Un museo puede interpretarse de muchas maneras. A la visión artística, histórica o antropológica, un dermatólogo puede aportar nuevos enfoques sobre patología, cosméticos, terapéutica, simbolismos, usos u otros aspectos de interés.
Óleo sobre lienzo 115,8 x 89,3 cm Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona
Jordi Curós i Ventura (Olot, 1930) es un pintor, dibujante y retratista catalán formado en la escuela de Arts i Oficis de Olot. Participó en los Salons d'Octubre a partir de 1951.
Jordi Curós. Tots tres (1953)
Su etapa inicial se encuadró en el formalismo, en las que desarrollaba masas de colores claramente limitadas por un dibujo marcado. Más tarde, pasó a una etapa informal, con charcos de colores en forma de óvalos, fácilmente identificables por su acusada personalidad. Más tarde vuelve a la pintura formal y realiza múltiples exposiciones alcanzando un gran reconocimiento social. En esta obra, adquirida por el MNAC en 1953, titulada Tots tres (Los tres) se representa a sí mismo acompañado de su familia. El pintor, en el centro, mira al espectador atentamente, mientras sostiene la paleta con una mano y con la otra el pincel. llama la atención que presenta las mejillas de color rojo intenso, lo que permite pensar en que padecía una rosácea.
Busto de Alejandro Magno (s. IV a.C.) Escultura en mármol Carlsberg Glyptotek. Copenhague.
Tradicionalmente los bustos de Alejandro Magno reflejan todos los rasgos físicos que caracterizaban a este personaje: la cabeza torcida, y los ojos "líquidos" (hygrotes) con una mirada oblicua. En 1797, Alessandro Azara descubrió en Tívoli un busto de Alejandro una herma con una inscripción griega: "Alejandro, hijo de Filipo, macedonio", que se conserva actualmente en el Louvre. A propósito de este busto, el médico Amédée Dechambre publicó algunas reflexiones muy interesantes sobre las implicaciones patológicas del gran conquistador de Asia (1851).
"Yo había aprendido, desde el 5º curso, que según Plutarco, Alejandro inclinaba la cabeza hacia el hombro izquierdo. Pero en la herma, la cabeza está girada hacia la derecha; por otra parte, otras características de la cara (...) me hacen pensar que esta inclinación no dependía solamente de una simple actitud, sino de una verdadera y clara deformidad"
En efecto, los historiadores de Arte señalan casi todos una inclinación a la izquierda, situando esta inclinación en el cuello o en la cabeza. dechambre constató que en el busto del Louvre, la cabeza está girada al lado derecho, mientras que el cuello está inclinado un poco hacia adelante y en su base hacia el lado izquierdo. De esta curvatura resulta que la parte inferior del cuello se acerca al hombro izquierdo, mientras que en la parte superior se aleja de él. La cabeza se inclina en dirección opuesta en un intento de conservar la vertical. Por otra parte el lado derecho de la cara se reduce, el ojo derecho se sitúa más bajo que el izquierdo y el músculo esternocleidomastoideo derecho es algo más corto.
Herma de Alejandro. Museo del Louvre
Alejandro Magno. British Museum
Tras haber confirmado sus impresiones tomando medidas exactas, Dechambre concluyó que "la forma graciosa de inclinar la cabeza" de la que hablaban los autores clásicos, no era más que "una tortícolis por retracción del esternocleidomastoideo derecho" y que la cara considerada regular y modelo de belleza tenía de hecho "un lado atrofiado, los ojos en escalera y el pómulo marchito". Un indiviuduo afecto de tortícolis con el músculo esternocleidomastoideo corto debería mirar hacia la izquierda y abajo, mientras que Alejandro mira un poco hacia la derecha y más bien hacia arriba. Esta postura, según Dechambre no es la de reposo, sino la que el modelo con esta afección debe intentar adoptar para corregir su tendencia.
Afegeix la llegenda
Dechambre ha demostrado pues que el texto de Plutarco es motivo de errores de interpretación, ya que no dice que la cabeza de Alejandro se gira hacia el hombro izquierdo, sino que "el cuello se alarga dulcemente inclinado a la izquierda". Sin embargo, las explicaciones de Dechambre, no resolvieron el tema, ya que más bien suscitaron la polémica. Muchos historiadores no aceptaron de buen grado que la figura mítica de Alejandro Magno y su postura - considerada noble y que tanta influencia tuvo en representaciones ulteriores - se intentara reducir a un mero problema patológico. Aunque la herma del Louvre está bastante estropeado, hay multitud de bustos de Alejandro en todos los museos del mundo. La mayoría son copias romanas o posteriores, que en general toman como modelo a la escultura de Lisipo.
Alessandro morente. Galeria degli Uffizi, Florencia. 74x42x42 cm
Hay otra pequeña estatuilla encontrada en el túmulo II de Vergina, la que hasta hace poco se creía la tumba de Filipo, el padre de Alejandro y que ahora se atribuye a una de sus esposas, Cleopatra. En todo caso, es una de las tumbas familiares de la dinastía macedónica. Estudiando esta pequeña escultura, dos médicos griegos, Laskaratos y Damanakis retomaron, a finales del s. XX, el tema de la presunta tortícolis de Alejandro Magno. Según ellos el diagnóstico de tortícolis es correcto, pero no tendría una causa muscular, sino ocular. La tortícolis no deriva necesariamente de una alteración ósea o del esternocleidomastoideo. La posición torcida de la cabeza puede deberse, en ocasiones, ala corrección de una alteración de los ojos, especialmente a estrabismo vertical o a una parálisis de los músculos oculares. En estos casos, la torsión del cuello y la inclinación de la cabeza no son fijas, y el que las padece puede mover la cabeza. Según los datos biográficos, Alejandro prefería una determinada posición de la cabeza y una cierta dirección de su mirada, pero se movía libremente. La ausencia de hemiatrofia facial sobre la cabeza de Vergina y el silencio de las fuentes literarias a este respecto, la disposición y dimensiones de los dos músculos esternocleidomastoideos y la orientación de los ojos sugieren el diagnóstico de estrabismo ocular, probablemente debido a la parálisis del músculo oblicuo inferior del ojo izquierdo (síndrome de Brown).
Este defecto es frecuentemente congénito, aunque también puede ser consecuencia de un traumatismo. En el curso de la batalla de Hircania (327) ,
"una piedra golpeó a Alejandro en el cuello, tan violentamente que sus ojos se nublaron y se obscurecieron un buen rato"
La hipótesis de un factor genético podría dar un sesgo inesperado a la coincidencia de la torsión del cuello y de la mirada oblicua, ya que se han encontrado dos estatuillas de cabezas de adolescentes en las tumbas de Vergina, al lado de las de Alejandro, y sus padres Filipo y Olimpia. Probablemente representan a miembros de la familia, tal vez hermanos o primos. ¿Se podría pensar en un defecto físico hereditario? ¿o se trataría de la misma pose imitativa, ya que a partir de Alejandro el helenismo difunde una estética similar?
Alejandro Magno. Gipsoseca Mondazzi. Turrín.
Finalmente, sabemos que, según las fuentes (especialmente Calísteno), Alejandro tenía distinto color en cada ojo. Podría tratarse de una anisocoria, ciertamente, aunque algunos autores creen que tal vez los cronistas se refieren a que tenía los ojos diferentes, no refiriéndose al color sino a la forma y tamaño de los globos oculares.
El llamado "Sarcófago de Alejandro" en el que se representan algunas de sus batallas. Museo Arqueológico. Estambul.
Bibliografía Dechambre A.Caractères de la figure d'Alexandre, éclairés par la médecine. Gazette médicale de Paris, 1851, 18: 717-720. Dechambre A. Caractères des figures d'Alexandre le Grand et de Zénon le stoïcien éclairés par la médecine.Paris, Masson, 1852.Link Grmek M, Gourevitch D. Les maladies dans l'art antique. Paris, Fayard, 1998: 44-47. Laskaratos J, Damanakis A. Ocular torticolis: a new explanation for the abnormal head-posture of Alexander the Great. The Lancet, 1996, 347: 521-523.
Peine de madera- Arte egipcio (Dinastía XVIII) Museo del Louvre. París.
En el Egipto faraónico, el cuidado del cabello era primordial. El uso de pelucas era normativo, tanto en hombres como en mujeres, los sacerdotes se rasuraban la cabeza en señal de pureza, y los niños de la nobleza se rapaban la cabeza, dejándose una trenza lateral, como puede verse en las numerosas figuritas de Horus niño (a veces en el regazo de su madre Isis), en las que aparece chupándose el dedo índice y con la trenza lateral propia de su edad. Esta figura alcanzó una gran popularidad en la época helenística, en la que era conocida con el nombre de Harpócrates.
El peinado característico de los niños nobles egipcios era el pelo corto o rasurado y una trenza lateral
Horus niño (Harpócrates) con la trenza lateral infantil bajo la doble corona y chupándose el dedo
Es también habitual encontrar en las tumbas cofrecillos con cosméticos y complementos para el cuidado del cabello o objetos como peines. Algunos de ellos, decorados con figuras, como en el caso de éste peine de madera del Imperio Nuevo (dinastía XVIII), en la que aparece un íbice, un tipo de cabra de Nubia (Capra ibex nubiana). El animal aparece de lado, con una rodilla flexionada en el suelo, luciendo sus hermosos cuernos. Una pieza bella y delicada, testimonio del arte egipcio de este período, que nos demuestra la ornamentación de algunos objetos cotidianos de esta fascinante civilización.
Filipo II de Macedonia (382-336 a.C.) padre de Alejandro Magno, reinó en Macedonia desde el 356 al 336 y fue una de las figuras más importantes del mundo mediterráneo antiguo. En su juventud, cuando el amante de su madre usurpó el trono, Filipo fue obligado a marchar como rehén a la ciudad griega de Tebas. Allí encontró a los famosos generales tebanos Epaminondas y Pelópidas de quienes aprendió mucho sobre política y tácticas militares que le fueron de gran provecho años después. En el 357 se proclamó basileus (rey). Durante su reinado transformó las primitivas milicias macedonias en un potente y moderno ejército, que llegó a ser de 30.000 hombres, con un preponderante papel de la caballería. Dotó a la infantería con casco, coraza, escudo y espada corta. Las falanges iban armadas con la sárissa, una temible lanza de entre 4 y 6 metros de longitud que tenía que ser sostenida con las dos manos por cada infante. Su habilidad política consiguió también la unificación de su reino, y un importante relanzamiento de la economía. En conjunto, creó las condiciones idóneas para el gran desarrollo expansivo que su hijo, Alejandro Magno, realizaría poco después.
Reconstrucción del aspecto del rostro de Filipo II de Macedonia
Filipo quería hacer de Macedonia la potencia hegemónica en Grecia, lo que le llevó a enfrentarse con Atenas y sus aliados.
En el invierno de 355 a.C., luchando contra la colonia ateniense de Metone (golfo de Salónica) Filipo fue gravemente herido en el ojo derecho por una flecha enemiga. Filipo perdió la visión de este ojo y estuvo a punto de perder la vida.
La cuchara de Diocles, muy usada para retirar puntas de flecha con un mínimo desgarro de tejido
Filipo fue inmediatamente tratado por el célebre médico Critóbulo. Éste, al parecer, era muy diestro con los utensilios quirúrgicos de la época, especialmente con la "cuchara de Diocles" que usó para retirar la flecha de la órbita. Este instrumento alargado se usaba para envolver las flechas con un orificio en uno de los extremos y una o dos asas en el otro extremo. La punta se encajaba en el orificio y se efectuaba una lenta tracción para evitar desgarros innecesarios de tejido. Había sido inventado por Diocles de Caristo, un discípulo de Aristóteles que Plinio el Viejo consideraba el mejor médico de la época.
Corona real de oro hallada en la tumba de Filipo II
El aspecto físico de Filipo II nos viene descrito por el pequeño busto que se encontró en Tumba Real II de Vergina, descubierta en 1977 por Manolis Andronikos. El busto muestra a un hombre con una cicatriz transversal en la ceja y en el borde supraorbitario derecho. El ojo afectado es ligeramente más pequeño que el otro (probablemente por una ptisis)
Lárnax o urna de oro en el que se encontraron los restos mortales de Filipo II de Macedonia
En la misma tumba, Andronikos encontró una urna de oro con una estrella de 16 puntas (símbolo de la dinastía Argéada) que contenía los restos incinerados envueltos en una tela de color púrpura). Además el cráneo presentaba algunos defectos en el lado derecho (faltaba un fragmento de hueso en la unión cigomáticomaxilar)por lo que el arqueólogo griego creyó que se trataba de Filipo II, y durante años se aceptó de forma generalizada. Sin embargo los restos óseos de la pierna estaban intactos, y por testimonios históricos se sabía que Filipo II había sufrido también una grave herida de lanza que le atravesó la rodilla y que lo dejó cojo (339 a.C.). Las investigaciones realizadas enjulio 2015 por el arqueólogo griego A.Bartsiokas y J.L.Arsuaga, de la Universidad Complutense de Madrid han permitido encontrar la auténtica tumba del rey macedonio. Los restos hallados en esta tumba son de un varón de unos 45 años (la edad aceptada para Filipo) y evidenciaban una anquilosis de la rodilla y un orificio en los huesos que son compatible con un traumatismo por lanzazo.
Bibliografía: Andronikos M. Vergina. The Royal Tombs. Athens: Ekdotike Athenon; 1993. p. 117-75. Bartsiokas A. The eye injury of King Philip II and the skeletal evidence from the Royal Tomb II at Vergina. Science. 2000;288:511-4. Link Bartsiokas A, Arsuaga JL, Santos E, Algaba M, Gómez-Olivencia A. The lameness of King Philip II and Royal Tomb I at Vergina, Macedonia. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America 2015, 112 (32), 9844-9848 Link Lascaratos J, Lascaratos G, Kalantzis G. The ophthalmic wound of Philip II of Macedonia (360-336 BCE). Surv Ophthalmol. 2004;49(2):256-61. Link Miserachs García S, Castillo Campillo L. La repercusión de la herida oftálmica de Filipo II de Macedonia. Arch Soc Esp Oftalmol Madrid 2010, 85(2): 85-87. Link Prag AJNW, Musgrave JH, Neave RAH. The skull from Tomb II at Vergina: King Philip II of Macedon. J Hellenic Studies. 1984;104:60-78.
Descubierta la auténtica tumba de Filipo II, rey de Macedonia, padre de Alejandro Magno
La obsesión por el bronceado como una parte imprescindible de la estética, ha sido una constante en la sociedad occidental desde mediados del s. XX. Muchas veces llega a producir auténticos transtornos psiquiátricos, similares a la anorexia, por lo que se ha acuñado el término tanorexia para describirla. Cindy Sherman (New Jersey, 1954) es una artista, fotógrafa y directora de cine estadounidense. Sherman es una de las representantes más importantes de la fotografía de posguerra en Nueva York. Su obra ha sido exhibida durante más de 30 años en el Museo de Arte Moderno (MOMA).
Sherman realiza muchas fotografías de sí misma. Sin embargo estas fotos no pueden considerarse autorretratos. La artista posa vestida de diferentes maneras, con una apariencia auténticamente teatral, para ejercer su ácida crítica sobre algunos aspectos sociales. Algunas de ellas tienen claras referencias históricas a obras destacadas de la historia del arte, en un diálogo desacralizador e irónico. Las fotografías de Sherman, de colores muy vivos y atractivos, revisten una intencionada visión satírica, que frecuentemente llama la atención sobre el papel subordinado que se intenta adjudicar a la mujer en la sociedad occidental. La mujer está condenada a "gustar" al varón según unos patrones predeterminados. Y esto la empuja a erotizarse, maquillarse, broncearse, operarse y transformar su cuerpo obsesivamente, hasta límites esperpénticos. Este es el mensaje que intenta transmitir Sherman: lo que tiene de grotesco esta constante carrera para transformar el cuerpo para conseguir unos patrones estéticos convenidos. La obra de Cindy Sherman tiene una clara intención reivindicativa, encuadrándose así en el arte feminista.
En una de las fotos que aquí mostramos, podemos ver una mujer con la piel cubierta de efélides, que probablemente están resaltadas tras una excesiva exposición solar. Presenta la nariz y los hombros enrojecidos por efecto del sol. La cara de la mujer tiene una expresión de sumisión cómica y es fácil colegir que ha intentado broncearse para aumentar su atractivo consiguiendo en cambio un ridículo efecto en confetti. Una sátira sobre el absurdo culto a la moda, y al bronceado en particular. En otras fotografías aparecen personajes muy bronceados y maquillados, hasta límites absurdos. Muestran el contraste con la piel blanca que dejaron los tirantes o las gafas de sol. En conjunto, Cindy Sherman ridiculiza la obsesión por las modificaciones corporales. Una transformación no exenta de riesgo, que se hace para conseguir un patrón estético y para luchar contra los efectos de la edad que difícilmente conseguirá saciar las ansias de metamorfosis y llenar el terrible vacío moral que subyace tras estas dismorfofobias.
Otra fotografia de Cindy Sherman mostrando el contraste del bronceado de cabina UVA con las zonas cubiertas por unantifaz. Obsérvese también la sátira sobre el excesivo maquillaje labial.
Moneda de Phraates IV, rey de los Partos (s. I a.C.) Colección numismática British Museum. Londres.
En los inicios del s. XX, Warwick Wroth, conservador del British Museum, llamó la atención sobre una peculiaridad observada en las monedas de algunos reyes partos. En el anverso de las monedas aparecían unas pequeñas tumoraciones redondeadas en la frente de algunos monarcas. Era una especia de verruga, una excrecencia redondeada y bien delimitada, que Wroth atribuía a una "particularidad dinástica distintiva", Ya que se observaba de forma casi idéntica en las efigies de diversos miembros de la dinastía.
Según el médico y numismático Gerald Hart, esta lesión de la piel no correspondería a un simple nevus sino a una tumoración cutánea hereditaria. En su opinión se trataba de un epitelioma adenoide quístico o tricoepitelioma, un tumor benigno, localizado generalmente en la cara, y con cierta incidencia familiar (transmitido por un gen dominante).
Según Hart, esta lesión aparece en las monedas partas a partir de Mitrídates II (128-88 a.C.). El fundador de la dinastía y sus inmediatos sucesores no presentan rastro de este tumor. Incluso, en el caso de Mitrídates II la cuestión es dudosa. En muchas monedas no se observa ningún rastro de lesión. Solamente en una moneda de la colección del British Museum aparece un pequeño tumor palpebral. Puede ser que el gen del tricoepitelioma ya se hubiera revelado en el rey pero tal vez se interpretó como una pequeña alteración estética sin importancia y se prescindió de representarla en las monedas. Tal vez la reiteración del tumor en sus descendientes hizo que se la viera como un signo distintivo de realeza, como inherente a la herencia de la monarquía y a partir de entonces se la representó como un atributo más del poder real.
Moneda de Orodes II
El caso es que en la efigie de Orodes II (que reinó a partir del 58 a.C.) aparece claramente un nódulo en la frente, que se puede ver en la mayoría de las monedas. Puede pensarse que es una lesión cutánea, aunque tal vez también pueda tratarse de un ornamento.
El siguiente rey es Phraates IV (38 - 2 a.C.). Su reinado es muy breve (apenas 2 años) pero en sus monedas aparece claramente representada la excrecencia frontal. Fue asesinado por su esclava favorita Thesmusa y por su hijo Phraatacio, que le sucedió. Las monedas del nuevo monarca muestran también una clara tumoración redonda frontal.
Monedas de Phraates IV. Obsérvese la persistencia del tumor.
Los posteriores miembros de la dinastía siguieron presentando lesiones similares. Así lo encontramos en las acuñaciones de Vardanio I, Vologasio...
Monedas de Vardanio I
El tricoepitelioma suele tender a aparecer a ambos lados de la frente. En las monedas, que presentan en general las efigies reales de perfil, no podemos confirmar su bilateralidad. Sin embargo, en una tetradracma de Vologasio, el monarca aparece de frente. Y efectivamente, el monarca presenta nódulos redondeados a ambos lados.
Moneda de Gotarcio II. Obsérvese el mechón, que puede interpretarse como parte de la cabellera o de la corona. En todo caso oculta una posible tumoración familiar.
Con el rey Gotarcio II aparece, a mediados del s. I d. C. otra particularidad: un mechón de cabellos cubre la región temporal, justo en el lugar que cabría esperar el tricoepitelioma. ¿Es una simple cuestión estética? ¿o por el contrario, es una argucia para hacer pensar a los súbditos que allí está la marca real, aún en el caso de que el rey esté desprovisto de ella?. Tal vez debamos quedarnos con la primera hipótesis. Algunas de las monedas de Volagesio II acuñó dos tipos de monedas: unas con mechón y otras con el tumor en cuestión, bien visible. Pero la mecha se mantendrá en las monedas de numerosos sucesores, hasta bien entrado el s. III. La iconografía numismática proporciona así la prueba de la persistencia familiar de esta particularidad patológica hereditaria, al menos durante diez generaciones.
Moneda de Phraates IV
The brief History of the Parthian Empire and its Army: