miércoles, 3 de enero de 2018

Medio millón de lecturas!





El blog "Un dermatólogo en el museo ha comenzado el año con buen pie. Acabamos de alcanzar el medio millón de lecturas. 

El blog "Un dermatólogo en el Museo" ha sobrepasado las 500.000 lecturas. 

¡Muchas gracias a todos por 
vuestra fidelidad e interés!


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- A los otros bloggers con intereses similaress que mediante un fructífero diálogo complementan y mejoran los contenidos de este blog.  


- A los que ayudáis a la difusión del blog recomendando su lectura a nuevos amigos, tanto por consejo directo como a través de las redes sociales. 

- A todos los lectores de este blog, tanto ocasionales como habituales. Sin vosotros el blog no tendría sentido.  

A todos, muchas gracias!

martes, 2 de enero de 2018

Los riesgos de los tatuajes







Charles Goldie

All'e Same t'e Pakeha
(Te Aho-o-te-Rangi Wharepu, Ngati Mahuta)

Óleo sobre lienzo
Dunedin Public Art Gallery.




Nos hemos referido en otras entradas a los tatuajes (1, 2). Aunque esta práctica no es nueva y tenemos evidencias de que fue realizada desde tiempos ya muy antiguos (Neolítico, Antiguo Egipto, Japón...) ha alcanzado desde las últimas décadas del s. XX una gran difusión, entre todas las capas sociales, muy diferente a los tatuajes de países lejanos o de ambientes marginados de los s. XIX y primera mitad del s. XX. Se calcula que en el momento actual más de un 10% de la población europea presenta algún tatuaje sobre la piel (entre un 30-35% de los adultos de menos de 40 años), lo que representa un fuerte aumento respecto a mediados del siglo pasado por ejemplo. 

Tal extensión de los tatuajes han motivado la atención de este fenómeno desde el punto de vista médico. En Francia, la  Académie de Médecine ha suscrito un communicado (26 septiembre de 2017), que opina que esta práctica es "inquietante" y con un control sanitario "insuficiente". Sin caer en el alarmismo hay que reconocer que - como cualquier práctica que interactúe con el cuerpo humano - es susceptible de presentar un cierto grado de complicaciones y que todos los aspectos de su práctica deberían ser supervisados estrictamente desde un punto sanitario para garantizar que los tatuajes no se conviertan en un factor de patogenicidad. En este sentido, según un reciente estudio alemán, los problemas cutáneos ligados a las tintas y a la realización de los tatuajes llegan a observarse en un 68 % de los casos, y las complicaciones sistémicas pueden detectarse en un 7% de los casos. Incluso en algunos hospitales se ha abierto un consultorio especializado en complicaciones derivadas de los tatuajes. 

Los médicos, farmacéuticos, enfermeros y tatuadores deberían declarar oficialmente los efectos indeseables graves que puedan observarse. En Francia la Agencia Nacional del Medicamento y de los productos sanitarios (ANSM) ha concretado esta obligación por una disposición legal (de principios de 2017), aunque también esta medida fue juzgada insuficiente por la Academia de Medicina.

La primera de las posibles complicaciones es la posibilidad de una sobreinfección. Obviamente, cualquier actuación que consista en introducir una sustancia en la dermis mediante una aguja, puede conllevar la introducción de agentes patógenos. La práctica del tatuaje podría pues transmitir infecciones bacterianas y víricas, entre las que se podría destacar la hepatitis B, hepatitis C, sífilis y VIH. Aunque afortunadamente, desde la última década del s. XX, los talleres de tatuajes están sometidos a prácticas de higiene que deberían ser suficientes (guantes, material desechable, envases de tinta de un solo uso), hay que asegurarse de que se respeten estas condiciones y exigir la destrucción del material empleado para que no sea reutilizado. 

Otras complicaciones derivan de los propios pigmentos introducidos en la dermis. La policromía de los tatuajes actuales justifica el uso de una gran cantidad de tintas, muchas de reciente introducción y de una procedencia muy variada. En los últimos años, algunas de estas tintas están compuestas por metales a veces en cantidades importantes y frecuentemente micronizados en forma de nanopartículas (titanio). También se han introducido nuevos ingredientes. No siempre se conoce su composición con exactitud, lo que dificulta mucho el estudio y comprensión de los posibles efectos indeseables. Sabemos que muchos de ellos pueden causar reacciones alérgicas y/o reacciones de fotosensibilidad. Esta interacción con la luz solar es más frecuente en pigmentos rojos y verdes, aunque no son descartables fenómenos similares en otros colores. 

La tinta de los tatuajes migra por los vasos linfáticos, llegando a los ganglios linfáticos regionales. Es frecuente encontrar pigmento en el interior de estos ganglios y que se produzca una hipertrofia de alguno de ellos. Estos ganglios engrosados pueden confundir ciertas exploraciones para descartar procesos cancerígenos (como la del ganglio centinela). Las sustancias contenidas en estos pigmentos pueden interactuar física y químicamente con las células cutáneas y posiblemente con el sistema inmunológico, de forma todavía no bien conocida. 

Actualmente, están en boga los tatuajes muy grandes, y frecuentemente la superficie tatuada ocupa más del 50% de la superficie corporal. A razón de 1 mg/cm2 la cantidad de tinta inyectada es muy importante. Esta es una de las razones principales para plantear la cuestión de la posible toxicidad de las tintas. 

Tampoco la remoción de los tatuajes con láser es garantía de que estas sustancias desaparezcan. Lo que se consigue en estos casos es micronizar y dispersar el pigmento de la dermis, convirtiéndolo en menos visible desde el exterior. Pero las sustancias no desaparecen, sino que se dispersan. 

Las medidas que se proponen para la regulación sanitaria de los tatuajes son: 

1) Profesionales sanitarios y tatuadores: 
  • Ficha individual de las "intervenciones" realizadas en las que conste los materiales usados (tinta, pigmento, metales...) 
  •  Declaración de todos los efectos indeseados observados

2) Autoridades sanitarias: 

  • Supervisar estrictamente que se respeten las normas y disposiciones legales en vigor
  •  Publicar una  lista de sustancias de probada inocuidad y reglamentar su uso 

3) Usuarios:  
  • Informar y divulgar los peligros de ciertas tintas y prácticas de tatuaje 
  • Informar de la difícil reversibilidad de estas prácticas 

En definitiva, la práctica del tatuaje, con amplia demanda social, no tiene porque conllevar ninguna complicación, pero debe realizarse en condiciones higiénicas adecuadas y prever posibles complicaciones. 


viernes, 29 de diciembre de 2017

El ajo, antibacteriano







Édouard Manet

Bodegón con capazo y ajos
(1881-1882)

Óleo sobre tela 27 x 35 cm
Louvre Abu Dhabi



Desde tiempos antiguos el ajo ha gozado de reputación de saludable. Los antiguos romanos consumían ajos en grandes cantidades y lo llevaban consigo adonde fueren. Tanto es así que un viejo adagio latino decía: Ubi allium, ibi Roma (Donde hay ajos, allí está Roma) equiparando la romanidad al consumo de ajos. 

Tal vez por eso los ajos son muy usados todavía hoy como condimento casi imprescindibles en las cocinas mediterráneas.  Han tenido también buena reputación en las medicinas populares y se han usado para combatir diversas enfermedades. Se le atribuía de forma empírica una cierta actividad antisèptica frente a ciertas infecciones. Algunas investigaciones recientes han podido corroborar la base científica de algunas de estas creencias. 


Meléndez: Bodegón con ostras, ajos, huevos, perol y puchero
(1772). Museo del Prado
Los ajos contienen un compuesto sulfuroso activo llamado ajoeno, que puede ser útil para luchar contra las bacterias resistentes en asociación con antibióticos en los pacientes con infección crónica. Al parecer, este compuesto es capaz de combatir contra las bacterias resistentes asociándolo a antibióticos en pacientes con infecciones crónicas. El ajoeno desestabiliza los sistemas de comunicación bacterianos, haciéndolos así más vulnerables a los antibióticos y a las defensas inmunitarias del huésped, según un nuevo estudio de la Universidad de Copenhague publicado en Scientific Reports.

Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa son dos especies de bacterias que ocasionan numerosas infecciones en los hospitales y son los agentes patógenos más habituales en los pacientes con mucoviscidosis. Tienen tendencia a adherirse unas a otras formando biofilms y así pueden resistir mejor la acción de los antibióticos. 

Meléndez: detalle de unos ajos
    (Bodegón con besugos, naranjas, ajo, condimentos y 
utensilios de cocina, Museo del Prado)
Los investigadores daneses han podido identificar a partir del ajo el ajoeno, una pequeña molécula rica en azufre que se produce cuando el ajo es rallado o aplastado. En ciertos  estudios precedentes habían ya podido obtener ajoeno sintético demostrando que podía actuar desestabilizando el biofilm de los ratones contaminados por P. aeruginosa. Las defensas naturales podían entonces actuar correctamente, consiguiendo una reducción significativa de la infección pulmonar.  
Vincent van Gogh: Bodegón con arenques y ajo, 1887. Bridgestone Museum of Art, Tokyo, Japan
La comunicación entre las bacterias que componen el biofilm depende de pequeñas moléculas llamadas ARN reguladores. El ARN es en principio la etapa entre la lectura del ADN y la síntesis de la proteína correspondiente. Sin embargo, ciertas secuencias de ARN no tienen por objetivo inducir la fabricación de una proteína, sino regular la función de otros ARN fijándose sobre ellos e inactivándolos. Al actuar sobre ciertos ARN reguladores concretos de estos microorganismos, entorpece la comunicación entre bacterias y desestabiliza el biofilm, permitiendo al antibiótico actuar eficazmente. Los trabajos de los investigadores daneses han demostrado que el ajoeno consigue la desestabilización del biofilm al disminuir el número de ARN reguladores, tanto en lo que se refiere a  P. aeruginosa como a S. aureus.
Lámina botánica representando un ajo (Allium sativum L.)
del libro "Flora von Deutschland". Dr. Schlechtendal (1885)

En 2012, los investigadores presentaron una patente sobre el uso de ajoeno para luchar contra las infecciones bacterianas (actualmente en manos de Neem Biotech, propiedad de Zaluvidia). Su producto médico, tiene como objetivo tratar a pacientes con fibrosis quística, recibió en abril de 2016 la "designación de medicamentos huérfanos" de la FDA americana, lo que le permite que se realicen ensayos clínicos. Por lo tanto, pronto se iniciarán los ensayos en pacientes con fibrosis quística y víctimas de infecciones resistentes a los antibióticos. Si los resultados son los esperados, la droga será la primera de su clase cuyo modo de acción se basará en la interrupción de la comunicación entre las bacterias.














jueves, 28 de diciembre de 2017

Tenía rosácea el violinista Larrapidi?







Ignacio Zuloaga Zabaleta

Retrato del violinista Larripidi 
(1910) 

Óleo sobre lienzo 185 x 111 cm
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid




Hace unos días Elena sáiz, farmacéutica y seguidora habitual del blog me envió vía twitter este cuadro de Zuloaga, preguntándome si por el aspecto de la cara del retratado podría tratarse de una rosácea: 

Cuadro de Zuloaga, visto esta tarde al natural..... Retrato del violinista Larrapidi.... ¿Eso qué veo es una rosácea?  

Esta es una de las 18 obras de Zuloaga que posee el Museo Reina Sofía de Madrid. Zuloaga la pintó cuando comenzaba a dedicarse al retrato, género en el que realizó algunas de sus obras más destacadas. En este retrato, realizado durante una estancia en París, se pueden apreciar influencias de Boldini i de Degas. Es un retrato de cuerpo entero, en el que el violinista, con las piernas separadas sostiene el violín y el arco, mientras mira de reojo al espectador, con una mirada un tanto desafiante que no consigue ocultar una cierta ptosis palpebral del ojo izquierdo. Su sombra se proyecta sobre el fondo ocre. 

Pero centrémonos en su cara, que era la pregunta que nos formulaba Elena. El violinista presenta un evidente eritema malar y una nariz discretamente engrosada, con tintes algo violáceos. Mi amiga la Dra. Lola Bou, dermatóloga y seguidora habitual de nuestro blog respondió a la pregunta de Elena afirmando que los síntomas podrían corresponder efectivamente a una rosácea y más teniendo en cuenta la dimensión de la nariz, que generalmente aparece engrosada en la rosácea. Aunque muy prudentemente señala que es difícil establecer el diagnóstico con seguridad, debido a la calidad de la foto. 

Estoy de acuerdo con ella, y creo que la rosácea podría ser un posible diagnóstico. Aunque también podríamos plantear algunas alternativas, atendiendo a la falta de pápulas en las mejillas y al tinte rojo-vinoso de la nariz. Una policitemia vera, por ejemplo. O todavía mejor una crioglobulinemia. Aunque tampoco tenemos certeza en estos posibles diagnósticos alternativos. 

Otro de los lectores de este blog, el gerundense Josep Boladeras, que ejerce de médico en Pollença (Mallorca),  y del que conservo buenos recuerdos de la época en la que ambos éramos estudiantes en el Colegio Mayor del Hospital de Sant Pau, comenta que si este retrato se hubiera realizado en tiempos actuales le recordaría el eritema que aparece en las intoxicaciones por amiodarona. Es un comentario clínico digno de ser tenido en cuenta, y realmente el aspecto lo recuerda. Aunque el cuadro fue pintado en 1910...

Lo que pone de manifiesto este agradable debate es la dificultad de establecer diagnósticos retrospectivos, y mucho más si no se disponen más datos de la historia clínica del personaje. Y no he conseguido apenas datos biográficos del ilustre violinista Larrapidi, aparte de esta inmortalización pictórica que nos dejó Zuloaga. 



miércoles, 27 de diciembre de 2017

Paul Gerson Unna









Retrato de Paul Gerson Unna


Fotografía a la albúmina





Paul Gerson Unna, de Hamburgo, es una de las figuras que más han contribuído a la génesis de la dermatología moderna. Formado en la escuela de Viena, fue discípulo de Hebra y de Kaposi, y sobre todo de Auspitz, con quien estudió y estableció las diferencias histopatológicas entre chancro luético y chancro blando.

Sus aportaciones en lo que se refiere a la histología de la piel fueron capitales. En su tesis doctoral, sugerida por Waldeyer y realizada sobre embriología de la piel, introdujo nuevos métodos de tinción para los cortes histológicos, la picrocarmina y el ácido ósmico. Con ayuda de estas técnicas, Unna detalló las capas del estrato córneo, introdujo las definiciones de estrato granuloso y de estrato espinoso, definió el proceso de regeneración de la piel como propio de la capa basal y no del estrato espinoso, y completó la descripción histológica de la uña y del pelo. 

Paul G. Unna al microscopio, en el Dermatologikum
Mientras trabajaba en su obra Die Histopatologie der Hautkrankheiten 
(Histopatología de las enfermedades de la piel)(1894), Unna describió los mastocitos en la urticaria pigmentosa, los plasmocitos, las células névicas, la acantosis y la espongiosis. También contribuyó a un mayor conocimiento de la célula introduciendo nuevos conceptos como la sustancia nuclear, degeneración de la sustancia intercelular, colágeno, elastina, etc. Junto con Tanzer desarrolló la tinción de orceína para las fibras elásticas. Describió los cambios en la estructura y composición de las células epidérmicas, la producción de grasa en las células epidérmicas y en la secreción sudoral, analizando los lípidos cutáneos mediante espectroscopía. Estudió la queratinización del epitelio, ampliando los conocimientos sobre las células córneas. 

Fue en esta época también cuando descubrió el Haemophyllus ducreii en los tejidos del chancroide (1892). Poco antes Ducrey lo había demostrado en la secreción del chancro blando. También realizó diversas aportaciones bacteriológicas e histopatológicas al estudio de la lepra. 

Paul Gerson Unna (1885) 
Desde el punto de vista clínico, Unna contribuyó con descripciones como la paraqueratosis variegata y el eccema seborreico. Como método exploratorio, introdujo la diascopia en el diagnóstico del lupus vulgar. 

Unna enriqueció considerablemente la terapéutica. En los años de la I Guerra Mundial, cuando Alemania tenía dificultades para la importación de crisarrobina a causa del bloqueo inglés, Unna ideó un sustituto sintético, la cignolina. Sus estudios contribuyeron al mejor conocimiento de la acción reductora del  ictiol y de la resorcina, que introdujo en sus tratamientos. 

Tampoco ignoró la cosmética. Buen conocedor de la importancia de la función protectora de la piel, introdujo el Eucerin® y sobre todo la crema Nivea®, que fue la gran hidratante, reputada de proteger del sol, durante muchas décadas. También preconizó el uso de jabones medicinales, con aditivos como el ictiol, ácido salicílico, azufre, resorcina, etc.. Asimismo aportó varios preparados de cosmética decorativa, como los pulvis cuticolor. 

Fue uno de los primeros interesados en estudiar la química de la piel, ya a primeros de siglo, identificando diversos tipos de queratina, que denominó A, B y C. Poco antes de morir, en 1928, publicó el libro Histochemie der Haut (Histoquímica de la piel), en el que se resumen sus teorías sobre las bases de esta ciencia. 

A pesar de que Unna trabajó siempre en su centro privado, el Dermatologikum, y que nunca fue profesor universitario, sus investigaciones alcanzaron una gran influencia internacional. Con toda seguridad nadie como él - tal vez con la única excepción de Hebra - influyó tanto en el desarrollo de la dermatología de los EE.UU. 

De él decía Iwan Bloch:

     "Unna ha aprovechado todo el soporte de la ciencia biológica moderna de nuestro tiempo para investigar y comprender la dermatología. Ningún otro investigador ha trabajado de forma tan uniforme y estimulante en todos los campos de la ciencia de las enfermedades de la piel, ni nadie ha traído tantas nuevas y esclarecedoras ideas a los campos más oscuros de esta materia"

sábado, 23 de diciembre de 2017

Melanoma tras el transplante renal









Joel Babb 

Primer transplante de riñón 
(1968)

Óleo sobre lienzo 178 - 223 cm 
Biblioteca Countway. Universidad de Harvard




Joel Babb (1947- ) es el autor de este gran lienzo mural enmarcado en caoba, que representa el primer transplante de riñón efectuado con éxito, que tuvo lugar el 23 de diciembre de 1954. 

La composición de la obra se puede dividir en cuatro zonas. A la izquierda, un grupo de cirujanos centra la mirada del espectador. Es el equipo del Dr. Joseph Murray, que están implantando un riñón al paciente Richard Herrick. En el centro, un poco más atrás, entra un personaje con indumentaria quirúrgica, que viene de otro quirófano más alejado llevando una bandeja en sus manos, transportando previsiblemente el riñón a implantar. Se trata de Francis Moore, un cirujano ayudante que coordinó todos los equipos participantes. Detrás de esta figura se ve otro quirófano en el que un segundo equipo quirúrgico se encuentra realizando la extracción del riñón del donante, el gemelo sano de Herrick. 

A la derecha del cuadro se ve un grupo de médicos mirando a través de la puerta lo que esta sucediendo en el interior de ese quirófano. Son los urólogos, nefrólogos y anatomopatólogos que han tomado parte en el proceso. El pintor quiere destacar su importante función en este esfuerzo colectivo. 

Las escenas representadas en el cuadro reflejan muy fielmente la realidad de los hechos porque el autor, Babb, se basó en fotografías realizadas ese día y con retratos de cada uno de los protagonistas, que pueden reconocerse e identificarse perfectamente. Babb, en este cuadro utilizó la técnica del sfumato, ideada ya por Leonardo Da Vinci y que fue muy ampliamente usada en el renacimento. Hace un perfecto tratamiento y estudio de la luz en el cuadro, situando dos focos: uno posterior que ilumina de manera etérea el quirófano donde se realiza la extracción, para simbolizar la esperanza que supondrán en el futuro los transplantes renales; y un segundo foco exterior que ilumina desde una posición angular a los personajes del primer plano.



J. Carney. Molde de corrosión de los vasos sanguíneos del riñón (1968)
Resina. Harry Brookes Allen Museo de Anatomía y Patología. 
Universidad de Melbourne



Los transplantes renales supusieron un gran avance médico a mediados del s. XX, y abrió la puerta a otros transplantes de órganos, como el transplante de corazón. 

Desde el punto de vista dermatológico hace poco, me ha llamado la atención un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista médica JAMA Dermatology. Según este estudio, las personas a las que se les ha transplantado un riñón presentan un mayor riesgo de presentar un melanoma que la población general. 

Para llegar a esta conclusión, los investigadores han usado la base de datos del United States Renal Data System (USRDS). Han analizado las historias clínicas de 105.174 transplantados entre 2004 y 2012. El 60% eran varones, con una media de edad era de 49,6 años. Se excluyeron del estudio los pacientes que habían presentado melanoma con anterioridad al transplante. El resultado fue que 488 pacientes (0'4%) presentaron melanoma tras el transplante, lo que supone un riesgo aumentado de 4,99% más frecuente que entre la población general.  

Este aumento de frecuencia se debe a diversos factores (sexo, edad, tratamientos con ciclosporina o con sirolimus) que deben ser considerados para realizar una prevención lo más eficaz posible. 



Bibliografía

Asha M et al. Risk factors for melanoma in renal transplants recipients. JAMA Dermatol. 2017; 153(11): 1130-1136. doi:10.1001/jamadermatol.2017.2291 
https://jamanetwork.com/journals/jamadermatology/article-abstract/2644964?redirect=true

Culebras JM. El primer transplante de riñón con éxito. NefroPlus 2008; 1: 0 http://www.revistanefrologia.com/es-publicacion-nefroplus-articulo-el-primer-trasplante-rinon-con-exito-X188897000800001X

Khayat. Les patients ayant subi une greffe de rein ont un risque accru de développer un mélanome. Sciences et avenir. https://www.sciencesetavenir.fr/sante/cancer/les-patients-ayant-subi-une-greffe-de-rein-ont-un-risque-accru-de-developper-un-melanome_118913