lunes, 27 de julio de 2015

Los velludos brazos de Esaú






Lorenzo Ghiberti

Historia de Jacob 
(1425 -1452)

Bronce dorado  79 x 79 cm. 
Puerta del Paraíso
Baptisterio de Florencia.


Una de las muchas maravillas que se pueden contemplar en la ciudad de Florencia son las Puertas del Baptisterio. Una de ellas, la Puerta del paraíso, fue realizada por Lorenzo Ghiberti (1378-1455), introduciendo conceptos plenamente renacentistas y revolucionando la historia del Arte. En ella se representan escenas del Antiguo Testamento, como la de Jacob, que aquí presentamos. 

La Biblia, como todo el mundo sabe es un libro rico en historias, con abundantes simbolismos. Uno de ellos es la historia de los hermanos Esaú y Jacob, que recordaremos sucintamente. 

Isaac, el hijo de Abrahan, el que fuera un niño que iba a ser sacrificado para agradar a Dios y que fue salvado in extremis del sacrificio, había tenido una larga vida. Ciego y cansado, había alcanzado una avanzada edad. Consciente de que su papel en esta vida tocaba a su fin, sentía ahora la necesidad de bendecir a su primogénito para que fuera el depositario de los valores y funciones como patriarca de la tribu. 

Isaac había tenido dos hijos de su esposa Rebeca, Esaú y Jacob. Rebeca tenía una clara predilección por el más joven de los dos, Jacob. Pero la tradición quería que fuese Esaú, el primogénito, el sucesor de su padre. 


Matthias Stom. La venta de la primogenitura


Esaú y Jacob habían protagonizado un curioso incidente. un día que Esaú, a quien le gustaba mucho la caza llegó a casa cansado y hambriento, encontró a su hermano dispuesto a comer un sabroso plato de lentejas. Esaú no podía más y le pidió a Jacob que le cediera el plato.

- ¿A cambio de qué? - le preguntó su hermano. 

- A cambio de lo que sea, pídeme lo que quieras y pásame el plato, que me muero de hambre. 

- Bueno, podría vendértelas por el derecho a la primogenitura, ¿qué te parece?

Esaú, ofuscado,  sólo deseaba comer. 

- Hecho, dijo. dame las lentejas y desde ahora tú eres el mayor y sucederás a nuestro padre. 

Jacob aceptó y le cedió la comida.  A partir de aquel día se consideró el primogénito. 

- Están muy buenas, Jacob. Vaya lentejas! murmuraba Esaú, saciando su hambre. 

En los tiempos de la Biblia, las lentejas eran el alimento más consumido, después del trigo. En diferentes pasajes bíblicos aparecen mencionadas: cocinadas con verduras y especias, (Gen 25:29; Lev 6:27); como harina, para elaboración de pan (Ezequiel 4:9); en tortas finas de lentejas, con miel, sésamo y canela (Cantar de los Cantares 2:5). Como símbolo, las lentejas simbolizan la rueda de la vida y de la fortuna, y también un símbolo de fertilidad. Las lentejas se sirven en algunos países en el inicio del año, como augurio de bienes materiales. Aún hoy esta tradición está muy viva en Italia, por ejemplo.

Así pues fue como Jacob adquirió el derecho a ser bendecido. Isaac reclamaba que su hijo mayor se arrodillara ante él para bendecirlo. Pero había un problema: Isaac, ciego, reconocía a sus hijos por el tacto, ya que Esaú era muy velludo y Jacob, lampiño. Rebeca, que estaba al corriente de la situación y que deseaba la bendición para Jacob ideó una treta: puso pieles de animales en los brazos de Jacob y le hizo arrodillarse ante su padre. 


Friso románico del claustro de la Catedral de Girona (s. XII), representando la historia de Esaú y Jacob.
 Jacob se arrodilla ante su padre Isaac (ciego) con pieles de animales en los brazos, para que al palparlo lo confunda con su hermano Esaú y le dé la bendición de primogenitura, imponiéndole las manos 
(Los brazos de Jacob están muy destruídos en este relieve). 
Tras él, de pie, aparece su madre, Rebeca, que participa en la argucia.


Friso románico del claustro de la Catedral de Girona (s. XII), representando la historia de Esaú y Jacob.
Esaú llega  retrasado por la caza de una gran liebre, que lleva colgando al hombro. 

Empuña con la otra mano el arco. Reclama la bendición de Isaac, pero éste extiende sus manos, disculpándose, porque ya ha bendecido a Jacob. 

Isaac, deseoso de bendecir a su hijo mayor le palpó los brazos. Los encontró velludos y creyó que era Esaú. Así que lo bendijo. 

Poco después llegó Esaú, que se había retrasado porque como era su costumbre, estaba cazando. Reclamó la bendición, pero Isaac le dijo que ya había bendecido a uno de sus hijos y que por lo tanto él era el elegido. La cólera de Esaú no se hizo esperar. Pero Jacob, muy prudentemente hacía ya horas que se había marchado muy lejos de allí. 

La historia sigue con numerosos sucesos: Jacob tiene un sueño (la lucha con el ángel y la escalera que sube al cielo), su trabajo como pastor de los rebaños de Labán, su matrimonio con la hija de éste, la bella Sara... pero nos quedaremos con el episodio de la bendición de Isaac. 

Hay varias lecturas de este episodio. Uno de ellos es la del triunfo de la astucia (Jacob) frente al materialismo (Esaú). Otra, tal vez la contraposición de los intereses de los pastores (Jacob) frente a los de los cazadores (Esaú) 

Pero también hay una lectura basada en el simbolismo del pelo. Una vez más, los personajes con cuerpo velludo salen malparados, y se insiste en lo negativo de poseer vello corporal. En cambio, los lampiños, como Jacob, salen triunfantes (a pesar de haber simulado ser peludos). Curioso. 

La historia de Esaú y Jacob termina con la vuelta de Jacob y la reconciliación de los dos hermanos. 

En todo caso, por lo que dice la Biblia, es fácil entrever que Esaú tenía una hipertricosis, trastorno caracterizado por un crecimiento excesivo del pelo en las zonas del cuerpo en las que no es frecuente tanta longitud y espesor, al no ser muy andrógenodependientes. No hay que confundir la hipertricosis con el hirsutismo, una enfermedad en la que hay pelo en zonas donde generalmente no hay (como en el mentón femenino o en la zona esternal de la mujer) . 


Concurso de las puertas del Baptisterio de Florencia: 



No hay comentarios: