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viernes, 25 de mayo de 2018

Peligros del tabaco y alcohol






Vincent van Gogh

Cabeza de esqueleto 
con cigarro
(1886) 

Óleo sobre lienzo 32,5 x 24 cm.
Museo Van Gogh. Amsterdam.





Esta obra es un cuadro de juventud de Vincent van Gogh, de la época en la que estudiaba en la academia de Bellas Artes de Amberes, y fue realizada con una intención humorística. Los estudiantes tenían que pintar esqueletos para familiarizarse con la anatomía humana. En la clase habían diversos esqueletos que servían como modelos.  A vVan Gogh, que se aburría soberanamente con estas clases academicistas se le ocurrió pintar en tono jocoso un esqueleto fumando, como si se burlara de los otros esqueletos. Ni que decir tiene que el joven Vincent fumaba como un carretero, y que también era un asiduo bebedor

Visto con nuestros ojos, el cuadro del esqueleto fumador nos puede servir para comentar los notables peligros del tabaco y del alcohol, que según la OMS son actualmente las adicciones que producen más muertes, superando con creces a las producidas por  cualquier otra droga ilegal. Según el último informe sobre drogas legales e ilegales publicado en la revista Addiction, el alcohol y el tabaco son las drogas más consumidas en el mundo y las que producen un mayor estrago en la salud humana. 


Tras analizar los datos del año 2015 proporcionados por la OMS, los de la oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el crimen y los del Instituto de estadística de salud diecisiete investigadores de diversas universidades como la de Nueva Gales del Sur (Australia), de Bristol, o el University College de Londres (Gran Bretaña) han establecido las estadísticas de mortalidad y de morbilidad (incidencia de enfermedades) asociadas al consumo de diversas drogas legales o ilegales.
El resultado fue aplastante: el alcohol y el tabaco fueron sin duda las sustancias adictivas más consumidas en el mundo. La prevalencia estimada en la población adulta fue la más elevada: uno de cada 5 adultos consume alcohol (18'3%) y uno de cada 7 adultos consume tabaco (15'2%). Mucho más frecuente pues que las otras drogas: cannabis (3'8%); anfetaminas (0'77%), opiáceos, como heroína (0'37%) y cocaína (0'35%). 
P. Cézanne: Los jugadores de cartas
En relación al resto del mundo, Europa central, oriental y occidental son las zonas de mayor consumo de alcohol, superando los 11 litros por año. Las mismas regiones son las que arrojan un mayor índice de consumo de tabaco. En cambio, en estas áreas el consumo de drogas ilegales (cannabis, anfetaminas, opiáceos o cocaína) es menos frecuente que en otros países. En cambio, en Estados Unidos es donde se registra un mayor consumo de cannabis. Australia y Nueva Zelanda son los países que consumen más anfetaminas. los datos de África, Caribe y Sudamérica son poco fiables.  
En cuanto al desgaste que sobre la salud humana produce el consumo habitual de estas sustancias, el estudio tiene en cuenta las incapacidades y las muertes prematuras. A la vista de estos datos puede decirse que a nivel mundial, se pierden 170'9 millones de años de vida sana a causa del tabaco, 85 millones de años por el alcohol y 27'8 millones de años de salud por el consumo de drogas ilegales.  
Edgar Degas: La absenta

El tabaco es el responsable también de la mayor tasa de mortalidad (110,7 fallecimientos por 100.000 personas), seguido por el alcohol (33 muertes / 100.000) y por las drogas ilegales (6'9 muertes / 100.000).
Los resultados de esta estadística son similares a los recogidos por las de otros años. Es una tendencia clara. La mayor mortalidad y morbilidad del consumo habitual de tabaco y alcohol está relacionada sin duda por tratarse de drogas lícitas y por lo tanto de mayor accesibilidad, aunque también por factores culturales muy enraizados en la sociedad. Tal vez estos datos deban hacer reflexionar al conjunto de la sociedad y especialmente a los gobiernos, frecuentemente más interesados en obtener réditos electorales que a tomar medidas que sin duda no siempre serían bien comprendidas por todos los sectores sociales. 

Bibliografía
De Benito E. El alcohol y el tabaco figuran entre las 10 drogas más dañinas. El País 24 marzo 2007 https://elpais.com/diario/2007/03/24/sociedad/1174690805_850215.html
Sender E. Alcool et tabac ont coûté 255 millions d’années de vie à l’humanité. Science et Avenir, mayo 2018 https://www.sciencesetavenir.fr/sante/alcool-et-tabac-sont-les-addictions-qui-font-le-plus-de-degats-sur-la-sante_123846
Peacock A y cols. Global statistics on alcohol, tobacco and illicit drug use: 2017 status report. Addiction 10 mayo 2018. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/add.14234

Sensibilización sobre el consumo (y abuso) de alcohol, tabaco y otras drogas

jueves, 24 de mayo de 2018

La sífilis de Smetana







Josef Malejovský

Bedřich Smetana 

Escultura de bronce.
Novotného lávka, Praga





Bedřich Smetana (1824-1884) fue un compositor nacido en Bohemia, que en aquel momento formaba parte del Imperio austrohúngaro. El acendrado patriotismo de su familia hizo que pasara la infancia escuchando canciones populares checas, lo que plasmó posteriormente en su estilo musical que está íntimamente ligado al nacionalismo checo. 

Geskel Saloman: Retrato de Smetana (1837)
Bedřich se inició en los estudios musicales, pero en Praga rechazaron su admisión en el conservatorio, ya que había superado el límite de edad, pero pudo ingresar en la Escuela de Música de Josef Proksch, donde conocería a una condiscípula que iba a ser su esposa, Katerina. 

Por su diario personal sabemos que entre 1835 y 1839 sufrió dos procesos infecciosos graves, probablemente difteria o escarlatina. 

En 1849 se casó con una condiscípula de la Escuela de Música, Katerina. Pero su felicidad duró poco. Tres de sus hijas murieron. Smetana, en pleno duelo, compuso el Trío en G menor para piano, violín y violoncelo, dedicado a la memoria de su hija Bedriska, muerta a los cuatro años y medio de difteria, que era una enfermedad muy frecuente en la época. 

Su esposa Katerina también había enfermado de una tuberculosis pulmonar. En 1856 Bedřich decidió trasladarse a Göteborg, pero fue solo, sin la compañía de su esposa. En la ciudad sueca Smetana conoció a una mujer que también estaba casada con un hombre enfermo y entabló con ella una relación afectiva, que seguramente fue muy importante para él. 

Un año más tarde, regresó a Praga, donde le aguardaban unas tristes noticias. Su padre había fallecido y su hija Sophie estaba enferma de escarlatina. Por fortuna, la niña se recuperó. El matrimonio Smetana decidió trasladarse a Suecia, a pesar de que Katerina estaba cada vez peor. El viaje hizo que empeorara todavía más y al llegar a Dresden, Katerina murió. 

Smetana, quedó muy afectado. Liszt le invitó a pasar una temporada con él en Weimar. Allí se encontraría con Bettyna una joven que había conocido en su infancia. Surgió un idilio y se casaron en 1860. 

Per Södermark. Retrato de Bedrich Smetana (1858) 
Óleo sobre lienzo. Museo Nacional Smetana. Praga.
En 1872 le aparecieron los síntomas de un terrible mal nervioso. Tenía una extremada hipersensibilidad auditiva, en la que cualquier pequeño ruido o "falso tono" le dañaba ostensiblemente.  En abril de 1874 le apareció una úlcera que -según anota en su diario, "le supuraba", aunque no aclara su localización. En junio , confesaba tener molestias faríngeas persistentes y un mes más tarde presentó un exantema generalizado. 

El compositor consultó con el Dr. Zaufal, otorrinolaringólogo de reconocido prestigio. Pero los síntomas no mejoraban. Además apareció vértigo y algo más tarde, acúfenos, "alucinaciones" auditivas. La distorsión del sonido se acentuó hasta llegar a la hipoacusia casi total de un lado. Un mes más tarde, se quedó sordo de ambos oídos.    

Los amigos y familiares le recomendaron una segunda opinión médica. En 1875 viajó a Würzburg, donde le esperaba el famoso Prof. Friedrich von Troeltsch, pero tampoco le ofreció una solución a su patología. Escribió luego al Dr. Adam Politzer, que le recomendó aplicarse un ungüento por todo el cuerpo. 

Fotografía de Bedřich Smetana
Smetana no perdió la esperanza. A pesar de su estado, compuso el impresionante Cuarteto para cuerdas en E menor, Desde mi vida. donde vierte todas sus emociones. 

El músico seguía intentando solucionar su situación, acudiendo incluso a charlatanes y curanderos, sin conseguir ningún resultado. A los anteriores síntomas se sumaban ahora vómitos frecuentes. Y un notable deterioro mental, con amnesia y episodios de agitación. Su estado hizo aconsejable internarlo en una institución mental, donde su deterioro se acusó todavía más hasta que en mayo de 1884 murió. 

Aunque la enfermedad que sufrió Bedřich Smetana ha sido motivo de grandes discusiones, el diagnóstico más probable es el de sífilis. Como hemos visto, Smetana indica que le había aparecido una úlcera, que a pesar de no aclarar dónde pudiera tratarse de un chancro (sífilis primaria). Las molestias faríngeas y sobre todo el exantema posterior son compatibles con una sífilis secundaria. Y la sordera y afectación neurológica pueden corresponder a una sífilis terciaria. En los últimos momentos de su vida, Smetana perdía la voz y mostraba una marcha anormal (probable tabes sifilítica). La prescripción de ungüento en todo el cuerpo del Dr. Politzer era probablemente ungüento mercurial, uno de los remedios más usados en aquel momento en los casos de sífilis.   


Smetana: Die Moldau (Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por von Karajan)
 




Smetana's "My Country"Documentary






miércoles, 23 de mayo de 2018

La lepra, ¿una enfermedad de origen europeo?









Restos esqueléticos con 
lesiones de lepra
(415-545 d.C.) 

Restos humanos (Foto: Sarah Inskip)
Yacimiento de Great Chesterford (Inglaterra) 




La lepra es una de las enfermedades más antiguas que se conocen, que además ha sido motivo de una injusta marginación social. La enfermedad fué muy frecuente en Europa hasta el s. XVI y después inició un espontáneo declive. Pero aunque es una enfermedad que puede erradicarse dentro de algunos años, todavía afecta a varios países y se registran 200.000 casos anuales. 

El agente causal de la lepra es Mycobacterium leprae, un bacilo que fue una de las primeras bacterias descubiertas (Hansen, 1879).


Aspecto de un leproso, según una lámina del libro
 "On spedalskhed",  de Danielsen y Boeck (1847) 
Hasta ahora se creía que en la Europa medieval solamente habrían existido dos cepas bacterianas de M. leprae. Pero un equipo internacional que incluye científicos del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, la Universidad de Tübingen, EPFL Lausanne y la Universidad de Zurich se planteó el objetivo investigar más a fondo la historia y el origen de M. leprae. Sus investigaciones permitieron concluír que había mucha más diversidad en las cepas de lepra que circulaban en la Europa medieval que lo que hasta ahora se creía, pudiendo secuenciar hasta 10 genomas distintos de la bacteria. Su estudio ha sido publicado en la revista PLOS Pathogens. 

El estudio examinó unos 90 individuos con deformaciones esqueléticas características de la lepra, procedentes de toda Europa, comprendiendo restos humanos de diferentes épocas (desde el 400 al 1400 d.C). A partir de estas muestras, 10 nuevos genomas medievales de M. leprae fueron completamente reconstruidos. Estos genomas representan todas las cepas conocidas, incluidas las que están actualmente asociadas con diferentes ubicaciones en todo el mundo, incluidas Asia, África y América. Además, en este estudio se encontraron a menudo múltiples cepas en el mismo cementerio, lo que ilustra la diversidad de las cepas de la lepra que circulan por todo el continente en ese momento.

Uno de los genomas de M. leprae reconstruido por el equipo procedía del yacimiento de Great Chesterford (Inglaterra), datado entre 415 y 545 d. Este es el genoma más antiguo de M. leprae secuenciado hasta la fecha y proviene de uno de los casos de lepra más antiguos conocidos en el Reino Unido. Curiosamente, esta cepa es la misma que se encuentra en las ardillas rojas actuales. Una de las hipótesis sugeridas por los investigadores es que las ardillas y el comercio de pieles de ardilla podría haber sido un factor en la propagación de la lepra entre los seres humanos en Europa durante el período medieval.  


Cráneo procedente del cementerio de Odense St. Jørgen
en Dinamarca, que se estableció en 1270 y existía hasta 1560.






























Según afirman los autores del estudio, la dinámica de la transmisión de M. leprae a lo largo de la historia humana no está completamente resuelta, por lo que la caracterización y la asociación geográfica de las cepas más antiguas son cruciales para descifrar el origen exacto de la lepra.  Llama la atención que todas las cepas conocidas de la lepra estaban ya presentes en la Europa medieval, lo que parece sugerir que la lepra podría ya haberse extendido en toda Asia y Europa en la antigüedad o que incluso podría haberse originado en Eurasia occidental.

La lepra es citada repetidamente en los textos antiguos, anteriores a la Era Común, aunque no es seguro que en todos los casos se tratara de la enfermedad de Hansen. Por eso sería de gran importancia realizar estudios similares en restos humanos antiguos, no solamente para cerciorarse de que se trata realmente de la infección por M. leprae, sino también para establecer la evolución de las diversas cepas y su distribución en la Antigüedad.


En todo caso, los datos obtenidos por este estudio -el mayor estudio efectuado hasta hoy sobre ADN de lepra antigua- plantean una visión mucho más compleja que la que teníamos hasta ahora sobre el origen y la diseminación de la enfermedad de Hansen. 



Bibliografía


¿Un origen europeo para la lepra? Max Planck Institute for the Science of Human History 

http://www.shh.mpg.de/916632/european_leprosy


martes, 22 de mayo de 2018

Hallan los huesos de un crucificado





Caravaggio

Crucifixión de San Pedro
(1601) 

Óleo sobre lienzo 230 x 175 cm
Basílica Sta. Maria del Popolo. Roma 



Un equipo de investigadores de las Universidades de Ferrara y Florencia han publicado hace poco (abril 2018) un artículo en la revista Archaeological and Anthropological Sciences , en el que estudian un esqueleto de época romana. Los restos estudiados corresponden a un hombre de unos 30 años que fue exhumado en 2007 en Gavello, una localidad cercana a Rovigo, en el valle del Po, norte de Italia. 


Esqueleto del hombre de Gavello,
en el momento de su exhumación en 2007

El interés de este estudio es que según los autores, el esqueleto muestra lesiones traumáticas en el pie que podrían sugerir que murió crucificado. En efecto, el calcáneo muestra un agujero redondo y regular que atraviesa de parte a parte el hueso, que se asemeja al que podría haber producido un clavo. 

Este sería el segundo caso conocido de esqueletos que muestran señales de la crucifixión. El otro caso es el de los restos hallados en 1968 en una tumba del s. I d.C. en Giv’at ha-Mivtar, al nordeste de Jerusalén. Correspondían a un hombre de unos 20 años llamado Yehohanan ben Hagkol. En el talón conservaba todavía un clavo de hierro de 11,5 cm, lo que demostraba que había sido clavado en una cruz.



Calcáneo derecho del hombre de Gavello,

 mostrando el agujero del clavo. Universidad de Siena.








La crucifixión era una pena capital infamante, que causaba un gran sufrimiento en el reo. En opinión de  Cicerón era el castigo más cruel al que se podía someter a un ser humano. Esta forma de pena de muerte fue muy  habitual en la época romana, entre el s. III a.C. hasta el 337 de nuestra era, año en el que el emperador Constantino I (272-337) prohibió expresamente esta pena, a la que el Derecho Penal romano llamaba el summum supplicium. 

De hecho, la crucifixión era un castigo especialmente cruel, al que nos hemos referido extensamente en otra entrada de este blog. El episodio más conocidos de este tormento es, sin duda, el de la muerte de Jesús de Nazaret, aunque también se conoce la crucifixión de algunos de sus apóstoles como San Pedro o San Andrés. A veces incluso se realizaban crucifixiones en masa, como castigo a rebeliones o amotinamientos. Flavio Josefo, en su Historia de los Judíos comenta que en tiempos de Alejandro Janneo (125-76 a.C.), rey de los judíos y gran sacerdote de Israel, fueron crucificados 800 oponentes políticos. También alcanzó una gran resonancia histórica los 6.000 gladiadores y esclavos que fueron crucificados a lo largo de la vía Appia (de Roma a Capua). Este fue el castigo ejemplar por participar en la sublevación de Espartaco (71 a.C.). Cuentan que cuando Nerón inauguró la Domus Aurea, su nuevo palacio imperial, organizó una gran fiesta en sus jardines, llenos de fuentes y esculturas y en donde los invitados asistieron iluminados por cientos de cristianos crucificados y ardiendo como antorchas humanas.  



Calcáneo atravesado por un clavo de hierro, perteneciente al crucificado 

de Giva'at ha-Mivtar (s. I d.C.) Israel Museum, Jerusalén

Sin embargo, llama la atención que de todas estas ejecuciones en un período tan dilatado de la historia solamente se hayan podido encontrar dos esqueletos con lesiones claras provocadas por la crucifixión. Para explicar esta escasez de restos, se han formulado diversas hipótesis. Las víctimas de la crucifixión eran en general criminales, soldados desertores, esclavos fugitivos o parricidas. Tras su muerte, los crucificados quedaban abandonados en la cruz durante días, a merced de buitres y aves de rapiña, como muestra de vilipendio, cruel advertencia para los futuros quebrantadores de la ley romana. Muy probablemente, tras este período, sus cadáveres -o lo que quedaba de ellos- no eran enterrados, sino que eran precipitados en barrancos o en fosas y expuestos a la depredación de chacales y otras alimañas carroñeras. Este fin infamante del cuerpo de los crucificados formaba parte del despiadado castigo. Recordemos que en el caso de Jesús de Nazaret, se concedió el permiso a su familia y amigos para que su cadáver sea enterrado en la tumba propiedad de José de Arimatea, como caso excepcional.  Pero no debía ser la norma. 

Los clavos usados en las crucifixiones se recuperaban. Se les atribuían virtudes mágicas y probablemente eran usados como amuletos. Y sin la presencia de los clavos es difícil a los especialistas comprobar las señales de la crucifixión. Generalmente las lesiones óseas no son suficientemente claras y además en la mayoría de los casos los clavos no atravesaban el hueso, sino los espacios interóseos. Uno de los pocos casos en los que sí se puede aventurar la hipótesis es precisamente, el del hombre de Gavello, y de ahí su importancia. 



Bibliografía

Arnaud, B. Découverte d’un possible cas de crucifixion
https://www.sciencesetavenir.fr/archeo-paleo/archeologie/decouverte-d-un-possible-cas-de-crucifixion_123919

Gualdi-Russo E, Hohenstein UT, Onisto N, Pilli E, Caramelli D. 
A multidisciplinary study of calcaneal trauma in Roman Italy: a possible case of crucifixion? Archaeol Anthropol Sci (2018). https://doi.org/10.1007/s12520-018-0631-9

Tenney SM (1964) On death by crucifixion. Am Heart J 68:286–287

Zias J, Sekeles E (1985) The crucified man from Giv’at ha-Mitvar: a reappraisal. Israel Explor J 35:22–27