
También describe la diplopia y la disestesia, la sensación "de coraza", que le hace sentir la sensación de transformarse en árbol, en roca, como si se tratara de un personaje mitológico sometido a este castigo. 

Daudet se comparaba a otros intelectuales que sufrían las consecuencias de la sífilis: Baudelaire, Henri Heine, Goncourt. El fantasma de la afasia lo asustaba, y temía terminar como Jules de Goncourt. Uno de sus biógrafos, André Ebner, subraya el método que tenía Daudet para luchar contra su mal intentar preservar su inteligencia trabajando y escribiendo: 
"mi destreza es grande y yo escribo mientras lloro"
Entre otros detalles, Daudet cuenta los tratamientos a los que realizaba por indicación de Charcot, y que eran los habituales en aquel tiempo para tratar la tabes. Le sometía a una fuerte tracción, suspendiéndolo en el aire en una habitación a oscuras, durante un minuto (aparato de Seyre). 


Caricatura de Daudet
en el diario "Les hommes d'aujourd-hui"
El escritor recuerda también algunos aspectos de la vida en el balneario de Lamalou. Comenta la dificultad que tenían algunos atáxicos al comer, hay describe sin piedad a algunos de los enfermos que allí se trataban: 
"Un Don Juan chocho que se arrastra apoyado en dos bastones"
"El viejo Príapo, inundado de láudano" 

El mismo nombre de la enfermedad se evita, revelando así su carácter de "enfermedad vergonzosa":
"Ni siquiera una vez, ni en la consulta del médico, ni en la ducha, ni en los balnearios donde se trata la enfermedad, se pronuncia su nombre, su verdadero nombre, 'enfermedad de la médula'. Incluso los libros científicos se titulan 'sistema nervioso'"
Las notas de Daudet llegan hasta 1894. Goncourt, en su diario, revela que al final le inyectaban morfina cada hora, y según Marcel Proust necesitaba una botella de cloral antes de ir a dormir. En 1897, un súbito ataque termina con este tormento. 

Tras su fallecimiento, la familia intentó evitar que se publicaran sus apuntes de La Doulou. Hubo que esperar a la muerte de Julie, su viuda, y de sus hijos para que los fragmentos dispersos de sus notas fuesen publicadas y así han podido llegar hasta nosotros. 


Bibliografía: 

Daudet A. La Doulou. Ed. póstuma 1900-1931. 

Goens J. De la Syphilis au sida. Cinq siècles de mémoires litteraires de Vénus. Presses Interuniversitaires Européennes. Bruselas, 1995.

Goncourt E & J. Journal, 1851-1896

Proust M. Sur M. Alphonse Daudet, 1897.

Les chemins de Daudet.  Lamalou-les-bains http://byricardomarcenaroi.blogspot.com.es/2015/04/cuento-alphonse-daudet-las-tres-misas.html