jueves, 18 de enero de 2018

El hirsutismo de Santa María Egipcíaca






Emil Nolde 

Vida de santa María Egipcíaca 
(1912)

Tríptico. Óleo sobre tela 86 x 100 cm.
Kunstalle, Hamburgo.  



Emil Nolde (Nolde, Gemeinde Buhrkhall, 1867 - Seebüll Neukirchen, Nordsfriesland, 1956) fue uno de los más destacados pintores expresionistas alemanes. Su verdadero nombre era Emil Hansen. Estuvo muy influído por Vincent van Gogh, Edvard Munch y James Ensor. Ha sido considerado como uno de los grandes pintores del s. XX. Perteneció al conocido movimiento Die Brücke ("El Puente"). Sus pinceladas crispadas, el uso de colores vivos y las figuras de rostros a modo de máscaras provocan en el espectador un shock visual y emocional. También destacó como acuarelista. Por tener una ideología cercana al partido nacionalsocialista, se le dejó seguir trabajando durante el III Reich, aunque finalmente su obra fue incluída en el listado de "arte degenerado" censurado por los nazis.  

Nolde pintó fundamentalmente paisajes inquietantes y escenas de interior con personajes con caras que parecen máscaras. En obras como en el tríptico de Santa María Egipcíaca da un tratamiento expresionista a las escenas religiosas. 


Emil Nolde: Tríptico de Sta. María Egipcíaca. Vista de conjunto de la obra.

Santa María vivió en su juventud en Alejandría, donde llevó una vida promiscua, llevada por un deseo sexual insaciable y una irrefrenable pasión, como se representa en la primera escena del tríptico. Un día viajó a Jerusalén y se arrepintió de su vida disoluta (en la escena central del tríptico, María aparece implorando el perdón ante una imagen de la Virgen). Se retiró entonces al desierto, donde vivió como ermitaña el resto de su vida dedicada a la meditación y a la penitencia. 

Durante este tiempo, en el que hacía constantes ayunos, su cuerpo se cubrió de una abundante vellosidad. Cuando San Zósimo la encontró, 47 años después, la halló desnuda y tan cubierta de pelo que casi era irreconocible como humana. Esta es, precisamente la escena que representa Nolde en el último panel: Zósimo halla a una María hirsuta y agónica, mientras un león le está preparando su tumba excavándola con sus garras.

Se han descrito cuadros de hirsutismo generalizado causados o agudizados en situaciones de caquexia, anorexia o ayunos repetidos. Tal vez estos estados patológicos podrían estar en la base de la leyenda de esta santa ermitaña. La vida de privaciones y penitencia, con estricta restricción alimentaria, podría haber favorecido un hirsutismo generalizado que cubriendo su cuerpo de vello.  


Emil Nolde: 








miércoles, 17 de enero de 2018

"Les avariés", una obra de teatro sobre sífilis








Eugène Brieux 

Les avariés
(1902)


Libro. Bibliothèque Henri Feulard 
Hospital de Saint-Louis, Paris 



Eugène Brieux (1858-1932) fue un autor dramático, periodista y miembro de la Academia Francesa. Su teatro de bulevar trata frecuentemente del pueblo llano y de los más  desfavorecidos, proponiendo frecuentemente intrigas crueles.  

Eugène Brieux (1900 circa)
Reflejando la actualidad más candente del momento, los dramas de Brieux fueron frecuentemente censurados, como fue el caso de su obra Les Avariés, que trataba sobre un tema que por entonces era un insoslayable tabú: la sífilisRepresentada por la compañía del Théâtre-Libre en 1901, la pieza fue poco después prohibida en Francia, aunque pudo ser representada en otros países (Escandinavia, Bélgica, Países Bajos) y finalmente fue nuevamente representada en París en 1905. A pesar de todas las trabas impuestas por la censura, la obra alcanzó una gran popularidad. 

La intriga de la obra es bastante simple, y expone el día a día de un gran número de enfermos franceses (recordemos que a principios de siglo la sífilis afectaba a alrededor de un 15% de los parisinos). Los enfermos de sífilis eran conocidos popularmente como los "avariés" (los tarados). En la obra, un joven afecto de sífilis, bajo el peso de las conveniencias sociales y a pesar de los consejos de su médico, no se decide a confesar a su prometida que está afecto de esta enfermedad "vergonzosa". Sin revelar su secreto, se casa con ella, le contagia la sífilis y la deja embarazada.  Así llega al mundo una niña que muy pronto presentará los síntomas de una sífilis congénita.  

    Una edición de la obra "Les avariés"  
En el último acto, el suegro del "avarié" visita al médico de su yerno, y le confiesa que está planeando una venganza implacable. Pero el médico, quiere instruirle sobre la realidad de la sífilis, de la quien nadie habla por el terrible tabú social que conlleva y por la censura gubernamental: 
- "Yo le voy a dar la prueba que nuestra mayor enemiga es la ignorancia. Sabe usted?: la ignorancia"
Para informarle adecuadamente sobre esta enfermedad, el doctor cita a tres enfermos sifilíticos: una obrera, un padre y una prostituta. Cada uno de los personajes le cuenta como entró en contacto con la enfermedad y como tiene que convivir cada día con ella. Los tres relatos son guiados por el médico, que les va planteando preguntas. 

La primera a quien el doctor da la palabra es a la obrera. No puede venir a la consulta tan frecuentemente como sería conveniente ya que sus patronos le deducen sus ausencias de su salario. Fue contagiada por su marido, que había contraído la enfermedad desde los inicios de su matrimonio, cuando él prestaba el servicio militar. Desde entonces todos sus embarazos han acabado en abortos y no ha conseguido tener ningún hijo. Su marido perdió la cabeza, y despilfarró su dinero. Cuando murió, la dejó en la indigencia. 


 


Otras ediciones de la obra "Les avariés". La de la izquierda, con la advertencia "Prohibida por la censura". La de la derecha, una traducción inglesa ("Damaged Goods")

Luego el doctor hace entrar a un padre. Su hijo se contagió a los 15 años, a la salida del colegio, con una prostituta. Por miedo de la reprimenda, no se atrevió a comentar su problema con sus padres. Fue a consultar a charlatanes y curanderos, que lo único que hicieron fue timarle. Así fue pasando el tiempo y el mal empeoró, apareciendo lesiones generalizadas. 


Finalmente el médico hace entrar a una chica. Procedía del medio rural y llegó a París muy jovencita, donde encontró trabajo como sirvienta. El señor de la casa donde servía la violó, la dejó embarazada y luego la despidió. Carecía de ningún recurso, y no tuvo más remedio que prostituirse. Cuando nació el niño, lo abandonó en el torno de la inclusa (Les enfants trouvés). Más tarde se dio cuenta que se había contagiado. El mismo día se encontró con su antiguo señor. Decidió vengarse y se lo llevó a la cama, para contagiarle la sífilis. Luego, presa de una especie de rabia incontenible, se dedicó a fornicar con todos los que quisieron, tanto si le pagaban como si no. 

La pieza se cierra con la esperanza de que en el futuro, las leyes permitirán al público una mayor información sobre la enfermedad. 


martes, 16 de enero de 2018

El regreso de las chinches









Henri de Toulouse-Lautrec

En la cama
(1892)

Óleo sobre tabla, 54 x 70 cm
Museo d'Orsay. Paris,




Esta obra de Toulouse-Lautrec, representa a dos mujeres en la cama. Una pintura realista, sin nada de idealización, cuyas protagonistas son dos prostitutas de uno de los burdeles que frecuentaba el artista y que conocía bien. Las chicas (posiblemente una pareja lesbiana) tras descansar de una probablemente fatigosa jornada laboral, acaban de despertarse y aun están un poco adormiladas, despeinadas y tapadas hasta el cuello. El pintor no tiene la intención en este caso de transmitir erotismo y voluptuosidad, sino una escena cotidiana, llena de ternura y sensibilidad


Ante esta escena de cama, desprovista de toda teatralidad, podemos recordar que los burdeles parisinos de la época no estaban libres de ciertas plagas de insectos. Ciertamente abundaban las ladillas (Phtirius inguinalis), transmitidas habitualmente por contacto sexual, cuerpo a cuerpo, pero también eran frecuentes otros insectos que pueden encontrar su hábitat entre los muebles del dormitorio: las chinches de cama.

Vincent van Gogh: El dormitorio amarillo
Las chinches (Cimex lectularius) son unos insectos hemípteros que pueden anidar entre los muebles del dormitorio (colchones, somieres, cortinas, rendijas o incluso entre los libros viejos). No vuelan ni saltan sobre sus víctimas: simplemente se desplazan, pican para succionar la sangre de su huésped y regresan a sus escondrijos. 

Las chinches no soportan la luz y se esconden durante el día, lo que aumenta la dificultad para detectarlas. Sin embargo su a permite verlas a simple vista, lo mismo que a sus deyecciones que pueden detectarse sobre las sábanas o el colchón. Esperan ávidas la presencia humana entre las sábanas para salir a picar a sus huéspedes para succionar su sangre que les sirve de alimento. Los individuos que han sido picados por chinches presentan lesiones inflamadas con una pequeña erosión central, que se sitúan de forma lineal a lo largo de las piernas y brazos,especialmente. Pero debemos señalar que las chinches eligen a sus víctimas: puede ser que piquen preferentemente a una persona en vez de la que está durmiendo a su lado. Del mismo modo no todos reaccionan igual a las picaduras: algunos, más sensibles a la saliva del insecto, presentan grandes ronchas, mientras que en otros las picaduras son mucho más moderadas. 

Patrick George: June en la cama. Óleo sobre lienzo. 121,9 x 121,9

Las chinches desaparecieron casi por completo de Europa Occidental a mediados del s. XX por la acción de potentes insecticidas como el DDT (un insecticida prohibido en la actualidad por su elevada toxicidad). Pero tras largas décadas de ausencia han vuelto en una época en  la que los viajes a países exóticos abundan y el mundo está cada vez más globalizado. En Norteamérica se dispone incluso de una cartografía de los lugares más afectados por chinches en las principales ciudades (New York, Chicago, Montréal...). En New York los casos anuales de chinches han pasado de 500 a 10.000 en pocos años.

En Europa el tema se lleva con mucha discreción. Las chinches no distinguen las clases sociales y pueden afectar tanto a hoteles suntuosos como a sórdidas barracas. Y los hoteleros guardan silencio sobre su eventual presencia en sus establecimientos. Sin embargo a pesar de que no hay cifras oficiales, disponemos de algunos datos indirectos: en la ciudad de París las desparasitaciones de edificios pasaron de un promedio de una a la semana en 2012 a más de 50 en 2016. Y recientemente se ha producido una gran infestación de chinches en diversos servicios del hospital de Timone, de Marsella, que ha obligado a cerrar plantas enteras de este centro hospitalario. 


Eugène Delacroix: Una cama sin hacer (1828) Acuarela. 


Afortunadamente, en principio, las chinches no transmiten enfermedades. Pero sus picaduras y las lesiones que producen son, en sí  mismas, un problema dermatológico que puede causar molestias de cierta importancia. Ronchas más o menos importantes, prurito, lesiones de rascado y eventualmente reacciones alérgicas son las consecuencias más habituales en la superficie de la piel. Y también hay que considerar los problemas psicológicos que pueden producir: ansiedad, insomnio y nerviosismo. Además, el uso excesivo e indiscriminado de insecticidas para eliminar a estos hemípteros puede ocasionar efectos indeseados: en EEUU se han registrado 111 casos de intoxicación por esa causa entre 2003 y 2010. 

¿Qué hacer pues si se detectan estos indeseables vecinos? Es mejor recurrir a una cuidadosa limpieza con aspirador de todos los lugares que puedan alojar nidos (eliminando después los sacos que puedan contener chinches). Los aparatos de limpieza mediante vapor son asimismo útiles. También puede recurrirse a la lucha térmica, lavando la ropa de cama a más de 60ºC. Los insecticidas deberán reservarse como una última instancia, y lo mejor es recurrir a agencias desparasitadoras especializadas. 







RESUMEN DE CONSEJOS 
ANTE UNA INFESTACIÓN 
POR CHINCHES 



1. Examinar con cuidado los muebles, libros y otros objetos de segunda mano antes de introducirlos en el domicilio. No tirar los objetos infestados antes de haberlos embalado adecuadamente. 

2. Al ir de viaje, inspeccionar bien la habitación y la cama del hotel. Evitar dejar la maleta encima de la cama.

3. No echar mano de los insecticidas de forma indiscriminada. Frecuentemente  no son suficientemente eficaces y pueden ser tóxicos. Es preferible la ayuda de un profesional. 

4. Dejar un margen de 15 días entre dos tratamientos químicos.

5. Atreverse a hablar y comentar el tema para evitar el aislamiento y hacer frente a la ansiedad producida por esta situación. 








A la cama con chinches





Como detectar chinches de cama








lunes, 15 de enero de 2018

El niño enfermo (II): Michelena






Arturo Michelena

El niño enfermo 
(1886) 

Óleo sobre lienzo 80,4 x 85 cm
Galería de Arte Nacional. Caracas



En una entrada anterior comentaba la aportación de la Dra. Francisca Martínez, que me había enviado vía Twitter dos pinturas por si quería comentarlas en el blog. Ya comentamos la primera de ellas, la obra de Carrière "El niño enfermo", y hoy comentaremos la segunda. Se trata de un óleo del pintor venezolano Arturo Michelena, con un título similar a la de Carrière, El niño enfermo y pintado solamente un año más tarde.  

Autorretrato de Arturo Michelena
Arturo Michelena Castillo (1863-1868), nació en la ciudad de Valencia (Estado Carabobo, Venezuela) el 16 de junio de 1863. Desde niño se destacó en la pintura, por lo cual, recibió una beca oficial, a los 22 años, para estudiar en París, donde se formó con Jean Paul Laurens (1885-1889). En 1887, participó en el Salón Oficial de los Campos Elíseos, con la obra “El niño enfermo”, que fue premiada con la Medalla de oro de Segunda Clase. Como era habitual en los trabajos académicos, el artista realizó algunos bocetos previos que muestran su preocupación por los distintos elementos del cuadro. 

La escena representada en la obra recrea un dormitorio de un domicilio particular. En la cama yace un muchacho, con la cara demacrada, totalmente cubierto por las sábanas y mantas y con un paño en la cabeza, presumiblemente para bajar la alta fiebre que parece presentar. Tras la cama, el padre, casi oculto por la penumbra, un símbolo de la preocupación que le embarga.  Sentada a los pies de la cama, la madre, que escucha sobresaltada lo que le dice el doctor, en pie ante ella. La luz mortecina y tenebrosa de la escena contribuye al tono trágico de la pintura. 


Detalle del cuadro "El niño enfermo", de Michelena
La figura del médico es la que tiene tal vez más protagonismo en esta obra. Se trata de un personaje de edad, con barba blanca, gafas y vestido con levita. Está de pie, en una zona de contraluz creada por la ventana a sus espaldas, por lo que vemos más su ademán que sus rasgos faciales. Esta manera de representarlo no es a mi parecer, casual, sino que transmite que lo importante no es su persona sino el mensaje que transmite. En efecto, el viejo está dando instrucciones como se deduce del gesto de su mano, aunque por la expresión de la cara de la madre no da demasiadas esperanzas. Una niña, con toda seguridad la hermana del enfermo contempla contrita y pensativa la escena en marcado contraluz. 

El cuadro nos proporciona mucha información sobre como debía ser la práctica médica en el s. XIX. Los enfermos graves eran atendidos en sus domicilios, sin grandes medios para hacer frente a la situación. La mortalidad infantil era muy alta y los recursos muy limitados. El pronóstico médico tenía en estos casos una gran importancia.  

domingo, 14 de enero de 2018

El niño enfermo (I): Carrière, la tragedia de un padre






Eugène Carrière

El niño enfermo 
(1885) 

Óleo sobre lienzo 101 x 82 cm
Musée d'Orsay. Paris




Hace unos días Francisca Martínez, médico de familia y seguidora habitual de este blog, tuvo la amabilidad de enviarme, vía Twitter, un par de pinturas sobre niños enfermos. Desde aquí quiero agradecer su colaboración y sus acertadas sugerencias, a la vez que os animo a todos los que lo deseéis a hacer lo mismo.

Eugène Carrière. L'enfant malade (esbozo) 
La primera de estas obras fue realizada por el pintor simbolista francés Eugène Carrière (1849-1906). Formado con Alexandre Cabanel, su estilo se caracteriza por presentar imágenes difuminadas, envueltas en una neblina, con una paleta casi monocroma, en la que predominaban los tonos pardos y oscuros, lo que le confiere un aspecto triste y melancólico. Cultivó sobre todo el retrato, dedicando algunos de ellos a sus amigos Alphonse Daudet, Anatole France y Paul Verlaine, pero sobre todo a su propia familia. Era amigo de Rodin y su pintura tuvo una gran influencia en la época azul de Picasso.
Carrière dedicó muchas de sus obras a plasmar escenas de maternidad. Comentando estas obras, Gustave Geoffroy escribió en La Vie artistique (1892):
"La maternidad divina, el motivo religioso que se instala en todas las telas de la vieja Italia (...) la ha retomado y ha creado el tema burgués de la maternidad moderna (...). Ciertamente, ya no es la maternidad tranquila y reposada de las épocas de fe, sino la maternidad del siglo del pesimismo, la maternidad de los pensamientos negros de la madre (...) cuyos abrazos ansiosos rodeando el cuerpo del niño, parecen una perpetua defensa contra la enfermedad y la muerte" (Trad. X. Sierra)

El "Niño enfermo" (la obra que encabeza este escrito) fue pintado para el Salón de 1885. La madre da una gran sensación de desamparo. Besa con ternura a un niño triste que recibe indiferente sus caricias. La escena tiene lugar en un ambiente frío y mal iluminado, que transmite una fuerte sensación de melancolía y tristeza al espectador. Un cuadro todavía más estremecedor si se tiene en cuenta en el contexto en el que fue pintado. La madre que aparece representada era la propia esposa del pintor, abrazando tiernamente a su hijo enfermo de 6 años de edad, que moriría el mismo año en el que fue pintado este cuadro. La tragedia del pintor se transmitió fielmente a su obra.

Otra de las maternidades de Carrière

La mortalidad infantil era entonces muy elevada en Francia. Según el Dr. Bertillon,  en 1860 alcanzaba una tasa del 22%. Aunque esta tasa no era homogénea: en algunas regiones, como en Seine-inferièure, alcanzaba el 37%. Durante el Segundo Imperio, la tasa de mortalidad infantil alcanzó el 90% en ciertos departamentos y la media de Francia se situó en 50%. 

Tras el descubrimiento de las bacterias se realizaron ciertos avances que facilitaron una mejoría sensible de la situación: profilaxis, esterilización y medidas de asepsia. Pero también  los progresos en obstetricia, y la creciente tendencia a que los partos eran realizados en los hospitales y a que mejoró notablemente la nutrición infantil. La vacuna, introducida por Jenner en 1796, tuvo una progresiva difusión, evitando numerosos casos de viruela en los niños y contribuyendo así a un descenso notable de la mortalidad infantil. 


Eugène Carrière. L'enfant malade. Musée d'Orsay


En los años de la I Guerra Mundial, la tasa de mortalidad infantil había disminuído a un 11%, a pesar de que las vacunas todavía se miraban con desconfianza y aprensión. La vacuna generalizada y obligatoria no llegó hasta 1902 (viruela); 1938 (difteria), y 1940 (tétanos). Las vacunas han sido un elemento clave para reducir la mortalidad infantil y su progresiva implantación ha supuesto un importante avance. En la actualidad, las recientes disposiciones legales tomadas por el Ministerio de Sanidad obligarán a administrar 11 vacunas a todos los niños en Francia a partir de 2018. 




Bibliografía: 

Agnès, Lauvinerie; Eduardo Leal de la Gala (2006). Moi, Eugène Carrière. Paris.

Geffroy, Gustave (1901). L'oeuvre de E. Carrière (The Works of E. Carrière). Paris: H. Piazza.

Rollet- Echalier C. (1990) La Politique à l’égard de la petite enfance sous la IIIe République, INED, PUF, 1990, p. 200