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viernes, 27 de octubre de 2017

Las escamas del demonio





Demonio entre dos angelotes

Capitel de piedra caliza
Girola de la Catedral de Burgos.  



La figura del diablo concentra todos los símbolos peyorativos de para expresar la idea del mal y del rechazo que éste debe provocar. No es raro presentarlo con el cuerpo velludo, ya que hemos visto que la vellosidad corporal abundante es en la iconografía un elemento que suele acompañar a los personajes malvados. 

Pero el que hoy comentaremos tiene otros signos, igualmente repulsivos, aunque algo diferentes de las representaciones habituales. 

Se trata de un diablo presente en un capitel de la girola de la catedral de Burgos. De entrada, aparece rodeado de dos putti o angelotes, desnudos y bastante rollizos, como generalmente aparecen estos personajes. Sostienen al diablo por las alas como a una presa, como si le hubieran dado caza. 

El diablo aparece con mirada desafiante, amplios mostachos que le caen a los lados de la boca y un solo cuerno en la frente, cosa poco habitual, ya que en general se le representa con dos cuernos. Este aspecto unicornio le confiere un aire todavía más inquietante.   

Las alas, inmovilizadas por sus cazadores, son alas nerviadas y membranosas, similares a las de los murciélagos. Este aspecto iconográfico es frecuente en las representaciones demoníacas, en un intento de identificar el mundo infernal a las cavernas, a la oscuridad, a la noche y a sus criaturas. Una clara contraposición a la luz del Paraíso, a la luz divina de Cristo: "Ego sum lux mundi". 

El demonio aparece con el pene en erección, expresando así uno de sus pecados preferidos, la lujuria. El artista, tal vez preocupado por la censura inquisitorial, intenta minimizar el miembro eréctil, que casi queda en una sutil insinuación. 

Lo más interesante son las piernas. En la rodilla derecha se dibuja un ojo, como expresión de que el diablo, como Dios, todo lo ve. Es una imagen que tiene algunos atisbos de símbolo masónico, aunque encuentra un claro precedente en las alas llenas de ojos de los serafines románicos. También en este caso, ángeles y demonios tienen la visión absoluta, tanto del mundo visible como las escondidas pasiones que luchan en el corazón de los hombres.

La pierna izquierda, en cambio es totalmente asimétrica. La simetría es una característica de los seres perfectos, o sea que representar al diablo como asimétrico tiene su razón de ser. La extremidad está recubierta no de pelo, sino de escamas y el pie aparece palmeado como el de las aves acuáticas. Me llamaron la atención las escamas  del maligno, probablemente referente a un reptil (¿serpiente?) o animal marino (atendiendo al pie palmeado). Esta presencia de escamas demoníacas podría haber agravado todavía más el rechazo social de ciertas enfermedades descamativas (ictiosis, psoriasis...). Por cierto que algunas de estas enfermedades a veces suponen una auténtica tortura infernal. 

En todo caso, el demonio de Burgos presenta unos atributos originales que merecen una detenida reflexión. 

jueves, 26 de octubre de 2017

El ectropion de Sancho Panza






Lita Cabellut

Sancho Panza 11
(2010)

Técnica mixta sobre tela. 250 x  200 cm
Colección particular    




Sin duda el acontecimiento más relevante de la temporada cultural en Barcelona es la exposición de pinturas de Lita Cabellut (Seriñena, 1961). Lita es una artista gitana criada en el Raval de Barcelona y residente en Amsterdam. Su obra muy influída por Rembrandt y la pintura flamenca, es impactante. Es una artista multidisciplinaria y usa indistintamente óleo, dibujo, escultura y fotografía. Suele emplear grandes formatos y frecuentemente recurre a usa técnicas mixtas mezclando todas las anteriores. 


Su nombre es una abreviatura del diminutivo Manuelita. Lita no conoció a su padre, ni a su madre de la que solo sabe que era gitana y que ejercía la prostitución en el Raval de Barcelona (que entonces se conocía como Barrio Chino). Su madre la abandonó con sólo tres meses y la dejó bajo la tutela de su abuela, en Barcelona. Cuando Lita tenia 10 años su abuela murió, y ella ingresó en un orfelinato. 

Cuando tenía 13 años Lita fue adoptada por una familia catalana. En una de las visitas al Museo  del Prado, Lita descubrió su vocación. Era esto lo que quería hacer. Quedó cautivada por algunos clásicos, especialmente por Goya, Velázquez, Ribera y Rembrandt. En el garaje de su casa montó un pequeño estudio donde comenzó a desarrollar su vocación. Su primera exposición fue en el Ayuntamiento de Masnou en 1978. 

A los 19 años decidió ir a estudiar a la Gerrit Rietveld Academy en los Países Bajos. Desde entonces vive en Amsterdam.  

Las pinturas de Lita Cabellut son de gran formato como puede apreciarse. 


La pintura en gran formato de Cabellut intenta describir la realidad de la condición humana, especialmente el sufrimiento femenino. 

En la pintura que hoy nos ocupa, Lita Cabellut nos presenta un Sancho Panza con una sonrisa irónica y burlona, en contraste con una mirada fatigada. La pintura está claramente influída por Goya, Bacon y Rembrandt. 

Detalle de Sancho Panza 11 de Lita Cabellut,
en donde puede verse el ectropion palpebral 


Los ojos de Sancho Panza presentan un ectropion que aumenta el dramatismo de la mirada. El ectropion es una eversión del párpado de tal manera que la superficie interna queda expuesta. Casi siempre afecta al párpado inferior y con frecuencia forma parte del proceso de envejecimiento: El tejido conectivo (de soporte) del párpado se vuelve laxo y cede. Esto hace que el párpado se voltee hacia afuera, de manera que el borde del párpado inferior ya no está contra el globo ocular. 

La exposición de Lita Cabellut aún podrá verse durante unos meses en Barcelona. No os la perdáis. 
Lita Cabellut: 



miércoles, 25 de octubre de 2017

La migración marina de las bacterias









Katsushika Hokusai

La gran ola de Kaganawa
神奈川沖浪裏 Kanagawa oki nami ura
(1830-1833)

Grabado. 25 x  37 cm
Metropolitan Museum of Art. New York.    




Katsushika Hokusai (1760-1849) fue un dibujante, grabador y pintor japonés de estilo ukiyo-e del período Edo. Constituyó el principal especialista en pintura china de Japón de su tiempo. La producción artística de Hokusai fue vastísima. Una de sus obras más conocidas es precisamente este grabado, la gran ola de Kaganawa en el que se muestra un mar encrespado. Tal vez una de las representaciones más conocidas y emblemáticas del océano. 

De ese mar que a veces creemos saberlo todo y del que todavía ignoramos muchas cosas. Las investigaciones marinas han realizado grandes contribuciones a la ciencia en el pasado y continúan actualmente aportando muchos datos. 

Joaquín Sorolla. Apunte de mar. Valencia 1904. Museo Sorolla, Madrid. 


En diciembre de 2010, por ejemplo, la expedición Malaespina parte del puerto de Cádiz, con el proyecto de dar la  vuelta al mundo recogiendo tanto muestras de agua de mar como del aire que está encima de las masas oceánicas. Recientemente ha aparecido en la revista Nature communications un artículo que recoge sus resultados de su trabajo. Entre otras cosas, demostraron que hay un número importante de organismos terrestres que están atravesando los mares: ¡ ni más ni menos que 67.000 procariotas (organismos unicelulares sin núcleo, como las bacterias) y 32.000 eucariotas (animales con células dotadas de núcleo) por metro cúbico de aire! Una sorpresa, ya que solía aceptarse que el aire marino era especialmente pobre en vida. Aunque de todos modos es bastante reducido, si lo comparamos al aire terrestre, en el que se encuentran unas 180.000 bacterias y 240.000 esporas de hongos por metro cúbico. 

Los investigadores procedieron a efectuar análisis genéticos que demostraron que una cuarta parte de los microbios tenían un origen marino y un 42% procedían de un medio terrestre. No pudo determinarse la procedencia del resto. En algunos océanos como en el Atlántico o el Índico, más de la mitad de los microorganismos procedían de la tierra. Los niveles de bacterias del Atlántico Norte fueron los más importantes, tal vez porque en estas regiones llegan frecuentemente las polvaredas del desiertos del Sahara. 


John Constable. El mar cerca de Brighton. 1826. Óleo sobre cartón.



El número de microbios disminuía a medida que el barco se alejaba de la costa, pero todavía se podían encontrar microorganismos en cantidades apreciables a 4.000 m. de la tierra más próxima. Otro dato: las islas sirven de etapas, y la concentración de procariotas y eucariotas es mayor al acercarse a una de ellas. 

Estos resultados plantean diversas preguntas. La primera de ellas es la de las vías de dispersión de las bacterias en la superficie del planeta. ¿Hay caminos preferentes? ¿Hay especies más viajeras? Los micólogos saben que las esporas de los hongos pueden recorrer largas distancias. Hay numerosas especies de hongos en todo el mundo aún en las islas más recónditas. Otra cuestión es el que papel juegan las islas en la dispersión de especies. Por último, los climatólogos se plantean si tal abundancia de microorganismos tiene algún papel en la formación de las nubes encima de los océanos.

martes, 24 de octubre de 2017

Baño y bañeras en la obra de Botero





Fernando Botero

El baño
(1993)

Óleo sobre lienzo. 197 x 125 cm
Colección de Arte del Banco de la República. Bogotá   




Fernando Botero Angulo (Medellín, Colombia 1932) es un pintor y escultor colombiano de los s. XX-XXI. Sus obras se caracterizan por unos personajes obesos, con un cierto aire naïf. Gran parte de su obra refleja escenas costumbristas, ingenuas  y tiernas, reflejadas con una mirada irónica y amable. Se inspira en las pinturas monumentales mexicanas y en algunos frescos del Renacimiento italiano. 

    


Aunque nunca ha abandonado la pintura costumbrista y cotidiana, que sigue cultivando, ha añadido en las últimas décadas algunas obras de clara denuncia política, como las de las torturas y vejaciones de las tropas estadounidenses en la cárcel de Abu Ghraib.  En el momento actual es uno de los artistas más reconocidos de América del Sur. 

Aportamos hoy una serie de pinturas de Botero sobre los cuartos de baño y las bañeras. El baño fue introducido en los domicilios burgueses a principios del s. XX. Era una pieza total o parcialmente alicatada, con azulejos blancos. Además del váter solía tener una pila para lavarse las manos y la cara (con un espejo delante) y una bañera. La ducha no fue introducida hasta bastante más tarde, al igual que el bidé. 

En general la higiene personal de la primera mitad del s. XX incluía lavarse las manos y la cara, afeitarse en el caso de los hombres, y peinarse. El baño de inmersión era practicado por lo general los sábados y con cierta precaución, ya que se temía mucho que se produjeran descensos de presión arterial, mareos y lipotimias. Por eso, muchas veces, al lado de la bañera pendía una cadenilla que al tirar, hacía sonar un timbre de alarma. 



















Hoy en día nos pueden parecer exageradas estos temores. Es cierto que una inmersión prolongada en agua muy caliente puede producir alguno de estos efectos en personas predispuestas, pero en principio, no son accidentes frecuentes. 

También nos puede llamar la atención la escasa frecuencia de lavado integral del cuerpo. Hoy en día estamos acostumbrados a duchas frecuentes y lo de bañarse una vez por semana (o a veces incluso menos) nos parece chocante. Pero era así. Eso sí, se usaba jabón de Marsella o de Alepo, mucho más detergente que los que usamos en la actividad, cosa que con la frecuencia actual de lavados tendría nefastas consecuencias para nuestra piel. 



En todo caso, la introducción de baños a domicilio constituyó un importante avance. En épocas anteriores todavía se lavaban menos!






lunes, 23 de octubre de 2017

Guardar el pelo (V) Guardapelos funerarios






Broche guardapelo escocés 
(s. XIX) 

Medallón central con bucles de cabello 
y fotografía en el reverso. 
National Museum of Scotland. Edimburgo. 



Debido al alto índice de mortalidad infantil, los guardapelos en los que se conservaba un mechón del niño difunto como recuerdo, alcanzaron un alto nivel de popularidad en el s. XIX.  El guardapelo se llevaba sobre el cuerpo, como una autentica joya: su contenido tenía un intenso poder emocional. Su alta capacidad rememorativa hizo de estos, junto a las prendas personales, en un tiempo en el que el acceso a las imágenes  era muy limitado, un medio perfecto para evocar  al ausente. La Reina Isabel II de España lucía en su antebrazo derecho un formidable brazalete que utilizaba a modo de guardapelo, con los cabellos de su padre, su madre, hermana, y acaso el de alguno de sus numerosos amantes. 

Guardapelo con cabellos de Napoleón Bonaparte
Los cabellos de Napoleón también fueron conservados. En el testamento del militar corso se dejó detalladamente escrito el destino de parte de sus cabellos, lo que evidencia cierta cultura del obsequio capilar en su época. Testó a su madre, a cada uno de sus hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, a su mujer la Emperatriz María Luisa  y por fin, a su hijo, varios mechones de su cabello. El testamento sugiere, y así lo especifica, que los mechones fueran utilizados para elaborar sendas pulseras. Algunos años antes Napoleón había obsequiado a su primera mujer, Josefina, con un guardapelos de oro en cuyo interior había hecho grabar esto: el destino. El cinismo culminaba así  un relación tormentosa con aquella mujer incapaz de darle un hijo al Emperador, pero que fue muy generosa en sus infidelidades. Napoleón mantuvo con esta, su primera mujer, una relación tan apasionada y biológica que le llegó a escribir esto: “Ya voy. No te laves”. Por lo visto al emperador le gustaba Josefina con toda su esencia. 


Colgante con cabellos de
George Washington
También hemos de recordar que en los Estados Unidos se conserva en el Museo Nacional de Historia Americana un marco con los mechones de cabello de varias presidentes de esta nación, entre los que figuran los de  George Washington. A pesar de la imagen que poseemos de este hombre nunca usó peluca, limitándose a empolvarse con talco el pelo de color rojizo que poseía.





Una especie de fetichismo privó a Ludwig van Beethoven de parte de su cabellera, pocas horas después de su muerte. Sus cabellos constituyeron preciadas reliquias que llegaron a obtener una elevada cotización y se transmitieron como un valioso trofeo de generación en generación. Al parecer algunos de estos mechones sirvieron un siglo más tarde para pagar la fuga de judíos de la Alemania nazi. Y hoy, tal y como acaece con las reliquias de la Vera Cruz (la cruz en la que fue clavado Cristo), los cabellos de Beethoven  están repartidos por la mitad del planeta, lo que hace pensar en cierta fraudulencia en cuanto a su procedencia. 

Andy Warhol. Che Guevara. 
Al Che Guevara, una vez muerto,  le robó un mechón de pelo un ex agente de la CIA, el cubano Gustavo Villoldo, se lo cortó para a continuación guardárselo en el bolsillo. Ciento veinte mil dólares pagó un norteamericano por el mechón de pelo y otros objetos pertenecientes a este revolucionario, cuya memoria, ha sido capaz de cruzar ya un siglo. No ha sido este el único cabello de personaje famoso que se ha subastado. podemos citar los ejemplos de Abraham Lincoln, el almirante Nelson, el banquero John Dillinger, los generales Grant y Lee, Edgar Allan Poe, Marilyn Monroe, Elvis Presley..

Pelo de Che Guevara
La Reina Victoria de Inglaterra, sumida en una profunda tristeza por la pérdida de su marido, el Príncipe Alberto,  y a quién los años de matrimonio le habían unido más a éste en lugar de separarla, quiso conservar de él un testimonio táctil de sus sentimientos e hizo conservar primorosamente los cabellos de su difunto esposo dentro de un guardapelos. Su larga vida la obligó a sufrir con el correr de los años otro desgarramiento afectivo, el de su amante, John Brown, hasta el punto de que pidió a sus más íntimos colaboradores que la enterraran con parte de sus cabellos. Deseo que probablemente no se llegó a cumplir, ya que la familia real nunca aceptó la relación última de la soberana. 

Colgante con pelo de un ser querido.
Un ejemplo de guardapelo funerario.
Victoria and Albert Museum. Londres
En el periodo victoriano, conocido por su puritanismo, fueron muy habituales estas prácticas de "culto a los cabellos".  La disposición pesimista de los románticos, con la que cronológicamente coincidió, y su visión respecto a la fragilidad de la vida, ayudaron a fomentar la veneración por el ausente. Cierta fe en un tipo de existencia fugaz después de la muerte, situado en una especie de limbo afectivo y espacial que impedía a los difuntos separarse totalmente del mundo terrenal que habían abandonado, determinaron un culto íntimo  hacia los restos más personales de los que ya no estaban, lo que se ha dado en llamar la anatomía de la melancolía. Durante todo el siglo XIX floreció  una industria  artesanal, la joyería del luto,  la cual manufacturó esmeradísimos camafeos, colgantes, pendientes, broches, anillos, medallones y guardapelos, con el propósito de conservar aquellas pilosidades. Incluso se llegaron a confeccionar sandalias con cabellos humanos para recordar a un ser querido ausente. 

Estos procesos artesanales pasaban generalmente por la cocción de los cabellos para darles más cuerpo. Benito Pérez Galdós llamaba a los artesanos del cabello «capilífices», como puede verse en su novela «La de bringas» donde reseña la particular población que habitaba en las últimas plantas del Palacio Real de Madrid durante el siglo XIX. Capilífice era Don Francisco de Bringas que se dedicaba a facturar relicarios elaborados con cabello humano, y en los que sólo empleaba material de la familia: el cabello castaño de una jovencita de quince años muerta, el rubio de su hermano también fallecido a la edad de tres años, otro tono de rubio de otro de los hermanos - afortunadamente con vida - todos ellos conservados en una cajita metálica por la madre de los niños. El pelo negro de otra de las hermanas, allí presente y que se ofrece alegremente a ese proyecto familiar en memoria de los seres perdidos, y por fin, el cabello blanco de la madre. Con todo ello, paciencia, tenacillas, goma laca y un cristal se dispuso Don Francisco a elaborar ese homenaje plástico a los que se fueron.