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jueves, 17 de septiembre de 2015

Las fatídicas hemorroides de Napoleón





Jacques-Louis David

Napoleón cruzando los Alpes 
(1800)

Óleo sobre lienzo 271 x 232 cm
Palacio de Charlottenburg, Berlín



Esta imagen ecuestre de Napoleón, sobre un caballo encabritado, cruzando los Alpes por el paso de San Bernardo es un claro ejemplo de la pintura épica de Jacques Louis David (1748-1725), un pintor francés que contribuyó notablemente en el desarrollo del estilo neoclásico, autor de numerosos cuadros de temas históricos y épicos. Esta obra es también un ejemplo de cómo un general carismático puede enardecer a sus tropas antes de la batalla y contribuir así a un desenlace favorable. 


J.L David: Napoleón (1812)
Napoleón Bonaparte (1769 - 1821)  era, ante todo, un militar prestigioso y hábil, que bien sabía entusiasmar a sus soldados antes del combate. Es bien conocida la arenga, con la que dió inicio ala batalla de las Pirámides:


"Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos nos contemplan


Sin embargo, su estrella se eclipsó en la batalla de Waterloo, donde fue derrotado. 



A partir de los 28 años Napoleón había tenido problemas digestivos y estreñimiento, y acabó padeciendo de hemorroides. Era de carácter nervioso y estresado, comía muy deprisa, sin casi masticar la comida y al parecer finalmente le sobrevino una úlcera péptica. Presentaba otras alteraciones achacables a su estrés constante, como migrañas frecuentes y eyaculación precoz





Paul Delaroche (1840): Abdicación de Napoleón en Fontainebleau. 

El día de la batalla de Waterloo, Napoleón tuvo un violento ataque de hemorroides, una trombosis hemorroidal, que trató con baños de asiento. Sin embargo, el dolor era muy intenso y sufrió una importante hemorragia por lo que no podía montar a caballo, lo que hizo que se presentara al campo de batalla con un considerable retraso. 

Naturalmente, la derrota del Imperio Napoleónico no es imputable a este único factor, pero las inoportunas hemorroides del Emperador no contribuyeron precisamente a un desenlace favorable a las tropas francesas. 



Napoleon's defeat complete: 




miércoles, 16 de septiembre de 2015

"Lady Doc", el pudor en la consulta médica






Lady Doc
(China, s. XIX) 

Figura de marfil 8 x 1'5 cm

Colección particular, Terrassa




Esta figurilla de marfil nos puede ilustrar sobre los hábitos de acudir a la consulta médica en China.

Se trata de una pequeña figura que representa a una mujer desnuda y recostada sobre un soporte de madera, del que se puede desprender fácilmente. Curiosamente, la única prenda que lleva puesta son los zapatos. Estas figurillas son conocidas con el nombre de Lady Doc y eran muy usadas para acudir al médico. 

Las mujeres chinas tienen un gran sentido del pudor. Cualquier médico que haya tenido la oportunidad de atender a muchachas chinas, como es mi caso, puede dar buena fe de ello. Solicitar que se desnuden para proceder a explorarlas reviste a veces cierta dificultad. 

Por esa razón las mujeres chinas del s. XIX y principios del s. XX asistían a la consulta médica con estas figurillas y un pequeño puntero. Cuando tenían que explicar alguno de los síntomas como dolor, molestias, exantemas, señalaban la parte afectada con el puntero y evitaban así desnudarse para una exploración en directo. 

Una curiosidad que nos permite comprender algo mejor a esta cultura y su recato a la hora de mostrar el cuerpo desnudo. 


Para ambientar, algo de música china: 



martes, 15 de septiembre de 2015

Leprosos en las misericordias






Andrés y Nicolás Amutio

Misericordia del coro 
representando un leproso
(1493-1495)

Monasterio de Santa María la Real de Nájera (La Rioja)




Las catedrales y monasterios están provistos de un coro, en los que se alinean asientos para que los canónigos o monjes asistan a las horas previstas al canto del Oficio Divino, a las horas estipuladas. En algunas partes de este ritual los clérigos se sientan en estos sitiales y en otras deben permanecer de pie. Generalmente, los asientos son abatibles y pueden levantarse durante los pasajes que deban ser cantados de pie. En su reverso, los asientos suelen presentar  unas repisas, de forma que aún estando el monje en posición erguida pueda recostarse ligeramente para evitar la fatiga. Estas repisas se llaman "misericordias", ya que cumplen la función misericordiosa de evitar que los monjes o canónigos viejos o débiles se cansen.


Aspecto general del coro de Santa María la Real de Nájera.
Obsérvense las caras esculpidas en el reverso de los asientos 



Muchas veces, las misericordias suelen estar esculpidas con detalles de todo tipo. A veces son temas religiosos o heráldicos, acordes con el resto de la decoración del coro. Pero a veces no. Precisamente por su situación oculta habitualmente, pueden presentar decoraciones profanas,  costumbristas o incluso eróticas o escatológicas.


Misericordia que representa un personaje lisiado con tarugos en las manos,
para ayudar a desplazarse. Probablemente, un leproso.

Las misericordias de Santa María de Nájera son especialmente interesantes. Muestran personajes seglares, anónimos, del pueblo, la gente que habitaba las villas de los alrededores y que en general son mucho menos representados que los nobles o el clero. 

Algunas de estas misericordias representan a enfermos de lepra, una enfermedad que estaba sometida a una especial marginación social y de la que hallamos pocos casos representados en otros lugares. 


Misericordia con personaje de espaldas, mostrando formaciones 
vegetantes en su espalda, que podrían corresponder a lepromas. 

Uno de las misericordias presenta a un enfermo de espaldas, con múltiples lepromas abultados. Otra muestra uno provisto de dos tacos de madera, con los que algunos tullidos se ayudaban para desplazarse con ayuda de las manos. Otra, representa al leproso con un turbante o capucha y claras deformidades faciales. 


En conjunto, las misericordias de Nájera constituyen un buen ejemplo de la representación de casos de lepra reales, ya que en otros lugares la lepra se representa sólo simbólicamente, con unas pintas esquemáticas en la cara que poco tienen que ver con el verdadero aspecto de la enfermedad. 


Monasterio de Santa María la Real de Nájera: 




lunes, 14 de septiembre de 2015

La mortal viruela de Luis XV





Michel van Loo

Retrato de Luis XV de Francia

Óleo sobre lienzo
Palacio de Versalles, Francia






Luis XV (1710-1774) era biznieto de Luis XIV, y lo sucedió en el trono de Francia en 1715. Durante su minoría de edad gobernó como regente el Duque de Orléans, que hubo de hacer frente a la delicada situación financiera que el reinado del Rey Sol había dejado en el país, aunque su gestión sólo consiguió agravar la situación con frustrados experimentos bancarios. 

En 1723, Luis fue declarado mayor de edad, aunque no asumió el poder hasta 20 años más tarde, dejando el gobierno en manos del Duque de Borbón (1723-1726) y del cardenal Fleury (1726-1743). Éste último consiguió estabilizar la moneda y las finanzas reales, impulsando un cierto auge económico. 

Mientras tanto, el rey se dedicaba a la caza, los viajes y las diversiones de la corte. En 1743 asumió la dirección del reino, pero sus continuos errores desprestigiaron a la Monarquía e incubaron el germen revolucionario que destronaría a su sucesor años más tarde. Al principio, alentó la obra de los enciclopedistas, pero más tarde la prohibió, cuando empezaron a criticar al régimen establecido. Su política exterior también fue catastrófica y Francia perdió sus colonias en la India y en Canadá. 

Luis XV tuvo numerosas amantes, algunas de las cuales alcanzaron gran influencia política, como la marquesa de Pompadour y la duquesa du Barry. El lujo desaforado de la corte y el continuo derroche escandalizaba a los franceses. 

Madame de Pompadour, por François Boucher (1756) 
En la primavera de 1774, a los 64 años, Luis XV cayó enfermo. Su amante favorita, Mme Du Barry, le convenció para descansar unos días en el Petit Trianon, pabellón de caza que él se había hecho edificar al otro extremo del Parque de Versalles. Al día siguiente de instalarse allí presentó una intensa migraña, con escalofríos y dolor en una pierna. Sin embargo, decidió salir de cacería, si bien se hizo transportar en carruaje, en vez de montar a caballo.

A la vuelta, se encontraba mucho peor y se acostó sin cenar. El médico real, Luis Lemmonier, le recomendó volver a Versalles, atendiendo a su estado, cada vez más grave. El rey creía que había pasado la viruela en su infancia, por lo que nadie sospechó todavía la naturaleza de su enfermedad. 

El 29 de abril el monarca presentó un manifiesto empeoramiento. Se sometió entonces a una serie de sangrías que casi lo dejaron exsangüe. Los médicos diagnosticaron "una fiebre humoral". Aquella noche le aparecieron lesiones rojizas eruptivas que evidenciaban el diagnóstico de viruela, aunque los médicos no se pronunciaron y aconsejaron lavativas. El duque de Rochefoucault-Liancourt nos ha dejado un detallado informe: 

"Con gran esfuerzo se le trasladó al borde de la cama y se le colocó en la postura adecuada, es decir con la cara apoyada en una almohada y el c... descubierto y en posición. La facultad entera se alineaba alrededor de la cama, en orden. El maestro boticario, con la cánula en la mano, seguido del mancebo de botica que sostenía respetuosamente la jeringa. De súbito, el ayuda de cámara, viendo que la luz que llevaba daba directamente sobre el c... real e imaginando que su efecto podía ser peligroso para la salud o por lo menos para la comodidad de Su Majestad, arrebató precipitadamente el sombrero que uno de los médicos llevaba bajo el brazo y lo puso entre la vela y el lugar al que M. Fourgeot dedicaba toda su atención"
El 2 de mayo, el enfermo tiende su brazo a su hija Adelaida: 


"Tengo una enfermedad extraordinaria. Mira los granos que me han salido en los brazos y en la mano. Pasa la mano por encima. Ya verás"

Jacint Rigau (llamado Hyacinthe Rigaud)
Retrato de Luis XV (1730) Versalles
Aunque Adelaida conocía la contagiosidad de la enfermedad que padecía su padre, obedeció sin rechistar.

Asustado, el Duque de Orléans le aconsejó desinfectarse con agua de colonia. Un lacayo le recomendó que mejor usase vinagre. 

El rey murmuraba una y otra vez: 
"Si no supiera que yo ya la he pasado, juraría que esto es la viruela". 
Finalmente, al día siguiente (3 de mayo) se dió cuenta que, efectivamente, se trataba de viruela. Llamó a su amante, Mme. Du Barry, y le pidió que abandonara la corte, para evitar escándalos. Ella al oírlo se desvaneció, pero finalmente aceptó irse. También se quiso apartar a la familia real, pero sus hijas se negaron a abandonar a su padre, llegando a esconderse entre los cortinajes. 

Empezaron a circular rumores de que el rey tenía la sífilis. Su ajetreada vida sexual y el nombre similar de ambas enfermedades en francés (petite vérole = viruela; grande vérole = sífilis) dieron pie al malentendido. 

Llamaron entonces al médico inglés Robert Sutton, sobrino de Daniel Sutton, que había desarrollado un particular método de tratamiento para la viruela.  Acudió presuroso a Palacio, pero se negó a dar la composición de su remedio al Dr. Lemmonnier. A pesar de que se le ofrecieron 100.000 escudos, él solamente accedía a facilitar la composición cualitativa, pero no la cuantitativa, por lo que terminaron expunsándolo de Versalles. 

A pesar del peligro de contagio, muchos cortesanos seguían visitando al monarca, para no perder su favor en el caso poco probable de que se curase. Cincuenta de ellos se contagiaron, incluso alguno que solamente había asomado al umbral de la puerta. 

Cinco días más tarde, el cuerpo del rey ya se había cubierto de pústulas y costras negruzcas y desprendía un notorio hedor. Tras la administración de la extremaunción, Luis XV expiró el 10 de mayo a las 15'15 h., tras 59 años de reinado. 

Inmediatamente se proclamó a Luis XVI y María Antonieta como nuevos reyes de Francia. A las 16 h salieron de Versalles con la corte para instalarse temporalmente en el palacio de Choisy, abandonando el cadáver del rey que quedó bajo el único cuidado de un clérigo. A medio camino, un chiste de la condesa de Artois hizo estallar en una sonora carcajada al cortejo. Luis XV, el Bien Amado, fue olvidado rápidamente. 

Cuando el cortejo fúnebre se dirigía al panteón real de Saint Denis para enterrarlo, los soldados obligaban a los parroquianos de las tiendas y tabernas a salir a la calle a presenciarlo. Cuentan que un borracho iba diciendo: 
- "Este cabrón, que nos mató de hambre mientras estuvo vivo, ahora que ya se ha muerto quiere matarnos de sed"

Luis XV, con su vida lujosa y dispendiosa, no se había granjeado la simpatía de las clases populares, que ya estaban incubando la Revolución que destronaría a su sucesor. Por las calles de París circulaban abundantes versos satíricos y panfletos alusivos:  

"Louis a rempli sa carrière 
Et fini ses tristes destins 
Tremblez, voleurs ; fuyez, putains ! 
Vous avez perdu votre père." 

"Luis acabó su triste destino  
 y su carrera ha llegado al final 
huid, putas; ladrones temblad! 
a vuestro padre habéis perdido"

Así pasó a la Historia el hombre que había dicho: 
"Après-moi, le Déluge"(Después de mí, el Diluvio)

Diecinueve años más tarde (17 octubre de 1793), la tumba  de Luis XV en la basílica de Saint Denis - como la de otros monarcas franceses - fue profanada por los revolucionarios sans-culottes, que querían saquear los supuestos tesoros de las tumbas. Al abrir el féretro, un pestilente olor hixzo retroceder a los curiosos. Al parecer, el cadáver del rey estaba bastante bien conservado:  

"La piel se veía blanca, la nariz amoratada y las nalgas enrojecidas como las de un recién nacido, nadando en agua, ya que no se había embalsamado como era costumbre sino que se limitaron a sumergirlo en una mezcla de agua y sal marina" 


Sic transit gloria mundi 

      


(Traducciones del francés de las citas textuales, X. Sierra)




Luis XV de Francia: 




domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Usaba preservativo Tutankamón? (y II)


Anubis embalsama el cuerpo de Sendeyem, artesano de Deir-el-Medina.
En cada momificación se repite el ritual de la momificación de Osiris



Anubis embalsama a Senedyem
(XIX dinastía) 

Fresco de la tumba de Senedyem
Deir-el-Medina, Egipto 





Nos planteábamos en una entrada anterior, algunas dudas sobre una pieza que a veces se ha interpretado como el preservativo de Tutankamón. Las dudas se nos planteaban sobre la escasez de datos sobre enfermedades de transmisión sexual entre los egipcios y sobre el escaso interés que tiene la contracepción en cualquier monarquía hereditaria. Seguiremos comentando esta cuestión.

En realidad, esta pieza no corresponde a un preservativo. Nuestra visión del mundo y de las cosas desde nuestra perspectiva actual hace que se interpretara así. La pieza en cuestión es una funda o estuche itifálico, muy usada en Egipto donde se consideraba el falo como algo sagrado. Todavía hoy se usan fundas similares en algunas culturas africanas. 

El faraón muerto momificado se identificaba con Osiris. En este sentido puede ser útil recordar la leyenda de Osiris. Según la mitología egipcia, tras la creación del mundo se produjo una cópula entre Geb, dios de la tierra y Nut, diosa del cielo. De esta cópula nacieron cuatro dioses, dos varones (Osiris y Seth) y dos hembras (Isis y Neftis). Los cuatro dioses se casaron entre sí: Osiris con Isis y Seth con Neftis. Osiris reinaba en la tierra fértil del Nilo, y Seth en el àrido desierto. Por este motivo Seth sentía envidia de su hermano y lo mató y descuartizó en trozos (uno por cada nomo o provincia egipcia) y lo arrojó al Nilo. Isis, la hermana y esposa de Osiris, desconsolada ante el asesinato se su esposo viajó por todo el país recogiendo los pedazos. Su hermana Neftis, compadecida de ella, le ayudaba. Cuando terminaron su labor, se dirigieron al dios chacal Anubis para que momificara el cuerpo de Osiris. Pero faltaba un fragmento. Un pez del Nilo, el oxirrinco, había devorado el pene de Osiris y se lo había tragado. Por esto los egipcios consideraban sagrados los oxirrincos y los momificaban. 


Isis, transformada en pájaro, desciende sobre el falo de la momia 
de Osiris en una hierogamia que  engendrará a Horus. 
Arriba, relieve del Templo de Abydos. 
Abajo relieve del Templo de Dendera (Egipto) 


Anubis cosió y momificó el cadáver de Osiris y le fabricó un falo postizo, de cerámica (tierra cocida, obsérvese el simbolismo con la tierra fértil del Nilo). Isis se transformó en un pájaro y descendió suavemente sobre el falo de tierra de Osiris momificado, fecundándose así de forma prodigiosa. 

De este acoplamiento nació el dios Horus, del que el faraón vivo es la reencarnación. Cuando creció, Horus se enfrentó con su tio Seth para vengar a su padre. En la batalla, Seth arrancó un ojo a Horus, lo que a dado lugar al amuleto protector del ojo de Horus (udjat).


Diversos udjat, amuletos protectores alusivos al ojo de Horus.
Museo Civico-Archeologico. Bolonia. 


Por ese motivo el falo tenía una gran importancia y se cubría con estos estuches itifálicos para conservarlo en posición erecta. Algo que sin la ayuda de la mitología nos costaría mucho comprender. 


The Boy Pharao. King Tutankhamun: