miércoles, 15 de marzo de 2017

La sangre del dragón






Konrad Dielitz

Sigfrido mata al dragón Fafner 
(1880)

Grabado



En la saga de los Nibelungos (que recogió Richard Wagner en las óperas de su Tetralogía) aparece la leyenda de Sigfrido, un héroe humano, pero nieto del dios Wotan. El valiente Sigfrido consigue encontrar la cueva donde el dragón Fafner custodia, celoso, el tesoro de los Nibelungos. 

Sigfrido bañándose en la sangre del dragón
En una desigual batalla Sigfrido mata al terrible dragón, tras lo que tiene lugar un ritual iniciático: bebe la sangre del dragón, por cuya mágica acción podrá entender a partir de entonces el lenguaje de los pájaros. Entonces puede oir que unos pájaros dicen que si se bañara en la sangre del reptil sería invencible. 

Sigfrido, al oír el comentario de las aves, se baña a continuación en la sangre de Fafner, para conseguir la invulnerabilidad. Fatalmente, durante el baño, una hoja de fresno cae sobre la espalda del héroe, impidiendo que la sangre del dragón lo cubra en este punto. Este será en adelante su punto débil, por donde acabará sucumbiendo a la traidora lanza del malvado Hagen. Un mito muy similar al de Aquiles, por cierto, cuyo talón tampoco era invulnerable. También recuerda al mito de Hércules y la sangre de la hidra de Lemnos. 

El historiador de la medicina Richter comentaba que la invulnerabilidad de la piel de Sigfrido, que ningún arma podía atravesar hacía pensar en la induración cutánea de las esclerodermias sistémicas, cuya piel se convierte casi en una coraza. Pero hoy dejaremos este tema aparte. 


Antoni Gaudí. Dragón del Park Güell. Barcelona

Prefiero comentar una noticia muy actual, una noticia sobre una línea de investigación que puede dar sus frutos.

Se trata de la sangre de un dragón. No un dragón mitológico, claro, sino de la del varano o dragón de Komodo, un enorme reptil que parece una reliquia de épocas pasadas y al que se le calcula una existencia de 5.000.000 de años sobre el planeta. 

Dragón de Komodo, un reptil de aspecto terrorífico.
Ahora, algunos péptidos presentes en su sangre pueden
permitir el descubrimiento de un nuevo y potente antibiótico
que permita luchar de forma eficaz contra las bacterias
"superresistentes"
Un estudio, publicado en febrero de 2017 en la revista científica Journal of proteome research, revela que algunas proteínas presentes en la sangre de los varanos podrían destruir ciertas bacterias  que actualmente son fatales para el hombre, ya que resisten a los antibióticos más potentes. 

El proceso como los científicos han podido relacionar la sangre de este lagarto gigante (el reptil mayor del mundo) con las bacterias resistentes a los antibióticos, comenzó en 2010, cuando descubrieron bacterias "patógenas" en la boca de estos animales, y consideraron que las mordeduras de los varanos serían muy peligrosas por la posibilidad de inocular estos gérmenes. Sin embargo, estos reptiles indonesios suelen luchar entre ellos, ocasionándose mordeduras repetidas. Los científicos decidieron investigar la presencia de péptidos antimicrobianos que les confería esta inmunidad. 

Pseudomonas aeruginosa (CDC)
Su trabajo dió resultados. Pronto consiguieron identificar 48 péptidos de los cuales, todos menos uno parecen tener propiedades antimicrobianas. Los investigadores consiguieron
sintetizar ocho de estas moléculas y las enfrentaron a algunas "superbacterias" resistentes a los antibióticos naturales según la lista de la OMS de febrero de 2017: Pseudomonas aeruginosa y Staphilococcus aureus. Estas bacterias están muy extendidas en los hospitales y ocasionan muchas infecciones respiratorias, resistiendo además a casi todos los antibióticos conocidos hasta el momento. 

Los resultados del estudio fueron muy esperanzadores. De los 8 péptidos probados, 7 aniquilaron a ambas bacterias y el otro a una de ellas solamente. Los investigadores esperan ahora que nuevos estudios puedan conducir a la creación de un nuevo antibiótico capaz de combatir a esas "super-bacterias". 

Aunque, como en el caso de Sigfrido, seguro que la sangre del dragón no nos hará totalmente invulnerables. Siempre tendremos nuestra hoja de fresno que nos recordará que los humanos, por definición, somos mortales. 



Lista de la OMS de los agentes patógenos prioritarios 

para la investigación y creación de nuevos antibióticos



Prioridad 1: CRÍTICA


  1. Acinetobacter baumannii, resistente a carbapenemos
  2. Pseudomonas aeruginosa, resistente a carbapenemos
  3. Enterobacteriaceae, resistentes a carbapenemo y productores de Betalactamasas


Prioridad 2: ELEVADA


  • Enterococcus faecium, resistente a vancomicina
  • Staphylococcus aureus, resistente a meticilina, y a vancomicina
  • Helicobacter pylori, resistente a claritromicina
  • Campylobacter spp., resistente a fluoroquinolonas
  • Salmonellae, resistente a fluoroquinolonas
  • Neisseria gonorrhoeae, resistente a fluoroquinolonas y a cefalosporinas 

Prioridad 3: MEDIA


  • Streptococcus pneumoniae, insensible a la penicilina
  • Haemophilus influenzae, resistente a ampicilina
  • Shigella spp., resistente a las fluoroquinolonas



Fragmento de "Sigfried" (Película de Fritz Lang, 1924)






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martes, 14 de marzo de 2017

Historia del ácaro de la sarna (y IV): Renucci, la evidencia definitiva






Jules Meresz

La demostración de Renucci 
25 de agosto de 1834

Dibujo al carboncillo 



Simon François Renucci era un joven estudiante corso que se había licenciado en letras en la Academia de París y estudiaba Medicina en el Hôtel-Dieu de esta ciudad. Estaba atónito por la absurda polémica que se mantenía por aquel entonces referente al ácaro y por el escaso conocimiento que sobre la sarna mantenían los dermatólogos oficiales. Renucci había visto multitud de veces a las mujeres de su país extraer el ácaro productor de la sarna. Y él mismo lo había hecho muchas veces. Pero el ácaro no debía buscarse en las vesículas, sino en el borde de los surcos. Éste era el fallo. 


Sarna pústulo-ampollosa. Lámina de  J.E. Olavide. Dermatología General y Atlas de la clínica iconográfica de enfermedades de la piel o dermatosis. Madrid 1871-1881 


Renucci se convirtió en uno de los alumnos más asiduos de las clases de Alibert, y convenció a su maestro de que podía extraer el ácaro con total garantía de éxito. Alibert accedió a suspender sus vacaciones y el 13 de agosto de 1834 tuvo lugar por fin el histórico suceso. Renucci nos lo relata así:
 "Después de haber asistido a una lección de Monsieur Alibert, tuve la ocasión de demostrar al profesor la existencia de este animalillo maravilloso, tantas veces buscado vanamente al microscopio, objeto de tantas controversias y contradicciones, y las dudas que él me manifestó sobre la posibilidad de encontrarlo hicieron que yo tomara partido proporcionándole pruebas irrefutables. Así que cuando el 13 de agosto de 1834, acudió a la consulta una joven cuyas manos presentaban numerosas vesículas de sarna y que no había realizado ningún tratamiento, anuncié a todos los médicos y alumnos que estaban allí que iban a ver el insecto fabuloso. En efecto, hice la extracción con la ayuda de una aguja; el ácaro caminó sobre mi uña y todos pudieron verlo a simple vista. El nutrido grupo de asistentes me pidió que repitiera la misma operación en otro sarnoso, y al cabo de poco tiempo se pudo repetir el resultado. En seguida, el profesor Alibert hizo levantar un acta, que tras ser firmada por todos fue enviada a la Facultad"
En efecto, el 16 de agosto, la noticia apareció en la Gazette des Hôpitaux, aunque fue acogida con un escepticismo general. La experiencia se repitió públicamente el 20 de agosto. Uno de los más firmes detractores de la existencia del ácaro, el Dr. Lugol comentó, burlándose: 
"Alibert ha interrumpido sus vacaciones, que creo que las necesitaba de verdad. Es muy valiente: atreverse a volver otra vez al combate, estando ya al final de su carrera, y tras sus repetidas derrotas" 
Y desafiante, añadió: 
"Yo renuevo mi oferta de 300 francos para el estudiante que encuentre el sarcoptes"

Tesis de Simon François Renucci (1935)
Así que una nueva reunión se programó para el 25 de agosto a las 9 de la mañana. Se anunció adecuadamente en la Gazette des Hôpitaux, en un lugar neutral para ambos bandos, la clínica de Edouard Émery. Entre los numerosos asistentes estaban figuras destacadas y reconocidas de la medicina: Sabatier, Pinel, Legros, Emery, Lugol, Alibert, Raspail... A las 10 de la mañana Renucci, con la ayuda de una aguja, extrajo ante todos un ácaro y lo puso bajo el objetivo de un microscopio. El más imparcial de los asistentes, el anfitrión Émery repitió la experiencia con facilidad. Raspail constató la similitud del ácaro con las planchas de De Geer. Lugol no tuvo más remedio que aceptar su derrota. Renucci había demostrado plenamente la existencia del ácaro y ya no fue puesta en duda nunca más. 

Renucci publicó poco después su descubrimiento en su tesis "De la découverte de l'insecte qui produit la contagion de la gale, du prurigo et du phylacia" (Sobre el descubrimiento del insecto que produce el contagio de la sarna, del prurigo y de la phlyzacia" (6 de abril de 1835). En ella dejó claro que el ácaro de la sarna no se encuentra nunca en las vesículas. Renucci fue recibido triunfalmente en la Charité por Rayer, en el Hôpital des Vénériens por Ricord, y en la Facultad por Cloquet. Lo que no sabemos es si Renucci llegó a cobrar los 300 francos que había ofrecido Lugol. De hecho, Lugol desapareció y no se volvió a saber nada de él. 





Bibliografía

Beeson BB. Acarus scabiei. Study of its history. Arch Dermatol Syphilogr 1927;16:294-307.

Crissey JT, Parish LC The Dermatology and Syphilology of the Nineteenth Century. New York: Praeger, 1981. 

Díaz R, Vidauzárraga C. Historia del ácaro de la sarna. Piel 2003; 18 (9): 471-3

Galvañ Pérez del Pulgar JI, Piel 2004;19:533-7 - DOI: 10.1016/S0213-9251(04)72909-

Janier M. Histoire du sarcopte de la gale. Histoire des sciences médicales, Tome XXVIII, 4, 1994. http://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx1994x028x004/HSMx1994x028x004x0365.pdf


lunes, 13 de marzo de 2017

Historia del ácaro de la sarna (III): Controversia y escepticismo






Retrato de 
François-Vincent Raspail

Fotografía 



Comentábamos en una entrada anterior  la polémica que se desencadenó en el primer tercio del s. XIX en París, referente al parásito productor de la sarna. Galès pretendía saber extraer los ácaros de la sarna de las vesículas cutáneas, pero sus descripciones demostraban que en realidad era un fraude, y que lo que él mostraba eran en realidad, ácaros del queso. El enfrentamiento entre los que creían en el ácaro de la sarna y los que creían que se trataba de una pura superchería estaba cada vez más enconado.  


François-Vincent Raspail (1794-1878) fue uno de los espíritus más brillantes del s. XIX. De formación autodidacta fue a la vez químico, higienista, citólogo (uno de los inventores de la teoría de la célula) y sobre todo microscopista. Además era de espíritu contestatario, anti-conformista, librepensador socialista con ribetes anarquistas. En fin, tenía una personalidad muy compleja. 

Raspail se interesó en la polémica del Sarcoptes de la sarna. Comenzó haciendo sus propias investigaciones, que resultaron negativas. No tenía ninguna idea preconcebida, y al principio atribuyó sus fracasos a su falta de experiencia, a los tratamientos previos recibidos por los enfermos e incluso al clima de París. 

Más tarde, comparando los dibujos de Galès y de De Geer vió el gran parecido que había entre los ácaros del queso y los que decía extraer Galès. Llegó así a la conclusión de que Galès era un embaucador, que había sustituído el pretendido ácaro de la sarna por el del queso. Desde este momento (1829), Raspail tomó parte en la polémica y se implicó en desenmascarar el fraude. Pronto Raspail encontró con quien aliarse. 

El Dr. Jean Lugol (1788-1851) era un médico muy respetado, que había estudiado a fondo la tuberculosis. También había hecho aportaciones terapéuticas: una solución yodo-yodurada (hoy se conoce como solución de Lugol). Lugol era un acérrimo opositor a la teoría del ácaro. Además era muy provocador y había prometido un premio de 300 francos a quien demostrara la existencia del ácaro. Era una suma muy importante, lo que demuestra que estaba totalmente seguro de que nadie lo lograría.  

Patrix, un médico de Saint Louis, había secundado a Galès en su momento y le había ayudado a dibujar los famosos ácaros. Tal vez por fidelidad a su amigo, por inconsciencia o por ingenuidad quiso intentar responder al desafío de Lugol, pero Alibert lo impidió (1829), creyendo que entrar en ese juego no era el camino más conveniente. 


Jean Lugol (1788-1851), uno de los principales detractores
del origen acarino de la sarna
El cirujano Arnal, discípulo de Lugol, atacó a Patrix manteniendo una agria polémica en la revista "La lancette française". Patrix se defendió como pudo. Pero cada día aumentaba más y más el número de los escépticos. 

El 2 de septiembre de 1829, un tal Meynier comunica a Lugol que ha encontrado el "insecto" y que lo va a demostrar en público. Tras reunir a personalidades como Bailly, Cloquet, Lugol y un escogido público, Meynier tomó una muestra de un sarnoso, la puso sobre una gota de agua bajo el microscopio y agitando con su uña la mezcla hizo aparecer el ácaro ante la admiración de todos. Los de más edad reconocieron el ácaro de Galès, idéntico al ácaro del queso. Alibert está eufórico, ante la demostración.

Pero pocos días más tarde, Meynier renuncia al premio de 300 francos y Raspail aclara la confesión de Meynier: tenía un trozo de queso podrido en su bolsillo y había puesto ácaros del queso con su uña bajo el microscopio. Ahora es Lugol el que se muestra eufórico. 


Moldeado de cera representando un caso de sarna noruega .
Museo de cera del Hospital de Saint-Louis, Paris. 
Tras la flagrante derrota de los defensores de la etiología acarina, Alibert, ya muy desprestigiado, no tiene más remedio que autorizar a Patrix a hacer la demostración en el Hôtel Dieu. Pero el ácaro no aparece. El fracaso es total. Las risas y comentarios jocosos de los asistentes hacen que la derrota sea cada vez más hiriente. Patrix es severamente amonestado por la Facultad de Medicina, aunque todo el mundo sabe que la amonestación va en realidad dirigida a Alibert. 


Llegamos a 1830, en plena Revolución. Raspail se olvida momentáneamente del ácaro para ir a las barricadas. Los médicos ya no quieren ni oir hablar del insecto. Hasta Alibert duda ya de su existencia. 

Los dermatólogos tienen muy mala opinión de Galès, a quien juzgan muy duramente: 

Devergie: 
"el pretendido ácaro hizo que el Instituto diera a su inventor una recompensa honorable en vez de la reprobación y el desprecio que en realidad merecía"

Raspail: 
"Galès ha mostrado fraudulentamente el ácaro del queso para adquirir gloria y dinero"

Biett: 
"Este éxito constante de un bando y el fracaso constante del otro llegan a fatigar el espíritu. No sé de ninguna duda que tenga tan poca defensa"

Cazenave: 
"Se puede dudar de la buena fe de este farmacéutico"

Probablemente el ácaro de Galès era un fraude. Tal vez había visto alguna vez el ácaro y perpetuó fraudulentamente su descubrimiento, ávido de fama, de amor propio y de dinero. Desapareció de Saint Louis en 1815. Vivió, explotando sus negocios hasta 1854. Pero nunca dijo una palabra ni participó en la polémica, dejando que afectara a la reputación de Alibert, para el que se convirtió en una auténtica pesadilla. 




Bibliografía

Beeson BB. Acarus scabiei. Study of its history. Arch Dermatol Syphilogr 1927;16:294-307.

Crissey JT, Parish LC The Dermatology and Syphilology of the Nineteenth Century. New York: Praeger, 1981. 

Díaz R, Vidauzárraga C. Historia del ácaro de la sarna. Piel 2003; 18 (9): 471-3

Galvañ Pérez del Pulgar JI, Piel 2004;19:533-7 - DOI: 10.1016/S0213-9251(04)72909-

Janier M. Histoire du sarcopte de la gale. Histoire des sciences médicales, Tome XXVIII, 4, 1994. http://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx1994x028x004/HSMx1994x028x004x0365.pdf




domingo, 12 de marzo de 2017

Historia del ácaro de la sarna (II): Galès, ¿descubridor o embaucador?





Barón de Geer

Ácaros 
 Ilustración del libro 
Mémoirs pour Servir à l'Histoire des Insectes 




La sarna es una enfermedad producida por un parásito, Sarcoptes scabiei. Un ácaro que cava túneles en el interior de la piel, y por este motivo se le conoce con el nombre popular de "arador de la sarna". Las hembras ponen sus huevos durante la noche y por eso el principal síntoma es un prurito intenso, sobre todo nocturno. Observando con atención se pueden ver los surcos que excavan y unas pequeñas vesículas. 

Por el hecho de estar dentro de la piel (y no encima de ella), descubrir la auténtica causa de la enfermedad no fue tarea fácil. Al parecer, el ácaro de la sarna había sido ya descrito por el médico árabe andalusí Ibn Zuhr (Avenzoar). También fue descrito por la monja Santa Hildegarda de Bingen. Y también por los biólogos Bonomo y Redi en el s. XVIII. Pero en todos estos casos, por una razón o por otra, estos descubrimientos cayeron en el olvido. 

Cuando Jean Louis Alibert llegó al Hospital de Saint Louis de París, se propuso clasificar las enfermedades de la piel. Lo hizo a la manera de los botánicos e incluso propuso una forma de árbol (Árbol de las dermatosis) para explicar los grandes grupos de enfermedades cutáneas. El simbolismo del árbol fue tal, que el propio Alibert impartía sus clases tres veces a la semana bajo un tilo, cerca del pabellón real del hospital. 

Un día, al terminar una de estas clases, el joven farmacéutico del hospital, un chico de 29 años,  Jean Chrysanthe Galès (1783-1854) se entrevistó con el gran médico. Este encuentro constituyó el principio de uno de los episodios más rocambolescos de la historia de la medicina. Galès pretendía realizar su tesis doctoral y Alibert, petulante, se permitió contestarle con sorna, haciendo un juego de palabras bastante malo: 
"Puede escribir su tesis sobre la sarna, ya que por su  nombre está predestinado" (El nombre de Galès se parece a gale, que significa sarna en francés)
En aquel momento, tenía lugar un franco enfrentamiento en la Academia de Medicina entre los partidarios de la teoría acariana (que ya había sido planteada por Bonomo y Redi) y los que defendían la discrasia psórica. No se sabía a ciencia cierta si el ácaro existía o no. La Academia de Medicina había prometido incluso una recompensa para quien descubriera o redescubriera el controvertido ácaro. 

Pocas semanas más tarde, el 26 de mayo de 1812, Galès volvió a visitar a Alibert para comunicarle que ya había encontrado el parásito productor de la sarna. Según él, lo había podido hallar repetidas veces en las vesículas acarinas. Alibert, que era partidario de la doctrina acarina se excitó mucho, y propuso realizar sesiones ante grupos de médicos para demostrar y confirmar el experimento. 


El estudio sobre la sarna de J.C. Galès.
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. 
En las reuniones que tuvieron lugar a continuación, Galès extrajo el insecto con destreza de las vesículas de la sarna ante médicos y estudiantes de medicina. Estas actuaciones algo teatrales provocaban cerradas ovaciones de los asistentes al acto. Ante el éxito de estas demostraciones, el doctor Latreille, en representación de la Academia de Medicina, le hizo entrega del premio en metálico y lo reconoció oficialmente como descubridor del ácaro productor de la sarna. 

