miércoles, 26 de septiembre de 2018

Caravaggio (II): asesinado por un estafilococo





Ottavio Leoni

Retrato de Caravaggio
(1621)

Dibujo al carboncillo negro y pastel 
sobre papel azul

Biblioteca Marucelliana
Accademia Colombaria. Florencia.



En una entrada anterior comentábamos sucintamente la vida y obra de Michelangelo Merisi, llamado Caravaggio (1573-1610) uno de los más destacados representantes del naturalismo barroco del s.XVII y también un conocido bribón que se peleaba constantemente a navajazos por las calles. Entre los múltiples incidentes de los que tenemos conocimiento podemos destacar, por ejemplo, que fue arrestado por llevar una espada sin permiso (4 mayo 1598); demandado por golpear a un hombre con un bastón (1600); acusado por insultar y atacar a otro hombre con una espada (1601); implicado en un asalto a un camarero tras servirle alcachofas en una taberna (1604); arrestado por arrojar piedras a un policía (1604), etc. 


Caravaggio: Descendimiento de la Cruz (detalle). Museos Vaticanos. 

Dejamos para hoy la consideración de las causas del deceso del pintor y espadachín. Hasta ahora lo único que se sabía a ciencia cierta era que Caravaggio había muerto inesperadamente en el hospital de Porto Ercole, mientras se dirigía a Roma tras haber obtenido el perdón por el asesinato de Renuccio Tomassoni, un conocido proxeneta, cometido en 1606 en la zona de Campo Marzio, en Roma. El suceso había comenzado con una discusión por un partido de pallacorda (una especie de tenis), aunque probablemente también estaba involucrada una mujer. El caso es que Tomassoni había herido al pintor. Caravaggio se vengó cercenándole el pene para así humillarlo en su ostentosa virilidad, mientras profería "una carcajada llena de ira". Pero al cortar la arteria, la hemorragia fue tan grande, que el macarra murió desangrado. Un homicidio que le valió el destierro de Roma para evitar la sentencia de condena a muerte que había promulgado el papa Paulo V. Por eso desde entonces, había vivido en Nápoles, Malta y Sicilia. 



Caravaggio: Judit y Holofernes.
Galleria Nazionale di Arte Antica. Palazzo Barberini. Roma. 

En julio de 1610 le había llegado un indulto personal del papa. Emprendió entonces el viaje de regreso, pero fue detenido en Porto Ercole, probablemente por haberlo confundido con otro. El caso es que el barco en el que viajaba zarpó hacia Roma sin él. 

Caravaggio estaba débil y tenía mala salud. Hacía años que padecía malaria. Y saturnismo, a causa del plomo de sus pinturas, con las que no iba con demasiado cuidado ni mucha higiene (incluso llegaba a comer encima de sus lienzos). Probablemente también estaba afecto de sífilis, enfermedad muy común en la época y muy extendida entre los que recurrían con frecuencia a la compañía de prostitutas como era su caso. Y continuaba con riñas continuas, saldadas con todo tipo de heridas. 

Lo cierto es que ingresó en el hospital de Porto Ercole, donde falleció poco después. Los españoles, que entonces  ocupaban la zona, lo enterraron rápidamente y sin mucho ruido, 
en el cementerio de San Sebastián de Porto Ercole, para poder quedarse con algunos cuadros que llevaba consigo.  


Caravaggio: El prendimiento de Cristo

Hasta ahora, las causas de su muerte no quedaban del todo claras, aunque se barajaban las enfermedades que ya hemos aludido. Y también la de una posible insolación, porque había permanecido abandonado en la playa de la localidad durante muchas horas, en un desesperado intento de encontrar un barco que le llevara a su destino, Roma. La hipótesis más aceptada era la del paludismo, que fue defendida por los antropólogos de la Universidad de Bolonia en un estudio publicado en 2010.

Sin embargo, un reciente estudio llevado a cabo por un equipo de científicos franceses e italianos del Institut IHU Méditerranée Infection de Marsella, que ha sido publicado hace pocos días por la revista Lancet Infectious (20 septiembre de 2018) cambia completamente el estado de la cuestión. 

