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jueves, 13 de abril de 2017

La esclerodermia del obispo





Bartolomé Esteban Murillo

Arcángel Rafael y el obispo Francisco Domonte
(1680)
 Óleo sobre lienzo 
Museo Pushkin de Bellas Artes. Moscú.



Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) fue un destacado pintor de la escuela barroca sevillana, que anticipó ya en buena parte el estilo rococó. Aunque cultivó también la pintura de género, destacó sobre todo por pintar Inmaculadas, santos y otros cuadros de temática religiosa. 

El presente cuadro representa a San Rafael arcángel. La hizo pintar el obispo Francisco Domonte, que como es habitual en los donantes, aparece en actitud orante en la parte inferior derecha de la obra. 

La pintura fue encargada por Francisco de Domonte al cabo de poco tiempo de su nombramiento episcopal, cuando el religioso contaba 62 años de edad. Por eso en el lado izquierdo del cuadro aparecen los atributos episcopales: la mitra y el báculo. 

Fray Francisco de Domonte (1618-1681) era fraile mercedario y encargó esta obra a Murillo para decorar la iglesia de esta Orden en Sevilla, donde al parecer se instaló debajo del órgano. Fray Francisco había profesado como mercedario en 1633 y tras ocupar diversos cargos en la Orden (entre ellos fue Vicario General del Perú), fue nombrado obispo titular de Hipona y obispo auxiliar del arzobispo de Sevilla en 1680, cuando contaba 62 años. Quería dejar constancia de su nombramiento episcopal con este cuadro, para enaltecer la Orden de la Merced, de la que formaba parte. Por eso se hizo representar revestido con el hábito de mercedario y en actitud orante a la derecha,  y a la izquierda, los atributos episcopales : la mitra y el báculo. Dejaba así claro su doble condición de fraile de la Merced y obispo. Si observamos con detalle la cara del eclesiástico podemos observar un perfil afilado. La boca pequeña, presenta los labios muy finos. La piel de la cara aparece tensa, lisa, sin arrugas, con un cierto aspecto céreo. En todo el rostro, especialmente sobre las mejillas, labios y lados de la nariz se pueden ver telangiectasias. Idénticas lesiones aparecen en el dorso de la mano, que presenta los dedos alargados y afilados.

También llama la atención la total desaparición de arrugas y de pliegues faciales (incluso los de los párpados), cosa que llama la atención en sesentón. La cara toma así un cierto aire inexpresivo, que recuerda un poco la cara de un pájaro. Estas alteraciones cutáneas, junto con la desaparición de las arrugas y pliegues faciales son compatibles con una esclerodermia sistémica progresiva, enfermedad del colágeno en la que aparece un progresivo endurecimiento de la piel y mucosas. Naturalmente, como siempre, es difícil establecer diagnósticos seguros con la sola contemplación de la pintura pero ´´esta es también la opinión de los Dres. Hinojosa y Alcocer y el de la Dra. Renata Calheiros Viana, de Brasil. 

Francisco de Domonte murió en 1681, poco tiempo después de terminada la pintura de Murillo, por lo que es fácil suponer que ya estuviera enfermo. La esclerodermia sistémica también produce un endurecimiento de los órganos internos, como el esófago; fibrosis pulmonar e hipertensión renal, alteraciones que acaban causando la muerte. 


Bibliografía

Hinojosa-Azaola A, Alcocer-Varela J.  Art and Rheumathology. Rheumatology. 2014;53(10):1725-1731

miércoles, 12 de abril de 2017

El blog ha alcanzado las 300.000 visitas


En el teatro del yacimiento arqueológico de Ostia Antica, cerca de Roma


El blog "Un dermatólogo en el Museo" ha sobrepasado las 300.000 lecturas. 

¡Muchas gracias a todos por 
vuestra fidelidad e interés!




Distribución de los 10 países en los que es
más seguido el blog "Un dermatólogo en el museo"
En verde oscuro, los países en los que ya se han
alcanzado 100.000 lecturas.



Gracias a todos los que colaboráis con el blog - algunos desde muy lejos - con vuestras sugerencias, comentarios, opiniones o preguntas. 



Y también a todos los que ayudáis a la difusión del blog recomendando su lectura a nuevos amigos, tanto por consejo directo como a través de las redes sociales.


A todos, muchas gracias!






martes, 11 de abril de 2017

Los cuerpos abrazados de Pompeya









Giuseppe Fiorelli

Moldes de yeso de 
cuerpos humanos
(finales del s. XIX)

Yeso
Yacimiento de Pompeya   




Todas las veces que he visitado Pompeya he quedado vivamente impresionado por los cadáveres hallados en el yacimiento. Siguiendo el método ideado en 1863 por el arqueólogo Giuseppe Fiorelli, se sacaron moldes de yeso de los cuerpos calcinados que se fueron encontrando en el yacimiento desde finales del s. XIX. Los cuerpos de los pompeyanos están en posturas que testimonian la angustia de sus últimos momentos. Sorprendidos por la erupción del volcán que terminó con su ciudad, se nos muestran en posturas de desesperación, de huida o de sorpresa al comprender su inminente y trágico final. 



Los cuerpos abrazados de Pompeya. 



En 1922, en la casa del Criptopórtico de Pompeya, se descubrieron dos cuerpos abrazados. Uno de ellos tenía la cabeza recostada en el pecho del otro, que lo acogía tiernamente en su regazo. Vittorio Spinazzola, el autor del hallazgo, no tuvo ninguna duda. Los interpretó en seguida como una pareja de amantes a quienes la muerte había sorprendido en un último abrazo fatal. Amor y muerte se asociaban así insinuando una leyenda romántica y novelesca. La interpretación de Spinazzola era muy acorde con el pensamiento de la época: era el tiempo de la Italia fascista, machista y viril. Aunque Spinazzola no debía ser muy adicto al Duce, ya que fue relevado de su cargo al frente de las excavaciones de Pompeya un año después. 

En una de mis visitas a Pompeya,
delante del mostrador de un thermopolium
Sin embargo, tal como comenta el diario italiano Corriere del Mezzogiorno en su edición de ayer (10 abril de 2017), las hipótesis han ido cambiando con el paso del tiempo, y han permitido elucubraciones de todo tipo, que intentan imaginar a quienes podían pertenecer los dos cuerpos que hallaron la muerte abrazados. No faltó quien quiso ver en ellos a dos mujeres, tal vez a una madre que intentaba proteger a su hija... 

Pero todas estas hipótesis han quedado desmentidas tras la reciente realización de un estudio con scanner y del análisis del ADN de los dientes y otros tejidos conservados en el interior de los moldes. El resultado de estos estudios revela que se trata de dos varones de edad comprendida entre los 18 y los 20 años. 


Uno de los moldes de los cadáveres hallados en el yacimiento de Pompeya. 


Massimo Osanna, director de la Superintendencia de Pompeya, a la vista de estos datos sugiere una nueva hipótesis: los cuerpos corresponderían a una pareja homosexual 
« No podemos afirmar taxativamente que estos dos personajes eran amantes, pero teniendo en cuenta su postura, podemos suponerlo... aunque no podemos estar totalmente seguros de ello ». 

A este respecto, Stefano Vanacore, director del laboratorio de arqueología de Pompeya ha declarado al diario  The Telegraph : 

« Estamos hablando de hipótesis que nunca podrán ser demostradas totalmente. De lo que sí estamos seguros es que los dos hombres no tenían ninguna relación de parentesco. No eran hermanos, ni tampoco era un padre con su hijo ».  

Otro de los moldes de los cadáveres de Pompeya,
sorprendidos por la erupción del Vesubio.
En este caso el cuerpo está sentado y se lleva las manos 

a la cabeza en un gesto de desesperación. 
Uno de los dos ADN estaba en muy mal estado, por lo que no se excluye que algún día pueda aparecer una nueva hipótesis sobre los cadáveres abrazados. 

Lo que debe resaltarse en cualquier caso es la gran aportación a los estudios arqueológicos que brinda la ciencia actual. Los análisis genéticos que pueden hacerse a los 103 moldes de yeso realizados a finales del s. XIX de los cadáveres hallados en el yacimiento de Pompeya pueden aportar una nueva visión de quiénes eran los habitantes de la ciudad sepultada por la erupción del Vesubio en el 79 d.C. (12345)

lunes, 10 de abril de 2017

Jonathan Hutchinson y la sífilis congénita

               




W. Swainson

Sir Jonathan Hutchinson

Óleo sobre tela. 80,5 x 63 cm
Museo Wellcome. Londres.





Sir Jonathan Hutchinson (1828-1913) fue un médico  inglés que destacó como cirujano, dermatólogo, venereólogo y oftalmólogo.

Jonathan nació en Selby, en el seno de una familia numerosa (12 hermanos)  cuáqueros practicantes. La pertenencia a esta "Sociedad de los Amigos" y el fervor religioso marcará de forma indeleble la personalidad de Hutchinson y su influencia reaparecerá una y otra vez a lo largo de su vida.

Como solía hacerse en aquel tiempo, Hutchinson se inició como aprendiz de médico con un cirujano farmacéutico, Caleb Williams en 1845. Tres años más tarde comenzó los estudios regulares en la Escuela de Medicina de York.  

Cromolitografía de Sir Jonathan Hutchinson realizada por 
Leslie Ward (bajo el seudónimo de Spy) para la revista "Vanity Fair", 
que publicaba retratos de personajes famosos a finales del s. XIX
Termina su formación en el Saint Bartholomew's Hospital en donde se diplomó. Allí conoció a Sir James Paget, un referente de la Medicina inglesa que ejercerá sobre él una gran influencia. Paget le consigue una plaza como asistente en el Liverpool Street Chest Hospital.

Durante dos años, Hutchinson lleva una agitada doble vida: de día ejerce de médico práctico y por las noches dedica una buena parte de su tiempo a ejercer como médico misionero asistiendo filantrópicamente a las clases más necesitadas de Londres. Pero la influencia de Paget y el trabajo cada vez más absorbente del hospital le obligaron pronto a dejar sus actividades caritativas para dedicarse en exclusiva a su carrera profesional. 

En 1853 obtuvo una plaza de cirujano en el Metropolitan Free Hospital, en donde realizó sus primeros trabajos de importancia. 

Intrigado por las deformidades de un cráneo de un muchacho hijo de madre sifilítica, se dió cuenta de lo poco que se sabía sobre la sífilis congénita. Se dedicó entonces concienzudamente a realizar un estudio de la clínica de la sífilis congénita, especialmente en adultos. En 1858 pudo presentar los resultados de su trabajo, perseverante y minucioso en la British Medical Association de Edimburgo. 

Sus descripciones son magníficas: 

"Estos enfermos presentan un aspecto que confiere a su fisonomía un carácter muy especial. Un color terroso y pálido, una piel espesa, una nariz aplastada y antiguas cicatrices en los ángulos de la boca les dan un aspecto general que puede reconocerse de un vistazo (...) el estado de los dientes es uno de los signos más característicos, especialmente los dientes de la segunda dentición (...) Por lo general, los incisivos son pequeños, redondeados, en forma de peonza, en vez de ser planos, presentando una melladura ancha y poco profunda que a veces apenas es visible por el desgaste dentario. Su tonalidad parda, sucia, que ninguna limpieza consigue hacer desaparecer es uno de los aspectos más característicos. A los 20 o 30 años, estos enfermos tienen los dientes tan gastados como los individuos no sifilíticos de 60."

Hutchinson, muy lúcidamente, concluye:

"Ninguno de estos síntomas tomado aisladamente es patognomónico de la sífilis hereditaria; solamente el examen completo y atento de la enfermedad y de sus ascendientes tiene valor; una confianza excesiva en algún aspecto aislado, aunque sea muy característico, puede conducir a errores graves, mientras que lo contrario puede en mi opinión conducir a conclusiones muy sólidas"

Fotografía de Jonathan Hutchinson

Hutchinson describió la tríada que lleva su nombre y que permitía el diagnóstico de la sífilis congénita: dientes mellados, sordera y queratitis intersticial. A partir de esta publicación, Hutchinson se convierte en el especialista más reconocido sobre sífilis. 

Las descripciones de Hutchinson eran muy imaginativas, buscando comparaciones fáciles de recordar y de identificar, como por ejemplo: 


- la sífilis, la gran simuladora 
- los gránulos del lupus vulgar se parecen a la compota de manzana
- los dientes de la sífilis congénita recuerdan el aspecto de un destornillador


Otra costumbre de Hutchinson era denominar las enfermedades no bien descritas con el nombre de los pacientes que las sufrían y no con el nombre de los médicos que las habían estudiado. Evitaba así el culto a la personalidad que tantos problemas ha acarreado (y todavía acarrea) a la Medicina. 


Panadizo melanótico de Hutchinson. Moldeado de cera.
Museo Olavide. Madrid. 
Finalmente, inspirado sin duda por Willan, Hutchinson dió una gran importancia al poder de las imágenes clínicas, que usó pródigamente para completar sus descripciones. En 1866 describió el melanoma subungueal (que ya había sido entrevisto por Boyer en 1854), destacando su mal pronóstico y su rapidez en metastatizar. Desde entonces se le conoce como panadizo melanótico de Hutchinson.  

Aunque en medio de todas estas virtudes, Hutchinson también se empecinaba a veces en el error. Así mantuvo siempre la falsa creencia que la pelada estaba provocada por un hongo. También negó el origen infeccioso de la lepra: en 1863 publicó un trabajo según el cual la lepra estaría causada por comer pescado en mal estado. Probablemente, en un viaje a Bergen observó la alta tasa de leprosos en Noruega y la costumbre de comer pescado y relacionó ambos observaciones. Pero persistió tanto en el error que cuando  Hansen, en 1874 descubrió el bacilo que lleva su nombre, Hutchinson siguió afirmando tozudamente: 
"Me alegro de este descubrimiento, y confío que pronto se podrá encontrar este parásito en el pescado"
En 1874 Hutchinson visitó el Hospital de Saint Louis de París y el museo Dupuytren, que le causaron una viva impresión. A partir de este momento dedicó todos sus esfuerzos a la creación de un museo que sirviera para la enseñanza de la Medicina a los jóvenes. Incluso llegó a instalar un museo de reducidas dimensiones en su propia casa de Halsmere.   

Además de las aportaciones sobre sífilis congénita, y del panadizo melanótico, Hutchinson realizó otras descripciones importantes como las queratosis arsenicales, hydroa estival y angioma serpiginoso.  



Bibliografía 

Tilles G. La naissance de la Dermatologie. Paris, Ed Roger Dacosta, 1989.

Crissey JT, Parish LC. Dermatology in the nineteen century. New York, Praeger, 1981. 

Sierra X. Historia de la Dermatología. Barcelona, Mra, 1994. 



domingo, 9 de abril de 2017

Limpiarse los oídos





Cucharilla para limpiar el oído
(1450-1550)

Hueso
British Museum. Londres.   




Este pequeño instrumento de hueso procedente de Inglaterra, era usado para la limpieza de los oídos. Instrumentos similares eran usados en los siglos XV y XVI. Muchas veces se considera la Edad Media como un tiempo en el que la higiene se descuidó totalmente, y sin embargo, no es así. Mucho más abandonada fue por ejemplo, en los años del barroco (s. XVII). Durante la Baja Edad Media, especialmente en los ambientes cortesanos, se usaban algunos refinamientos higiénicos que luego han caído en el olvido. 

Entre las prácticas higiénicas de finales del Medioevo estaba la de la limpieza de los oídos. El conducto auditivo externo segrega de forma natural el cerumen, un material céreo, que a veces puede acumularse ocasionando molestias, dificultando la audición o incluso taponando el oído. Del mismo modo, puede producirse un eccema de esta zona, alteración que se acompaña de prurito y descamación. Para todo esto es conveniente la adecuada higiene de esta parte del cuerpo, lo que en nuestro tiempo se realiza con bastoncitos provistos de pequeñas torundas en su extremo.

En aquel tiempo esta función se realizaba con pequeñas varillas como la que hoy comentamos, que podían presentar pequeñas decoraciones en su mango, como este pequeño corazón, un motivo ornamental muy usado en la época. Estos utensilios eran presentados generalmente como parte de pequeños juegos de neceser que también solían incluír mondadientes para la higiene dental y pequeñas pinzas para depilaciones u otros usos. Lamentablemente, gran parte de este material se ha perdido con el paso del tiempo y actualmente muy pocos de estos pequeños objetos  han llegado hasta nosotros.