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viernes, 26 de marzo de 2021

El blog, a la web del CoMB

 



Dr. Jaume Padrós, President del Col·legi de Metges de Barcelona







Benvinguda 


Amb gran satisfacció us dono la benvinguda a aquest nou espai del web col·legial. O, potser, no tan nou, perquè el blog del Dr. Xavier Sierra "Un dermatòleg al museu", lluny de ser una novetat és un prestigiós balcó de difusió de la cultura i la història de la medicina.


Aquest nou espai que conduirà el Professor Sierra, compta amb el suport i la col·laboració del Museu d'Història de la Medicina de Catalunya, una combinació que assegura l'èxit d'aquesta aposta de la Junta de Govern per apropar-nos a la història, la cultura i l'art a través de la medicina i els seus professionals.


Agraeixo la generositat del Dr. Xavier Sierra. Estic convençut que aquest espai no només delectarà els seus lectors sinó que contribuirà a enfortir el nostre braç humanístic tan consubstancial de la nostra professió.


Dr. Jaume Padrós

President del CoMB


miércoles, 24 de marzo de 2021

Hipocampo: (IV) Anatomía.

 




Retrato de Giulius 
Caesare Arantius 
(1885) 

Papel impreso 




En entradas anteriores comenté lo que significaron en la mitología y el arte los hipocampos, y también la zoología de los caballitos de mar, que también son conocidos con este nombre. Hoy me centraré en el hipocampo del encéfalo, como parte de la anatomía humana.

El primero que describió esta estructura en 1564 fue Julio Cesar Aranzio (1530-1589), un discípulo de Andreas Vesalio, el gran anatomista del Renacimiento. Algunos años después, en su obra Observationes anatomicae (1579) comentaba:
«En la base de los ventrículos, en concreto sobre las porciones mediales, se erige [...] una sustancia nítidamente blanca que se levanta a modo de pedestal desde la superficie inferior, y que se prolonga con un cuerpo en forma de arpa o de caparazón de tortuga, para terminar de forma irregular [...] en sentido frontal; en conjunto, esta figura arqueada recuerda a un hipocampo, o caballito de mar, o mejor aún, a un gusano de seda».

Como puede verse, Aranzio intentó describir el hipocampo recurriendo a todo tipo de comparaciones (arpa, caparazón de tortuga, caballito de mar, gusano de seda) aunque la que más le gustaba era la de gusano de seda. 



El hipocampo anatómico, comparado con el hipocampo zoológico


Las primeras ilustraciones de esta estructura las realizaron Bartholomeo Eustachio (1714) y J.G. Duvernoy (1729). Este último también dudó entre caballitos de mar y gusano de seda. Como ya comenté en otra entrada, Winslow le pareció más parecido a una asta de carnero (1732), que poco después De Garengeot (1743) transformó con reminiscencias mitológicas en el asta de Ammon (cornu Ammonis). 

Finalmente el parecido que más se aceptó fue la de caballito de mar, lo que justificó el que se conociera con el nombre de hipocampo.  Pero las cosas siguieron complicándose y el hipocampo fue descrito con dos pies: pes hippocampi major para el hipocampo y pes hippocampi minor para el calcar avis, una protrusión en el asta occipital. En la terminología actual, los términos Asta de Amón y pie del hipocampo son utilizados como sinónimos, aunque este último término generalmente se reserva para las digitaciones del hipocampo (Terminología anatómica: digitationes hippocampi), las cuales elevan la porción anterior del hipocampo. 

En un principio, el hipocampo se relacionó con el sentido del olfato, tal vez basándose en la creencia (que más tarde se demostró errónea) que el hipocampo recibe aferencias directas del bulbo olfactorio. Aunque sigue aceptándose un cierto papel en la memoria de los olores, hoy ésta no se reconoce como su principal función. 

Situación del hipocampo


El hipocampo está asociado a una parte de la corteza cerebral conocida como arquicorteza, que es una de las regiones más ancestrales del encéfalo humano; es decir, que apareció hace muchos millones de años en nuestra línea evolutiva. Es por eso que el hipocampo está tan bien conectado a otras partes del sistema límbico, que apareció para dar respuestas a algunas de las necesidades más básicas de nuestros ancestros mamíferos más remotos. A su vez, este hecho ya nos permite intuir que los procesos mentales relacionados con las emociones están vinculados a las funciones del hipocampo. 

La principal función del hipocampo es la de mediar en la generación y la recuperación de recuerdos en conjunto con muchas áreas repartidas por la corteza y con otras áreas del sistema límbico.

El hipocampo tiene un papel muy importante en la consolidación de los aprendizajes realizados, ya que por un lado permite que ciertas informaciones pasen a la memoria a largo plazo y por el otro vincula este tipo de contenidos con ciertos valores positivos o negativos, según si estos recuerdos han sido placenteros o dolorosos.  (fisiológica o psicológicamente).

Son los procesos mentales ligados a las emociones los que determinan si el valor de una experiencia almacenada como recuerdo es positivo o negativo. Lo que experimentamos como emociones tiene una parte funcional que tiene que ver con el modo en el que aprendemos a comportarnos evitando en lo posible repetir errores y volver a experimentar sensaciones agradables.

El hipocampo no actúa almacenando recuerdos sino que activa y desactiva redes neuronales que se distribuyen por muchas zonas del encéfalo, permitiendo la activación o desactivación de estos recuerdos. También juega un rol en la gestión de la memoria declarativa, es decir, aquella cuyos contenidos pueden ser expresados con palabras; sin embargo, la memoria no declarativa, que recuerda patrones de movimientos y destrezas motoras, está regulada más bien por estructuras como los ganglios basales y el cerebelo. Una persona con el hipocampo severamente dañado puede seguir aprendiendo, por ejemplo, destrezas manuales (aunque no recordaría haber aprendido este proceso).

Sin embargo, en el hipocampo también existen las llamadas células de lugar, que intervienen en el modo en el que se percibe el espacio y en la manera en la que mantenemos en mente un espacio tridimensional a través del cual nos movemos, teniendo en cuenta sus volúmenes y referencias. 

Por este motivo el hipocampo es una de las primeras estructuras afectadas en enfermedades como la demencia o la enfermedad de Alzheimer. Por este motivo, las personas que experimentan esta enfermedad tienen dificultades para recordar las informaciones recientes, mientras que la memoria autobiográfica más antigua tarda mucho más en desaparecer. 

lunes, 22 de marzo de 2021

Hipocampo: (III) El cuerno de Amón

 




Júpiter Amón 
(s. V a.C.) 

Estatua de mármol. 
Staatliche Antikensammlungen
Munich 



Cuando  en 1564 Julio Cesar Aranzio (1530-1589), un discípulo de Andreas Vesalio, describió la estructura anatómica que hoy conocemos como hipocampo lo comparó con un caballito de mar, lo que terminó justificando su nombre. Pero en 1732, a Winslow le pareció que esta retorcida estructura se parecía más a una asta de carnero, y poco después De Garengeot (1743) conservando el símil con el cuerno de carnero quiso dar al apelativo una reminiscencia mitológica y lo transformó en el asta de Amón (cornu Ammonis). Por esto hoy comentaré el origen de este término mitológico, que tanto predicamente tenía en el s. XVIII. 

En su origen Amón era un dios egipcio celeste, una deidad creadora. Durante la XI dinastía fue considerado como la divinidad protectora de Tebas. Más tarde adquirió una importancia nacional y en el Reino Nuevo se fusionó con el dios del sol, bajo la advocación de Amón-Ra (o mejor Amón-Re) y se erigió en uno de los principales dioses del panteón egipcio. Incluso se lo llegó a considerar el rey de los dioses y el protector del faraón.



Bajorrelieve en el Templo funerario de Seti I (Abydos). El faraón, arrodillado,
hace una ofrenda a Amón (sentado en el trono, con la piel azul y las
plumas en la cabeza). Tras el faraón, el dios creador y nocturno Khnum,
también con cuernos de carnero 


Como dios celeste, a veces lo encontramos representado con la piel azul. Su principal atributo son dos grandes plumas de avestruz en la cabeza. Su animal es el carnero, lo que originó las largas avenidas procesionales de esfinges de carneros en la entrada de muchos templos, como el de Karnak, donde cada esfinge protege a la imagen del faraón. Los cuernos de carnero también pasaron a considerarse un atributo del dios, e incluso a veces se le representaba con la forma de este animal.   

Tradicionalmente el Amón carnero se manifiesta mediante dos especies distintas del mismo animal. Por un lado  Ovis platyra aegyptiaca, de cuernos robustos y enrollados alrededor de las orejas. Pero también Amón puede mostrarse como un Ovis longipes paleoaegyptiaca, de cuernos horizontales y retorcidos en espiral. Sobre la cabeza puede llevar la típica corona de Amón, adornada con un disco solar y altas plumas



Avenida de las esfinges. Templo de Karnak.

El poderoso clero de Amón fue el principal obstáculo para que triunfara la herejía monoteísta de Atón, impulsada por el faraón Akhenatón y que fue un breve paréntesis en la historia de Egipto. Los sacerdotes de Amón poseían 2/3 de todas las tierras en Egipto y el 90% de sus barcos y muchos otros recursos. En consecuencia, los sacerdotes de Amón eran tan poderosos como el faraón, si no más, lo que explica en cierto modo el fracaso del monoteísmo. 

El prestigio de Amón fue así aumentando y en la época ptolomaica se sincretizó con Zeus. Cuando Alejandro Magno invadió Egipto, quiso acudir al oasis de Siwa, donde estaba el famoso oráculo de Amón. En Siwa, Alejandro se hizo reconocer como el hijo de Zeus-Amón e incluso se acuñaron monedas representándolo con los cuernos de Amón.

A Alejandro le convenía poder controlar al pueblo egipcio al mismo tiempo que a la población griega, concentrada especialmente en Alejandría. A los griegos les horrorizaban los dioses egipcios, con cabezas de animal y necesitaban dioses "humanos", incluso con sus vicios y debilidades. La idea de un dios sincrético, con rostro humano y atributos de un dios egipcio era un intento de aunar ambas comunidades. Nació así la idea de asimilar a los dos dioses principales del panteón griego y egipcio, los "padres de los dioses". Fue así como apareció la figura de Zeus-Amón, que en la época romana pasaría a ser Júpiter-Amón. 

Moneda de tetradracma de Alejandro Magno, en la que aparece
 representado con los cuernos de Amón (285 a.C.) 


Los sucesores de Alejandro, los Ptolomeos, que tenían que gobernar Egipto con una población mixta, de egipcios y griegos, hicieron del culto de Zeus-Amón su principal elemento de unificación política.  

La figura de Zeus Amón se representa, como la mayoría de representaciones de Zeus, con la cara humana del dios griego y poblada barba, al que se le añaden dos cuernos de carnero, en recuerdo de los atributos de Amón. La representación de este dios no solamente la encontramos en Egipto, sino que se expandió por todo el Mediterráneo. En Tarraco (Tarragona) o en Emérita Augusta (Mérida), por ejemplo, encontramos clippeus con la cara de Júpiter Amón. 



Terracota representando a Júpiter Amón, con los cuernos de carnero (s. I d.C.) 
Museo Barracco. Roma. 



Relieve de Júpiter Ammón. Clippeus del recinto de culto imperial
Mármol esculpido. 120 cm de diámetro. Museu Arqueològic. Tarragona


Plinio el Viejo en su libro Naturalis Historia asoció algunas conchas espirales con los cuernos de Amón, y se refirió a ellas como ammonis cornua. Esta asociación siguió en la Edad Media y culminó con Karl von Zittel, que en 1848 nombró como Ammonoidea a una clase de animales fósiles. Más conocidos como ammonites, eran unos moluscos cefalópodos marinos provistos de una concha parecida al cuerno de un carnero, que vivieron entre el Devónico medio y el Cretácico (entre 66 y 400 millones de años). 



Concha fósil de ammonites (Amaltheus gibbosus) Tomado de wikipedia.

 
Los anatomistas franceses de la Ilustración acuñaron el término cornu ammonis o asta de Amón para referirse a la retorcida estructura del hipocampo. Los estudiosos de la anatomía coetáneos de Vicq d'Azyr habían denominado cuerno de la abundancia a la región del cuarto ventrículo anexa al plexo coroideo. La  cornucopia o cuerno de la abundancia es el símbolo por antonomasia de la Concordia, Paz o la Felicidad.



Página del libro de De Garengeot (1742)
en el que propone el nombre de cornes d'Ammon


En 1730 Winslow propuso el término de asta de carnero, atendiendo a la forma en la que está retorcida. Poco después otro anatomista francés, René-Jacques Croissant de Garengeot (1688-1759), le dio el nombre de cuerno de Amón, en referencia a los cuernos de Júpiter-Amón. Adoptaba así la costumbre de la escuela renacentista de Padua de recuperar dioses y mitos de la Antigüedad clásica. En general, la mitología era muy apreciada en aquel tiempo en los círculos cultos. 



René-Jacques Croissant de Garengeot (1688-1759)


Por cierto, que al dios Amón los egipcios le llamaban "el oculto". Probablemente en su origen este calificativo hacía referencia al carácter invisible del aire. Durante las procesiones de Amón, la estatua del dios era llevada en el interior de una capilla y no podía verse, para subrayar su naturaleza oculta. Como oculto está el hipocampo anatómico, situado en un recóndito lugar del encéfalo.