Tras embolsarse el premio, Galès se hizo famoso. Repitió la exhibición numerosas veces, ante gran número de médicos, naturalistas, entomólogos y sabios de la Academia de Medicina, la Academia de las Ciencias y ante el Consejo General de los Hospicios de París. Poco después publicó su "Ensayo sobre el diagnóstico de la sarna, sobre sus causas y sobre las consecuencias médicas prácticas de las que se deducen las verdaderas nociones de esta enfermedad" (Tesis 21 Agosto 1812- París).


Ilustración del libro de Galès sobre fumigaciones para tratar los casos de sarna.
Paris, 1816
Galès supo aprovechar bien su fama. Creó un consultorio dermatológico privado tras haber probado en el hospital de Saint Louis una nueva técnica de tratamiento, la fumigación con vapor de azufre. Usando una cabina de la que sobresalía la cabeza del enfermo que se tenía que tratar, procedía a fumigar el cuerpo de los sarnosos con vapores sulfurosos obtenidos echando flor de azufre sobre brasas ardiendo. Fumigó así a 355 pacientes. 

Mientras Galès se dedicaba ya plenamente a su floreciente consultorio privado, comenzaron a surgir las primeras sospechas. Nadie, a excepción de Galès, era capaz de encontrar los ácaros en las lesiones de sarna. El naturalista Cuvier fue el primero que llamó la atención: los insectos de Galès eran muy diferentes de las descripciones como las que habían dibujado otros naturalistas como el Barón de Geer en Suecia y se parecían sospechosamente a los ácaros del queso (En la lámina que encabeza esta entrada los ácaros del queso son los 2-4 y el de la sarna el 13).  


Lámina del libro de Alibert mostrando las lesiones clínicas de la sarna. Al lado aparecen tres ácaros, que por su morfología pueden identificarse con los ácaros del queso, que eran los que mostraba Galès en sus demostraciones. Esto acarreó un gran desprestigio a Alibert, que no obstante, no hizo retirar la lámina. 


Esto supuso un retorno al escepticismo. Comenzaron a circular los rumores de fraude. Alibert, al principio, se negaba a creerlo. La Academia de Medicina había reconocido el género Sarcoptes y ya se habían representado tanto en los tratados de Alibert como en el Diccionario de Ciencias Médicas de 1816 los animalículos de Galès (que ahora ya muchos denominaban jocosamente "ridículos"). 

Alibert hizo buscar los sarcoptes según el método de Galès. Pero ni él ni nadie lo conseguían encontrar. Ni Biett, Lugol ni Rayer en Francia; ni Bateman ni Willan en Inglaterra; ni Galeotti o Chiarugi en Italia. Las investigaciones de Galès ya eran multitudinariamente rechazadas. 

Mientras tanto, Galès hacía oídos sordos a sus detractores. Hacía tiempo que había abandonado Saint Louis (1815) y se dedicaba a la explotación de sus múltiples establecimientos de  baños fumigatorios que se repartían por todo París. No respondía nada a las crecientes acusaciones de fraude. 

Mientras tanto, Alibert, que había reproducido el supuesto ácaro en sus libros quedaba en una mala posición. Sus adversarios, especialmente Biett, no perdían ocasión para lanzar biliosos comentarios sobre él y aumentar su desprestigio.  


Bibliografía

Beeson BB. Acarus scabiei. Study of its history. Arch Dermatol Syphilogr 1927;16:294-307.

Crissey JT, Parish LC The Dermatology and Syphilology of the Nineteenth Century. New York: Praeger, 1981. 


Díaz R, Vidauzárraga C. Historia del ácaro de la sarna. Piel 2003; 18 (9): 471-3

Galvañ Pérez del Pulgar JI, Piel 2004;19:533-7 - DOI: 10.1016/S0213-9251(04)72909-

Janier M. Histoire du sarcopte de la gale. Histoire des sciences médicales, Tome XXVIII, 4, 1994. http://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx1994x028x004/HSMx1994x028x004x0365.pdf