viernes, 10 de junio de 2016

Escorbuto: la peste de las naves






 Elías Salaverría Inchaurrandieta

El desembarco de Elcano en Sevilla 
(1919)


Óleo sobre lienzo. 254 x 239 cm.
Museo Naval. Madrid.




Elías Salaverría Inchaurrandieta (1883-1952) fue un pintor vasco que cultivó el realismo hasta los más mínimos detalles, por lo que se le encargaron muchos retratos de personajes de la época. También realizó muchas obras de tema vasco y escenas históricas. 

En 1922, la Diputación de Gipúzcoa le encarga un cuadro para conmemorar la vuelta al mundo de Juan Sebastian Elcano. Su obra se tituló El desembarco de Elcano en Sevilla y del mismo realizó dos copias. Una de ellas se encuentra en la Diputación de Guipúzcoa y la otra fue donada por su hija al Museo Naval de Madrid en 1971. 


La obra representa el desembarco de la Nao Victoria en el puerto de Sevilla después de la primera circunnavegación del Mundo, el 8 de septiembre de 1522. En el cuadro aparece Juan Sebastián Elcano con los restos de su tripulación, descendiendo del barco con cirios encendidos en las manos dispuestos a asistir al acto de acción de gracias que tuvo lugar en las iglesias de Nuestra Señora de la Victoria y Nuestra Señora de la Antigua. Era la primera vez que se había logrado dar la vuelta completa al mundo. La escena que pintó Salaverría fue utilizada en el reverso de los billetes de curso legal de 500 ptas. en 1931.


Billetes de 500 ptas (emisión de 1931) en homenaje a la primera circunavegación del Mundo.
Arriba: Anverso, efigie de Juan Salvador Elcano.
Abajo: Reproducción del cuadro de Elías Salaverría, El desembarco de Elcano en Sevilla


En el rostro y en los brazos de los marineros se observan lesiones eritematosas y equimosis propias del escorbuto. Esta enfermedad está producida por la carencia de ácido ascórbico (vitamina C) y constituyó una verdadera plaga de los barcos en los s. XVI - XVIII. Los viajes intercontinentales eran largos y había cierta dificultad en transportar alimentos frescos. Los marinos comían algunos tasajos de carne seca, galleta, legumbres secas, y pescado en salazón. Las verduras o la fruta fresca eran inexistentes. El aporte en vitamina C era pues, casi nulo. La enfermedad era tan común en las largas travesías, que los marineros españoles se referían a ella como "peste de las naos" y los ingleses la llamaban "peste del mar".

El escorbuto se caracterizaba por una importante gingivitis con fácil sangrado de las encías, que podía dar lugar incluso a la pérdida de piezas dentarias. También podían presentarse epistaxis (hemorragias de la mucosa nasal) y en general, fenómenos hemorrágicos en cualquier zona. A nivel general, los afectos de escorbuto presentaban anemia, anorexia, cansancio y gran debilidad. A nivel cutáneo, foliculitis, hemorragias y equimosis. En los estadios avanzados podía sobrevenir la muerte por una hemorragia masiva. Hoy sabemos que la causa de este mal es una dieta con aporte insuficiente de vitamina C. 


Jacques Cartier, el descubridor del Canadá,
cuya tripulación se vió  muy afectada por el escorbuto. 
El escorbuto causó la muerte de cerca de un millón de hombres en un período de 200 años (1600-1800). Para hacernos una idea de la frecuencia con la que el escorbuto afectaba a la marinería, baste recordar algunos datos: Vasco de Gama en su viaje en 1498, perdió a 55 marineros. En 1558, sir Francis Drake perdió a 600 de sus 2300 marineros a causa del escorbuto. También vió afecta a casi toda su tripulación Jacques Cartier, descubridor del Canadá (1535). Por cierto que unos indígenas hurones le proporcionaron una cocción de yemas y hojas de un árbol (tal vez thuya, picea o pino atlántico)  que contribuyó a su rápida mejoría (cosa lógica, puesto que las coníferas son ricas en vitamina C). 


El médico militar escocés James Lind, que observó
que el zumo de cítricos mejoraba a los marineros con escorbuto. 
Por aquel entonces se desconocía por completo la existencia de las vitaminas, que no se descubrieron hasta principios del s. XX (Kazimierz Funk, 1911). En los s. XVI y XVII se creía que el escorbuto estaba causado por el frío de los mares o a los efluvios de las maderas verdes de los barcos. Y no menos imaginativos eran los remedios que se intentaban: desde la administración de sal, mostaza o café hasta cosas tan peregrinas como comer luciérnagas. Naturalmente, ninguno de estos remedios daba resultado.


James Lind, suministrando zumo de limón a un marinero
afecto de escorbuto , en la bodega de un galeón. 
El primero que entrevió un tratamiento efectivo fue el médico militar de la Armada Británica, el escocés James Lind (1716-1794), quien en 1747,   viajando a bordo del Salisbury realizó un curioso experimento. Agrupó a los marineros con escorbuto de dos en dos y les hizo seguir diferentes dietas de prueba a cada uno de estos dúos. A uno de estos dupletes, les recomendó  "una dieta de dos naranjas y un limón diarios", y consiguió su curación en poco menos de una semana. En cambio, los otros marineros que no realizaron esta dieta murieron de la enfermedad. A la vuelta del viaje, Lind presentó sus resultados al Almirantazgo. 

Pronto este tratamiento se popularizó y comenzó a aplicarse en algunos barcos. El almirante Nelson, por ejemplo, siempre procuraba llevar un buen cargamento de cítricos en sus naves.

Albert Szent-György, descubridor de la vitamina C
Más tarde, en 1937, el científico húngaro Albert Szent-György recibía el premio Nobel  por el descubrimiento de la vitamina C y los efectos que suponía la carencia de esta en el organismo, siendo a partir de entonces cuando el escorbuto dejó de ser una epidemia. 

Afortunadamente, en la actualidad el escorbuto no es una enfermedad frecuente, si bien todavía se ven algunos casos dispersos en personas con una alimentación escasa o descuidada. Pero conservamos el recuerdo de cuando constituía una plaga y uno de los mayores peligros que acechaban a los marinos, descubridores y conquistadores de ultramar. 


Scurvy: 







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