lunes, 31 de diciembre de 2018

El año se va...




Salvador Dalí 

La persistencia de la memoria
(1931)

Óleo sobre lienzo 24 x 31 cm
Museo de Arte Moderno (MoMa) Nueva York 



"Mais où sont les neiges d'antan!"
François Villon: Ballade du temps jadis (s. XV) 


Cuando terminamos el año, las reflexiones sobre el paso del tiempo se imponen. El tiempo se nos va, se nos escurre entre los dedos como el agua de un estanque. Por eso me ha parecido oportuno dedicar el comentario de hoy a un cuadro con relojes blandos, derretidos, inaprehensibles como el tiempo. El cuadro de Dalí titulado La persistencia de la memoria.   

La composición del cuadro es relativamente simple, predominando la horizontalidad. Un paisaje de los que abundan en la costa del Cap de Creus, algo desolado, en el que se intuye una playa desierta, con el mar al fondo y una pequeña formación rocosa a la derecha. El cielo y el mar se confunden, aumentando la desazón del espectador. La técnica de Dalí es precisa. El dibujo es académico, de líneas puras. Dalí pinta con fuerza y contrasta colores brillantes con colores oscuros para crear una atmósfera onírica, como la de un sueño. El cuadro parece quedar dividido en una parte de enorme luminosidad –al fondo y a la izquierda– y otra más sombría –primer plano a la derecha–.

En el primer plano, a la izquierda, se observa un bloque regular, de madera o cartón a manera de mesa. Sobre ella aparecen dos relojes, uno de ellos blando, como derritiéndose. Sobre él se ha posado una mosca. Dalí se sirve de este elemento para dar profundidad a la obra y demostrar de paso su pericia artística. Pero también tiene un contenido simbólico: el insecto mira indiferente la aguja del reloj, aunque permanecerá poco tiempo ahí antes de emprender un nuevo vuelo: un claro símbolo de lo efímero que es el tiempo. El otro reloj está girado, mostrando su reverso, como un recuerdo que no queremos aceptar. Es el único que no es blando, pero está lleno de hormigas, que para Dalí era el símbolo de la putrefacción, de la muerte.   


El reloj blando cuelga sobre una rama
desnuda de un árbol en un paisaje árido y desolado,
creando una gran sensación de melancolía
Sobre esta especie de tarima se eleva el tronco de un árbol pelado, del que cuelga un tercer reloj, también fláccido. En el centro de la escena aparece una extraña figura, que sugiere una cabeza blanda y evanescente, que parece dormir sobre la arena. Presenta una enorme nariz, con una especie de lengua que sale de ella y un ojo cerrado con largas pestañas. Su cuello se diluye en la oscuridad. Recuerda a las que aparecen en otras obras de Dalí como en "El gran masturbador". Algunos rasgos fisionómicos de esta extraña evocación recuerdan vagamente a Gala. Sobre esta inquietante cabeza aparece un cuarto reloj, igualmente blando y que también parece derretirse o escurrirse. 

Dalí pintó este cuadro en una tarde que quedó solo en su casa. Gala se había ido al cine y él prefirió quedarse pintando. Acababa de comer un poco de queso Camembert, y se quedó meditando sobre la blandura del queso cremoso que se desparramaba en el plato y sobre el pan. También estaba al corriente de las teorías científicas cuánticas de deformación del tiempo y del espacio*. Esto le inspiró pintar relojes blandos, medio derretidos, como el queso. Expresaba así la idea que el tiempo pasado persiste en nosotros, pero se desvanece y se deforma como los recuerdos en una atmósfera desolada del tiempo que ya no retornará. 


En la obra de Dalí, las hormigas (que horrorizaban al pintor)
siempre tenían un simbolismo de muerte y putrefacción
En conjunto es una obra que crea una gran inquietud en el espectador. Transmite una melancolía profunda, y la convicción de que las cosas vividas no son nunca recordadas de igual manera a como sucedieron. Nuestros recuerdos, como los relojes blandos, se deforman, dilatándose en algunos aspectos, o encogiéndose otros. Incluso pueden desaparecer, morir, como este reloj vuelto del revés, que se ha llenado de hormigas

No quisiera, con mi comentario suscitar ningún tipo de tristeza en mis lectores. El cambio de año es un buen momento para reflexionar sobre el año que se va, un tiempo que ya no viviremos más, y que recordaremos -como el cuadro de Dalí- más o menos deformado. Pero iniciamos otro, el año nuevo, que abrimos alegres como una botella de vino, llenos de esperanzas y de renovadas ilusiones. Una tela en blanco para pintar un nuevo capítulo de nuestra vida.

Y esto es lo que os deseo desde este blog: 


¡Que el año nuevo os sea propicio 
y que seáis muy felices!



* Agradezco la aportación y comentarios del lector del blog J.M. Lacalle. 


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