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viernes, 2 de agosto de 2019

Vuelve la sífilis




Ramon Casas 

Sífilis 


Dibujo original para cartel 
Museu Nacional de Catalunha



Tomamos hoy el conocido dibujo para el cartel "Sífilis" de Ramon Casas para comentar algunos datos estadísticos alarmantes: la sífilis vuelve a incrementarse de forma acelerada en Europa. 

Por primera vez desde 2010, los países de la Unión Europea han declarado más casos de sífilis que de VIH en 2017,  según los resultados de una encuesta efectuada en 23 países realizada por el Centro europeo de prevención y control de enfermedades (ECDC). 

En un período de diez años (2007-2017) el número de nuevos casos de sífilis ascendió a 260.000, aunque se observaba una cierta disminución anual, lo que hacía concebir esperanzas a los epidemiólogos. Pero súbitamente, en 2017, se declararon 33.000 nuevos casos, lo que representaba un incremento de un 70% en relación a las cifras de 2010.  

De estos nuevos casos, el 62% eran homosexuales masculinos; 23% varones heterosexuales; y 15% mujeres heterosexuales. Los países más afectados fueron Islandia, Alemania, Irlanda, Malta e Inglaterra. 

La sífilis es una Infección de Transmisión Sexual (ITS) causada por Treponema pallidum. En su fase inicial, tres semanas después del contacto contagiante, se manifiesta por la aparición de una pequeña úlcera en los genitales, labios, mucosa bucal o faringe y la presencia de un ganglio inflamado en su cercanía. Si se diagnostica en esta fase inicial, la sífilis puede ser tratada adecuadamente con antibióticos, por lo que es conveniente su diagnóstico precoz. 

Estos preocupantes datos hacen que la recomendación de extremar las precauciones en las relaciones sexuales sea más vigente que nunca. 


jueves, 1 de agosto de 2019

La fiebre del radio: (III) Las chicas del radio






Agonía de una de las antiguas 
trabajadoras de la fábrica United 
States Radium Corporation 
(1925-1930)
 
Fotografía en B&N

Colección particular




En anteriores entradas hemos visto la gran cantidad de productos radiactivos que se fabricó durante el primer cuarto del s. XX y los problemas que comenzaron a surgir en las chicas que habían trabajado para una empresa que fabricaba relojes con pintura radiactiva que se veía en la oscuridad. Nadie había realizado un diagnóstico correcto de todos estos misteriosos males El problema continuó hasta la llegada a Nueva Jersey de Harrison Martland, un patólogo que tardó poco tiempo en darse cuenta de que había un único factor en todos los casos: todas estas mujeres habían trabajado en la planta de United States Radium Corporation, por lo que llegó a la conclusión de que probablemente se debía a un caso de envenenamiento por radio 



Recortes de artículos de prensa
de la época sobre el caso de las
chicas del radio

























Grace decidió entonces interponer una querella contra su antigua empresa. Se encontró con la negativa de muchos abogados, que no querían emprender acciones legales contra una empresa tan potente. Pero tras dos años de infructuosos intentos, al final pudo c
ontratar a Raymond Barry, un abogado que aceptó el caso, y juntos buscaron al resto de trabajadoras de la empresa para, de forma conjunta, llevar a U.S. Radium Corporation a los tribunales. De las 70 trabajadoras que tenía la empresa, la gran mayoría había fallecido por problemas derivados de la exposición de radiación y otras estaban en fases avanzadas de enfermedades causadas por la radiación.
Pero lograron reunir a cinco mujeres (Gràcia Fryer, Edna Hussman, Katherine Schaub y las hermanas Quinta McDonald y Albina Larice), que interpusieron la denuncia  y llevaron a juicio a United States Radium Corporation. Pronto los medios de comunicación se refirieron a ellas como "las chicas del radio". El proceso se hizo famoso en la prensa. La misma Mme. Curie les envió una carta brindándoles su ayuda, aunque les comunicaba que era imposible eliminar el radio del cuerpo. 



El proceso de "las chicas del radio" alcanzó una
gran repercusión en la prensa

El proceso legal no resultó nada fácil ya que la empresa tenía contactos privilegiados con mucha influencia en la judicatura. Pero aunque consiguieron poner muchas trabas y retrasar bastante el juicio (14 años) finalmente en el año 1928 la empresa fue condenada a pagar 10.000$ a cada trabajadora (unos 122.660€ aproximadamente) y una pensión anual vitalicia de 600$ con todos los gastos médicos pagados por la compañía. 

Pocas de estas indemnizaciones se llegaron a cobrar. En 1933 murió Grace Frayer, la última de las Chicas del Radio. No se sabe cuántas más mujeres murieron como consecuencia de la exposición a la radiación, pero sabiendo que la empresa contrató a más de 4.000 personas y a día de hoy las instalaciones siguen sin estar descontaminadas, podemos imaginar que su número debió ser altísimo.

Tras estos sucesos en el Congreso de los EEUU se votó  una resolución a favor donde se establecieron los derechos de los empleados que contraen enfermedades laborales y se creó la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (Occupational Safety and Health Administration, OSHA).  


La historia de "las chicas del radio" como se las conocía, supuso la evidencia pública de los peligros de la radiactividad, Tuvo mucha repercusión en la prensa y posteriormente ha sido motivo de libros, publicaciones, películas etc. Lo cierto es que la historia de estas trabajadoras frenó la llamada “fiebre del radio” en la sociedad americana y motivó la legislación sobre medidas de seguridad en la manipulación de sustancias potencialmente peligrosas. 



Tumor articular en una de las chicas del radio

Este episodio histórico constituye también un ejemplo de algunas modas absurdas que prometen curarlo todo (o casi todo) sin suficiente base científica y que pueden resultar  muy peligrosas.

Hoy en día algunos tratamientos terapéuticos sin base racional también prometen maravillas como las que prometían los productos a base de radio. No sabemos si tendrán efectos secundarios pero lo que sí es cierto es su ineficacia. Solamente los productos comprobados científicamente pueden ayudar a curar las enfermedades. Y entre los más eficaces e inocuos destacan las vacunas. Por eso los movimientos anti vacunas carecen de toda base. Como carecían de ella en su día las imaginarias cualidades de las supuestas panaceas radiactivas. 


Bibliografía

Moore K. Las chicas del radio. Captain Swing. 2018. 

Clark, C. Radium Girls: Women and Industrial Health Reform1910-1935 Univ North Carolina Press, 1997.

Deborah, B.The Poisoner's Handbook: Murder and the Birth of Forensic Medicine in Jazz Age New York. New York: Penguin Press, 2010.

Mullner, R. Deadly Glow: The Radium Dial Worker Tragedy. Washington. Am Public Health Ass, 1999.

miércoles, 31 de julio de 2019

La fiebre del radio: (II) Las chicas fantasma







Operarias de la fábrica 
United States Radium Corporation 
(circa 1922)
 
Fotografía en B&N

Colección particular






En una entrada anterior comentábamos la gran cantidad de productos que llevaban radio o torio en las dos primeras décadas del s. XX: cosméticos, dentífricos, vigorizantes sexuales, condones, productos farmacéuticos, chocolates, compuestos para la cría del ganado... La radioactividad añadía un nuevo atractivo y se le atribuían poderes casi mágicos. 


Un anuncio de la pintura luminiscente Undark 

Pero hemos dejado de mencionar un producto que se popularizó extraordinariamente: la pintura fluorescente. El radio tiene un tono verdoso y combinado con pegamento y sulfuro de zinc forma una sustancia que brilla en la oscuridad (radioluminiscencia). Así se creó una pintura luminiscente que podía verse en la oscuridad y que resultaba práctica para pintar las horas en un despertador, por ejemplo, que así podía consultarse sin encender la luz, o para pintar linternas que se podían encontrar fácilmente en caso de apagón. 

Los relojes que podían consultarse en la oscuridad se habían popularizado durante la Primera Guerra Mundial. Los soldados podían consultarlos de noche sin encender la luz, evitando así el peligro de ser detectados por los enemigos. Al acabar la guerra, la comodidad que suponía poder consultar la esfera a oscuras hizo que siguieran siendo muy solicitados. 




Esferas de relojes con las manecillas y los números
pintados con Undark, pintura a base de radio. 





























Las esferas de los relojes eran recubiertas con Undark, una pintura de radio que se producía en la fábrica United States Radium Corporation, de Orange (New Jersey) desde 1917. El radio era obtenido a partir de la extracción y purificación de la carnotita para producir pintura luminiscente. La fábrica comenzó con 70 trabajadoras pero luego la plantilla se tuvo que aumentar por la creciente demanda y llegó a dar empleo a 4.000 muchachas. También surgieron otras empresas similares, como Radium Dial Company que además de relojes fabricaba números de casas, miras de pistola, placas de interruptores, ojos de muñecas de juguete... coloreados con radio luminiscente. 

Pintar esferas de reloj era considerado "el trabajo de élite para las pobres chicas trabajadoras". Muchas de ellas eran adolescentes, con manos pequeñas que se adaptaban a la perfección al trabajo artístico. De hecho, ganaban el triple que los trabajos habituales de las fábricas y además incentivos por productividad. Estas atractivas condiciones de trabajo hicieron que las propias operarias  recomendaran a sus familiares y amigas el nuevo empleo. Con frecuencia, varios hermanas o parientes trabajaban una junto a otra en el estudio.



Una de las pintoras de esferas de reloj, trabajando en la fábrica.


Undark, la pintura de radio que manipulaban era supuestamente inofensiva, según les informaban en la fábrica, a pesar de que los propietarios siempre tomaban medidas de protección para ellos mismos. Las muchachas usaban pinceles de pelo de camello y tenían por costumbre chuparlos para mantenerlos afilados y poder pintar así con mayor precisión: algunas esferas de reloj eran muy pequeñas, de solamente 3,5 cm de diámetro. Cada vez que las chicas se llevaban los pinceles a la boca, tragaban un poco de la brillante pintura verde. Nadie sospechaba ningún peligro, ya que hasta se elaboraban maquillajes y cosméticos con radio. El gerente y el resto de jefes de la fábrica les tranquilizaron. La pintura era inofensiva: No tenía sabor alguno, y los supervisores les indicaron que el único síntoma físico de tragar el pigmento de radio eran un cierto color rosado en las mejillas. 

La luminosidad del radio era parte de su atractivo y a las pintoras de esferas pronto se las apodó las "chicas fantasma", ya que cuando terminaban su jornada laboral, ellas mismas brillaban en la oscuridad. Aprovechaban al máximo esta ventaja, llevando sus mejores vestidos a la planta para que brillaran en los salones de baile por la noche e incluso pintándose los dientes, los labios o las uñas con radio para conseguir una sonrisa que sorprendiera y sedujera a sus pretendientes en la penumbra. 




Un tumor de mandíbula en una de las chicas del radio

Sin embargo la inofensividad de la pintura radiactiva no era cierta. Desde que la radiactividad había sido descubierta se sabía que podía tener efectos adversos de importancia. La propia Marie Curie había sufrido quemaduras debidas a radiación por haberlo manipulado. Antes de que la primera pintora de esferas cogiera su pincel ya había muerto gente por envenenamiento por radio. 
Y por esta razón los hombres en las empresas de manipulación de radio llevaban delantales de plomo en los laboratorios y manejaban el radio con pinzas de punta de marfil. Sin embargo, a las pintoras de esferas no se les suministraba esa protección y ni siquiera se les avisaba de que podrían necesitarla. 



A diferencia de las muchachas pintoras de relojes, los directivos,
los científicos del laboratorio y los varones que trabajaban
en la fábrica iban completamente protegidos.

A principio de la década de 1920, US Radium contrató a un profesor de fisiología de Harvard, Cecil Drinker, para estudiar las condiciones de trabajo en la fábrica. El informe de Drinker era grave, indicando una fuerza de trabajo altamente contaminada, condiciones sanguíneas poco comunes en prácticamente todos los que habían trabajado allí. El informe que la compañía proporcionó al Departamento de Trabajo de Nueva Jersey estaba firmado por Cecil Drinker, aunque las ominosas descripciones de condiciones insalubres fueron reemplazadas con brillantes elogios, afirmando que "todas las chicas están en perfectas condiciones". Es decir, el presidente de US Radium no sólo hizo caso omiso a todos los consejos del informe original de Drinker, ignorando todas las recomendaciones para proteger a los trabajadores, sino que falseó su redacción.



Problemas dentales y mandibulares en algunas "chicas del radio"


Pronto se comenzaron a detectar los primeros problemas causados por la radiactividad. La primera en sufrir sus consecuencias fue Mollie Magia, de 24 años, que sufrió dolor de muelas, pérdida de piezas dentarías, úlceras en las encías... la infección se extendió por la garganta, paladar y oído. El médico decía que "la mandíbula se le caía a trozos".

La empresa conocía los posibles efectos secundarios del radio, pero no quería perder los contratos que tenía con el gobierno, por lo que  comenzó a lanzar calumnias sobre la vida sexual de Mollie, tildándola de libertina y de su probable contagio de sífilis. La muchacha falleció en 1922 y los partes médicos de defunción certificaron que padecía una sífilis. 



Grace Flyer

Pocos años más tarde Grace Flyer, una cajera de banco que había trabajado antes pintando relojes en U.S. Radium Corporation (1917-1922) se le empezaron a caer los dientes y empezó a experimentar problemas en su mandíbula, con grandes dolores. Al realizarle una radiografía el médico descubrió una degradación ósea nunca vista. Su mandíbula parecía un panal de abeja, con pequeños agujeros en un patrón aleatorio. 
Otras antiguas compañeras presentaban también síntomas extraños: anemia, fracturas óseas, neoplasias, leucemia, sarcomas, pérdida de piezas dentarias... Y sobre todo una  y necrosis del maxilar inferior, una enfermedad que luego se describió con el nombre de "mandíbula de radio", que quedaba totalmente agujereada. 



Mandíbula perforada por la exposición
al radio ("mandíbula de radio")
Hoy sabemos que el organismo confunde el radio con el calcio y lo fija en los huesos lo que explica esta afectación característica de la mandíbula. 

Desde los huesos radiactivos, el radio seguía irradiando al resto del cuerpo produciendo un gran número de tumores en diversos órganos y dolores lancinantes, muy intensos. 

Pero entonces todo eso no se sabía y no se llegó a un diagnóstico preciso, si bien varios médicos barajaron equivocadamente diversas enfermedades: sífilis, infección bacteriana, envenenamiento por fósforo... Algunos de los informes médicos fueron mantenidos en secreto por presión de la empresa. En otra entrada del blog comentaremos algunos pormenores del largo y complicado juicio que tuvo lugar años más tarde. 


Bibliografía

Mullner, R. Deadly Glow: The Radium Dial Worker Tragedy. Washington. Am Public Health Ass, 1999.
Clark, C. Radium Girls: Women and Industrial Health Reform1910-1935 Univ North Carolina Press, 1997.
Deborah, B.The Poisoner's Handbook: Murder and the Birth of Forensic Medicine in Jazz Age New York. New York: Penguin Press, 2010.

martes, 30 de julio de 2019

La fiebre del radio (I): Productos radiactivos.






Crema y polvo Tho-Radia 
(1920-1930)
 
Cartel publicitario. Papel impreso. 
Colección particular






La imagen de inicio de esta entrada es un cartel publicitario de los cosméticos Tho-Radia, elaborados a base de torio y radio radiactivos. Estaba fabricada bajo los auspicios de un supuesto Alfred Curie (nombre ficticio que jugaba con el equívoco del apellido de Madame Marie Curie, que acababa de descubrir la radiactividad hacía pocos años). 



Polvos cosméticos Tho-Radia
para brillar en la penumbra

El Radio en los productos cosméticos prometía ser una gran innovación. En los glamourosos años 1930, las mujeres querían ser el centro de atención de todas las miradas. De la noche a la mañana, el mercado se llenó de cosméticos y cremas que contenían radio y que prometían aumentar efectos maravillosos. Su contenido en  sustancias radioactivas confería a la piel una luminiscencia mágica, que relucía en la oscuridad. 

Los polvos y cremas no eran los únicos cosméticos a base de sustancias radiactivas. Existían lápices, coloretes, dentífricos y jabones a base de radio para que la hermosura pudiera apreciarse aún en la penumbra. Los fabricantes de estos cosméticos, para incrementar todavía más su atractivo, prometían también unos supuestos efectos “curativos”. El desconocimiento del público sobre la acción de los compuestos radiactivos hacía que creyeran en unos efectos mágicos, casi milagrosos. Eran aconsejados incluso para el tratamiento de la caída del cabello (aunque lo cierto es que producían una alopecia en muy poco tiempo).  





Dentífrico Doramar, a base de radio.
La sonrisa más brillante 

Otros productos eran los dedicados a la higiene bucal. Por ejemplo, la pasta de dientes Doramar, a base de torio radiactivo. Fue comercializada durante la II Guerra Mundial por la casa Auergesellschaft de Berlín. Como reclamo publicitario, sus fabricantes aseguraban a los usuarios una sonrisa “radiante”. En el dorso del tubo dentífrico se podía leer lo siguiente: “la radioactividad incrementa las defensas de los dientes y las encías”.


Radiendocrinator. Un artilugio con
material radiactivo para la disfunción eréctil

Lo mismo sucedía con remedios que prometían unos efectos mágicos, como el Radiendocrinator. Era una cajita conteniendo material radiactivo que fabricaban unos supuestos Laboratorios Endocrinos Americanos, y estaba recomendado para mejorar la salud de los varones. Es decir, para la disfunción eréctil. Según las instrucciones, el artilugio debía colocarse sobre los testículos (!!!) para producir el beneficio esperado. Se recomendaba llevarlo en el bolsillo o colocarlo bajo el escroto durante la noche. 



Parecidos efectos prometían los supositorios Vita-Radium, comercializados 
por una compañía de Denver y que aseguraban a "los hombres desanimados 
y débiles" una rápida recuperación gracias a los efectos del radio sobre sus glándulas sexuales. 



Preservativos Nutex, a base de radio 

Las supuestas virtudes de la radiactividad también alcanzaron a los condones. Una de las marcas era Nutex. Gracias al radio que contenían se les atribuían maravillosos efectos sobre la potencia eréctil de quien los usaba.

Seguramente tuvieron mucho éxito entre un sector del público siempre predispuesto a la credulidad sobre afrodisíacos y estimulantes del vigor sexual. 



La radiactividad se aplicó a multitud de productos
cosméticos y supuestamente terapéuticos. 

También se usó la radiactividad en muchos productos con supuestas virtudes terapéuticas: agua radiada, gotas... e incluso pastillas de chocolate enriquecidas con compuestos radiactivos. Estaban fabricadas por la casa Burk & Braun, y se vendieron en Alemania entre 1931 y 1936 anunciando sus supuestos poderes rejuvenecedores.



Un anuncio de un vigorizante a base de radio


Uno de los usuarios más famosos de Radithor fue Eben Byers, un industrial de Pittsburgh y golfista aficionado muy famoso en aquel tiempo. Byers se había roto un brazo y comenzó tomando Radithor en la creencia que sería beneficioso en su proceso de recuperación. Tras su curación siguió consumiendo grandes cantidades de RadiThor. Al parecer llegó a tomar una o dos botellas al día durante más de tres años, convencido del efecto benéfico de la fórmula.

Radithor, un "medicamento"
a base de agua de radio.

Evidentemente los efectos adversos de la radiactividad no tardaron en manifestarse. El radio ingerido se depositó en el tejido óseo. Con el tiempo Byers acumuló una enorme dosis de radiación. Se produjeron perforaciones en su cráneo, en su mandíbula y sufrió otras muchas enfermedades, falleciendo en 1932. 
El caso de Byers se hizo público y fue una lección para todos. Pero también fue una vergüenza para las autoridades, quienes no habían informado de manera adecuada los posibles peligros del radio. De hecho, la comunidad médica había estado estudiando los efectos sobre la salud del radio desde su descubrimiento por Marie y Pierre Curie en 1898.

Durante años, se utilizaron estos productos de manera inconsciente hasta que empezaron a morir los primeros afectados: trabajadores que morían en apenas unos meses o víctimas de sus propias invenciones a las que el cáncer devoraba los huesos. Para algunos, el descubrimiento de los letales efectos del radio llegó demasiado tarde. Aunque de estos perjuicios y del juicio que causaron trataremos en otra entrada del blog.