En primer lugar, los científicos hicieron una cuidadosa investigación para hallar el esqueleto del pintor, cosa no del todo sencilla, ya que en el cementerio no había ninguna lápida o epitafio que permitiera su identificación. Buscaron los esqueletos de todos los varones de 165 cm de altura y que hubieran fallecido hacia los 35-40 años. Seleccionaron así nueve esqueletos, de los que solamente uno era de principios del s. XVII, según los datos obtenidos con el Carbono 14. Era un esqueleto con gran cantidad de plomo, lo que coincidía con el conocido saturnismo que presentaba el pintor. Además realizaron una comparación genética con los habitantes actuales de Porto Ercole que llevan el apellido Merisi o Merisio -considerados como posibles descendientes del pintor- lo que confirmó con una alta probabilidad las sospechas de los investigadores. 


Dientes de Caravaggio que sirvieron para el estudio palepopatológico. 

El análisis de la pulpa dentaria de incisivos y caninos de este esqueleto permitió comprobar la presencia de una enfermedad infecciosa. Pero se descartó la presencia de brucelosis, sífilis, tifus o paludismo, por lo que se deben desestimar las posibilidades de que falleciera por estas infecciones. Un solo agente infeccioso pudo demostrarse: Staphylococcus aureus, una bacteria patógena que todavía hoy causa numerosos problemas en los hospitales. La hipótesis de los investigadores es que la enfermedad probablemente comenzó por la sobreinfección de una herida de espada o de otra arma blanca que el pendenciero artista habría sufrido recientemente en una de sus habituales reyertas, lo que originó una  septicemia por estafilococos que acabó con su vida. El asesino callejero terminó asesinado por una bacteria. 



Bibliografía

Becerril V. El misterio de Caravaggio, al descubierto. ABC, 10.05.2016 
https://www.abc.es/20100616/cultura-arte/caravaggio-201006161707.html

Cervera C. El lado macarra de Caravaggio, el pintor asesino que murió en extrañas circunstancias. ABC Historia 31.10.2016 
https://www.abc.es/historia/abci-lado-macarra-caravaggio-pintor-asesino-murio-extranas-circunstancias-201610280411_noticia.html

Drancourt M, Barbieri R, Cilli E, Gruppioni G, Bazaj A, Cornaglia G, Raoult D. 
"Did Caravaggio die of Staphylococcus aureus sepsis?" The Lancet Infectious Disease. Published: 17-September-2018. doi: 10.1016/S1473-3099(18)30571-1

Jalinière,H. La mort du Caravage elucidée. Sciences et Avenir 20.09.2018 
https://www.sciencesetavenir.fr/sante/la-caravage-serait-mort-d-une-infection-au-staphylocoque_127728

martes, 25 de septiembre de 2018

Caravaggio (I): rufián pendenciero y pintor genial





Michelangelo Merisi, llamado Caravaggio

Crucifixión de San Pedro
(1601)

Óleo sobre lienzo. 230x175 cm
Iglesia de Santa Maria del Popolo. Roma.



Siempre que voy a Roma procuro dar una vuelta por Piazza Navona, la sensacional plaza barroca que se construyó sobre la planta elíptica del estadio de Domiciano. En las proximidades de la plaza hoy abarrotada de turistas hay unos lugares que para mí son míticos: los dos mejores bares de Roma donde tomar un buen caffè ristretto -al que tengo una desmesurada afición- y la iglesia de San Luigi dei francesi, con la capilla de San Mateo, decorada con tres magníficas pinturas de Caravaggio dedicadas a este santo: La vocación de San Mateo, La inspiración de San Mateo y El martirio de San Mateo. Ante ellos he pasado largos ratos (tanto más largos cuanto menos turistas había, hace ya años) admirando el dramatismo de las escenas, las expresiones de sus personajes, el diáfano triunfo de sus rojos, la atmósfera envolvente de las figuras iluminadas surgiendo de la penumbra con gran vivacidad.


Caravaggio: La vocación de S. Mateo. Iglesia de S. Luigi dei francesi. Roma. A pesar de ser una pintura religiosa está tratada como una escena de taberna. El magnífico claroscuro pone de relieve la expresión de las caras. Mateo, un despreciado cobrador de impuestos (sentado a la mesa y con barba larga), se muestra extrañado de que Jesús lo elija como discípulo. Los personajes, sacados de modelos callejeros, van vestidos a la moda del s. XVII. 

Michelangelo Merisi (1573-1610), más conocido como Caravaggio por haber nacido en la localidad lombarda de este nombre, fue sin duda el máximo exponente del barroco europeo. El primero que introdujo un naturalismo sin límites, defendiendo que la creación artística no debe inspirarse en el arte clásico como en tiempos renacentistas, sino en la propia observación de la naturaleza, de la vida. Y consecuente con esta idea, Caravaggio introdujo lo que veía a diario: los mendigos, vagabundos, borrachos, jugadores y prostitutas de los barrios bajos de Roma se transformaban bajo la luz de sus pinceles en apóstoles, santos y vírgenes. Y a veces en actitudes lascivas o poco convenientes. 


Caravaggio, en "Amor omnia vincit" representa a Cupido como un niño travieso, que nos mira descarado, en una escena algo inquietante por la mezcla de realidad y de mito.
Óleo sobre lienzo, 153x113 cm. Gemäldegalerie, Berlín. 

Porque Caravaggio se dedicó sobre todo a pintar obras religiosas. Eran los tiempos de la Contrarreforma y la Iglesia católica potenciaba la iconografía sacra frente a la austeridad luterana. Sin embargo, la pintura de Caravaggio planteaba un serio problema a los eclesiásticos, una disyuntiva que oscilaba desde el entusiasmo al rechazo absoluto. Por una parte, la vivacidad y el realismo de sus telas transmitía con gran verismo los relatos sagrados al vulgo.
Pero tomar marginados y meretrices como modelos de los personajes sacros era un atrevimiento que chocaba con el mensaje de pureza y de enaltecimiento con el que la Iglesia los solía presentar. Los modelos callejeros presentaban muchas veces una piel arrugada, con signos de fotoenvejecimiento cutáneo, muy lejos de la piel tersa e idealizada y seráfica con la que otros artistas solían representar a los santos. El mayor escándalo lo produjo la obra La muerte de la Virgen para el que tomó de modelo al cadáver de una prostituta encinta que apareció ahogada en el Tíber. Una representación polémica, que casi se consideró blasfema e irreverente. 


Caravaggio: La muerte de la Virgen. La imagen de la Virgen,  
con el vientre hinchado, tomada del natural de una prostituta
 ahogada en el Tíber, causó un gran escándalo en Roma. 

Además de pintor, Caravaggio era un truhán violento y pendenciero. Sus peleas eran continuas. En 1606, una discusión tras un juego de pelota, asesinó a Renuccio Tomassoni, un proxeneta y mercenario, con el que se había peleado varias veces por disputas de juego. Perseguido por la justicia, Caravaggio se vio obligado a refugiarse en Nápoles.  Pero al cabo de un tiempo se vió envuelto en una nueva riña,  tras una emboscada que pretendía acabar con su vida. Esta vez se refugió en Malta, donde la Soberana y Militar Orden le protegió encargándole diversas pinturas durante su estancia.  Incluso lo nombró caballero de Malta por las obras que allí pintó. 

Caravaggio todavía fue a Sicilia y más tarde regresó a Nápoles. En el verano de 1610, tras obtener el indulto personal del papa se encaminaba a Roma, pero la muerte le sorprendió a los 39 años en el pueblo toscano de Porto Ercole. En una próxima entrada comentaremos la causa y circunstancias del fallecimiento del genial pintor



Caravaggio: La flagelación de Cristo (1606) Museo de Capodimonte, Nápoles.
En esta obra el pintor tomó como modelos a algunos truhanes como los
de las frecuentes peleas del pintor. 





lunes, 24 de septiembre de 2018

Pitágoras y el favismo





Pitágoras de Samos

Busto de mármol
Museos Capitolinos. Roma.



Pitágoras de Samos (580 a.C.-495 a.C.) fue un filósofo y matemático griego que se conoce sobre todo por el teorema que lleva su nombre. Tras viajar por Grecia y Egipto se estableció en la parte sur de la Península Itálica, lo que en aquel momento se conocía como la Magna Grecia, para fundar una escuela filosófica en Crotona (actual Calabria). 

Pitágoras y sus discípulos, los pitagóricos, seguían una serie de normas, ya que su filosofía se basaba en una higiene de vida. Respetaban el equilibrio entre trabajo y reposo; practicaban ejercicio físico; vestían de lino blanco; mantenían una estricta limpieza corporal... También daban una gran importancia a la alimentación del cuerpo y se sometían a determinadas restricciones alimentarias. 


Fyodor Bronnikov: Himno al sol naciente
(Grupo de pitagóricos celebrando la salida del sol) 

Los pitagóricos comían frugalmente, con poca variación de alimentos, que se basaba sobre todo en alimentos vegetales crudos o poco cocinados. El régimen propuesto por Pitágoras estaba compuesto de cereales (especialmente en forma de pan, tortas o gachas), verduras, legumbres y frutas, a lo que se podía añadir algo de queso de cabra y miel. La carne y el pescado se podían consumir esporádicamente y con moderación. A pesar de este régimen casi vegetariano, uno de los alimentos que Pitágoras prohibía especialmente eran las habas. 

Las habas eran en aquel momento las legumbres más consumidas por los pueblos mediterráneos. En ausencia de los garbanzos, introducidos por los árabes en la Edad Media y de las judías, de procedencia americana eran junto con las lentejas, las legumbres más populares. La aversión del filósofo por las habas se originó probablemente porque muchas personas de la cuenca mediterránea padecían una intolerancia al consumo de habas: el favismo.

  
Las habas (Vicia faba) en una lámina botánica antigua 

El favismo es una enfermedad genética, que produce un déficit de una enzima de los glóbulos rojos, la glucosa 6 fosfato deshidrogenasa (G6PDH).  Este déficit provoca que la ingestión de una serie de sustancias, que son inocuas para la población general, sea tóxica al producir hemólisis. El alimento que con más frecuencia desencadena las crisis son las habas (Vicia fava); de ahí su nombre. Las habas contienen compuestos altamente oxidantes como la vicina. Los glóbulos rojos al carecer de G6PDH no tienen poder reductor y se lisan (hemólisis, que produce anemia hemolítica). La destrucción acelerada por el bazo de los glóbulos rojos puede producir ictericia, orina oscura, malestar, fiebre, vértigo y vómitos. En algunos casos estas crisis pueden llegar a ser mortales, aunque en la mayoría de los casos los pacientes aprenden empíricamente a eliminar de su dieta las habas y otros alimentos conflictivos y así eluden el problema. Aunque a veces por el simple hecho de pasar por un campo de habas puede desencadenarse la crisis. 

Algunos medicamentos con efecto oxidante pueden provocar también los mismos efectos (Aspirina, quinolonas, antimaláricos, sulfonamidas, antiinflamatorios no esteroideos...).  

La prohibición de comer habas de los pitagóricos probablemente estaba motivada por la alta incidencia de esta enfermedad en la cuenca mediterránea (o incluso porque Pitágoras mismo estaba afecto de ella). Y es que el filósofo matemático debía ser muy buen observador. Aunque él afirmaba que las habas no se debían comer porque contenían las almas de los muertos. 

Pitágoras, además, quiso transformar la sociedad civil de Crotona, propugnando la creación de la república perfecta según sus ideas. Pero sus normas no debieron gustar mucho a los ciudadanos de Crotona, que se amotinaron contra el filósofo. Pitágoras huyó de noche y llegó corriendo hasta un campo sembrado de habas. Si se hubiese echado entre las matas de habas posiblemente se habría zafado de sus enemigos, pero era tanto su rechazo a esta leguminosa que no quiso hacerlo. Sus perseguidores lo atraparon allí mismo y le dieron muerte. Entre las habas que tanto había querido evitar. Ironías del destino. 


Bibliografía

Navarro FA y Zárate JR. Pitágoras y el favismo. Blog Laboratorio del lenguaje 
https://medicablogs.diariomedico.com/laboratorio/2011/04/27/de-donde-vienen-6/

sábado, 22 de septiembre de 2018

Quevedo y las ladillas






Atribuído a Jan van der Hamen

Retrato de D. Francisco de Quevedo
(mediados del s. XVII)

Óleo sobre lienzo. 40x60,5 cm
Instituto Valencia de D. Juan. Madrid.



Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) fue uno de los más brillantes literatos castellanos del siglo de Oro. Miope y cojo, tuvo una infancia amarga, en la que tuvo que soportar pullas y chanzas de otros niños. Tal vez por eso desarrolló una visión satírica y burlesca, que más adelante plasmaría con pluma acerada, realizando una ácida crítica de muchas de las costumbres y personajes de su tiempo. Cultivó especialmente la poesía, aunque también escribió narrativa, teatro, así como diversos opúsculos filosóficos, políticos, morales, ascéticos, humanísticos e históricos. 

En sus críticas, Quevedo subraya algunos de los aspectos más sórdidos del mundo que le rodea: defectos físicos, calvicie, enfermedades, especialmente si son de transmisión sexual, como la sífilis que hacía estragos en la época (1, 2, 3, 45, 6). Este escenario nos sirve de testimonio a la incidencia de la patología en ciudad de Madrid en la primera mitad del s. XVII. 

Por contraerse en la mayoría de los casos por vía sexual, el literato encontraba un filón de sátiras y burlas una parasitosis (que debía ser frecuente en la época): las ladillas (Phtirus pubis). Las encontramos frecuentemente en sus obras. A continuación aportaremos algunos ejemplos.


Ladilla (Phtirus pubis) 



Era conocida la rivalidad que Quevedo tenía con Ruiz de Alarcón, un autor teatral que tenía una joroba bastante evidente. Quevedo incidía en este defecto físico, llamándole Corcovilla (un mote derivado de corcovado, es decir, jorobado). En una obra teatral, en la que Quevedo se burla de sus competidores, Góngora, Lope de Vega y Ruiz de Alarcón, encontramos este pasaje: 
QUEVEDO: ¿Quién? 
TODOS: ¿Quién? 
QUEVEDO: ...es nido de ladilla? 
TODOS: ¡Corcovilla! 
(...)
QUEVEDO: ¿del teatro pesadilla?  
TODOS:  ¡Corcovilla!  
QUEVEDO: Pues si es como veis ladilla y al verle el pueblo le chilla,no tiene lugar en la Villa 
TODOS: ¡Corcovilla! 

Ruiz de Alarcón era al parecer, un arribista ansioso de conquistar prebendas y posiciones en la Corte. Como puede verse en esta obra, Quevedo lo acusa de ser "nido de ladilla", es decir un frecuentador de los burdeles de  baja estofa de Madrid, y al mismo tiempo se le acusa de ser un pésimo autor teatral y ladilla, es decir, parásito, por lo que se sugiere la expulsión de la Villa y Corte. 

En otra de sus obras, abiertamente escatológica, "Gracias y desgracias del ojo del culo", se plantea en la desgracia décima: 
"Viene el otro picarón a sentir el calor del verano y porque yéndose a rascar la comezón de una ladilla frisona le estorbó el matarla una horrenda población de pendejos que topa hacia el culo, determina de matarlas con unas tijeras y teniendo las manos torpes y no ver lo que hace ni poder sufrir más el ser puerco abre a tijeretazos el pobre culo".
Los caballos frisones son caballos muy grandes, de tal manera que en el s. XVII se consideraba frisón como sinónimo de grande, por lo que una ladilla frisona se refiere a una ladilla de gran tamaño. 

En otra obra, Sueños Morales, encontramos mezcladas diversas enfermedades de transmisión sexual, como bubas (sífilis), ladillas y gonorrea: 

"... Acabaron su vida los más de estos orates en las uñas de los portageringas de los hospitales, nadando en bubas, empedrado de ladillas, y destilando gonotreas gálicas, y purgaciones gallegas todo el suco nutricio por los sucios canales de sus inmundos cuerpos"
Esta asociación de males demuestra que ya era de dominio público el método de contagio (contacto sexual, lo que servía para aumentar el tono peyorativo y burlesco. 

Finalmente para acabar esta muestra, recordaremos uno de sus sonetos, en los que Quevedo era todo un maestro. En éste satiriza los discutibles "encantos" de una dama (Isaura) que, a pesar de su escaso atractivo ha conseguido encandilar a un tal Lisardo. Como puede observarse, el verso de Quevedo tiene una sorna inmisericorde: 



"Un tenedor con medias y zapatos;
descalzos y desnudos dos pebetes
por patas, dos esquifes con juanetes;
por manos, diez cazones y dos gatos;

En el mirar, trescientos garabatos;
la color, solimán fondo en hametes;
por cejas, dos bigotes con ribetes; 
por ojos, dos furísimos Pilatos;

por vientre, un barbadísimo letrado, 
pues a hacer penitencia las ladillas
se vinieron a él como desierto; 

culo, aun de florentines desechado, 
toda tabas y tetas y ternillas: 
esta es la Isaura que a Lisardo ha muerto". 

Hay muchas más citas de ladillas en la obra del lenguaraz escritor, pero basten esta pequeña antología como ejemplo. 










jueves, 20 de septiembre de 2018

Amadeo de Saboya y la dama de las patillas





Vicente Palmaroli y González

Amadeo I de Saboya
(1872)

Óleo sobre lienzo.  235 x 149 cm
Museo del Prado. Madrid.



Amadeo I de Saboya (1845-1890), fue rey de España durante poco más de dos años. La revolución de 1868 -conocida como "La Gloriosa"o "la septembrina"- había destronado a la dinastía de los Borbones en un intento de acabar con la corrupción, y la reina Isabel II se había exiliado en Francia. El Parlamento se reunió para elegir un nuevo rey, y la mayoría de los votos fueron para Amadeo, duque de Aosta, hijo de Víctor Manuel II rey de Piemonte-Cerdeña y de Mª Adelaida de Habsburgo-Lorena, biznieta del rey hispánico Carlos III. 


Antoni Gisbert: Amadeo I frente al féretro del general Prim. 

El principal defensor de la causa de Amadeo I fue el general Joan Prim. Pero Prim fue asesinado poco antes de la llegada del nuevo soberano, que se encontró así bastante desasistido a su llegada a Madrid. El nuevo soberano daba muestras de gran corrección, conocía a fondo las leyes y la Constitución y mostraba un talante liberal y casi "republicano", en un intento de modernizar el país. Pero encontró una notable oposición. Los rancios aristócratas isabelinos lo veían demasiado cercano al pueblo; los carlistas, demasiado liberal y además tenían preparado a su propio monarca; los republicanos veían en él la continuación de la odiada monarquía; La Iglesia no olvidaba que su padre Victor Manuel II había dejado en precario al papa y que el rey apoyaba las desamortizaciones; el pueblo lo veía como intruso y extranjero que ni siquiera había aprendido a hablar castellano y jocosamente lo llamaban "Macarroni I"

La nobleza marcaba continuamente distancias con el nuevo rey, como la llamada "Rebelión de las mantillas", en las que todas las damas de la corte acudieron ostentando su casticismo luciendo mantillas españolas y símbolos borbónicos, como silencioso rechazo a los Saboya y tácita adhesión a la reinstauración de la monarquía de Alfonso XII. 

El monarca era un joven muy apuesto y educado, lo que también le valió otro apodo, "El rey caballero". Había dejado temporalmente en Italia a su esposa, Maria Victoria del Pozzo (reponiéndose del reciente parto) y a sus dos hijos. Amadeo era muy mujeriego y por las noches salía por las calles de Madrid en busca de escarceos amorosos. Una de las aventuras más sonadas fue la que mantuvo con Adela, la hija del escritor Mariano José de Larra, Fígaro. Adela era la niña que cuando tenía seis años de edad había encontrado el cadáver de su padre tras su suicidio.


Retrato anónimo de Amadeo de Saboya (circa 1871) .
Museo del Prado. Madrid. 

Adela de Larra y Wetoret (1833 - ?) era diez años mayor que el rey, y estaba casada con Diego García Nogueres, formando parte de la alta burguesía madrileña. Su hermana Baldomera de Larra era la mujer del médico personal del rey, Carlos Montemar, lo que facilitó que Adela y Amadeo se conocieran. Ella era una mujer con una agitada vida social, y un
 gran atractivo personal, con fama de haber roto ya muchos corazones. Tenía una notable vellosidad facial, probablemente un cierto grado de hirsutismo, por lo que muchos se referían a ella como "la Dama de las Patillas". No hemos hallado retratos fidedignos de Adela, pero su vellosidad facial está bien documentada en los comentarios de la época.     

Benito Pérez Galdós nos ha dejado una descripción de Adela de Larra en los Episodios Nacionales (“Amadeo I”) :


“Era la tal de mediana talla, bien formada y no mal constituida de carnes y anchuras … el rostro, tan agraciado como hermoso: tez morena, ojos expresivos, grande la boca, tan abundante el pelo, que no se contenía dentro de sus límites naturales, extendiéndose por delante de la oreja , como un rudimento suave de varoniles patillas”
El Conde de Romanones da por cierta la aventura del que él calificó como "el Rey efímero" con la “dama de las patillas” a la que describe como 
Mujer grácil, por cuyas venas corría la sangre de un escritor genial, maestro del periodismo, reunía a su seductora belleza el atractivo de un espíritu cultivado de un vivo ingenio”. 
Adela vivía en un hotelito del paseo de la Castellana adonde acudía el rey todas las noches, acompañado de su fiel Locatelli. 

El idilio terminó bruscamente cuando, durante las vacaciones veraniegas en la corte en Santander, Amadeo sedujo a la rubia esposa del corresponsal del diario The Times. Cuando los rumores del flirt con "la dama inglesa" llegaron a Madrid, Adela, despechada, se puso en contacto con un redactor del periódico El Imparcial, dispuesta a hacerle llegar las 13 cartas de amor que le había enviado el rey, que eran bastante subidas de tono. Uno de los amigos más íntimos del rey, Díaz Moreu, fue encargado de evitar el chantaje, recuperando las cartas a cambio de una elevada cantidad de dinero. Desde ese momento, Adela se dedicó a acosar al rey, a quien perseguía por todo Madrid, hasta que Amadeo, harto de encontrarse a su ex-amante en toda clase de saraos y actos oficiales, intentó desterrarla  “cuanto más lejos, mejor”. Pero la gran reputación del padre de ella, Mariano José de Larra, hizo que no fuera conveniente tomar esta medida, aunque sí logró que la dama moderara su actitud. 

Anverso y reverso de la moneda de un duro de plata (5 ptas)
con la efigie de D. Amadeo (1871)
La aristocracia madrileña, que ya no aceptaba bien a Amadeo I, se distanció más todavía del monarca como consecuencia del romance con Adela. Falto de apoyos, la situación del rey era cada vez más insostenible. El soberano repetía continuamente: 
- Siamo in una gabbia di pazzi (Estamos en una jaula de locos) 
- Ah! Per Bacco! Non capisco niente (Ah! Por Baco! No entiendo nada) 
- Questo paese é ingovernabile! (Este pueblo es ingobernable!)
Agrasot. Retrato de Amadeo I.
Museo de Alicante.
(Remitido por Manuel Martínez)
Poco antes de su abdicación, Amadeo sostuvo una tensa reunión con el presidente Ruiz Zorrilla y el ministro de Gracia y Justicia, Cristino Martos. A la reunión asistía también la reina para solventar los problemas de comprensión de su esposo, que no hablaba castellano. Los políticos querían forzar la renuncia de Amadeo y le exigieron que aceptara las normas del Congreso de apoyo a la democracia, cosa que el rey ya había hecho anteriormente de forma clara y repetida. Ante un planteamiento tan vil, la reina saltó y exclamó, enfadada, dirigiéndose a Ruiz Zorrilla: 
- No se confunda Vd. Esto que hay aquí no es democracia; esto es chusma. 
Dicen que el presidente del Gobierno, que había jurado defender la monarquía amadeísta y dar por ella la vida, dio un puñetazo en la mesa y gritó un "¡Viva la República!", que anticipaba la inmediata abdicación. 

El 11 de febrero de 1873, Amadeo I abdicaba. Más tarde salió del país en ferrocarril. Cuentan que al llegar a la frontera francesa, el ya abdicado rey mandó parar el tren. Parsimoniosamente, descendió al andén de la estación, se quitó los zapatos y los sacudió con energía, al tiempo que exclamaba: 
- De España, ¡ni el polvo! 

Bibliografía


Manuel Martínez Bargueño. Las 19 cajas de Larra. Blog Madrid 
http://manuelblasdos.blogspot.com/2010/10/las-19-cajas-de-larra.html

Manuel Martínez Bargueño. Amadeo I el rey efímero. Primera parte.

http://manuelblascinco.blogspot.com/2013/06/amadeo-i-el-rey-efimero-primera-parte.html

Manuel Martínez Bargueño. Amadeo I el rey efímero. Segunda parte.

http://manuelblascinco.blogspot.com/2013/06/amadeo-i-el-rey-efimero-segunda-parte.html

Alicia Mira Abad. Biografía de Amadeo I de Saboya (1871-1873) 

http://www.cervantesvirtual.com/portales/reyes_y_reinas_espana_contemporanea/amadeo_i_biografia/

Anabel Herrera. Los escándalos de Amadeo con una bella joven en cada puerto. Muy Historia https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/los-escandalos-de-amadeo-con-una-bella-joven-en-cada-puerto-espanol-411448983495


Benito Pérez Galdós. Episodios Nacionales “Amadeo I”, Alianza Editorial.

Agradezco a Manuel Martínez Bargueño la correspondencia que ha mantenido amablemente conmigo sobre este tema.

Reinado de Amadeo de Saboya: