martes, 24 de enero de 2017

Dalí y las enfermedades venéreas






Salvador Dalí

Campaña contra las 
enfermedades venéreas
(1942)
 Óleo sobre lienzo. 126 x 84 cm
Colección particular  




En 1942 Dalí contribuyó a la campaña contra las enfermedades venéreas con un cuadro para la realización de un cartel. En otras entradas me he referido al gran temor que las tropas contendientes tenían a la sífilis y a otras ETS, como la gonorrea y que causaban muchas bajas entre los soldados y un elevado coste económico.

Dalí presenta a un militar norteamericano mirando a un par de prostitutas que levantan insinuantemente sus faldas para incitarlo a un encuentro sexual. Pero los blancos muslos con liguero de las prostitutas se transforman en la sonrisa sardónica de una calavera, que advierte del peligro mortal que acecha a los incautos que sucumben a estas tentaciones. 

Una versión previa del cartel
En aquel momento, la prostitución era la vía más habitual del contagio sexual y a esta idea recurre Dalí. No es en realidad un planteamiento muy diferente de los otros carteles de propaganda sanitaria de enfermedades de transmisión sexual, en los que también aparecen invariablemente prostitutas ofreciendo sus servicios de una forma u otra. Pero Dalí recurre a las imágenes surrealistas de superposición, haciendo aparecer una calavera - identificable con la muerte - formada con el cuerpo insinuante de las mujeres.   Sexo y muerte se entrelazan así en una compresión-fusión simbólica, onírica e inquietante: un cabaret siniestro que nos invita a una cópula mercenaria que nos conduce al más allá.

Al parecer esta idea ya era incubada por Dalí desde su infancia, en la que la estricta moral que le inculcó su padre llevaba implícita el miedo a contraer una sífilis. Según cuenta I. Gibson en su libro La desaforada vida de Salvador Dalí, su padre, con la intención de prevenir las consecuencias de los posibles escarceos sexuales de su hijo, le dejó a la vista un libro repleto de pavorosas imágenes de enfermedades venéreas, con sexos femeninos explícitos afectados por estas infecciones. El joven Dalí quedó aterrado por esta visión y le quedó un trauma que condicionó toda su vida sexual. 

Su sexualidad se condicionó pues a este temor: sexo y muerte se asociaron en su subconsciente de forma inextricable. Dalí declarará una y otra vez su terror ante las enfermedades venéreas. Sentirá un horrible pánico al sexo, sobre todo al sexo femenino, lo que se reflejará en una timidez patológica que le hacía rehuír la compañía de las chicas. Se ruborizaba con gran facilidad. Durante la adolescencia, también comparaba su pene con los otros compañeros y creerá tener un pene muy pequeño, lo que le acomplejará, causándole impotencia; y se entregará a la masturbación sistemática como sustitutivo. Más tarde, intentará vencer su timidez extrema mediante el mecanismo contrario: la hipérbole y la exageración, adquiriendo un comportamiento histriónico y teatral que le ayudará a relacionarse y que incorporará como parte de su personalidad pública. 


"Pero, sobre todo, experimenté durante mucho tiempo la gran turbación de creerme impotente. Desnudo, y comparándome con mis camaradas, descubrí que mi sexo era pequeño, triste y blando. Recuerdo una novela pornográfica donde el don Juan de turno ametrallaba los vientres con una alegría feroz, diciendo que le gustaba oír a las mujeres crujir como una sandía. Yo estaba convencido de que jamás podría hacer crujir así a una mujer. Y esta debilidad me roía. Disimulaba esta anomalía, pero a menudo era una presa de una crisis de risas incontenibles, hasta la histeria, que eran como la prueba de inquietudes que me agitaban profundamente."

(Vida secreta de Salvador Dalí)

Por eso en la obra de Dalí proliferan las muletas y formas fláccidas (referencia a su impotencia) y escenas eróticas e insinuantes que frecuentemente se acompañan de hormigas o calaveras como referencia a la muerte. 


Salvador Dalí y Philippe Halsman. In voluptate mors 
Fotografía. Gelatina de plata 
(1951)
Este es el caso, entre otras obras de In voluptate mors, que realizó el fotógrafo Philippe Halsman en 1951, a partir de un dibujo de Dalí. En esta obra, siete cuerpos desnudos de unas muchachas forman ingeniosamente la imagen de una calavera. En este caso es el propio Dalí sentado en una sillita de niño, muy elegante y vestido como un dandi el que presencia la escena, desafiando la tentación y rehuyendo la mirada de la muerte, que sonríe. Esta fotografía muestra al espectador una de las mayores obsesiones del pintor: la identificación del miedo al sexo con el miedo a la muerte, en una plena conjunción de Eros y Tánatos.  


Dalí y Philippe Halsman: Cráneo de leopardo.
Fotografía. Gelatina de plata (1951)

Otra obra parecida, tambien del año 1951, fue Cráneo de leopardo, en la que de modo similar cuatro modelos desnudas conforman la imagen de una calavera, esta vez de felino. Esta fotografía, obra también de Philippe Halsman, alcanzó una menor difusión y tal vez deba ser considerada como parte de los estudios preliminares para la realización de la fotografía anterior. 
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